SANTIAGO DE COMPOSTELA / Arxis Ensemble inaugura las Xornadas de Música Contemporánea 2026-2027

Santiago de Compostela. Auditorio de Galicia. 28-IX-2026. Margarita Rodríguez, soprano. Arxis Ensemble. Director: Aitor Vázquez Torres. Obras de Gaspar Grandal, Feldman, Saunders y Vázquez Torres.
Por segundo año consecutivo, las Xornadas de Música Contemporánea de Santiago de Compostela se dedican a las compositoras de nuestro tiempo, presentando una programación que incluye quince conciertos y un buen número de estrenos que escucharemos en diferentes espacios de la capital gallega desde el 28 de septiembre hasta el 6 de junio.
Con la inauguración de estas Xornadas, a cargo de Arxis Ensemble, nos quedamos hoy, pues sin duda era su concierto uno de los que había que tener en cuenta dentro de una programación de muy desigual interés, en la que destaca la presencia de una Joven Orquesta Nacional de España que del 20 al 24 de octubre llegará a Santiago de la mano del Ensemble Modern y el Klangforum Wien, con cuyos profesores los músicos de la JONDE reeditarán el formato de clases magistrales y conciertos que tan brillantes resultados nos dejó en las ediciones de 2022 y 2024 de estas mismas Xornadas.
El concierto de Arxis Ensemble sirvió, además, para presentar en Santiago de Compostela la obra ganadora del XVI Premio Internacional Andrés Gaos de Composición Musical da Deputación da Coruña, que en esta edición recayó en Sonora – unha fisura da poesía de Chus Pato (2025), partitura para soprano y ensemble de Aitor Vázquez Torres, compositor jerezano que, en su faceta de director, de nuevo se puso al frente de Arxis Ensemble, un conjunto al que dirigía por cuarta vez.
Al igual que Sonora, la primera partitura del concierto era prácticamente una primicia, pues ambas obras se habían estrenado dos días antes en La Coruña por los mismos intérpretes que con ellas llegaban al Auditorio de Galicia. Nos referimos a Sombras de inverno III (2026), sexteto para piano, clarinete bajo, acordeón, violonchelo, contrabajo y percusión del compositor gallego Jacobo Gaspar, una obra que hemos de poner en la estela de sus inmediatos precedentes, Sombras de inverno I (2012) y Sombras de inverno II (2012-13); la primera, para cuarteto instrumental; la segunda, para cuarteto con electrónica; ambas, encargadas y estrenadas por Vertixe Sonora.
Como aquéllas, Sombras de inverno III desarrolla una indagación musical sobre la naturaleza invernal como estación de contrastes, un aspecto que Gaspar ya destacaba en su cuarteto del año 2012, así como la presencia tan estática de su música, transida de sombras y fuertes contrapuntos cromáticos que se sintetizan a partir de resonancias y de una concepción netamente matérica de los recursos musicales que despliega el sexteto, incorporando esta tercera parte del ciclo una mayor envergadura, tanto tímbrica como armónica. En todo caso, hay elementos que claramente cohesionan las tres entregas de Sombras de inverno, como ese golpeo inicial del piano apagado, cuyas resonancias activan todo un universo de resquicios, pátinas y claroscuros que progresivamente se van modulando en los instrumentos de Arxis Ensemble.
Además, y aunque Sombras de inverno III no incorpore electrónica, algo de sus sonoridades ha quedado en el imaginario acústico de esta tercera entrega, de lo cual texturas instrumentales como las del acordeón o el clarinete bajo son un buen ejemplo, enraizando directamente la nueva partitura en Sombras de inverno II. El tan medido vibrato en el acordeón de Nikola Tanasković, los roces del cordal con los arcos en los instrumentos de cuerda o las fricciones con super ball en las membranas de la percusión son algunas de las formas en que Jacobo Gaspar va tratando esos universos de contrastes, pues, frente a sus sonoridades más densas y abigarradas, instrumentos como el piano activan en el sexteto verdaderos temblores en melismas granulares que nos remiten al pálpito, más que a la masa textural, alcanzando ese concepto tan importante en la estética de Jacobo Gaspar (como en la de su maestro José Manuel López López) que es el «total sonoro» (siguiendo aquí la definición de Makis Solomos).
Esa totalidad del sonido, abarcando Sombras de inverno III una gran cantidad de técnicas que van del espectralismo a la musique concrète instrumentale, amplía ahora sus colores, así como los rangos de sus energías; especialmente, desde el piano y la percusión, aunque los respectivos estilos interpretativos en los que Vertixe Sonora y Arxis Ensemble han dado cuenta de los sucesivos estrenos del ciclo difieren entre sí, mostrando Vertixe más músculo y énfasis en lo matérico, mientras que Arxis se ha centrado más en el lirismo de sus contrastes y sutilezas cromáticas, algo muy interesante, pues vuelve a poner sobre la mesa las tan distintas y complementarias personalidades que hoy destilan los dos principales ensembles de música contemporánea en Galicia. A ello se suma un atento cuidado, por parte de Aitor Vázquez, de los entramados rítmicos de Sombras de inverno, más complejos, aún, en esta tercera parte.
También especialmente bello fue cómo Arxis consiguió trazar un arco directo entre el primer ataque del piano y el final de Sombras de inverno III, cual si todo su recorrido intermedio fuese una depurada modulación escultórica de la resonancia aquilatada en ese gesto fundacional de Magdalena Cerezo. De nuevo, Jacobo Gaspar vuelve a demostrar que sigue en lo más alto de la composición gallega actual.
La segunda partitura del concierto traía a las Xornadas de Santiago de Compostela una obra de Morton Feldman que Arxis ya había tocado en el Festival RESIS el pasado 30 de mayo. Se trata de Voice and Instruments 2 (1974), cuarteto para voz femenina, clarinete, violonchelo y contrabajo que en la Ciudad de las TIC no había encontrado, hace cuatro meses, el mejor recinto a nivel acústico, mientras que en la Sala Mozart del Auditorio de Galicia sí la pudimos escuchar de forma más compacta y empastada; igualmente, por una disposición más próxima de los músicos, lo cual los ha hecho respirar de forma más unitaria, dejando hermosos contrastes entre las líneas de sonido que se tienden entre soprano y clarinete, por un lado, y contrabajo y violonchelo, por otro, siendo aquí más definidas sus tesituras, aunque en el mantenimiento de la intensidad, el tenuto y la limpidez sin vibrato hemos echado de menos a Adya Khanna (así como, de más, al fastidioso aire acondicionado que en la Sala Mozart siempre molesta la audición de estas partituras tan abismadas al silencio).
Sea como fuere, los compases a trío instrumental dejaron momentos para destacar por lo refinado de sus patrones, con un Sergi Bayarri que durante todo el concierto mostró un nivel técnico sobresaliente y una importante capacidad para cohesionar al ensemble desde sus clarinetes. Cohesión, sin duda, deberá mostrar Arxis en su próxima cita con Morton Feldman, dentro de la celebración que por el primer centenario del compositor neoyorquino está llevando a cabo en 2026 el ensemble gallego, y es que el próximo 24 de octubre sobre sus atriles pondrá For Philip Guston (1984): cuatro horas en las que, como sostenía el escritor José María Pérez Álvarez, el instante y la eternidad estarán vinculados por la misma duración.
Al igual que Voice and Instruments 2, la tercera partitura del programa, Quartet (1998), de Rebecca Saunders, también había sido escuchada a Arxis en el concierto de clausura del último Festival RESIS. Mejor se le da la música de la compositora londinense a este ensemble: filiación que han vuelto a reeditar en Santiago de Compostela con una versión imponente de esta partitura para piano, contrabajo, acordeón y clarinete en la que los dos primeros instrumentos nos dejaron lo más enérgico y aguerrido, mientras que los dos últimos, lo más sutil y delicado. No quiere ello decir que no haya momentos en el piano que tales calificativos merezcan, y, en este sentido, Magdalena Cerezo ha vuelto a demostrar una capacidad rítmica y un piano ensoñador, en sus fases melódicas, de auténtica impresión.
En el comienzo de dichas melodías, que parecían espectros flotando entre tiempos históricos, el acordeón de Nicola Tanasković dejó muestras de un refinado contrapunto, aterrador por sus sonoridades; como tenebrista y acongojante sonó el contrabajo de Zacharias Faßhauer; especialmente, en sus cuerdas al aire modificadas con scordatura: nuevo y pavoroso contrapunto frente al más evocador lirismo del piano. De hecho, los compases más vertiginosos del piano en trío parecían un episodio de huida por parte de Magdalena Cerezo, mostrando la madrileña una definición técnica y un énfasis dramatúrgico primorosos, como también lo fueron los solos de Nicola Tanasković, capaces de pasar de una delicadeza microscópica a un aliento propiamente organístico que, con tal definición, gana muchos enteros en un espacio como el de la Sala Mozart.
Por otra parte, el hecho de que haya sido la tercera ocasión en que Arxis interpretaba Quartet se nota en una depuración aún mayor que la ya de por sí muy buena impresión que nos había causado este conjunto en sus anteriores encuentros con la partitura de Rebecca Saunders. Los compases finales son un ejemplo de dicho refinamiento, con el fuelle del acordeón totalmente desplegado y unos armónicos en el contrabajo que parecían la voz de una presencia suspendida dando rostro musical al último de los retratos que Saunders toma de Ida (1941), la novela de Gertrude Stein que sirve de inspiración a este cuarteto, funcionando, además, como idóneo puente con la cuarta y última obra del programa, también repleta de presencias agazapadas.
Ésta vino de la mano del director del concierto, Aitor Vázquez, del que escuchamos Sonora – unha fisura da poesía de Chus Pato, con Margarita Rodríguez como soprano y un sexteto instrumental formado por piano, clarinete bajo, acordeón, violonchelo, contrabajo y percusión. Sobre su partitura, nos dice Aitor Vázquez que «se sitúa en el límite entre la disolución del lenguaje y su potencia evocadora. Inspirada en el libro Sonora de la poeta gallega y Premio Nacional 2024 Chus Pato, la obra musical no busca ilustrar el texto, sino habitar su fisura, resonar en sus bordes y vibrar con la misma materia quebrada. La obra se articula a partir de las ondas más íntimamente vinculadas con la madre y la muerte: dos presencias que no se oponen, sino que se entrelazan en una red de significados rotos, de memorias erosionadas, de silencios que pesan tanto como los sonidos. En esta imagen sonora, el lenguaje aparece como un cuerpo desgarrado. La idea principal es que cada parte introduce algo nuevo —la primera aparición del ensemble, de los recitativos o de las arias—, pero al mismo tiempo recoge y transforma lo que ya se presentó. No es una simple sucesión de secciones, sino un proceso en el que la forma parece dialogar consigo misma: un intercambio entre lo que aparece por primera vez y lo que queda resonando en la memoria. En ese sentido, la estructura funciona casi como una conversación con un recuerdo o un pensamiento: una forma dialéctica que busca lo que permanece en el fondo».
Muy bien ha dialogado Sonora con las otras tres piezas del programa, tanto con las matéricas sombras escuchadas en la partitura de Jacobo Gaspar como con la suspensión repleta de reverberaciones que nos proponía Morton Feldman o con los brotes de abigarradas energías que emanaba el cuarteto de Rebecca Saunders. Y es que Sonora es una obra netamente actual que, asimismo, muestra un conocimiento y un dominio de las corrientes principales de la música contemporánea que le confiere un peso artístico muy sólido, hundiendo también sus raíces en el repertorio histórico, y, así, en sus arias Sonora me ha recordado a otra partitura estrenada en el Festival RESIS hace cuatro meses, Arder (2026), de Hugo Gómez-Chao: ambas, hijas legítimas tanto de Claudio Monteverdi como del Romanticismo, buscando actualizar una expresividad que, como la obra de Hugo Gómez-Chao, exige un virtuosísimo técnico muy notable a la soprano en sus partes cantadas, las más logradas por Margarita Vázquez, pues el recitado (un tanto mecánico, algo que agravó la amplificación) nos sonó más italianizado que propiamente gallego.
Son, tanto los recitados poéticos como las arias, pasajes en los que la voz se hace explícita en una obra cuya larga introducción instrumental adelanta y asume plenamente una articulación de naturaleza propiamente prosódica, cual si los instrumentos se convirtiesen en médiums para esas presencias que nos hablan desde el más allá: íntima razón de ser del cortejo de sombras y de los rumores en los que se convierte un sexteto poblado de exquisiteces en la escritura de Aitor Vázquez, tanto en lo que al sonido de cada instrumento se refiere como en los diálogos y en las texturas que se sintetizan sobre el escenario, de una rugosidad muy atractiva por su cohabitación de ruido y armonía, mostrando una coherencia realmente sólida y consecuente con la dramaturgia emanada de los versos de Chus Pato.
Los últimos compases de Sonora dejan paso a la voz sola, que finaliza la partitura tras haberse desvanecido progresivamente un sexteto instrumental que, una y otra vez, había dado cuenta de algo tan importante en la poesía de Chus Pato como lo es la tensión musical que se establece entre las palabras y el silencio, convertido el ensemble bien en eco suspendido del verso o, antitéticamente y como sostiene Antonio Gamoneda, en ese impulso preverbal que, como música pura, da sentido y forma al poema.
Otra bella reverberación que nos deja Sonora es la de un compositor andaluz creando su partitura sobre un poemario en gallego (también Lorca, en su día, escribió en esta lengua): imagen de una España que nos gustaría abundara más, la que dialoga mostrando que la riqueza cultural de nuestras nacionalidades es uno de nuestros grandes valores (y desafíos) como Estado. Es una pena que haya tantos que no lo entiendan.
Paco Yáñez
(Fotos: Xornadas de Música Contemporánea de Santiago de Compostela)


