SANTIAGO DE COMPOSTELA / Noè Rodrigo: fraseo y poesía en la percusión

Santiago de Compostela. Centro Galego de Arte Contemporánea. 26-XI-2025. Noè Rodrigo, percusión. Obras de Saunders, Sciarrino, Lachenmann, Garcia y Xenakis.
Realizar una comparativa entre las actividades que el Centro Galego de Arte Contemporánea (CGAC) nos ofrecía en sus primeros años y las que hoy, tres décadas después, salpican su programación, revela de forma palmaria cómo muchos de nuestros museos se han sumergido en la avasalladora ola de trivialización que asola a nuestra sociedad: ésa que, más que trascendencia artística, impone generalizadamente ocurrencias en un centro de arte contemporáneo como los cursos de moda, el yoga, los talleres navideños o la danza cuántica, entre otras actividades de signo cooltural.
Afortunadamente, la presencia de la música ha estado mayormente ligada, a lo largo de la historia del CGAC, a la excelencia artística; de un modo muy especial, por medio de su Taller Instrumental, en los años noventa, y del ciclo Música y arte. Correspondencias sonoras, promovido por Vertixe Sonora y cuya defenestración, en diciembre de 2018, supuso una de las mayores pérdidas en el campo de la música actual en Galicia por cómo Correspondencias sonoras potenciaba la producción de partituras en diálogo con las exposiciones del propio CGAC.
De la mano de la musicóloga Rosa Fernández, en 2025 el ciclo Solos en el CGAC ha devuelto la mejor música contemporánea a dicho centro, haciéndolo con un perfil que nos recuerda, por su programación, al del Taller Instrumental, dada la presencia en este ciclo de muchos de los mejores compositores de las últimas décadas, así como de algunas de las figuras más interesantes del panorama compositivo actual. Basta decir que en el concierto del que hoy les damos cuenta se reunían, entre otras, partituras de Rebecca Saunders, Salvatore Sciarrino, Helmut Lachenmann o Voro Garcia, para dar una medida de lo escuchado el pasado 26 de noviembre en Santiago de Compostela, completando los cuatro conciertos que este año nos ha ofrecido Solos en el CGAC, de los cuales los protagonizados por el pianista Alberto Rosado y por la mezzosoprano Helena Ressurreição ya habían pasado por las páginas de SCHERZO.
El concierto de clausura de Solos en el CGAC subió al escenario a uno de los mejores percusionistas europeos de música contemporánea, el alicantino Noè Rodrigo, codirector artístico del Arxis Ensemble y habitual en agrupaciones tan prestigiosas como el Asko|Schönberg Ensemble de Ámsterdam.
Si a sus cualidades técnicas y expresivas le sumamos algo tan importante para un músico como una larga y muy personal relación con las obras que conformaban este programa, es comprensible que piezas tan complejas como el interludio Bass Drum, de la colosal Dust (2017-18) de Rebecca Saunders, hayan sonado como lo hicieron en el CGAC, de forma arrolladora. A mayores, hay una voluntad artística, de verdadero escultor del sonido, que se manifiesta en todas las interpretaciones de Noè Rodrigo, en general, pero de forma muy especial en las partituras que habilitan calderones o pasajes (como los de notación gráfica) que deban ser completados por el percusionista, algo que Rodrigo exploró en profundidad en las tres interpretaciones que de Bass Drum le he escuchado en directo. Así, y como ya señalamos en nuestra crítica del 29 de noviembre de 2022, lo que nos depara Noè Rodrigo en cada nueva de versión de Dust, en lo que se refiere a preparación del bombo, es diferente a la anterior, descubriendo los muchos matices que alberga esta partitura: los de una obra que le estamos deseando escuchar íntegra y que en el CGAC mostró un especial contraste entre sus graves rumores iniciales, cual abismo de un tiempo naciente, y el esplendoroso final en fortissimo.

Siguiendo al más alto nivel de la composición actual, de Salvatore Sciarrino escuchamos una partitura que Noè Rodrigo tiene, como Dust, entre sus piezas de cabecera y que, además, grabó en su disco Paraules para el sello IBS. Nos referimos a la obra para marimba y campana Il legno e la parola (2004), pieza en la que Sciarrino se pregunta si un instrumento de percusión puede hablar, gritar, gemir o murmurar.
Poblada por tresillos de fusas que intentan exponer ese habla, arracimando notas cual sílabas, la de Il legno e la parola es un oralidad percusiva de continuos murmullos que, frente a la mayor delicadeza y contención en las dinámicas del disco de IBS, ha sonado en el CGAC con más volumen y teatralidad, acercando la partitura al universo del Sciarrino compositor de soberbias óperas, por lo que se ha acerado el contraste en la activación de los extremos de la marimba, así como la visceralidad en los golpeos a la campana con el pedal, redondeando un ejercicio de virtuosismo en la armonía impactante, por la velocidad y precisión con las que Rodrigo ataca los racimos de notas.

Claro que, si de impresión hablamos, ésta subió aún más peldaños con la monumental Intérieur I (1966) de Helmut Lachenmann, genio alemán del que en Santiago adelantamos un día la celebración de su nonagésimo aniversario, cumplido el jueves 27 de noviembre, como ya destacó en SCHERZO nuestro compañero Ismael G. Cabral.
Pocas veces (tanto en vivo como en disco) he escuchado Intérieur I de este modo tan delicado como Noè Rodrigo ha tocado el que podemos calificar (así lo hace el propio Lachenmann) como opus 1 de la musique concrète instrumentale, una partitura en la que el percusionista alicantino destaca su poética por medio de una pasmosa fluidez de corte prácticamente coreográfico, instalado en el interior de un set que puebla de danzantes resonancias. Y es que, frente a otras versiones que apuestan por el carácter ruidista (ma non troppo) de Intérieur I (pensemos que obras más extremas al respecto, como la Mikrophonie I (1964) de Stockhausen, son anteriores), la de Rodrigo ha estado especialmente atenta al continuo estructural y a la dialéctica de timbres con un mimo impecable. Su uso del pedal en el vibráfono es un ejemplo paradigmático, como lo es la dialéctica ataque/resonancia en los metales, evocando tanto al gamelán como a la percusión en las obras coetáneas de Luigi Nono y Pierre Boulez.
Ha sido el de Noè Rodrigo, por tanto, un Lachenmann atento (siempre es así en él) a la tradición (enraizándolo, incluso, en el estructuralismo), pero que nos deja ya destellos de lo que sería su música en el futuro: desde las oscilantes resonancias en rebote de Kontrakadenz (1970-71) a los arrebatadores remolinos de armónicos en Grido (2001). De este modo, si tantas veces hemos hablado de la proyección orquestal de un piano, Intérieur I convierte su nutrido set de percusión en un organismo en el que pareciera que más de un músico estuviese tocando, dada la proliferación de timbres, reverberaciones suspendidas y fugas o contrapuntos que sintetizan el lenguaje armónico con el ruido. Todo ello se asomó a una versión de una musicalidad exquisita que, habida cuenta los comentarios escuchados al acabar el concierto, impresionó al público, refrendando la imperecedera genialidad e importancia de Helmut Lachenmann.
Una buena muestra (sin duda, una de las principales) de dicha importancia es cómo la estética lachenmanniana ha influido a sucesivas generaciones de compositores en todo el mundo. Entre ellos está el valenciano Voro Garcia, nacido tres años después del estreno de Intérieur I y que a su partitura para set de percusión Lyrical gratings (2025) lleva algunas de las técnicas e ideas de la musique concrète instrumentale, dándole un perfil actualizado y un trazo personal en cuanto a timbres y resonancias culturales.
Lyrical gratings nos muestra, además, el trabajo que, mano a mano, lleva a cabo Noè Rodrigo con los compositores de nuestro tiempo, pues él mismo estrenó esta partitura el pasado 4 de febrero en el Festival [CON]TEMPO de Salamanca, ciudad en la que Rodrigo es catedrático de su Conservatorio Superior de Música. Allí pudieron escuchar por primera vez esta suerte de ritual en el que las láminas metálicas portan ecos de las campanas orientales, como los propios cuencos tibetanos y los roces de arco: algunos de los elementos más líricos y delicados de una obra que les contrapone pasajes de mayor rugosidad y tensión para crear las capas de texturas que, de nuevo con un aquilatado manejo de las resonancias, se suspenden en esta bella arquitectura polifónica inspirada en las esculturas y en las ilusiones ópticas del artista alicantino Eusebio Sempere.

Los vínculos con la escultura, así como la recurrente exploración con diversas baquetas, reibenstock o lija de las superficies de objetos como amortiguadores, láminas de aluminio o bordones de caja sobre bombo, vuelven a convocar la imagen del percusionista cual si éste fuese un escultor de una materia que deviene música: todo un ceremonial de una belleza fascinante, capaz de evocar —como Sciarrino— la oralidad en la percusión con roces de super ball sobre el metal en busca del denso y resonante silencio final en el que Lyrical gratings se disuelve de forma etérea.
Nuestra última inmersión en este concierto fue Psappha (1975), obra de Iannis Xenakis que Noè Rodrigo también grabó en Paraules y que es una de las piedras angulares de su repertorio: unión de lo arcaico y lo moderno, de sensualidad y violencia, inspirada por los versos de Safo de Lesbos, de cuyas estrofas derivó Xenakis estructuras métricas y melódicas filtradas a través de la Teoría de cribas. Ello le permitió diseñar una arquitectura en la que los ritmos y las texturas (en parches, maderas o metales) de las cinco secciones que conforman la obra reaparecen en distintos esquemas de acentos y colores que se ensamblan el desarrollo de la pieza, sin perder su unidad poética en los 2.397 fragmentos que conforman su notación gráfica ordenada mediante cuadrículas.
Números al margen, Noè Rodrigo destaca en Psappha cómo Xenakis concibe el timbre para clarificar y otorgar relieves personales a las estructuras rítmicas, alcanzando una gran amplitud de sonido, equilibrio de alturas e impacto polifónico; de nuevo, cual si escuchásemos a todo un ensemble de percusión. Como en su disco para IBS, el final de Psappha fue en el CGAC, en manos de Rodrigo, toda una síntesis de la memoria acústica de la Segunda Guerra Mundial (que tanto padeció Xenakis) con ecos de la Antigüedad griega, desatando la catarsis en su furibunda danza final: puro primitivismo.
Así pues, entre la visceralidad y el desenfreno atávico de esta danza primordial concluyó el que diría mejor recital de percusión que haya escuchado nunca en Galicia, tanto por la calidad de las cinco partituras que lo formaban como por las brillantísimas interpretaciones de las mismas: aquilatado fraseo y poesía llevados a la percusión.
Con semejante clausura de Solos en el CGAC, que mantuvo el excelente nivel escuchado en los conciertos previos, no hay excusas para que en 2026 no se reedite este ciclo dirigido por Rosa Fernández, a no ser que queramos entregar ya definitivamente nuestros museos a la estulticia de la banalidad que hoy nos rodea por doquier.
Paco Yáñez
(Fotos: La Diapo – Centro Galego de Arte Contemporánea)


