SANTIAGO DE COMPOSTELA / La Real Filharmonía recorre los Estilos Unidos de América

Santiago de Compostela. Auditorio de Galicia. 17-I-2025. Vasco Dantas, piano. Real Filharmonía de Galicia. Director: Baldur Brönnimann. Obras de Antheil, Milhaud, Ives y Gershwin.
Con un cuarto del siglo XXI ya sobre nuestras espaldas, 2025 se prevé un año crucial para la deriva geopolítica de lo que serán las próximas décadas, dados los conflictos bélicos, económicos y culturales que actualmente zarandean el planeta, a los que se une un hecho tan poco tranquilizador como la vuelta, este mismo mes de enero, de Donald Trump a la Casa Blanca, y con el bidón de gasolina rebosante bajo el brazo, sin que falten a su alrededor plutócratas y pirómanos del bien común dispuestos a hacer saltar unas chispas de lo más inoportunas en tal estado de cosas.
Se hace difícil, por tanto, no leer en esta clave el primer concierto de (EN)FOCO en la temporada de abono 2024-2025 de la Real Filharmonía de Galicia (RFG), un ciclo que tanto su director titular, Baldur Brönnimann, como su directora técnica, Sabela García, crearon en la que fue su primera temporada conjunta al frente de la RFG para acercar al público compositores poco habituales en nuestras temporadas orquestales, como fue el caso de Robert Gerhard en el concierto inaugural de (EN)FOCO.
Un año después, sobre el primer tercio del siglo XX en los Estados Unidos de América se ha puesto esta vez el foco, antes de que la Segunda Guerra Mundial comenzase a cambiarlo todo; especialmente, tras la muerte de Franklin D. Roosevelt y la llegada al Despacho Oval de un Harry Truman con cuya nefasta presidencia la influencia de los Estados Unidos derivó hacia las perniciosas consecuencias que hasta hoy padecemos.

Compositores como George Gershwin, Charles Ives o George Antheil (todos ellos, parte de este primer concierto de (EN)FOCO en 2025) representan otra forma de comprender la esencia de lo estadounidense: desde el transcendentalismo y la fuerte responsabilidad ética que manifestó Ives en tantas de sus partituras, a la asimilación de las músicas afrodescendientes por parte de Gershwin, pasando por la prodigiosa mente en constante estado de ebullición del inventor, escritor, compositor, pianista y sólido puente entre las culturas europea y la norteamericana que fue Antheil.
Precisamente, abrió el concierto la música de George Antheil, en un buen ejemplo de lo que podríamos calificar de antítesis de la ideología trumpista, pues en su página orquestal Archipelago (1935) desplegó hace noventa años el compositor de Nueva Jersey algo consustancial a la historia de los Estados Unidos como la asimilación de culturas de diferentes orígenes para dar lugar a esa fértil hibridación que es el melting pot estadounidense. En el caso de Archipelago, escuchamos la utilización de la rumba para vivificar el entramado rítmico de una partitura en la que la RFG mostró buenas maneras, tanto en los pasajes más sensuales y desenfadados como en los que ofrecen destellos de ese amante de los mecanismos que fue Antheil, en el final de una obra trabajada (como el resto del programa) con mimo y un cuidado del fraseo en el que la RFG empieza a mostrar las virtudes de los ensayos en profundidad que la orquesta gallega está llevando a cabo desde la llegada a la titularidad de Baldur Brönnimann.
Al igual que George Antheil, Darius Milhaud fue otro apasionado del ballet, como lo demuestra La Création du monde, Op. 81A (1922-23), una partitura que mira a África, para embeberse de su mitología, así como para encontrar las raíces de un jazz que cautivó a Milhaud en su viaje a los Estados Unidos del año 1922: una de las mayores influencias que escuchamos en La Création du monde. Con la preceptiva plantilla de cámara sobre el escenario, ha vuelto a mandar en la RFG una pertinente alternancia entre el desenfreno y la espontaneidad, en los pasajes jazzísticos, y una más contenida serenidad y equilibrio, en los compases de corte neoclásico, en los que Brönnimann ha optado por una dirección marcadamente descriptiva que se redoblaría en la siguiente partitura, incidiendo en la iconografía asociada a estas obras, ya fuesen los paisajes africanos de La Création du monde, ya los lugares históricos de Nueva Inglaterra.
Con varios de sus primeros atriles sobre el escenario, la RFG dejó en La Création du monde momentos a destacar, como los protagonizados por ese buen conocedor de la música del siglo XX que es el saxofonista Adrián Pais, así como por los sets de percusión, cuya tímbrica convoca ecos de inspiración más tribal, bien desarrollados sus ritmos por el resto del conjunto, en una lectura que de nuevo resultó, en global, muy notable, así como idónea para que los músicos de la RFG trabajen otras formas de abordar el repertorio, refinando su escucha mutua, el realce de cada instrumentista y todas las virtudes que para el profesor de una orquesta sinfónica supone el tocar música de cámara. Ello permite, asimismo, potenciar en el público una audición más atenta a este tipo de refinamiento en la escritura, así como ampliar el repertorio e involucrar a los músicos en diferentes proyectos anuales, según sus afinidades o cualidades para cada estilo musical, por lo que esperamos que esta alternancia de piezas orquestales y camerísticas (que tanto juego da en lo contemporáneo) se mantenga en la RFG.

Con Charles Ives alcanzamos una de las cimas musicales del primer tercio del siglo XX, y ya no sólo en los Estados Unidos, sino en el conjunto de la música occidental, aunque bastante tardó Ives en recibir tal reconocimiento, como han destacado los compañeros de Scherzo que sobre el genio de Danbury han escrito estos últimos meses con motivo de los ciento cincuenta años del nacimiento de Ives que en 2024 se cumplieron.
A dicha celebración se ha sumado la RFG en su actual temporada de abono, alzándose este concierto de (EN)FOCO como el punto álgido de la presencia de Charles Ives en Galicia, con sus arrebatadores Three Places in New England (1903-14, rev. 1929-35), una partitura de la que en estas mismas páginas les dimos cuenta el pasado septiembre, a raíz de la paralela conmemoración de Charles Ives en el Musikfest Berlin.
Como entonces apunté, Three Places in New England es una de las obras más originales, extremas y fastuosas en el catálogo de Charles Ives por lo que se refiere a cuestiones tan representativas de su estética como el collage, la paráfrasis o la multitemporalidad, suponiendo todo un reto para cualquier formación orquestal; muy especialmente, su tumultuoso segundo movimiento. Paralelamente (y conectado con lo que antes señalamos con respecto a las virtudes que para una orquesta supone el trabajar con diferentes formatos camerísticos y orquestales), es una partitura que se puede interpretar con diversos orgánicos, de entre los cuales la RFG optó por el segundo de mayor formato, el que alcanza su plantilla junto con los jóvenes intérpretes de la Escola de Altos Estudos Musicais y sus refuerzos habituales: músicos cuya fidelización tiene ya el suficiente recorrido como para que podamos decir que se trata de intérpretes que casi forman parte de la RFG a efectos de continuidad, como el trombón Iago Ríos o la pianista Haruna Takebe, dos refuerzos cuyo dominio del repertorio del siglo XX deja destellos muy destacables, como los de Takebe en un piano tan importante para Ives.
Esa misma impronta de lo contemporáneo marcó, en global, la dirección de un Baldur Brönnimann que es un buen conocedor de la música de Ives (él mismo dirigió el estreno ibérico de la Cuarta sinfonía (1909-16), en la Casa da Música de Oporto), destacando en su batuta esta noche The “St. Gaudens” in Boston Common y The Housatonic at Stockbridge, ambas desgranadas con una lentitud que no ha significado, ni mucho menos, pesadez, pues, por su refinado trabajo microinterválico, la RFG se ha convertido en un pálpito de timbres y crepusculares colores de muy bellos matices, más allá de las evidentes y realzadas marchas e himnos que destacan en primer plano.

Frente a una lectura de la DSO Berlin que me había parecido un tanto estática y sombría en el primer movimiento, la RFG ha conseguido desarrollar un tempo, aunque pausado, impetuoso en carácter, en la pieza en la que más convincente ha sonado, pues en la genial Putnam’s Camp, Redding, Connecticut se ha echado en falta más idiomatismo, volumen y estilo, con los perfiles de los distintos grupos orquestales (y del conjunto, como collage métrico) un tanto bajos (igualmente a la DSO le había costado lo suyo sacar adelante este movimiento, en el que nuestra memoria aquilata tan abrumadores recuerdos como los que nos dejaron Christoph von Dohnányi, David Zinman o, muy especialmente, Michael Tilson Thomas; todos ellos, con orquestas estadounidenses).
Si The Housatonic at Stockbridge había sonado en Berlín de forma absolutamente mágica en tuba y contrabajos, con una fuerte impronta organística por su vibrato, en Santiago la concepción fue más ensoñadora e impresionista; por tanto, más liviana, aunque la exposición del himno en la cuerda grave y de los distintos timbres llegados desde las distancias estuvo bien resuelta por lo mismo que “St. Gaudens” había sonado tan convincente: por un trabajo que se intuye serio sobre la partitura, algo que legitima el que se programe este tipo de obras fuera del orgánico y de la zona de confort de la RFG, pues flexibilizan a la orquesta y la hacen ganar en estilo(s), precisión y dominio técnico, algo que ya se deja escuchar en unas interpretaciones cada día más cuidadas.
Cerró el concierto ese icono de la música estadounidense que es la Rhapsody in Blue (1924) de George Gershwin, una partitura que en el Auditorio de Galicia contó como solista con el portuense Vasco Dantas, un pianista, aquí, de acusado individualismo, que basculó entre un muy libre piano de salón y ecos lisztianos, por su virtuosismo. Con un fraseo delicadamente ornamentado, vigorosos arpegios, bien asimilados ecos del jazz y un continuo acercarse/distanciarse de la orquesta, Dantas fue el gran protagonista de una versión que funcionó especialmente bien en sus tutti más unitarios en ritmo, pues, individualmente, algunos atriles sonaron algo timoratos, retraídos o fuera de estilo, como el archiconocido solo de clarinete que da comienzo a la obra.
Como encore, Vasco Dantas nos dejó su arreglo para piano solo del Fado Gaivota, página a la que no sólo se asoma el fado portugués que le da nombre, sino citas de la Rhapsody in Blue y ecos de otros estilos, como la habanera, así que, qué mejor final, para ejemplificar ese nutricio diálogo entre culturas que fueron y son los Estados Unidos de América, si no median los cenutrios proteccionistas y cierrafronteras que pretenden hacer del mundo un archipiélago amurallado (siempre que, por descontado, no lo sea para el expansionismo de sus productos comerciales, pues, ya que en Portugal terminó este concierto de la RFG, ¿cuántos libros, películas, cuadros u obras musicales lusas conviven con la ciudadanía española cotidianamente, frente a la paralela avalancha de estulticia mediática estadounidense que padecemos? Motivos para la reflexión y para que desde Galicia se abran más puertas en pos de romper nuestra enquistada insularidad musical, que hasta reducida al mínimo se encuentra hoy en cuanto a intercambios entre sus dos principales orquestas. No digamos ya una presencia de grandes formaciones internacionales hoy inexistente.
Paco Yáñez
(Fotos: Manu Vidal – Real Filharmonía de Galicia)


