LA CORUÑA / Comienza la novena edición del Festival RESIS, dedicada a Morton Feldman

La Coruña. Teatro Rosalía de Castro. 23-IV-2026. Irene Fraile, soprano. David Azurza, contratenor. Enrique Martínez, tenor. Juan Laborería, bajo. Noè Rodrigo, percusión. KEA Vocal Ensemble. Coro de la Orquesta Sinfónica de Galicia. Gallaecia Ensemble Barroco. Director: Enrique Azurza. Obras de Buxtehude, Azurza, Rodríguez y Feldman.
Como ya les adelantamos en Scherzo el pasado 12 de abril, el Festival RESIS de Música Contemporánea y Artes Vivas regresa a La Coruña una primavera más, dedicando en 2026 su novena edición a Morton Feldman, con motivo de su centenario. De este modo, será el compositor neoyorquino quien articule una programación que también visitará Santiago de Compostela, Madrid y Roma, completando un cartel que incluye doce conciertos, instalaciones, performances y proyectos didácticos en los que recibiremos la visita, entre otras personalidades destacadas de la música actual, de Chaya Czernowin, una de las compositoras más importantes de nuestro tiempo.
Esa voluntad de poner en contacto al público gallego con las grandes figuras musicales de la contemporaneidad es una de las señas de identidad de RESIS desde su fundación en 2018, como también lo es el diálogo que en este festival se establece entre la música del pasado y la del presente: dialéctica que, un año más, y como en 2025, volvió a protagonizar su concierto inaugural, con un programa específicamente diseñado por el director artístico de RESIS, Hugo Gómez-Chao, con el objetivo de que el escenario del Teatro Rosalía de Castro se convirtiese en un ágora de reverberaciones históricas, en esa proteica cadena de sucesivas improntas que conforma la música desde sus orígenes (tema central, precisamente, del discurso de presentación que Hugo Gómez-Chao pronunció el pasado jueves para alzar el telón del festival).
El primer interlocutor en este gran diálogo entre tiempos y espacios fue Dieterich Buxtehude, de quien escuchamos tres cantatas del ciclo Membra Jesu Nostri BuxWV 75 (1680). La primera de ellas, Ad pedes, tuvo como intérpretes al Coro de la Orquesta Sinfónica de Galicia y al KEA Vocal Ensemble, cuyas voces se unieron a lo largo de todo el concierto bajo la dirección de Enrique Azurza. A ellos se sumó el Gallaecia Ensemble Barroco, formación que intenta paliar la escasez de agrupaciones dedicadas a este repertorio en Galicia, así como la ausencia de los más ilustres conjuntos historicistas que otrora sí nos visitaban. Ello depara una continua falta de contraste con la mejor interpretación internacional; al menos, en lo que a la música en vivo se refiere, pues siempre nos quedará la fonografía para saber que lo ofrecido en las últimas décadas en Membra Jesu Nostri por el Ricercar Consort (Mirare, 2018), el Concerto Vocale (Harmonia Mundi, 1990), los English Baroque Soloists (Archiv, 1988) o Cantus Cölln (Harmonia Mundi, 2005) está muy por encima de lo escuchado en RESIS.

Esa diferencia de nivel, en todo caso, habría que matizarla, pues entre el coro y el ensemble se dieron unas prestaciones muy desiguales el pasado jueves. Así, tanto el Coro OSG como el KEA Vocal Ensemble nos dejaron unas muy buenas impresiones, ya como conjunto, ya en sus solistas, destacando sobremanera a lo largo del concierto Irene Fraile, soprano vizcaína que mostró no sólo la voz más perfecta técnicamente, sino un estilo digno de las grabaciones antes señaladas, con un timbre ligeramente oscuro que le permite abarcar un importante rango en su tesitura, bien secundada por los restantes solistas y por un coro conducido por Enrique Azurza con criterio y expresividad.
Los problemas más graves vinieron por parte del Gallaecia Ensemble Barroco, no tanto en lo que al continuo se refiere, sino en un dúo de violines en el que María José Pámpano comenzó a mostrar unas deficiencias calamitosas en afinación, fraseo y empaste con el resto del conjunto, algo que se repitió en todo el programa, dejando una impresión realmente mala que arruinó la mayor parte de las interpretaciones.
Con la propia María José Pámpano en la viola, escuchamos de nuevo al Coro OSG y al KEA en sendas piezas de David Azurza, Behelaino isila y Bost argi diz-dizka, primera y cuarta parte de los Lau haiku-kantu (2013), partitura originalmente escrita para clarinete y coro femenino sobre poemas de Andoni Salamero que en RESIS conocimos en su versión para viola y coro mixto. La primera de estas dos piezas nos conduce al interior de una niebla silenciosa que se convierte en murmullos y bellos clústeres en las voces de un coro en el que proliferan texturas y técnicas vocales extendidas que otorgan modernidad a la obra de un compositor cuyas partituras muestran su gran conocimiento y larga experiencia en el campo de la voz. Si Behelaino isila incidía en un desarrollo vivificado y crepitante de la masa coral (por tanto, con influencias del Ligeti micropolifónico), Bost argi diz-dizka tendríamos que relacionarla con el último periodo del compositor húngaro, pues Azurza incide aquí en una actualización de la música popular (vasca, en su caso), que multiplica por medio de intrincadas polifonías y contrastes cromáticos que confieren una rica individualización a las voces, redondeando sendas interpretaciones realmente logradas a nivel vocal.

La cuarta obra del programa vino de la mano de una buena conocida del Festival RESIS, Carme Rodríguez, compositora nacida en Ribadeo hace treinta años de quien escuchamos el estreno absoluto de Haeresis (2026), partitura para coro, ensemble barroco y percusión fruto de un encargo del propio festival, lo que rubrica el compromiso de RESIS con la producción musical gallega del siglo XXI.
Por tradición familiar y trayectoria musical, es Carme Rodríguez una compositora muy vinculada con la música coral, que aquí puebla de ecos que van de un Carl Orff a bandas sonoras cinematográficas, pasando por dejes propios del pop y estilemas arquetípicos de las corales populares. El resultado, por tanto, es una pieza en exceso dispersa en cuanto a estética, sin acabar de conformar una propuesta hoy en día significativa, a pesar de que se suele tener a Carme Rodríguez como una de las compositoras gallegas más relevantes del presente. Si tal cosa fuere así, para que algún día Galicia llegase a contar con una Chaya Czernowin —autora, en el ámbito coral, de partituras como Pilgerfahrten (2006-07)—, aún han de pasar varios siglos.
Así como el concierto inaugural de RESIS no siguió un orden cronológico en la secuencia de sus partituras, intercalando obras del pasado y del presente, tampoco en lo que al ciclo Membra Jesu Nostri se refiere se siguió una secuencia lineal, siendo su cuarta cantata, Ad latus, la segunda que escuchamos. De nuevo, ésta nos llegó en la interpretación de los coros OSG y KEA, con un Gallaecia Ensemble Barroco en el que se volvieron a repetir los graves problemas antes señalados, aunque hay que destacar la pertinencia del continuo para dar apoyo a la masa vocal, tanto de un Xurxo Varela muy sobrio y atento a la afinación en la viola da gamba como de una tiorba cuyo ataque, por su acentuación marcadamente percusiva en el comienzo del fraseo, nos recordó al estilo de los mejores conjuntos italianos historicistas, lo cual siempre es de agradecer.
Tras escuchar Ad latus, turno fue para la primera partitura del centenario Morton Feldman que este año celebra RESIS, poniendo en el centro de su programación a un exquisito conocedor de la tradición musical, como Feldman lo fue (léanse sus ensayos, para comprobarlo), aunque este tipo de diálogos históricos nos ha recordado muy especialmente a György Kurtág, cuyo centenario, sin embargo, está pasando totalmente desapercibido en la novena edición de RESIS, algo incomprensible, tratándose del primer gran compositor europeo que alcanza el siglo de vida y, por lo tanto, de una de las grandes celebraciones del 2026 en el mundo de la música.
Lamentando dicha ausencia (la de quien es, además, un soberbio compositor de música vocal y coral), hemos escuchado una de las piezas más importantes de Morton Feldman, así como una de las más explícitamente vinculadas con la pintura de su tan admirado Mark Rothko, evocando aquí el santuario que da título a The Rothko Chapel (1971).
Una vez más, el Coro OSG y el KEA se unieron para dejarnos una versión vocalmente bien matizada y suspendida en esa palpitación cromática entre el negro y el violáceo que se observa en la capilla tejana que inspiró a Feldman esta partitura, cuya espiritual atmósfera evocaron los murmullos de ambos coros, trascendiendo, como lo hace la Rothko Chapel, las confesiones religiosas concretas para buscar una espiritualidad panteísta expresada en una masa vocalmente sincrética a la que Coro OSG y KEA no dejaron, en todo caso, de aportar relieves y perfiles individuales, en una lectura más lírica de lo habitual. Un diálogo intercultural, por tanto, que está en los antípodas de la barbarie que despliega el actual (des)gobierno de los Estados Unidos, por lo que la interpretación en Galicia de The Rothko Chapel nos sirvió, una vez más, para recordar que hay otra Norteamérica, ética, culta y cosmopolita, más allá de esa plutocracia tecno(i)lógica con ínfulas guerreras que se ha instalado en la Casa Blanca, como bien demostraron en su día Mark Rothko, Morton Feldman y quien ha sido uno de sus mejores directores, Michael Tilson Thomas, batuta de un compacto señero en la discografía feldmaniana, como el que en 1995 registró con la New World Symphony Orchestra para el sello Argo (no dejen de leer, por cierto, los recuerdos que sobre MTT ha compartido en Scherzo Luis Suñén, compañero que tantas veces ha unido en nuestras páginas su visión musical tanto de San Francisco como de la propia Coruña).

Dentro de una masa coral tan compacta, de nuevo es obligado destacar a Irene Fraile, soprano cuyo protagonismo en el tramo final de The Rothko Chapel es tan relevante. Ya sea en afinación, ya en fraseo, o, de un modo muy especial, en los portamenti que ha de atacar a partir del compás 249 de la partitura, su canto fue en todo sobresaliente, algo que, por cierto, el público supo premiar al finalizar el concierto. Como acompañante de lujo, Fraile tuvo la fortuna de contar con Noè Rodrigo, lo cual supone no sólo referirnos a uno de los mejores percusionistas de Europa en la actualidad, sino a un músico que ama y conoce bien la música de Morton Feldman, dejándonos una interpretación mayúscula, repleta de refinamiento, perfección técnica, adecuación a los rangos dinámicos y sensibilidad a la hora de arropar a la voz y conferirle su oscilante apoyo armónico: ese pálpito espiritual que siempre brota de cualquier partitura de Morton Feldman, como abismos que son de intemporalidad.
Peor lo tuvieron Irene Fraile, Noè Rodrigo y Enrique Azurza con María José Pámpano, absolutamente perdida con la viola, dejándonos momentos bochornosos que, dada la importancia que su instrumento tiene en The Rothko Chapel, arruinaron el disfrute de la obra, abundando en pasajes en los que el fraseo y la afinación de su instrumento quedaron desdibujados; incluso, en ese regalo que para un violista es el solo que arranca desde el compás 265 y que en RESIS vivimos (padecimos) como un auténtico despropósito, dificultando tanto el canto de Irene Fraile como la percusión de Noè Rodrigo en los muchos compases en los que la viola estaba fuera de sitio. En nuestra memoria fonográfica de esta obra resplandece, precisamente, un violista extraordinario a quien en junio de 2009 tuvimos la suerte de escuchar en La Coruña, Christophe Desjardins, cuya versión de The Rothko Chapel bajo la dirección de Jonathan Nott (æon, 2004) es todo un paradigma de calidad y estilo feldmaniano a seguir.

Una pena, así pues, que un programa con los alicientes que presentaba esta inauguración de RESIS 2026 se haya malogrado de tal forma, pues al final del mismo llegamos con la sensación de que las cosas ya no tenían arreglo. Así, trazando todo un círculo histórico, el concierto se cerró regresando al ciclo Membra Jesu Nostri, del que escuchamos su tercera cantata, Ad manus, rubricando la notabilidad en la ejecución coral, así como el dominio y la vitalidad que Enrique Azurza le ha conferido desde la dirección.
Si el diálogo entre distintos periodos históricos es una de las apuestas fundacionales de RESIS, no menos lo es el planteamiento interdisciplinario que se da en muchos de sus conciertos. El pasado 23 de abril, éste vino de la mano de la directora de arte para espectáculos escénicos Laura R. Iturralde, cuya poética y minimalista escenografía incidió en la sutilidad en cuanto al manejo de la luz y de una niebla que tan afín es tanto a la primera partitura que de David Azurza escuchamos como a los contornos evanescentes de las color field paintings rothkianas (aunque no tanto en lo referido a la propia Rothko Chapel, cuya obscura densidad poco tiene que ver con la luz que iluminó el escenario en la partitura de Morton Feldman, como tampoco las formas rectangulares en pantalla mostraban un correlato con los paneles de la capilla houstoniana, habiéndonos recordado más a los murales que Mark Rothko pintó para el Four Seasons Restaurant del Edificio Seagram de Nueva York).
Nuestras próximas citas con el Festival RESIS nos invitarán, en Santiago de Compostela (30 de abril, con la Real Filharmonía de Galicia) y La Coruña (2 de mayo, con SIGMA Project), a sendos encuentros en la cumbre de la música contemporánea, con obras, entre otros, de Francisco Guerrero, Rebecca Saunders y Chaya Czernowin. Esperemos que el nivel interpretativo esté, entonces, a la altura de lo que dichas partituras merecen.
Paco Yáñez
(Fotos: Xurxo Gómez-Chao)


