LA CORUÑA / Florian Hoelscher abisma el piano de Alberto Posadas a la riqueza de su propia historia

La Coruña. Domus. 17-V-2025. Florian Hoelscher, piano. Alberto Posadas: Erinnerungsspuren.
Hubo un tiempo, a finales del siglo XX y comienzos del XXI, en el que a Galicia venían con regularidad las mejores orquestas, directores y solistas del mundo, haciendo de nuestra comunidad una continua fiesta musical que —ingenuos que éramos entonces—pensábamos que no se acabaría nunca, y cuyos maestros de ceremonias eran, ni más ni menos, que los Celibidache, Giulini, Solti, Abbado, Salonen, Herreweghe, Muti o Gardiner, entre un larguísimo etcétera.
Recordar aquellos días produce nostalgia y desazón, tanto por la pérdida de semejante excelencia en nuestros auditorios (que daba la verdadera medida de lo que la música puede llegar a ser, cuando se interpreta con altura) como por la paralela desatención que ello nos comunica, hoy, por parte de la Administración autonómica hacia la mejor música servida por sus intérpretes de referencia (dedicada la Xunta de Galicia como lo está a fomentar macrofestivales de bandas comerciales para adolescentes).
Ahora bien, un agujero negro compartían todos aquellos festivales y programaciones orquestales internacionales: su habitual desatención al repertorio contemporáneo o, cuando la hubiere, el confiar dicha música a intérpretes locales de nivel bastante inferior, mientras que el repertorio antiguo, el barroco, el clásico y el romántico se ofrecían en manos de los mejores músicos del planeta: dualidad que subliminalmente comunicaba al público algo tan dañino como que había un repertorio de primera y otro de segunda, al cual difícilmente se podría enganchar dicho público, cuando las versiones escuchadas distaban mucho de lo ofrecido en las obras canónicas de la gran tradición.
RESIS es el primer festival que ha roto en Galicia tan enquistada y pérfida dinámica, incorporando progresivamente, a medida que ha contado con un presupuesto suficiente para ello, a algunos de los mejores intérpretes de música contemporánea, de forma que en sus ocho ediciones ya nos hemos encontrado en La Coruña desde con Beat Furrer al Arditti Quartet, pasando por Bas Wiegers, el Quatuor Diotima, Noah Frenkel o SIGMA Project, entre otros.
A esta categoría de intérpretes de referencia internacional pertenece el pianista alemán Florian Hoelscher, fundador del Ensemble Ascolta y músico entre cuyos maestros y mentores nos encontramos con referencias ineludibles del repertorio contemporáneo como Michel Béroff, Pierre-Laurent Aimard o Péter Eötvös (cuya música habíamos escuchado un día antes en Santiago de Compostela); intérpretes a los que hay que sumar al compositor vallisoletano Alberto Posadas, que mano a mano con Florian Hoelscher creó, entre los años 2014 y 2018, uno de los ciclos para piano más importantes de la música europea del siglo XXI, Erinnerungsspuren, un conjunto de seis piezas de las cuales la segunda, Anklänge an “La cathédrale engloutie”, ya la habíamos escuchado en Galicia a Magdalena Cerezo, tal y como les dimos cuenta en Scherzo.
Como había ocurrido en aquel concierto, quizás el piano del que dispuso Florian Hoelscher en la Domus el pasado 17 de mayo, un Yamaha C3, sea un tanto pequeño, faltándole cuerpo para las partes más reverberantes de Erinnerungsspuren, como aquéllas en las que Posadas dialoga con Debussy y Scelsi (dos de las más prolíficas dentro de la caja del instrumento, algo que pudimos ver a la perfección gracias a una enorme pantalla), mientras que en las piezas que se desarrollan en el teclado, como los diálogos con Stockhausen y Zimmermann, no se acusó tanto la pequeñez de dicho Yamaha, dejándonos Hoelscher una impecable y abrumadora lección de mecanismo, técnica y digitación en los compases más rápidos y rítmicamente complejos de Erinnerungsspuren, que no son pocos.
El primer diálogo establecido por Posadas en estos seis «trazos de memoria» (posible traducción de Erinnerungsspuren) es con François Couperin, conduciéndonos, por tanto, al Barroco, ya desde su etéreo martellato inicial en el registro agudo, evocando el eco de un clave que se va afirmando cual emanado desde una bruma de historia y tiempo. En el caso de Anklänge an François Couperin, Posadas no cita ninguna obra en concreto del francés, sino elementos estilísticos, como la ornamentación, para afianzar el dinamismo y la flexibilidad del discurso, convirtiéndose progresivamente dicho ornamento en el material musical, a la par que el material, en ornamento: inversión que se produce tanto en el teclado, febril y de una hiperactividad barroca, como en la manipulación ruidista del cordal. En ambas técnicas y universos estilísticos Florian Hoelscher comenzó a dejarnos claro que lo que íbamos a escuchar en la Domus sería una apabullante lección del mejor piano.
En manos del alemán, Anklänge an “La cathédrale engloutie” es todo un estudio del espacio acústico, por medio de las resonancias llegadas desde el preludio de Claude Debussy, cuya música se propaga en Erinnerungsspuren como si el piano fuese una masa líquida en la que el sonido se refracta y transforma, haciendo difícil identificar la forma (cita del original debussyano) y la refracción a través de un mar de sonoridades extendidas que son alquitaradas en el piano con una preparación del mismo utilizando espátulas, sordinas, cuñas y el ataque con objetos para que el cordal reverbere con una sonoridad extendida y densificada, ahondando en lo plasmático y lanzándolo —parafraseando a Marcel Proust— à la recherche du prélude perdu, cuyos ecos, llegados desde el abismo de la historia, citan el original de Debussy por medio de apenas dos notas que parecieran, a su vez, un mensaje en código morse, una comunicación entre tiempos, espacios y estados de la materia musical.
El contraste entre la bruma de reverberaciones históricas de Anklänge an “La cathédrale engloutie” y la tercera pieza, Anklänge an Robert Schumann, es realmente notable e incide en la prolija heterogeneidad de un ciclo, Erinnerungsspuren, que en dicha diversidad y riqueza de formas tiene una de sus mayores virtudes, con una aplastante lógica musical que lo vertebra, confiriéndole una poética personal. Las torrenciales cascadas de notas que articulan Anklänge an Robert Schumann acaban sonando, gracias al implacable mecanismo de Florian Hoelscher, como si de una partitura para piano mecánico de Conlon Nancarrow se tratase, incorporando otro eco histórico no menor en los pasajes más virtuosísticos: los Études (1985-2001) de György Ligeti. Al contrario que en otras piezas en las que Posadas nos remite a un estilo, pero no cita una partitura, en esta tercera pieza sí hay una referencia concreta: el Presto de la Sonata para piano n.º 2 en Sol menor, Op. 22 (1830-38) de Robert Schumann, del que toma su inestabilidad métrica para construir una estructura orgánica de alta complejidad polifónica, en la pieza, quizás, más exigente en digitación de Erinnerungsspuren; con lo cual, a pesar de tratarse de su parte más corta, es la que más notas contiene, desdoblándose el ritmo en capas superpuestas que, vistas en directo a Florian Hoelscher, nos dejan una impresión realmente vertiginosa, sobrehumana.
El diálogo con Giacinto Scelsi en Anklänge an “Aitsi” es uno de los más fascinantes del ciclo, remitiéndonos en él Posadas a esa sonoridad entre lo mistérico, lo electrónico y lo arcaico que es consustancial a la música del conde de Ayala Valva. La referencia histórica es, aquí, la partitura para piano amplificado Aitsi (1974), en la que Scelsi distorsiona los acordes por medio de la electrónica, mientras que Posadas lo hace a través de técnicas extendidas en la caja, en los bastidores, en la varilla y en el cordal que multiplican las fricciones y los rumores, cual si nos hubiésemos adentrado en el organismo del piano como un ser vivo y escuchásemos sus procesos fisiológicos. En lo que Lydia Jeschke definió, en su día, como una coreografía, Florian Hoelscher va recorriendo el piano para llegar, finalmente, al teclado, aunque alternando con técnicas extendidas en las que se usa papel, espátulas, cámara de bicicleta, super ball, diapasón o un vibrador, en todo un festín ruidista que evoca las sonoridades arcaico-electrónicas de Scelsi. La propia vuelta al teclado y a lo que podría parecernos un lenguaje armónico de alturas, en el fondo no lo es tal, pues, según las cuerdas estén o no preparadas, esa pureza se ve alterada por la lente de la contemporaneidad al mirar al pasado. Hemos perdido, por tanto, la ingenuidad al contemplar nuestra propia historia, llegados a Anklänge an “Aitsi”, pero nos queda, al menos, el deslumbramiento por la conjunción de excelencia compositiva e interpretativa vivida en la Domus con Florian Hoelscher.
Remitiéndonos al Klavierstück IX (1954-61) de Karlheinz Stockhausen, Anklänge an Stockhausen incide reiteradamente en la repetición y en la percepción de los acordes, así como en la relación entre tiempo, dinámica y articulación. Pieza muy incisiva en cuanto al ritmo, en la que abruptos clústeres rompen las escalas cromáticas, estamos ante una obra más abstracta, si bien la celeridad con la que la abordó Florian Hoelscher en La Coruña y su energía en el ataque le confieren una poderosa expresividad.
Como ya hemos señalado en varias de nuestras críticas de RESIS este año, el festival herculino ha tenido entre sus señas de identidad, a lo largo de sus ocho ediciones, el potenciar el diálogo de la contemporaneidad con la historia de la música, mostrando los rizomas del estilo que, desde la gran tradición, se conectan y florecen en nuestro tiempo. Dentro de Erinnerungsspuren, y como final de ciclo, Anklänge an B. A. Zimmermann, explicita ese diálogo entre espacios, tiempos y estilos como pocas otras piezas, dada la importancia que, a su vez, dicho diálogo tenía para el propio Bernd Alois Zimmermann, ya fuese a través de la cita, de la paráfrasis o del collage musical.
Volvemos aquí a encontrar otra referencia histórica explícita, la partitura para dos pianos Monologe (1964) y, a su vez, la progresión que desde Dialoge (1960) —página igualmente zimmermanniana para dos pianos y orquesta— llega hasta Monologe. Si en su grabación de Erinnerungsspuren (Wergo, 2018) Florian Hoelscher se fue en Anklänge an B. A. Zimmermann a casi diecinueve minutos de duración (la pieza más larga del ciclo), en RESIS apenas empleó diecisiete, con un tempo algo más rápido que le confirió mayor vivacidad y desparpajo a esta pieza conclusiva que, como el más reciente Königsberger Klavierkonzert (2024), nos muestra que la larga colaboración entre Alberto Posadas y Florian Hoelscher no es sólo fruto de una exquisita técnica, sino de que en el pianista alemán encontramos a uno de esos músicos que conocen, verdaderamente, la importancia de las grandes creaciones de nuestro tiempo y lo llamadas que éstas están a perdurar. Quizás, cuando los musicólogos de los siglos venideros establezcan los que serán sucesivos cánones de la mejor música para piano española de todos los tiempos, junto a piezas como las Danzas españolas (1892-1900) de Enrique Granados o la Iberia (1905-09) de Isaac Albéniz, nos encontremos, para mayor fortuna de esos públicos futuros que serán, partituras como Erinnerungsspuren.
Paco Yáñez
(Fotos: Xurxo Gómez-Chao / Festival RESIS)


