SANTIAGO DE COMPOSTELA / La Real Filharmonía mira al pasado, para construir el futuro

Santiago de Compostela. Auditorio de Galicia. 16-V-2025. Juanjo Guillem, percusión. Real Filharmonía de Galicia. Directores: Baldur Brönnimann y Amandine Beyer. Obras de Eötvös, Purcell y Bach.
Encarando ya la recta final de su temporada de abono 2024-2025, la Real Filharmonía de Galicia (RFG), Baldur Brönnimann y la actual artista en residencia de la RFG, la violinista francesa Amandine Beyer, nos invitaron, el pasado 16 de mayo, al segundo concierto del ciclo (EN)FOCO en la presente temporada, tras el que en enero nos permitió recorrer los paisajes musicales que, a comienzos del siglo XX, comenzaron a perfilar una identidad compositiva propia en los Estados Unidos de América.
De vuelta a Europa, este segundo concierto de (EN)FOCO nos propuso una de las premisas que están siendo fundamentales en la actual titularidad de Baldur Brönnimann al frente de la RFG: el diálogo entre las grandes partituras del pasado y las obras sustantivas de nuestro tiempo, algo que no siempre estuvo presente a lo largo de los casi treinta años de historia de una orquesta, la RFG, en cuya programación la música de finales del siglo XX y principios siglo XXI quedaba reducida, en su mayor parte, a obras locales y/o de escaso valor estético, con la paralela ausencia de los grandes compositores que han creado la música contemporánea llamada a perdurar.
Entre estos últimos hemos de incluir al húngaro Péter Eötvös, de quien Karlheinz Stockhausen afirmaba que era «el más increíble director de orquesta del mundo», ya no sólo por su absoluto dominio del repertorio contemporáneo, sino por cómo era capaz de hacerlo dialogar con la tradición, motivo por el cual Eötvös sin duda hubiese estado feliz de verse programado junto a Henry Purcell y Johann Sebastian Bach en este penúltimo concierto de la RFG en su temporada 2024-2025.

Pero, antes de escuchar a ambos genios del Barroco, turno fue para esa mente privilegiada en la que la historia de la música se convertía en una continua alfaguara desde la que tomar impulso hacia el futuro, Péter Eötvös, de quien escuchamos Speaking Drums (2012-13), cuatro poemas para percusión y orquesta en los que el compositor nos muestra otra de sus mayores querencias artísticas, la literatura, utilizando aquí versos del poeta húngaro Sándor Weöres y del escritor hindú Yaiádeva para hacer hablar a la percusión.
Tal y como explica la hija de Péter Eötvös, Ann-yi Bingöl, el hablar, recitar o cantar mientras se toca la percusión es algo transversal a muchas culturas del mundo desde hace milenios, relación que en Speaking Drums comienza incluso antes de que escuchemos la voz del percusionista, en los rebotes progresivamente acelerados de las baquetas sobre las membranas: ritmo germinal en estado puro que se va transfiriendo posteriormente al habla y, de vuelta e informados por las palabras (aún de forma asemántica, algo que Eötvös comparte con varias piezas vocales de su admirado Ligeti), a los instrumentos, en lo que Bingöl definió como un proceso de aprendizaje impartido por el solista a su set de percusión, hasta que dichos instrumentos adquieren el habla, pasando del ritmo a la palabra, de la palabra a la frase y de la frase a la narrativa, en un progresivo crecimiento de la complejidad formal, poema tras poema.
Para que dicho proceso adquiera un trazo sustantivo digno de dialogar, a su vez, con la orquesta, Eötvös recurre a un amplísimo despliegue de percusiones que ocupan todo el frontal del escenario y en el que no sólo el solista adquiere un papel preponderante, sino que otros dos percusionistas de la orquesta tocan a dúo o en trío con él en distintos compases, así como uno de los trompetistas, que a dicho frontal se acerca para un breve diálogo con un enorme Juanjo Guillem capaz de asombrar al público compostelano tanto en lo más coreográfico de la partitura como en sus dimensiones vocal y teatral, por no hablar de lo puramente percusivo, volviendo a demostrar Guillem en el Auditorio de Galicia por qué es uno de los mejores percusionistas de nuestro país.

Por otra parte, Speaking Drums es una obra que, como tantas del último Eötvös, resulta especialmente asequible y directa por su inmediatez para el público, aunque no deje de hilvanar, cual orfebre musical, todo un juego de ecos (algunos, prácticamente literales) que nos recuerdan piezas pretéritas de su catálogo, ya sean los ritmos pétreos de Steine (1985-90), los rascados de uñas sobre las membranas de Psalm 151 (1993) o los vastos portamenti de Atlantis (1995), así como cuanto de la gran tradición húngara del siglo XX bebió Eötvös: la incisiva rítmica de Béla Bartók (aunque, también, sus juegos de glissandi en el timbal), la teatralidad de inspiración popular de Zoltán Kodály o las redes micropolifónicas llegadas de ese genio por antonomasia que fue György Ligeti, con quien Péter Eötvös tanto trabajó.
Todo ello lo entendieron a la perfección Baldur Brönnimann y Juanjo Guillem, en cuya versión de Speaking Drums diría que se han sumado —por la relación habida entre voz y percusión— ecos de esa figura tan importante que para Péter Eötvös fue Karlheinz Stockhausen; incluso, aromas del Lejano Oriente que aparecen filtrados por el propio Stockhausen, como la suerte de gamelán teatralizado que el trío de percusión despliega en la parte final, en uno de los momentos más virtuosísticos, frenéticos y bien tocados, estupendamente secundado Juanjo Guillem por Nerea Vera y José Vicente Faus.

Si a ello le sumamos ecos jazzísticos (género que en Budapest tiene una gran escuela), acabaremos conformando esa verdadera armonía del mundo que es el catálogo de Péter Eötvös, tanto el puramente instrumental como el operístico: impronta no menor en Speaking Drums, pues el componente teatral nunca dejó de estar presente en la producción musical del húngaro, reforzándose a medida que fue cumpliendo años y pasó de su más abstracta y vanguardista primera etapa a un lenguaje que, como antes apuntamos, buscó una más directa cercanía con el público, reformulando la tradición: inmediatez cuyo éxito a la vista quedó al final de esta interpretación de Speaking Drums, dada la calurosa ovación recibida por todos los músicos y, muy especialmente, por un Juanjo Guillem que tuvo que salir varias veces a saludar.
En la novela de José Saramago O Homem Duplicado (2002), su protagonista, el profesor Tertuliano Máximo Afonso, explica al director del instituto donde imparte docencia que la historia debería ser enseñada desde el presente hacia el pasado, para partir desde una realidad más cercana a nosotros, explicando sus contingencias como un cúmulo de causalidades que se van concatenando hasta conformar cuanto nos rodea.
No es, ésta, una mala forma de enfocar una programación musical (el Quartet Gerhard optó por este esquema en su último concierto en el Festival RESIS), partiendo desde la floración de la música en nuestro presente, para ir progresivamente desvelando de dónde proceden sus formas estéticas y cómo se entretejen los rizomas del estilo.
Parafraseando lo escrito a finales del siglo XIX por Giuseppe Verdi, si en este programa de (EN)FOCO retornamos al pasado, en primer lugar, de la mano de Henry Purcell, ello será un progreso, dada la intemporal modernidad que vivifica la música del compositor inglés. Así que, para refrendar la idea verdiana, nada mejor que, a su vez, un diálogo histórico del propio Purcell: el que estableció en Timon of Athens, Z. 632 (1694), pieza incidental de la que escuchamos su último número, Curtain Tune on a Ground, aunque, en este concierto de la RFG, a modo de pieza de acompañamiento para la retirada de otra cortina: la conformada por la percusión en el frontal del escenario…

…y es que, en un muy eficaz e ingenioso planteamiento, ya con Amandine Beyer como violinista y directora de la RFG, tanto dos miembros del staff de la orquesta como Baldur Brönnimann y Juanjo Guillem fueron retirando (de un modo tan silente como coreográfico) esa larga cortina de instrumentos, mientras que los músicos iban entrando y saliendo del escenario para conformar las plantillas de las distintas piezas de Timon of Athens y King Arthur, Z. 628 (1691) escuchadas a modo de interludio, comenzando a disfrutar de algo más que evidente hoy en día: el muy positivo impacto que el trabajo de Amandine Beyer está teniendo en la RFG, una orquesta cuya articulación, fraseo y ataque en las partituras del Barroco (pese a no ser sus instrumentos los más adecuados para dicho repertorio) comienza a dejarnos interpretaciones que se disfrutan y buscan un estilo historicista que hoy es ineludible en obras como las de Henry Purcell o Johann Sebastian Bach, con cuya Suite para orquesta n.º 3 en Re mayor, BWV 1068 (c. 1730) se cerró el concierto, incorporando esos criterios de interpretación que Amandine Beyer aporta a la RFG, en una de las cuestiones más sustantivas, junto con la actualización del repertorio contemporáneo, en las últimas dos temporadas de la orquesta gallega.
Parte de ese criterio se demuestra con la incorporación de un clave para tocar el continuo (aunque los metales no hubiesen sido de época y su timbre suene extemporáneo, pese a las buenas intenciones de los tres músicos en ataque y articulación), desgranando Beyer y la RFG cada danza con personalidad propia y momentos que han destacado ya no sólo por su intrínseca belleza, como el Aria, sino por lo bien planteados que han estado, donde tantas veces se amanera dicho movimiento, cuyo fraseo y estructuración contrapuntística en este concierto sí convencieron, en una de las mejores interpretaciones bachianas que recuerde a la RFG, incorporando la orquesta a un buen número de instrumentistas de la Escuela de Altos Estudios Musicales, jóvenes que tienen el privilegio de abordar en un mismo concierto el repertorio barroco y el contemporáneo con dos especialistas de prestigio internacional como Amandine Beyer y Baldur Brönnimann: un lujo, tanto para el público como para dichos jóvenes, que así pueden aprender algo tan importante en la vida de un músico como que un proyecto orquestal de verdadera altura no se debe construir nunca desde el ombliguismo y la comodidad, sino desde el desafío y el continuo crecimiento artístico en busca de esa excelencia que conocemos a las mejores formaciones del mundo.
El actual proyecto de Baldur Brönnimann y Sabela García al frente de la RFG, basado en la renovación del repertorio en diálogo con las grandes piezas de la tradición, así como en la colaboración con esos jóvenes instrumentistas y compositores, o en cuestiones ineludibles en este tercer milenio como la perspectiva de género o la inclusión de temáticas sociales articulando la programación, hacen de esta nueva etapa de la RFG un auténtico bien de interés cultural, y como tal ha de ser defendido por las administraciones públicas (Consorcio y Ayuntamiento de Santiago, en primer lugar), sin consentir que en las ruedas del progreso se pongan palos, flautas o arcos, pues la propia RFG se juega en ello su valor como institución pública y su pervivencia.
Paco Yáñez
(Fotos: Manu Vidal – Real Filharmonía de Galicia)


