SANTIAGO DE COMPOSTELA / Sebastian Zinca y la RFG apuestan por la vigencia de Robert Gerhard

Santiago de Compostela. Auditorio de Galicia. 12-I-2024. Real Filharmonía de Galicia. Director: Sebastian Zinca. Obras de Robert Gerhard.
La temporada de abono 2023-2024 de la Real Filharmonía de Galicia nos está dando la oportunidad de presentar sucesivas novedades en cada una de las críticas que en Scherzo hemos publicado sobre la esperanzadora etapa que se ha abierto en Santiago tras el nombramiento de Baldur Brönnimann como director artístico y musical.
Nos quedamos hoy con (EN)FOCO, nuevo ciclo de conciertos comentados con el que la RFG pretende acercarnos a autores y obras poco habituales en nuestras temporadas orquestales, teniendo como primer protagonista a un compositor al que, tristemente, España sigue sin prestar la atención que éste merece, como uno de los creadores más importantes que es de nuestra historia musical. Nos referimos al catalán Robert Gerhard.
De ascendencia franco-suiza, Gerhard se convirtió en un ejemplo más del exilio al que, por obra y desgracia del fascismo, se vieron forzados tantos artistas en la primera mitad del siglo XX. Como titular de la Real Filharmonía, el suizo Baldur Brönnimann tiene un especial interés en poner en valor la música de Robert Gerhard, así como en mostrar la influencia en sus partituras de los procesos migratorios que tematizan la temporada 2023-2024 de la RFG: migraciones, en el caso de Gerhard, que en sólo dos décadas lo llevaron a Viena y Berlín, en los años veinte, para estudiar con Arnold Schoenberg; y a París y Cambridge, a finales de los treinta, para escapar de la bestia franquista.
Esa síntesis que en Gerhard se produce de apuesta por los lenguajes más avanzados de su tiempo junto con ecos de la música folclórica (que recibe, actualizados, de Felip Pedrell) es la que protagonizó el primer programa que Baldur Brönnimann nos tendría que haber presentado en el lanzamiento del ciclo (EN)FOCO; un concierto que, finalmente, tuvo que asumir el nuevo director asistente de la RFG, Sebastian Zinca, debido a una lesión ocular sufrida por Brönnimann días antes de dicho evento.
Con un margen de tiempo tan escaso como del que Sebastian Zinca ha dispuesto, podemos decir que el director estadounidense ha sacado adelante con buena nota un programa tan complejo, demostrando haber estudiado en detalle ambas partituras, por cómo ha ido marcando las entradas y organizando los muchos pasajes de endiablada polifonía y superposición de voces como presenta, especialmente, la soberbia Sinfonía nº1 (1952-53) de Robert Gerhard.
Antes de adentrarnos en dicha partitura, la RFG interpretó la suite orquestal del ballet Alegrías (1942-50), previamente presentada por la musicóloga Rosa Fernández, que actuó como maestra de ceremonias para facilitar al público gallego (y al llegado de fuera de Galicia para disfrutar de la rara oportunidad de escuchar esta música en vivo) información clave con la que contextualizar ambas obras en la biografía y en la trayectoria estética de Gerhard. Es, ésta, una forma siempre didáctica y motivadora de acercar al público a lenguajes exigentes y poco habituales en nuestros auditorios, relegados, como lo suelen estar, ante la insistencia en un repertorio tradicional repetido hasta la náusea, así como por la cada vez mayor presencia de bandas sonoras hollywoodienses, musicales y demás subproductos coolturales.

La primera parte de la suite de concierto Alegrías ya había sido tocada por la RFG, con Baldur Brönnimann al frente, en junio de 2023, en el concierto que sirvió para presentar la actual temporada de la orquesta gallega (tal y como dejamos constancia en Scherzo). Había sido, aquella interpretación, más colorida, enérgica e intensa que la escuchada el pasado viernes 12 de enero bajo la dirección de un Sebastian Zinca que, además de mostrar mayor cautela y contención sobre el podio, no opta por destacar de forma tan acusada los elementos folclóricos y un idiomatismo que, en este Gerhard post-pedrelliano, seguramente se le escapa al director de Miami. Es por ello que la dirección de Zinca prioriza un enfoque más abstracto y estructural, como lo pueden hacer tantos directores como se han acercado, desde fuera de España, a la obra de un Manuel de Falla cuyos ecos son, en Alegrías, incuestionables.
De este modo, ha primado en la interpretación de Sebastian Zinca con la RFG un trabajo de la polifonía orquestal, con momentos que no sólo nos han recordado a Falla, sino a Igor Stravinsky y a un compositor que Zinca conocerá más de primera mano (por su nacionalidad y estudios en Nueva York), como Charles Ives. La impronta del genio de Connecticut en la dirección de Zinca se deja escuchar, de un modo especial, en Farruca-Jaleo, segunda parte de Alegrías en la que el divertimento flamenco que destacaba en su primera sección, Preámbulo-Jácara, da paso a una música con mayor carga programática y ecoica de esa España dejada atrás por Gerhard, sobre la que la lucha cultural y política se sigue haciendo audible por medio de las citas incluidas por el compositor catalán en el Jaleo conclusivo: la parte más destacada en la interpretación de la RFG el pasado viernes. En ésta, Sebastian Zinca se ha esforzado para que maderas y metales expusiesen con claridad tanto la Marcha fúnebre de Chopin como el Himno de Riego: eco de una España republicana en la que tanto creyó Gerhard y, a la par, elegía por un tiempo ya sólo sido tras la derrota: aquél en el que, desde Barcelona, Gerhard estaba poniendo a España en el mapa de la modernidad, con la llegada a nuestro país de Arnold Schoenberg y Anton Webern, así como con el estreno póstumo del Concierto para violín (1935) de Alban Berg en el Palau de la Música Catalana.
Son influencias, las de estos compositores de la Segunda Escuela de Viena, que Sebastian Zinca ha puesto en primer plano en su dirección de Alegrías, mostrando seguridad en el tempo y en la conjunción métrica, al igual que en el tumultuoso entramado polirrítmico del Jaleo, expuesto con intensidad y transparencia por una RFG en cuya plantilla hemos de destacar el enorme trabajo de la pianista Haruna Takebe: soberbia en toda la suite, tanto a nivel técnico como aportando el ataque tan moderno y contundente que bien le conocemos con la propia RFG y con Vertixe Sonora.
Una interpretación de Alegrías, por tanto, marcada por una mirada cosmopolita e internacional a la música de Robert Gerhard, quizás la propia de un director joven y multicultural como lo es Sebastian Zinca: originario de los Estados Unidos, de ascendencia rumano-peruana y actualmente afincado en Berlín, una de las mejores plazas imaginables para un director novel con ganas de descubrir lo más granado de la dirección internacional, que por Berlín pasa cada año; lanzadas, algunas de dichas batutas (aunque muy de tarde en tarde), a rescatar la música de Robert Gerhard en la capital germana, como fue el caso de Simon Rattle en mayo de 2022.
Desconozco si Sebastian Zinca asistió a aquel concierto, pero sin duda el enfoque internacionalista que pudo haber desplegado Rattle (fascinado desde su niñez por la música de Gerhard) es el que vuelve a asumir Zinca en la Primera sinfonía del catalán, por lo que, ante la disyuntiva planteada por Rosa Fernández de si esta Sinfonía nº1 es una obra progresiva o regresiva en su tiempo, Zinca parece haber apostado por los elementos estructurales, tímbricos y texturales que, derivados del dodecafonismo schoenberguiano (humanizados, como sostenía el propio Gerhard), hacen de esta página una de las más modernas e importantes de nuestro sinfonismo en el siglo XX.
Con una RFG nuevamente reforzada con alumnos de la Escuela de Altos Estudios Musicales, Zinca optó, desde el Allegro animato inicial, por unos tempi, en global, más lentos que los escuchados en los ciclos sinfónicos de Víctor Pablo Pérez (Montaigne, 1993) y Matthias Bamert (Chandos, 1997), desgranando el primer movimiento en 12:10 minutos, dentro de los cuales, como en Adagio y Allegro spiritoso, maneja cierta flexibilidad que le permite expandir los compases más lentos, creando una perturbadora y mistérica atmósfera cargada de tensión, mientras que los pasajes más furibundos y agresivos los ataca con vehemencia, habiéndonos dejado ya el Allegro animato momentos en los que escuchar así de esplendorosa a la RFG ha sido una gozada, confirmando, como ya lo había hecho la orquesta esta temporada en Saariaho, Ligeti, Gómez-Chao, Schoenberg o en el propio Gerhard (con Pablo González), que hay un gran potencial para seguir programando partituras que apuesten por la modernidad y el riesgo artístico, así como por lo que Rosa Fernández calificó, con respecto a esta Primera sinfonía, de mensaje ético, tras las catástrofes bélicas vividas por Gerhard.
Esa violencia primordial fue desatada con criterio por la RFG en la coda del Allegro animato, en la que escuchamos con claridad la cita del ballet Pandora (1943-45) que Gerhard introduce a través de los semitonos ascendente y descendente de la tuba: motivo del peligro —como ha señalado David Drew— que recorre y espolea a la orquesta, rubricando un final del primer movimiento acongojante.
El Adagio, con nueva intertextualidad del propio Gerhard, a través de Don Quixote (1940-47), ha sido expuesto por Sebastian Zinca destacando su carácter elegíaco, apuntando proximidad con las sinfonías coetáneas de Karl Amadeus Hartmann y Hans Werner Henze, así como anticipando el Lento e deserto del Concierto para piano (1985-88) de Ligeti, por sus juegos de señales de vientos sobre un denso tejido cromático de las cuerdas. Con 11:40 minutos de duración, de nuevo Zinca ha respirado con calma este movimiento, buscando la nitidez, el sosiego y el balance orquestal.
Se cerró esta tan disfrutable interpretación con un Allegro spiritoso en el que se recapitula prácticamente toda la sinfonía, reforzando los contrastes entre los pasajes violentos y los desolados, lo que ha llevado la lectura de la RFG hasta los 18:40 minutos de duración (bastante más pausada que las grabaciones de Montaigne y Chandos), por cómo ha paladeado Zinca los interludios lentos, tensando sus oscuros presagios. Éstos han eclosionado en un clímax realmente impresionante, con un manejo de las dinámicas muy acertado en toda la sinfonía y una verticalidad del edificio orquestal en la que las percusiones de José Vicente Faus e Isabel Diego han sonado a un altísimo nivel, como, en general, toda una RFG muy equilibrada, vibrante y convincente. Así lo debió pensar el público, pues la ovación fue importante, evidenciando la necesidad de renovar nuestras programaciones con obras de semejante poderío, mensaje y enjundia.
Paco Yáñez
(Fotos: Real Filharmonía de Galicia)


