VIGO / Vertixe Sonora traza el mapa del piano gallego en la contemporaneidad

Vigo. Auditorio Martín Códax. 4-X-2025. Vertixe Sonora. Obras de Jacobo Gaspar y Ramón Otero.
Fundado en el año 2013, el Festival Vertixe alcanza en 2025 su decimotercera edición, guiándose, una vez más, por las señas de identidad que lo han caracterizado desde sus comienzos, entre las que destacan su voluntad de poner en diálogo al territorio gallego con las últimas corrientes internacionales de la música actual, así como, recíprocamente, por dar a conocer al mundo (en las numerosas giras que Vertixe Sonora ha llevado a cabo) una música gallega tantas veces encargada, producida y estrenada en el marco del Festival Vertixe.
El segundo concierto de Vertixe 13 (un festival cuya programación en 2025 se desarrollará en Vigo, Santiago de Compostela y Lugo, del 21 de septiembre al 15 de diciembre) se centró en esa incansable labor de promoción del repertorio gallego contemporáneo; en este caso, del pianístico, como parte de una iniciativa en la que Haruna Takebe y David Durán llevan años trabajando con el objetivo de conocer qué caracteriza a la literatura pianística gallega más avanzada: un repertorio en el que, además de sucesivos estrenos, Vertixe ha rescatado y puesto en valor la obra de clásicos de nuestra contemporaneidad, como Enrique X. Macías, cuya música para piano ha interpretado con notable éxito David Durán en diversas ocasiones.
Dentro de sus investigaciones para trazar el mapa y las perspectivas de dicho repertorio, han incluido David Durán y Haruna Takebe partituras para piano solo, para piano y electrónica, piano y varios intérpretes, conjuntos de piano o conjuntos de instrumentos de tecla combinados, como sintetizadores, órganos, etc.; es decir, cualquier dispositivo sonoro activado mediante teclas. En el caso de este segundo concierto de Vertixe 13, nos han presentado dos obras para piano(s) muy recientes, escritas por dos de los compositores gallegos más interesantes del siglo XXI y con los que Vertixe Sonora lleva años colaborando en piezas para distintos orgánicos instrumentales.

El primero de ellos es Jacobo Gaspar (Mos, 1975), de quien hemos vuelto a escuchar Nōkyōchō / Libro de escoitas II (2020), partitura para dos pianos estrenada en febrero de 2021 en Lugo por los músicos que en su día la encargaron, David Durán y Haruna Takebe; una obra que ya visitó las páginas de SCHERZO cuando en septiembre de 2022 estos mismos pianistas la tocaron en Santiago de Compostela, algo que establece ya una comparativa en absoluto menor: la el emplazamiento de cada concierto, pues, frente al inmenso volumen y pérdida del sonido que se daba en la faraónica Cidade da Cultura, en el Auditorio Martín Códax de Vigo hemos disfrutado de una estupenda acústica para una pieza tan delicada como ésta. Además, un muy cuidadoso trabajo de amplificación ha proyectado cada resquicio de Nōkyōchō como si sobre la partitura se enfocase un microscopio, dejándonos unas sensaciones inmejorables.
Como en su día señalamos, Nōkyōchō sintetiza una delicada armonía que desciende hasta lo microtonal junto con poderosas técnicas extendidas, permitiendo a Jacobo Gaspar continuar el trazo histórico de la gran tradición pianística al mismo tiempo que investigar las cualidades tímbricas del instrumento como cuerpo resonante, obteniendo de éste unos paisajes acústicos no sólo de gran belleza, sino que parecen, en sus texturas ruidistas, una perfecta lógica de las tensiones espectrales que ambos pianos despliegan, llevando la armonía al límite de sus parciales al intervenir el cordal. Las mejores condiciones acústicas del auditorio vigués también permiten tomar una conciencia más aquilatada ya no sólo de esa hibridación entre ruido y armonía, sino de los dos grandes constructos temporales que Gaspar despliega en Nōkyōchō, asociados, ambos, a las rutas de peregrinación a las que nos remite este Libro de escoitas II: la progresión lineal, de Este a Oeste, del Camino de Santiago; y la circularidad, en el sentido de las agujas del reloj, del Shikoku Henro japonés. De ambas formas de temporalidad se derivan diferentes modos de estructuración métrica, yendo de un inquieto frenesí polirrítmico, en lo más centelleante de un piano con influencias de José Manuel López López y Salvatore Sciarrino, a una concepción del tiempo más pausada y melismática, en la que, en esta ocasión, he encontrado ecos del piano de Toshio Hosokawa y su evocación de la caligrafía tradicional japonesa, con la relevancia y la modulación que Gaspar confiere a cada sonido como materia reverberante en el tiempo y en el espacio (en el propio Ma nipón, como silencio sustancial) con un peso propio.

Esa heterogeneidad de Nōkyōchō viene dada, asimismo, por el cuaderno del que la obra toma su nombre y en el que los peregrinos del Camino de Shikoku registran la visita a cada uno de los ochenta y ocho templos que conforman dicha ruta, algo que se convierte en este dúo en diferentes estaciones del sonido, vertientes acústicas y poéticas del instrumento, si bien en Vigo, por lo más compacto del sonido disfrutado, los elementos de unificación estructural y sonora se han reforzado, dejándonos una versión realmente portentosa de las cinco secciones ininterrumpidas que conforman este Libro de escoitas II, cerrando con brillantez dos caminos paralelos que parten del registro grave en el teclado y que atraviesan tal variedad de paisajes acústicos, musicales y espirituales hasta ese final en el que, tras retirarse el mistérico EBow que alteraba tan sutilmente la sonoridad del cordal, Nōkyōchō se va desvaneciendo en el registro agudo.
Completó el programa la música de Ramón Otero (Pontevedra, 1982), que presentaba en Vertixe 13 el estreno al completo de Se escuchaba próxima la respiración del mar (2023-2024), partitura para piano a cuatro manos compuesta a partir de la novela de Álvaro Cunqueiro Un hombre que se parecía a Orestes (Destino, 1969); una obra que visitó las páginas de SCHERZO a raíz de su estreno parcial el pasado mes de julio en Santiago de Compostela, cuando pudimos escuchar los movimientos primero, cuarto y sexto, quedando pendientes para este concierto en Vigo el segundo, el tercero y el quinto.
Antes de escuchar los seis movimientos que conforman Se escuchaba próxima la respiración del mar, el propio Ramón Otero, Jacobo Gaspar y Ramón Souto —director artístico de Vertixe Sonora— participaron en un coloquio en el que dieron a conocer al público las obras que conformaban este concierto, así como algunas pinceladas sobre la actualidad musical en Galicia; todo ello, con una seriedad, un grado de profundización y un rigor que se agradecen, frente a la lamentable ola de divulgación cooltural, entre el infantilismo y la pedagogía de baja estofa, que tanto se estila en la actualidad.

Gracias a dicho coloquio, pudimos poner en perspectiva el estreno de Se escuchaba próxima la respiración del mar en dos cuestiones que Ramón Otero quiso destacar especialmente: la amplificación del piano (procedimiento habitual en buena parte de su música) y el constante juego/dialéctica/dicotomía que establece la partitura entre pares contrastantes, lo que dota a esta obra de su gran multiplicidad y gama de relieves. Con respecto a lo primero, pretende Otero Moreira «hacer audible lo inaudible», revelando matices que, en vivo, se podrían escapar en un auditorio de grandes dimensiones y que, paralelamente, confieren otra naturaleza acústica a la escucha, así como al diálogo de sonidos amplificados y no amplificados en la sala, creando interesantes capas acústicas y estratos en la vida de la partitura.
La segunda cuestión resultó especialmente nítida, precisamente, al escuchar en continuidad el segundo y el tercer movimiento (que por primera vez se interpretaron conjuntamente el pasado 4 de octubre). Así, el segundo, …por entre espesos bosques…, es radicalmemnte febril en lo rítmico, con una constante sucesión de mecanismos que nacen, se expanden y extinguen (cual si fuesen las ramas de los bosques a los que alude el título), reaccionando las polirritmias de ambos pianos entre sí, lo que multiplica aún más la complejidad métrica. Estamos ante un movimiento que, en cuanto al ritmo, es digno heredero tanto de Conlon Nancarrow como del último Ligeti; una cuestión que se redobla por cómo el piano se mantiene apagado durante la mayor parte de su recorrido, lo que hace que, ya sea en la activación del cordal o en los efectos güero en el teclado, la resonancia sea muy corta, primando el ataque como muescas de un artefacto polirrítmico implacable, únicamente roto poco antes del final, con los pianistas a ambos lados del teclado en un pasaje sincopado en el que el pedal habilita unas resonancias que anticipan el tercer movimiento, antes de retomar, cual figura en eco o coda, el avasallador ritmo que había dominado buena parte de este segundo movimiento.
Por contraste, el tercero, …en el horizonte un mar azul, se desarrolla prácticamente como la antítesis del anterior movimiento, con notas sueltas en pizzicato y armónicos aislados extraídos a un cordal cuyos parciales se multiplican de forma mágica. Mientras que en el segundo movimiento se acusaban unas dinámicas muy agresivas, en el tercero priman el pianissimo y la delicadeza, así como la activación del pedal de resonancia, generando esa idea de pares contrapuestos de un modo totalmente nítido. Al igual que en ciertas partes de Nōkyōchō, se percibe en este movimiento una influencia de la música oriental y del peso que Ramón Otero quiere conferir a cada sonido, con sus modulaciones desde/hacia el silencio: procesos de respiración en los que el piano cobra vida de forma orgánica.

Claro que, si de orgánica hablamos, el movimiento más explícito al respecto sería el quinto, …guardando el vacío…, estrenado en su día por Vertixe Sonora en Chile y que por primera vez hemos escuchado en Galicia. Es éste un movimiento que podríamos definir como un estudio de la germinación y el desarrollo del sonido, produciendo arpegios sobre las cuerdas del arpa que, aunque desarrollados como glissandi por las estrías de las cuerdas, acaban produciendo ese sonido arpegiado que nace desde un golpeo y va proliferando en arborescencias, conquistando parciales y modificaciones rarificadas de los mismos en el cordal. Por ello, es un movimiento que, de algún modo, sintetiza muchos de los desarrollos orgánicos que se habían expresado previamente a través de pares, y que aquí encuentran una vía de unión, más consolidada.
Los tres restantes movimientos siguieron los derroteros ya especificados en su día en estas mismas páginas, en la crítica aquí enlazada, por lo que a ella nos remitimos. No podemos dejar de señalar, eso sí, la unidad que se percibe, ahora, con la audición de los seis movimientos en su totalidad, así como ese diálogo de pares contrastantes sobre el que Ramón Otero llamó nuestra atención; unos contrastes que, además de tal oposición, gozaron, gracias al inmenso trabajo de David Durán y Haruna Takebe, de una musicalidad y de una poética que hace totalmente lógico el recorrido entre sus extremos. Ello no es baladí, si pensamos que tanto Se escuchaba próxima la respiración del mar como Nōkyōchō son fruto del trabajo mano a mano de Ramón Otero y Jacobo Gaspar con David Durán y Haruna Takebe, músicos que conforman uno de los mejores dúos de piano ya no sólo de Galicia y España, sino de Europa.
Fieles a su voluntad de acercar al público a la música actual, tras finalizar la interpretación de Se escuchaba próxima la respiración del mar Haruna Takebe y David Durán invitaron a los asistentes a este concierto a subir al escenario para comprobar cómo se desarrollan técnicamente algunas de las sonoridades más sorprendentes de ambas partituras, por lo que, si le sumamos el coloquio en el descanso y las soberbias interpretaciones de ambas obras, no cabe duda de que quienes tuvimos el privilegio de asistir a este segundo concierto de Vertixe 13 contamos ya con una brújula muy bien calibrada para comenzar a orientarnos por este mapa del piano gallego contemporáneo que David Durán y Haruna Takebe continuarán ampliando a lo largo de los próximos años.
Paco Yáñez
Fotos: Manuel González


