TÁR: una gran película sobre música y poder

TÁR es la tercera película del californiano Todd Field y la tercera vez en la que encuentra una actriz fetiche en su camino. Primero Sissy Spacek y Kate Winslet, y ahora Cate Blanchett en un trabajo prodigioso. Cuesta pensar en quién hubiera representado mejor la personalidad de la protagonista, Lydia Tár, una directora de orquesta para la que el poder es condición indispensable para llegar a la excelencia artística y cuya conducta no conoce de escrúpulo alguno para conseguir una cosa y otra.
La historia es, con sus peculiaridades, lo que ya hemos conocido de directores de orquesta que también han abusado de su poder —hoy serían imposibles un Toscanini o un Reiner—, capaces de hundir a sus músicos en la miseria en aras de una presunta perfección. Pero precisamente el hecho de que se trate de una directora ha hecho que Field sea acusado de una cierta misoginia y hasta de un muy preciso ataque personal hacia ella por la directora Marin Alsop. Es verdad que el director podría haber hecho, por ejemplo, una suerte de biopic sobre James Levine, pero ha preferido centrar la historia en una mujer que, por otra parte, no es una depredadora sexual y de la que, además, surge una de las reflexiones más interesantes, por cotidianas, de la película a partir de su enfrentamiento con un alumno a cuenta de la falta de diversidad y sus injusticias.
No es esta una pieza de crítica cinematográfica, pero sí que desde aquí uno no puede sino recomendar encarecidamente la película más allá de que se sea o no aficionado a la música clásica. Por su asunto, por la manera en la que se exponen todos los peldaños de la escala de la vanidad profesional, con sus apoyos y sus traiciones, por su resolución —salvo, creo, algún episodio un tanto gótico como la entrada de Tár en la casa de la violonchelista a la que convierte en su protegée, manes de Dubus y Kubrick, mentores del director—, por la maravillosa actuación de todo el elenco y, sobre todo, de Cate Blanchett —que dirige la orquesta de verdad—, desde su modo de explicar, al inicio del filme, su idea de la música a la manera en que asume, a su conclusión, el final de su aventura.
Luis Suñén
[Foto: Focus Features]
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