SANTIAGO DE COMPOSTELA / Hugo Gómez-Chao dialoga con Helmut Lachenmann en el Festival RESIS

Santiago de Compostela. Iglesia de San Domingos de Bonaval. 22-V-2025. EVO Ensemble. Arxis Percussion Group. Director: Armando Merino. Escenografía: Raquel Buj. Obras de Lachenmann y Gómez-Chao.
Concierto a concierto, resulta ya evidente que la octava edición de RESIS ha superado a la precedente, consolidando el imparable crecimiento artístico de un festival que se encuentra entre las citas con la música contemporánea más importantes de España, cubriendo un espectro de épocas, estilos y géneros que, en el programa que hoy nos ocupa, abordaba una plantilla tan poco frecuente en nuestros escenarios como la de coro y cuarteto de percusión: una formación que, desde el 22 de mayo, cuenta con una nueva partitura cuya calidad la hace acreedora a perdurar en el repertorio, KARST (2024-25), obra del compositor coruñés Hugo Gómez-Chao.
Como Erinnerungsspuren (2014-18), ciclo para piano de Alberto Posadas que una semana antes y en interpretación de Florian Hoelscher habíamos escuchado en RESIS, KARST explicita una de las líneas de programación más importantes del festival herculino: el diálogo de nuestro tiempo con la historia, a través ya no sólo de las grandes voces del pasado (en RESIS 2025 hemos escuchado a Shostakovich, Brahms o Bach), sino de esa grandísima música de la avantgarde que tan raramente se programa en España, conformando un agujero negro que impide al público recorrer la historia como ese continuo perfectamente entrelazado de rizomas estilísticos que es.

A pesar de que se trata de uno de los mayores genios en la historia reciente de la música, la de Helmut Lachenmann sigue siendo infrecuente en nuestro país; de ahí que, dada la importancia del compositor alemán y para celebrar los noventa años que cumple en 2025, el Festival RESIS le haya dedicado esta octava edición, llevando a su programación partituras para muy diversas plantillas, de entre las que el pasado 22 de mayo, y en la iglesia de San Domingos de Bonaval (segunda visita de RESIS a Santiago de Compostela este año), escuchamos Consolation I (1967, rev. 2000), página para doce voces y cuatro percusionistas que bajo la dirección de Armando Merino interpretaron el coro italiano EVO Ensemble y el Arxis Percussion Group, en este concierto formado por João Miguel Braga, Carlota Cáceres, Yu-Ling Chiu y David Collazo.
Fueron, precisamente, estos cuatro músicos los grandes protagonistas de Consolation I, dada la gran presencia que sus instrumentos alcanzaron, al situarse justo en el crucero, mientras que el coro lo hizo en el ábside, restándole algo de proyección frente a la tan transparente y expansiva resonancia de la percusión, en una versión de una gran fuerza y precisión que un enorme Armando Merino ha conectado no sólo con lo más moderno y personal del Lachenmann de la musique concrète instrumentale, sino con los ecos del serialismo de los años cincuenta y hasta de lo que del propio Boulez llegó a Consolation I (especialmente, a través de las láminas), por lo que su lectura ha sido capaz de evocar toda una época y ponerla en su justo contexto, tanto en el refinamiento y en las sutilezas del coro como en lo más arquitectónico y extendido del cuarteto de percusión.
Si algo ha demostrado Hugo Gómez-Chao a lo largo de la última década, es una enorme valentía artística y personal, algo que se ha materializado en la creación de proyectos como el propio Festival RESIS (fundado por Gómez-Chao cuando tan sólo contaba veintidós años de edad) o el Arxis Ensemble, además de no eludir el programar sus obras junto a las de los grandes maestros de los que tanto ha bebido, pues una de las características del joven compositor coruñés es la de enraizarse continuamente en la historia de la música, dejando bien a las claras sus filiaciones estéticas y encontrando un lenguaje cada vez más distintivo y personal.

Compuesta, como Consolation I, para doce voces y cuatro percusionistas, KARST alcanza una imponente duración de cuarenta y siete minutos que, incluso, se hacen cortos, dada la intensidad, la profusión de recursos y la musicalidad que Hugo Gómez-Chao despliega en sus seis movimientos, en los que destaca tanto la creación de un universo propio en cada uno de ellos como la sucesión tan lógica de los mismos, remitiéndonos a estructuras ya clásicas en la música contemporánea y a un diálogo muy sutil entre sus partes, como la que une el comienzo y el final, en un trazo circular.
Teniendo en cuenta que en la iglesia de San Domingos de Bonaval, donde tuvo lugar este concierto, se encuentra el Panteón de Gallegos Ilustres, el hecho de que el primer movimiento de KARST utilice como base textual el Libro de los muertos del Antiguo Egipto es de lo más consecuente, además de que nos remite, de nuevo, a una historia comprendida como un código que hemos de seguir leyendo sucesivamente, para descifrar sus arcanos y encontrar un camino personal desde su impulso. Éste es el que se construye en un primer movimiento concebido, desde su nacimiento en las densas resonancias de las membranas, como un enorme y modulado crescendo, cual si el cuarteto de percusión brotara desde las reverberaciones y densidades del pasado, sumándoseles las voces del coro en su registro más grave, cuyas tensas polifonías son dignas de las piezas corales de György Ligeti, aunque el arco histórico de referencias de Gómez-Chao vaya desde Monteverdi al propio Lachenmann, pasando por un Luigi Nono cuya impronta en el compositor coruñés ha ganado peso en los últimos años.
La dificultad de las partes vocales es realmente endiablada, tanto en afinación como en medida, polifonía o algo tan importante en Hugo Gómez-Chao como las velocidades convertidas en forma de expresividad, doblando o reinventando a un cuarteto de percusión en el que escuchamos todo tipo de sonoridades, incluidas las del piano, dando forma a otro axioma lachenmanniano por antonomasia: la construcción del (meta)instrumento que cada obra y propuesta estética requiere, algo que en KARST se explicita ya no sólo en la relación entre voces y percusión, sino en la creación ex profeso que Gómez-Chao ha realizado con Arxis de las barras de hierro estriadas que escuchamos en este estreno, cuyos destellos, como los propios portamenti arpegiados del coro, nos hablan de esos brotes rugosos de la historia que afloran continuamente en KARST, cuyo primer movimiento acaba adquiriendo la solemnidad de un ritual.

El segundo movimiento nace desde el gran impulso y masividad del primero, retomando su torrencial energía y las aceleraciones superpuestas, cuya frenética y espasmódica sucesión de partículas vocales (aquí, más inteligibles) nos remite a Beat Furrer, maestro de Hugo Gómez-Chao. El texto también prolonga la estela del primer movimiento, con fragmentos que narran la salida del sol en el Libro de los muertos y que se completan con pasajes análogos del libreto de Richard Wagner para Götterdämmerung. Citar a Wagner no es aquí baladí, como referirnos a Mahler o a Berg, para enraizar la pulsión arrebatada del clímax de este movimiento, construido con ruido y armonía, llevando la pulsión expresiva a una apremiante erupción de luz, tras el más estático comienzo, pues no se cansa Hugo Gómez-Chao de reivindicar la emoción en la música actual.
Con texto poético de José Ángel Valente, el tercer movimiento nos conduce a un mundo de sutilezas y microgestos que funden a coro y percusión a través de unos fascinantes puentes tímbricos y armónicos entre ambos medios. Los susurros y las vocales desgajadas en el coro se convierten en un esfumado lumínico, con abigarrados portamenti vocales cuyas texturas en tan intrincado arco cromático contrastan con lo más rítmico del piano y lo más abrasivo de una percusión tan contundente como virtuosística, que aquí parece querer asumir la oralidad del coro, entonar el canto.
El cuarto movimiento incluye fragmentos sobre la temática de la proyección de las sombras y la perspectiva en el Trattato della pittura de Leonardo da Vinci, así como el pasaje de la muerte de Narciso en las Metamorfosis de Ovidio. Todo ello se va conformando sobre mínimos tañidos de las barras metálicas, cual campanas llegadas de otro mundo, intercaladas con roce de arco en platos y crótalos, en un nuevo contraste de ambiente y estructura en el gran desarrollo de KARST. Las voces entran de forma totalmente empastada sobre ese juego de espectrales resonancias, que se multiplican y dispersan en los glissandi del timbal, las láminas o los cuencos frotados con arco. Es por ello que aquí tiene toda la lógica el refinado tratamiento microtonal del coro con el que Gómez-Chao modula su tenuto, cambiando constantemente los colores, así como creando iridiscencias y destellos que convierten al EVO Ensemble en una auténtica aurora boreal de cromatismos, en todo un Monteverdi hiperdesarrollado. Pero esa suspensión, que en los compases finales del cuarto movimiento evocará, asimismo, a Luigi Nono y a Morton Feldman, diluyéndose en levedad, conoce en su ecuador uno de los más arrebatados clímax de KARST, un auténtico volcán que emerge desde timbal, tam-tam y piano intervenido en el cordal: tempestuoso hálito de ese ángel de la historia que, según Walter Benjamin, no deja de acumular catástrofes, tanto ayer como hoy.
Aunque el quinto movimiento vuelva a tener como texto partes de Götterdämmerung, desde la levedad de los glissandi en la percusión y los efectos de susurro y aire en el coro, progresivamente se va articulando un parlato deconstruido que, junto con la profusión de fonéticos y rascados de los atriles y los cantos de los sets de percusión, conforman todo un homenaje a Helmut Lachenmann, influencia mayor aquí, rubricando un diálogo entre generaciones que tan importante nos parece en este 2025 en el que el alemán cumplirá noventa años, mientras que Gómez-Chao acaba de cumplir treinta. Lo entrecortado desde este movimiento, su querencia por la fractura y el requiebro, nos ponen en la estela de la avantgarde más rupturista: para Gómez-Chao, ya un clásico.

El sexto y último movimiento parece desgajado del primero, rescatando de aquél su nacimiento en las resonancias graves, progresivamente expandidas y metamorfoseadas en piano, tam-tam y láminas, completando una versión percusiva de lo que podría ser la obertura fugada de un cuarteto de cuerda: herencia en Hugo Gómez-Chao (dada muchas vueltas de tuerca) del Clasicismo vienés. Sobre su base van cobrando cuerpo, haciéndose luz, las voces de las sopranos, espejeando los rumores que ya habíamos transitado en el comienzo de KARST, lo que incide en una concepción circular de la historia y del arte, ya no en el diálogo, sino en el parlamento que es el interpelar al coro de los maestros de todos los tiempos, cuyos fantasmas parecían emerger, como los del Panteón de Gallegos Ilustres, en la tan bella como perturbadora creación escultórica de la artista y arquitecta Raquel Buj, creada con biomateriales y emplazada específicamente para este concierto tras el coro en el ábside.
Además del enorme trabajo del EVO Ensemble (en KARST más audible y presente por la energía que a sus voces confía Hugo Gómez-Chao) y del nuevamente soberbio Arxis Percussion Group (portentoso durante todo el concierto), es obligado destacar al director de este estreno, el madrileño Armando Merino, que ha puesto una primera piedra que realmente será clave en las interpretaciones futuras de KARST. Por esas nefandas dinámicas musicales tan tristemente enquistadas en nuestro país (que tanto ha sufrido uno de los maestros de Merino, el gran Arturo Tamayo, o el propio Nacho de Paz), era la primera vez que veía dirigir en España a Armando Merino en un proyecto de esta envergadura, algo que para él es habitual en Alemania (óperas incluidas). Ello no tiene explicación, si pensamos en la perfección que muestra Armando Merino al medir, en su claridad en el gesto o en la precisión que confiere a las entradas, así como en la musicalidad que imprime a cada indicación (fruto de una semana profundizando con Hugo Gómez-Chao en cada resquicio de la partitura).
La generación de Hugo Gómez-Chao y Armando Merino, como la de otros jóvenes compositores, directores y músicos que en estas ocho ediciones han pasado por RESIS, exige que las puertas de nuestros auditorios a ellos se les abran, que la historia, como ocurre en KARST, no deje de florecer como un continuo rizoma, pues estamos viviendo, en este siglo XXI, uno de los mejores momentos musicales que nunca haya conocido España. El sábado 24 de mayo, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, KARST volverá a sonar con estos mismos intérpretes, previo a su paso por Roma, concibiendo a Europa, como lo hace la propia partitura de Hugo Gómez-Chao, como una comunidad en la música, la literatura y el arte.
Paco Yáñez
(Fotos: Xurxo Gómez-Chao / Festival RESIS)


