SANTIAGO / Real Filharmonía y RESIS: una feliz colaboración para modernizar el repertorio

Santiago de Compostela. Auditorio de Galicia. 30-IV-2026. Adélaïde Ferrière y Noè Rodrigo, percusión. Real Filharmonía de Galicia. Director: Josep Planells. Obras de Saunders, Domínguez y Guerrero.
Una de las mejores noticias que el 2025 nos dejó en el terreno de la música artística en Galicia fue el comienzo de la colaboración entre la Real Filharmonía de Galicia (RFG) y el Festival RESIS de Música Contemporánea y Artes Vivas, un encuentro que reunía dos de las iniciativas que hoy en día más están apostando en este rincón de Europa por la música de nuestro tiempo, revitalizando un repertorio que, en lo orquestal, tan dado es a la tautología y al hastío.
Frente a esa deriva conservadora, la segunda colaboración entre RESIS y la RFG nos propone, en 2026, una forma totalmente distinta de entender la función de una orquesta, haciéndolo, además, por partida doble: tanto en su vertiente formativa, con el Taller de Composición RFG / RESIS.LAB IV, que tendrá lugar en el Auditorio de Galicia el próximo 8 de mayo (con José Manuel López López como profesor de composición y Armando Merino como director musical), como con la presencia en la temporada de abono de la RFG de un concierto programado mano a mano entre el director titular de la orquesta compostelana, Baldur Brönnimann, y el director artístico del Festival RESIS, Hugo Gómez-Chao, binomio que nos ha propuesto uno de los conciertos más potentes e interesantes que jamás haya programado una orquesta en Galicia.
Y es que, aunque la RFG contó con Paul Daniel como director titular de 2013 a 2023, el británico nunca tuvo a bien incluir en sus temporadas al frente de la orquesta gallega ni una sola partitura de su compatriota Rebecca Saunders, pese a que la londinense está ampliamente considerada como una de las mejores compositoras del mundo, por lo que la inclusión de void (2013-14) en este concierto suponía, por fin, el debut de Saunders sobre los atriles la RFG, y el paralelo estreno de void en España.
Más consciente de la relevancia de Rebecca Saunders, el Festival RESIS ya había contado previamente con varias de sus obras; entre ellas, Bass Drum, el impactante interludio de una de las partituras para percusión más fascinantes del siglo XXI, Dust (2017-18). Si hace tres años, en el concierto inaugural de RESIS 2023, habíamos escuchado a Noè Rodrigo en una versión colosal de Bass Drum, el pasado jueves el percusionista alicantino volvió a la música de Rebecca Saunders (que ya había tocado en Santiago de Compostela en noviembre), haciendo dúo con la francesa Adélaïde Ferrière para protagonizar, como solistas, void, una partitura en la que los vínculos entre sus dos sets de percusión y la orquesta se convierten en una auténtica pieza de orfebrería que anticipa muchas de las ideas sobre el ritmo y el timbre que se desarrollarán en Dust.

Como tantas partituras de Saunders, void se inspira en el universo literario de Samuel Beckett; aquí, en Texts for Nothing (1946-52), lo que propicia ese ambiente oscuro y claustrofóbico que se escucha en los veinticinco minutos que dura la obra. Ello depara que el dúo de percusionistas se transmuten en auténticos personajes beckettianos, oscilando entre una derrota final que es consustancial al vivir y su lucha por encontrar unas respuestas a su existencia que, pese a que de partida sabemos infructuosas, en su búsqueda dejan unos regueros de energía que Saunders (en un vínculo entre gesto y sonido netamente lachenmanniano) convierte en lo que podemos calificar como una linealidad-en-fuga (sin salida) que se corresponde tanto con la propia escritura del genio irlandés como con una concepción de los procesos energéticos que en void crea halos de insospechados timbres y colores, surgidos del dúo solista y que la orquesta expande, transmuta y dota de nuevos perfiles en el que es uno de los ejercicios de orquestación a partir de la percusión más arrebatadores en la historia de la música.
Todo un festín sonoro, por tanto, que oscila entre la violencia y la delicadeza, entre la concentración y la masividad, entre la más absoluta precisión y la inventiva del dúo solista (en los pocos compases abiertos que Saunders habilita en su partitura) para dar su forma final a esta sublime (con)fusión de timbres entre sus dos sets y la orquesta, creando un continuo que es imposible no escuchar con asombro y en el que se hilvanan toda una serie de intrincadas texturas, bien compartidas, bien filtradas, dando lugar a un color orquestal de una modernidad fastuosa. Éste se va apagando progresivamente en el final de void, de modo que los últimos compases resuenan como un campo de ruinas conformadas por los murmullos, las crepitaciones y las resonancias de los estallidos más tumultuosos antes escuchados, conduciéndonos, por contraste, a una suspensión del tiempo que nos deja algunos de los compases más hermosos y mistéricos de void.
La belleza de esas expansiones tímbrico-armónicas entre percusión y orquesta se ve reforzada ya no sólo por un intenso trabajo de la rugosidad por medio de técnicas orquestales derivadas de la musique concrète instrumentale, sino por la inclusión en la plantilla de instrumentos como el acordeón o la guitarra eléctrica, tan frecuentes en la música de la compositora londinense como poco habituales en una formación como la RFG, destilando irisaciones microtonales de un innegable atractivo. Parte de esos destellos provienen de las auténticas linternas en las que —como afirmó Paul Griffiths en su día— se convierten los solistas, cuyas luces se adentran en la orquesta, cual si ésta fuese una casa repleta de estancias: cuartos que vamos descubriendo progresivamente al dirigir los percusionistas sus luces en distintas direcciones (espejismos acústicos que —de nuevo según Griffiths— devienen monstruos y fantasmagorías).
Partitura íntimamente asociada a los solistas que en 2014 la estrenaron en Witten, Christian Dierstein y Dirk Rothbrust, en Santiago de Compostela escuchamos void con los sesenta y seis instrumentos que conformaron los dos sets de Noè Rodrigo y Adélaïde Ferrière, percusionistas que emplearon, a su vez, hasta sesenta baquetas y objetos para activar semejante plétora instrumental, con la que nos han dejado una versión realmente bella, menos agresiva que la del dúo del estreno y más lírica en sus matices, buscando ese fraseo que ya es marca de la casa en Noè Rodrigo y que Adélaïde Ferrière parece compartir plenamente, de forma que los clichés tan recurrentes (como cansinos) en tantos conciertos para percusión y orquesta dejan paso aquí a un vergel de auras, timbres y matices que la RFG hizo florecer aún más, congratulándonos su gran logro bajo la dirección de un Josep Planells que, como compositor que es, conoce el potencial y la fascinación de una música que hoy es obligado conocer; al menos, si se toca con esta suma de energía, detalles y sensación de trabajo bien hecho por parte de la RFG.

Como encore, Noè Rodrigo y Adélaïde Ferrière nos dejaron los compases de apertura y cierre de Stèle (1995), partitura de Gérard Grisey que sirvió para reflexionar sobre el espacio acústico y lo que el propio Grisey calificó como «borde del silencio», convocando la versión de Rodrigo y Ferrière pertinentes ecos de Iannis Xenakis en esta «inscripción rítmica martillada en una forma arcaica» que trasciende el tiempo, pues, como su creador decía de Stèle, ésta surgió de la imagen «de los arqueólogos que descubren una estela y la desempolvan hasta descubrir una inscripción funeraria».
Si RESIS ha programado hasta en cuatro ocasiones la música de Rebecca Saunders, dieciséis son las obras encargadas por la RFG en su Proyecto Cometas para celebrar los treinta años de existencia que la orquesta compostelana cumple en 2026. En este concierto, quien nos presentó su cometa fue Francisco Domínguez, compositor castellanomanchego de quien escuchamos el estreno de Negra sombra (2026), una partitura cuyo título nos remite a los versos de la poeta compostelana Rosalía de Castro, por lo que la elección no podía ser más pertinente, dejándonos la segunda obra de la noche inspirada en un texto literario: poema que el propio compositor recitó en gallego antes de comenzar su obra, demostrando el don de lenguas que Domínguez posee.
Fiel al poema que le da título, la partitura de Francisco Domínguez trabaja la forma musical de la sombra por partida triple: por medio de la electrónica, con el desarrollo prosódico de los materiales instrumentales emanados del poema y remedando en la orquesta las imágenes que los versos convocan, con sus vientos, lloros, ríos o cantos, aunque —como señala el compositor— no en citas literales, sino como resonancias. Entre éstas tienen un peso fundamental las tocadas con técnicas extendidas e instrumentos de registro grave, cuyos telúricos batimentos recorren la orquesta creando oleadas de sonidos que se conectan de forma muy sutil con las otras dos partituras del programa: tres obras en las que la percusión tiene un rol fundamental. Y es que, en el caso de Negra sombra, la partitura nace y muere en la percusión de José Vicente Faus, ese abismo de oscuridad del que surge la evocación del universo poético rosaliano, aportando, como las técnicas extendidas, la vertiente más desasosegante de una partitura que, en otros pasajes, se armoniza con la voz y declama orquestalmente, con compases en los que Negra sombra se acerca a las Voices and Piano (1998…) de Peter Ablinger.
Pero la propia voz también está presente en Negra sombra, por medio de la electrónica, en la que escuchamos a Cristina Santos Taboada recitar los versos de Rosalía: sombra de otra sombra —nos dirá Francisco Domínguez—, convertida en una composición en sí misma, pues, como explica el compositor: «en cada palabra hay más de veinte capas tímbricas diferentes, tratadas minuciosamente para que la voz suene más instrumental y, a la vez, algo más distante». Ello se une a la profusa sensación de abismos paralelos, de sombras superpuestas que genera una y otra vez la orquesta en sus sucesivas verticalidades, para redondear un estreno que, en sus poco más de cinco minutos de duración, nos dejó muy buenas sensaciones, convirtiéndose en una de las partituras del Proyecto Cometas más logradas y vinculadas con Santiago de Compostela.

Plenamente conscientes, a estas alturas del programa, de que estábamos disfrutando de uno de los conciertos más novedosos y radicalmente necesarios de cuantos la RFG nos lleva ofrecidos en treinta años, al final de la velada alcanzamos una de las cumbres de la música española, la que levantó el añorado Francisco Guerrero con su tan reducido como exquisito catálogo orquestal, del que Coma Berenices (1996) —como sostiene uno de los mayores expertos en Guerrero, nuestro compañero Stefano Russomanno— «recapitula los hallazgos de la etapa fractal en una síntesis grandiosa y apabullante».
Esas palabras de Russomanno (autor de las notas del disco que contiene la obra orquestal de Guerrero en el sello col legno) provienen del libro editado por el Focus Festival en 2024, cuando Coma Berenices fue interpretada en Madrid por la Orquesta Nacional de España bajo la dirección de Josep Planells, un concierto alabado por el público y la crítica, como dejó constancia en las páginas de Scherzo Ismael G. Cabral.
En su nuevo encuentro con Coma Berenices, Planells nos ha vuelto a demostrar que es una batuta ideal para una obra que ha tratado con un mimo y un detalle portentosos, enfatizando aún más una concepción camerística de una orquesta que, pese al abigarramiento y a la masividad que cualquier partitura de Guerrero posee, ha hecho de la RFG una serie de capas profusamente intrincadas en las que, por medio de un matizado manejo de las dinámicas, del ataque y del divisi, al retirar cada una de las láminas de esta verdadera tectónicas de placas acústicas, las otras resplandecían de un modo nuevo, descubriendo los colores y las vibraciones que se alquitaran en Coma Berenices de forma tan bella, cual si un mapa astral escintilase frente a nosotros, algo que ha refulgido con mayor grosor e impacto en un trío de percusión que, en contra de lo escuchado en Madrid (donde se agruparon los tres sets en una esquina del escenario), ocuparon simétricamente la parte trasera de la orquesta, ganando así en definición cada uno de sus múltiples polirritmos, con José Vicente Faus, Diego Ventoso y María Isabel Diego dejándonos otro ejemplo más de la excelente construcción escuchada a la RFG.
En manos de Planells, y como hace dos años en el Auditorio Nacional, Coma Berenices va mucho más allá de ser tan sólo una partitura basada en las matemáticas o en los vínculos que en ella Guerrero tiende con la astronomía y la historia, convirtiéndose en pura emoción, sensualidad e impacto, habiendo optado el director valenciano por un tempo intermedio entre la grabación de esta obra por parte de la Orquesta Sinfónica de Galicia (col legno, 14:46 minutos) y la de la Orquesta de Córdoba (Almaviva, 15:44 minutos), al firmar en el Auditorio de Galicia quince minutos y treinta segundos que han sido de una intensidad y de un espíritu guerreriano que no intuíamos en la RFG, una orquesta que, como en void y en Negra Sombra, ha vuelto a mostrar su gran evolución en este repertorio desde la llegada de Baldur Brönnimann a su titularidad, ofreciendo tres interpretaciones muy disfrutables que orgullosos nos hacen de que en Compostela aún se asuma, por parte de alguna de sus instituciones artísticas, el reto de hacer de la capital de Galicia una referencia cultural, frente a la más que evidente decadencia que en dicho campo ha experimentado Santiago en los últimos años.
Para superar esa sensación de anquilosamiento y derrotismo que, en lo cultural, se ha instalado en Compostela, es crucial que se alíen entre sí las ciudades gallegas para erigir proyectos que construyan unos puentes más que nunca necesarios, dadas las estreches económicas de nuestras urbes (y la insuficiencia de la Xunta de Galicia en el terreno de la música artística). En este contexto, el feliz encuentro de la Real Filharmonía y RESIS nos muestra cómo las dos ciudades musicalmente más potentes de Galicia, Santiago y La Coruña, pueden liderar una colaboración que abra las ventanas a un arte trascendente, cerrando las de un localismo cainita y cerril que no hace más que debilitarnos, desestructurando lo que en el terreno de la música tanto nos costó lograr.
Paco Yáñez
(Fotos: Real Filharmonía de Galicia)


