BERLÍN / Sir Simon Rattle y la Freiburger Barockorchester, o el beneficio de encontrarse

Berlín. Philharmonie. 3-IX-2026. Isabelle Faust, violín. Freiburger Barockorchester. Director: Sir Simon Rattle. Obras de Robert Schumann.
Aunque el Musikfest Berlin aún prolongará sus conciertos hasta el próximo 23 de septiembre, celebrando como bien lo merecen los setenta y cinco años de existencia que los Berliner Festspiele cumplen en 2026, nuestro ciclo de cinco críticas dedicadas a los conciertos de apertura de la vigesimosegunda edición del Musikfest llega hoy a su fin, mostrando, de nuevo, el tan necesario diálogo que entre la música contemporánea y el repertorio histórico se ha planteado este año en el festival berlinés.
Así, junto con las obras de György Ligeti, Olga Neuwirth o Wolfgang Rihm, en las cinco primeras jornadas del Musikfest 2026 también hemos podido disfrutar de partituras de compositores del siglo XIX, como Felix Mendelssohn, cuyas sinfonías fueron soberbiamente presentadas por Le Concert des Nations y Jordi Savall, en un planteamiento que me parece fundamental y que se ha vuelto a repetir en el concierto del que hoy les damos cuenta: la interpretación del repertorio clásico-romántico por parte de agrupaciones historicistas, lo que generalmente depara unas versiones más satisfactorias y con un timbre instrumental mucho más adecuado.
Tal fue el caso, en el concierto del Musikfest celebrado el pasado 3 de septiembre, de una de las mejores agrupaciones historicistas de Europa, la Freiburger Barockorchester, que a la Philharmonie regresaba de la mano de quien tantos años fue allí titular de los Berliner Philharmoniker (además de un buen amigo del Musikfest): Sir Simon Rattle, un director que, como Pablo Heras-Casado, divide su trabajo entre orquestas sinfónicas modernas y agrupaciones historicistas, buscando con estas últimas el sonido más pertinente para abordar partituras como las de Robert Schumann, protagonista del concierto que hoy nos ocupa; especialmente, si pensamos en los ciclos sinfónicos que del compositor sajón grabaron los Roy Goodman (RCA, 1993), John Eliot Gardiner (Archiv, 1997) o Philippe Herreweghe (Harmonia Mundi, 1995-2006), así como los registros de los conciertos de Schumann con la propia Freiburger Barockorchester y Pablo Heras-Casado en la dirección (Harmonia Mundi, 2014).
El monográfico dedicado a Robert Schumann se abrió con la obertura de la ópera Genoveva, op. 81 (1847-48), página delicada y hasta tiernamente expuesta por la Freiburger Barockorchester en su introducción, acerando progresivamente Sir Simon Rattle el brío de la orquesta para dejar muestras del carácter más encendido de la ópera. No estamos, en absoluto, ante el Rattle tan caprichoso de algunos de sus registros sinfónicos con orquestas modernas, prescindiendo de un rubato no pocas veces artificial en su batuta, cuestión que no casaría en exceso con el estilo ni el propio sonido de la Freiburger Barockorchester, una formación que desde esta obertura nos deja claras muestras de ser un mecanismo perfecto en directo, con un equilibrio camerístico y un carácter en las cuerdas de enorme poderío, con la concertino Éva Borhi peraltada (como Lina Tur Bonet lo había estado con Jordi Savall) para así establecer una mejor conexión tanto con Sir Simon Rattle como sus compañeros.

Realmente espléndida, estuvo la concertino húngara, tanto en liderar a la orquesta como al marcar un ataque tan articulado y bien fraseado, dejando el Schumann que de la Freiburger Barockorchester conocemos ya por sus registros con Heras-Casado y al que Sir Simon Rattle aporta un plus de sensualidad, libertad y unos ecos románticos que convierten su lectura en más subjetiva.
La segunda obra del programa subió al escenario de la Philharmonie a otra buena amiga del Musikfest, la violinista alemana Isabelle Faust, a quien en 2024 habíamos escuchado un soberbio programa camerístico en el que la música de Johannes Brahms dialogaba con la de los tres miembros de la Segunda Escuela de Viena. En esta ocasión, Faust se remontó una generación más, para alcanzar a Robert Schumann con su Concierto para violín y orquesta en Re menor, WoO 1 (1853), página por ella misma grabada con Pablo Heras-Casado y la Freiburger Barockorchester para Harmonia Mundi.
Para dirigir el Concierto para violín, Sir Simon Rattle sí utilizó partitura, apoyándose enfáticamente en los graves de contrabajos, trompas, trompetas y timbal para construir una introducción que auguraba un concierto de la sólida robustez que después se ha confirmado. Todo el In kräftigem, nicht zu schnellem Tempo fue una demostración por parte de solista, orquesta y director de su voluntad de conferir empaque al que seguramente sea el menos popular de los grandes conciertos de Schumann, en el que a Isabelle Faust se la vio muy cómoda con la orquesta friburguesa. Fruto de esa confianza mutua fue el gran rallentando llevado prácticamente al silencio que Faust y Rattle plantearon en este movimiento a la hora de transformar los materiales temáticos de la introducción, en una decisión que podría sonar más genuinamente rattleliana y que dejó un momento de belleza cuasi escultórica, por la modulación tan acusada de los temas.
Para poder dejar momentos así de poéticos y bien trabajados, es evidente que se necesita entre la solista y la orquesta no sólo un perfecto balance, sino una gran empatía y una idea compartida del estilo, con una Isabelle Faust esplendorosa en un movimiento de notable virtuosismo en el que su afinación y perfección técnica impresionan.
Esa calidez poética fue llevada igualmente por la Freiburger Barockorchester y Sir Simon Rattle a un Langsam en el que Isabelle Faust se desliga algo más de sus muchos compases a bloque con la orquesta en el primer movimiento, adquiriendo mayor protagonismo y perfiles individualizados. Prima aquí, asimismo, la cohesión de orquesta y solista en cuanto al timbre, como también la bella y añeja sonoridad de las maderas y los metales, llegando a crear la cuerda de la orquesta alemana unos efectos en sus acordes que realmente parecían los armónicos de una voz cantando: una presencia que, con tal realce y efecto prosódico, no se llegaba a recoger en el disco antes citado de Harmonia Mundi y que me ha parecido uno de los momentos más fascinantes y reveladores de esta interpretación berlinesa.
Nuevamente, la sutilidad mandó en el Lebhaft, doch nicht zu schnell, lo cual no escatima la firmeza y la fuerza en el sonido de la Freiburger Barockorchester, uno de sus grandes valores a la hora de escucharles la música de Robert Schumann. El comienzo de la forma sonata llevó a cabo una delicada exposición del tema inicial del concierto, desarrollándolo de forma más lúdica y juguetona que lo inflamado que había sonado en el primer movimiento. Y aquí podríamos comparar el sonido de Le Concert des Nations, en Mendelssohn, con el de la Freiburger Barockorchester, en Schumann, resultando más creativa la orquesta catalana, frente a una formación friburguesa que, en ocasiones, puede sonar algo más mecánica (diría que, especialmente, en sus grabaciones sin director). No ha sido éste el caso con Simon Rattle al frente, consiguiendo una alianza de la habitual y arrolladora perfección técnica de la Freiburger Barockorchester con la invitación a la danza que el director británico les lanza en las polonesas, redondeando una versión impecable.
Por supuesto, Isabelle Faust se convirtió en la gran triunfadora de esta lectura, recibiendo una ovación realmente importante que premia a quien es una de las mejores violinistas del siglo XXI. Para corresponder al público del Musikfest, Faust nos dejó, como encore, la Fantasía en Do menor “Con discretione” de Nicola Matteis II, partitura en la que la violinista alemana vuelve a parecerme, como antes en Schumann, un verdadero prisma musical, por su capacidad para dotar de transparencia al sonido de su instrumento al mismo tiempo que multiplica los colores en cada cuerda con una limpidez total, sin rastro de vibrato y con una continuidad en el sonido impactante, cual si los arcos se disolviesen en un solo trazo de tensión pura.

La segunda parte del concierto nos dejó una interpretación asimismo muy disfrutable de la Sinfonía nº 2 en Do mayor, op. 61 (1845-46) de Robert Schumann, versión que Isabelle Faust escuchó desde el patio de butacas: detalle no siempre habitual en un solista y que nos habla de su buena sintonía con quienes antes habían sido sus compañeros de escenario y de su amor por la música.
En el inicial Sostenuto assai – Un poco più vivace – Allegro ma non troppo ya fuimos conscientes de que en los cinco conciertos del Musikfest a los que hemos asistido cada director dispuso la cuerda de su orquesta de un modo distinto, para así dar una respuesta más aquilatada a los planteamientos estructurales y contrapuntísticos de cada partitura. Sir Simon Rattle emplazó a primeros y segundos violines enfrentados a ambos lados del escenario, con violas y violonchelos (en este orden) en medio, dejando a los contrabajos tras los primeros violines. El comienzo de este primer movimiento fue especialmente contemplativo en la batuta del director británico, con cierta distancia y serenidad. Estamos ante una interpretación con numerosos matices y, de nuevo, una solidez en la relación entre las secciones de la orquesta de Friburgo que hace de ésta un instrumento idóneo para la música de Schumann, aunque para alcanzar lo referencial quizás aquí se necesitaría algo más de continuidad en el trabajo entre director y orquesta para llegar a un estilo tan coherente como el que escuchamos a Pablo Heras-Casado en los ya citados conciertos de Robert Schumann con la Freiburger Barockorchester (o en las versiones antes mencionadas de los ciclos sinfónicos).
El Scherzo sonó rápido y vivaz, convertido en un ejercicio de orfebrería contrapuntística. En las maderas nos encontramos con músicos realmente excelentes, como su primera flauta, y, de nuevo, una cuerda deslumbrante con una precisión propia de un cuarteto. La orquesta de Friburgo es una máquina de un virtuosismo arrollador, aprovechando Rattle (de nuevo, sin partitura) esa enorme capacidad para mostrarse más expresivo y cercano, moviéndose libremente entre los primeros atriles, sin tener que centrarse específicamente en las entradas, y sí más en los elementos de carácter, desbordando teatralidad en el gesto, al ir alternando las voces en contrapunto con gracia y desparpajo. El final de este segundo movimiento lo dejó Rattle especialmente acentuado, tirando del timbal para reforzar la potencia rítmica del Scherzo. Los ecos bachianos fueron aquí, asimismo, algo a destacar, redoblados por la maestría de la Freiburger Barockorchester en la música del kantor.
Igualmente, para realzar el contrapunto resultó crucial la cuerda en el Adagio espressivo, movimiento que se desarrolló con una velocidad más típica de las versiones históricamente informadas, pero sin obviar nada del legato y de la genuina belleza que esta página siempre nos ofrece. El primer oboe de Ann-Kathrin Brüggemann nos dejó momentos extraordinarios, como las trompas y la flauta de Daniela Lieb, mientras que clarinetes y fagotes han aportado un sonido más comedido y armónicamente estructural. En el primer clímax de este Adagio espressivo hay que destacar a los segundos violines, excelentes, así como, en el largo proceso de fuga que lo sucede, el modo en que Simon Rattle sí estuvo más propio de su estilo habitual, descendiendo a un acusado pianissimo que nos deja algo más de audacia que su versión con la Filarmónica de Berlín (Berliner Philharmoniker Recordings, 2013), algo encorsetada y ampulosa frente a lo escuchado en el Musikfest.

En el segundo clímax, el director de Liverpool llevó con más ímpetu la fuerza del fraseo y el realce a los primeros violines, acompañados por unas maderas impresionantes, construyendo un movimiento en el que la estructura se convirtió en una legítima forma de emoción que anticipa la música del siglo XX, además de a través del propio melodismo de un Adagio espressivo, así, tan sugerente.
Como era de esperar, la irrupción del Allegro molto vivace marcó un acusado y enérgico contraste con el movimiento lento de esta Segunda sinfonía, multiplicando Rattle el volumen de la Freiburger Barockorchester a través de un uso más expansivo y vigoroso de maderas, metales y timbal, si bien, de nuevo, la energía realmente telúrica de la orquesta friburguesa se gesta desde una cuerda de una densidad y una firmeza inapelables. El director británico lo sabe, y constantemente a lo largo de este concierto cuidó especialmente el sonido de dicha cuerda, su fraseo y su tejido contrapuntístico. En el final de este cuarto movimiento he de desatacar el timbal de Michael Juen, cuya forma de acentuar, tan musculosa en el ataque, parecía anticipar el mismísimo comienzo del Also sprach Zarathustra straussiano.
Terminaba así un concierto que prácticamente llenó el aforo de la Philharmonie, dejándonos muy buenas sensaciones, aunque difícil tenía impactarnos tras la impresionante interpretación del Tutuguri rihmniano que un día antes allí habíamos escuchado. En todo caso, Sir Simone Rattle volvió a recibir, como justo premio a su gran trabajo, el enorme aplauso de un público berlinés que es evidente que adora a quien fue titular de los Berliner Philharmoniker en una sala a la que, sin duda, Rattle regresará en futuras ediciones del Musikfest, pues la fértil apertura de miras en cuanto a programación y diálogo entre estilos y tiempos históricos es algo que Winrich Hopp y Sir Simon Rattle comparten plenamente.
Paco Yáñez
(Fotos: Fabian Schellhorn / Musikfest Berlin)


