LA CORUÑA / Arxis Ensemble y Niño de Elche clausuran la novena edición del Festival RESIS

La Coruña. Cidade das TIC. 30-V-2026. Niño de Elche, voz. Margarita Rodríguez, soprano. Arxis Ensemble. Director: Armando Merino. Videocreación: Lois Patiño. Obras de Feldman, Saunders, Niño de Elche & Cavallaro, López López y Gómez-Chao.
Tras completar un total de diez conciertos, instalaciones, performances y proyectos didácticos, el Festival RESIS de Música Contemporánea y Artes Vivas clausuró su novena edición, en lo que a sus sedes gallegas se refiere, ofreciéndonos en La Coruña un concierto que nos invitó a una fascinante experiencia inmersiva en la que la música dialogó con las artes visuales, optimizando un espacio tan envolvente como el del Plató virtual de la Ciudad de las TIC herculina, estudio en el que se ubica la mayor pantalla 4K de España, puesta a disposición, el pasado 30 de mayo, de la creación específicamente concebida para este evento por el cineasta gallego Lois Patiño.
Como ya habíamos señalado en nuestra crítica del primer concierto de RESIS 2026, la actual edición del festival está dedicada a Morton Feldman, con motivo de su centenario (aunque el número de partituras del compositor neoyorquino programadas nos haya parecido escaso), por lo que fue precisamente la música de Feldman la que abrió el concierto, poniendo sobre los atriles del Arxis Ensemble Voice and Instruments 2 (1974), partitura para voz femenina, clarinete, violonchelo y contrabajo que no encontró la acústica más adecuada en la Ciudad de las TIC, algo seca, lo que dificultó el empaste de las reverberaciones compartidas por los cuatro intérpretes en una obra en la que las individualidades han de ser trascendidas en pos de una masa armónica que, como los colores en la pintura de Mark Rothko, se esfumen creando nebulosas en los contornos de las unidades geométricas más reconocibles (aquí, instrumentales).
Si el pasado 2 de mayo visitaba RESIS una de las compositoras más importantes de nuestro tiempo, Chaya Czernowin, para estrenar con SIGMA Project su cuarteto de saxofones UNDERSONGS (2025), en este último concierto del festival en Galicia pudimos escuchar la música de otra de las compositoras actuales más relevantes, la londinense Rebecca Saunders, presencia habitual en RESIS, esta vez por medio de Quartet (1998), partitura para clarinete, acordeón, piano y contrabajo en la que la concepción del ataque, tan directa y aguerrida, contrasta netamente con la partitura feldmaniana (pues prácticamente nos lleva a sus antípodas), ganando mucho cuerpo y empaque en este espacio acústico, lo que propició que la versión escuchada a Arxis fuese más disfrutable que la de Feldman, con momentos de verdadera magia musical.
Entre ellos, los desgranados por Magdalena Cerezo en un piano que convirtió en un halo que parecía llegado de otra época, cual eco de una cajita de música suspendida en el tiempo, dejando muestras no sólo de la mayúscula pianista que la madrileña es a nivel técnico, sino de su delicadeza en materiales tan sensibles como éste. Esa melodía es parte de la galería de personajes que Saunders hace cohabitar en Quartet, inspirándose en la novela Ida (1941), de Gertrude Stein, lo que convierte a la partitura en cuatro retratos simultáneos de cuatro ontologías entre las que sobresalieron Magdalena Cerezo y, en el otro extremo, la rotundidad de ese soberbio músico que es Zacharias Faßhauer, contrabajista alemán que hace dos años ya nos había deslumbrado en otra partitura de Rebecca Saunders, Fury II (2009), dejándonos nuevamente un manejo de las energías (especialmente, de los glissandi culminados en rugosas distorsiones) de verdadera antología. Nicola Tanasković, en el acordeón, y Sergi Bayarri, en el clarinete, completaron, con un delicado manejo del vibrato y sus resonancias, una versión ejemplarmente conducida por un director que ha vuelto a RESIS por segunda vez este año, Armando Merino, rubricando la altísima calidad que había destilado en este mismo festival en su concierto de mayo de 2025; entonces, con los ensembles EVO y Arxis.
Un año antes, uno de los puntos álgidos del Festival RESIS lo había marcado Y entonces (variaciones canónicas sobre Luigi Nono), creación conjunta de Miguel Álvarez-Fernández y Niño de Elche con la que ambos habían celebrado el centenario del compositor veneciano, protagonista de la séptima edición de RESIS. Dos años después, en 2026 ha regresado Niño de Elche a La Coruña para homenajear a Morton Feldman mano a mano con el compositor ítalo-venezolano Héctor Cavallaro, que se sentó al piano acompañado por nueve músicos del Arxis Ensemble para darnos a conocer el estreno mundial de Entre Feldman (2026), encargo del Festival RESIS.
Desde un progresivo crescendo textural (al que se volvería circularmente al final de la obra) construido con voz emitiendo aire sin tono, clarinete bajo, saxofón bajo y roce de membrana en la percusión, nació Entre Feldman, pieza que nos ofrece un recorrido musical por los ensayos del compositor estadounidense reunidos en Give My Regards to Eighth Street (Exact Change, 2000); de ahí, las citas y las fantasmagorías musicales que emergen en el transcurso de una obra en la que resuenan desde Schubert a Stravinsky, pasando por Beethoven o un Bach tamizado por Anton Webern en su Fuga (Ricercata) a 6 voci (1934-35), presencia, esta última, en absoluto casual, ya no sólo por ser parte de dichos escritos feldmanianos, sino porque da el estilo y pone el foco sobre la herramienta de diálogo-filtrado que, entre distintas músicas históricas, nos han propuesto Niño de Elche y Héctor Cavallaro —procedimiento que nos puede recordar a Frontispiece (2019), partitura orquestal de la compositora surcoreana Unsuk Chin—.
Pero, más allá de la dimensión historiográfica de Entre Feldman, hay en esta propuesta algo poderosamente plástico que, de nuevo, hemos de ligar con la dimensión pictórica de la música de Morton Feldman, tomada por el ensemble en su aspecto más gestual y reverberante, así como por Niño de Elche por medio del canto melismático con el que los ecos del flamenco se conectan con la música de Oriente Medio y, a través de dicho ámbito cultural, con los tapices persas y anatolios que tanto influyeron en la concepción sonora de Morton Feldman, con sus modulaciones microtonales, que Niño de Elche ha remedado no sólo con el portamento y las inflexiones de raíz igualmente scelsiana de su canto, sino con técnicas extendidas como la de modular su chorro de voz con las manos.
Con la cuarta obra del programa nos adentramos en el fascinante universo musical de José Manuel López López, de quien hemos escuchado Desde Dentro (2021), partitura para ensemble que causó una fuerte impresión, habida cuenta su enorme calidad técnica y artística, así como su capacidad para emocionar. Ello se deriva de la actual síntesis que en la música de López López se da entre postespectralismo, granularidad y la creciente importancia de las técnicas extendidas derivadas de la musique concrète instrumentale, dando lugar a ese «total sonoro» con el que Jacobo Gaspar (principal estudioso de López López) califica la música del compositor madrileño, partiendo de las categorías analíticas señaladas en su día por Makis Solomos.
Todo ello se une en Desde Dentro realizando un paralelo estudio de las temporalidades que López López superpone en la partitura, de una lucidez en su construcción métrica impresionante. Tal tensión rítmica, que se desdobla atril a atril, así como entre las redes que conforman los instrumentos en distintas agrupaciones, es una de las bases de la arborescente polifonía de armónicos que hace de Desde Dentro una obra de una esplendorosa complejidad. Entre esos grupos nos encontramos permutaciones rítmico-tímbricas que llevan a los músicos del ensemble a trabajar en pares cuyos roles se invierten a lo largo de la obra, ya sea doblando el percusionista a la pianista, con la modificación del cordal del piano mientras Magdalena Cerezo ataca el teclado, ya con la modificación del timbal que lleva a cabo esta última mientras Noè Rodrigo nos deja unos tsunamis de raigambre netamente xenakiana, o en aquellos pasajes en los que los instrumentistas de trompa, trompeta y trombón deambulan con ristras de semillas hasta unirse a Noè Rodrigo en el vibráfono para frotarlo con arcos a cuatro manos, creando una suerte de armónica de cristal expandida que vuelve a convocar otra forma de temporalidad en la que física y poética se unen de un modo más denso y suspendido.
Esa profusión de microrritmos y partículas tiene tanto en la percusión de láminas como en el piano a dos de sus instrumentos más destacados, en los que el tiempo palpita en sus unidades más racionales y articuladas hasta el extremo de lo físicamente posible (en términos musicales): tal es la celeridad en la digitación que, por ejemplo, se demanda al piano en sus constelaciones en el registro agudo. En el otro extremo, los metales exponen (más allá de unidades asimilables a los polirritmos del piano y el vibráfono, como las escuchadas por medio del slap) los pasajes más tensos y rugosos, de un furioso expresionismo que alcanza cotas de una violencia arrebatadora en clarinete bajo y saxofón bajo (por tomar los ejemplos más poderosos). Pero, asimismo, tanto trompa como trompeta y trombón han estado soberbios en toda la interpretación, sumándoseles nuevamente el telúrico contrabajo de Faßhauer para redondear un espectacular trabajo de conjunto que nos vuelve a demostrar que Arxis es, hoy en día, uno de los ensembles con mejor plantilla de España; un grupo de jóvenes músicos que, si llegase a tocar de forma más estable y con directores del criterio y la complicidad con los intérpretes de Armando Merino, sin duda estaría entre los ensembles de referencia en Europa.
El segundo estreno de la noche (décimo del festival en 2026) vino de la mano del director artístico de RESIS, Hugo Gómez-Chao, de quien escuchamos Arder (2026), partitura para soprano, trompeta y ensemble que hemos de poner en la estela de obras vocales del propio Gómez-Chao como recitativo y aria (2021), Intérieur (2023), Tres voces (2024) o la más reciente KARST (2024-25). En buena parte de ellas palpitaba un intenso dramatismo que nos mostraba la vocación operística del compositor coruñés, algo que en Arder ha llegado a su punto más alto en dicha secuencia de partituras, aunque en este caso el dúo solista lo hayan formado una soprano y una trompeta que han jugado continuamente a un diálogo en inversión de sus personalidades y recursos técnicos, concentrando ambos lo más expresivo y técnicamente destacable de Arder, una partitura que exponía un nuevo modo de entender las relaciones entre individuo(s) y colectivo, frente al homogéneo empaste escuchado en Feldman, la atomización ‘desarticulada’ en Saunders o la dinámica de pares y grupos en López López.
Y es que, aunque Arder comienza con un rol más preponderante de la soprano, cuyo canto expande como un reflejo iridiscente la trompeta, buscando no sólo un alto grado de mimetismo armónico, sino prolongar su prosodia y línea vocal, progresivamente ambos van asumiendo la personalidad del otro, de forma que, inversamente, la soprano articulará fonéticos en secuencias que, como la que expone con la consonante R, producen una sonoridad vibrante asimilable al flatterzunge previamente escuchado en la trompeta, por lo que no sólo el espíritu de cada personaje se espejea en el otro, sino su paleta técnica, construyendo esa suerte de nuevo instrumento (en este caso, bicéfalo) que es uno de los procedimientos por antonomasia en la música contemporánea.
Para articular esas secuencias fonéticas y el canto de la soprano (así como su desdoblamiento en la trompeta), Hugo Gómez-Chao ha vuelto a tomar como base textual de Arder a unos de sus escritores fetiche, Pierre Michon, del que se incluyen varios fragmentos concienzudamente deconstruidos. Éstos se refieren, precisamente, a la plasticidad del lenguaje y la voz humana, por lo que la consonancia entre referente literario y procedimientos musicales no podría ser mayor. Esa plasticidad vocal se va modelando a medida que la partitura se desarrolla (y hay que destacar, aquí, el trabajo verdaderamente escultórico de Armando Merino en la dirección, pues con sus manos moldea la conformación de la escena acústica, como ya había realizado en las partituras precedentes), partiendo desde un comienzo más quebrado y espasmódico en la soprano, para acabar llegando a una expresividad firme, agónica y arrebatada.
Si en los primeros compases encontramos tímidos ecos estilísticos de quien fue maestro de Hugo Gómez-Chao en Graz, Beat Furrer, a medida que Arder se desarrolla las improntas que en ella recaen diría que conectan más al compositor gallego con la ópera italiana; especialmente, con el Renacimiento y el Barroco, dados sus juegos tímbricos especulares y su fogosa síntesis de arrebatamiento pasional y tragedia. A esa con-fusión llegará finalmente una Margarita Rodríguez que nos ha dejado una lección de canto magistral, a la altura de una partitura de una exigencia impresionante, perfectamente resuelta por una soprano de voz plena y límpida, capaz tanto de atacar los sobreagudos con una pureza de afinación inmaculada como de encadenar técnicas vocales extendidas sin perder la musicalidad del conjunto. Lo mismo se puede decir de quien es uno de nuestros mejores trompetistas, Víctor Bouzas, ya fuere en esas mismas técnicas extendidas, ya en su tan logrado manejo de las sordinas para remedar la prosodia del canto. Todas sus interpretaciones nos mostraron a un trompetista ejemplar en un pletórico estado de forma, como los restantes miembros del Arxis Ensemble, que conformaron esa suerte de escena de fondo o campo ecoico de los materiales derivados de la soprano y de la trompeta, cuya amalgama y sucesivas transformaciones tímbricas y armónicas confieren peso a una partitura, Arder, en cuyos compases finales diría que explota como nunca antes el deseo (la verdadera necesidad) que Hugo Gómez-Chao parece sentir de abordar, de una vez por todas, el medio operístico.
Aunque no sea una ópera en sentido estricto, el hecho de que este dúo con ensemble se haya visto acompañado (como las cuatro partituras precedentes) de las videocreaciones de Lois Patiño le ha conferido, de algún modo, una escena visual a Arder, multiplicando los vínculos interdisciplinarios y el impacto del concierto en su conjunto (que reunió a casi cuatrocientas personas en la Ciudad de las TIC). Éste ha puesto el mejor broche al Festival RESIS en Galicia, con un programa que, como clausura del festival en España, se volverá a ofrecer el próximo 6 de junio en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Venturosos serán, pues, quienes allí se abismen a semejante destilado de belleza.
Paco Yáñez
(Fotos: Xurxo Gómez-Chao)


