SANTIAGO DE COMPOSTELA / Vertixe Sonora confiere toda su grandeza a ¿la mejor obra musical del siglo XXI?

Santiago de Compostela. Iglesia de San Domingos de Bonaval. 10-V-2025. Vertixe Sonora. Director: Francesc Prat. Georg Friedrich Haas: in vain.
Como hace un mes destacamos en Scherzo, a raíz del comienzo del ciclo Do Audible, la música contemporánea vive en Galicia toda una floración esta primavera, con hasta cuatro ciclos y festivales especializados a los que se acaba de sumar un quinto: el que desde el 26 de mayo y hasta el 26 de noviembre nos ofrecerá el Centro Galego de Arte Contemporánea bajo el título Solos en el CGAC, en el que podremos escuchar a músicos tan activos en este repertorio como Noè Rodrigo o Alberto Rosado, entre otros.
Dicha proliferación de citas con la música contemporánea hace que hasta en un mismo día lleguen a coincidir varios conciertos de lo más interesante, situación que nos obliga a movernos por el territorio gallego, en ocasiones, con estrechos márgenes de tiempo para poder disfrutar de todos estos ciclos. Tal fue el caso el pasado 10 de mayo, sábado en el que, a las siete de la tarde, el Festival RESIS nos ofreció en La Coruña un excelente concierto del Quartet Gerhard del que ya les hemos dado cuenta en Scherzo, mientras que, cuatro horas más tarde, a las once de la noche comenzaba en la iglesia de San Domingos de Bonaval de Santiago de Compostela la segunda entrega del ciclo Do Audible, con uno de los conciertos —adelantémoslo ya— más impresionantes que a Vertixe Sonora le hayamos escuchamos en sus quince años de existencia, lo cual no es poco, pues hablamos de uno de nuestros mejores ensembles de música contemporánea.
En buena medida, esa excelencia vino dada por una única obra en programa que exigió a los músicos de Vertixe dar lo mejor de sí mismos, pues ésta se ha convertido en todo un clásico de la contemporaneidad: in vain (2000), partitura para veinticuatro instrumentistas del austriaco Georg Friedrich Haas que en 2017 se aupó al primer puesto en la votación realizada por la revista Classic Voice entre más de cien expertos en música contemporánea, sumando in vain veinticuatro votos, casi el doble que la segunda clasificada, el Piano Concerto (2014) de Simon Steen-Andersen (votación en la que, dada la buena puntuación cosechada por varias de sus partituras, Georg Friedrich Haas se elevó, también, al primer puesto en la categoría de mejor compositor vivo, por delante de Simon Steen-Andersen, Rebecca Saunders y Helmut Lachenmann).
Son, estos resultados, una cuestión muy relativa, pero que coinciden, en lo que a su primer puesto se refiere, con la votación coordinada por Ismael G. Cabral para la revista Scherzo en el año 2020 con el mismo objetivo de dilucidar cuáles son, ya, las obras que podemos considerar como maestras de nuestro siglo, una votación cuyo resultado dio lugar a una lista, 21 del XXI, en la que in vain volvía a auparse a lo más alto.
Ahora bien, dicha consideración tan elevada por parte de la crítica y los músicos (Simon Rattle destacó a in vain, igualmente, como «una de las primeras obras maestras del siglo XXI») no se corresponde con la escasa fortuna discográfica que la obra ha tenido en un cuarto de siglo, pues tan sólo existe (que yo tenga constancia) una única grabación, a cargo del conjunto destinatario de la partitura, el Klangforum Wien, que en dicho registro del año 2002 contaba con el mismo director que había conducido el estreno de in vain el 29 de octubre del 2000, Sylvain Cambreling.

Incluso, diría que dicha grabación no le hace justicia a in vain, y no porque les falte calidad a los músicos del Klangforum, ni dominio de una música, la de Haas, que tan bien conocen, pero estamos ante una partitura con un grado de refinamiento en su construcción microtonal y con una tan especial relación con el espacio, por medio de la construcción sintética de las resonancias, que cualquier edición discográfica se ve abocada a dar una pálida muestra de lo que in vain es en directo.
Así, sólo una audición en vivo posibilita una experiencia real del extremo refinamiento con el que interactúan entre sí las piezas de un ensemble concebido, en muchos compases de in vain, como un metainstrumento, percepción que se refuerza en las dos grandes fases en las que los músicos tocan a oscuras y en las que no vemos a los miembros del ensemble, redoblándose la sensación de que un solo instrumento de múltiples timbres y frecuencias armónicas se encontrase frente a nosotros.
Otra cuestión en absoluto menor es la del espacio en el que se interpreta in vain; algo que, por tomar un ejemplo, había lastrado mi última audición en vivo de la obra, el 20 de enero de 2018, con Peter Rundel al frente del Remix Ensemble en la Casa da Música de Oporto, cuya Sala Suggia no ayuda especialmente a este tipo de obras.
Sí lo hace uno de los espacios que mejor acústica presenta en Galicia para la música contemporánea, la iglesia gótica de San Domingos de Bonaval, con un tiempo de reverberación, un volumen y una geometría idóneos para que el público sienta una inmersión en el corazón mismo del sonido instrumental como en pocos lugares se da con tal belleza y detalle. A mayores, hemos de sumar que la hora del concierto (que acabó de madrugada) propició un silencio prácticamente absoluto, apenas punteado en un par de ocasiones por el sonido, en lontananza, de algún coche, algo que podría resultar, incluso, de lo más programático al respecto, pues recuerdo conversaciones con Georg Friedrich Haas en las que me relató cómo el sonido de las fábricas y los motores escuchados a lo lejos, en su infancia, había marcado su concepción del propio sonido musical y la importancia que en su estética tienen todas esas microfrecuencias, batimentos y armónicos que oímos a tales artefactos, y que Haas ha convertido, a través de la microtonalidad, en una de sus señas de identidad por antonomasia.
Todo ello confluyó en una versión, la de Vertixe Sonora, modélica de principio a fin, empezando por algo tan importante en in vain como el tempo, pues Francesc Prat clavó los setenta minutos que Haas establece en su partitura como duración idónea (por tanto, siete minutos más lenta que la grabación de Kairos). Esa mayor expansión favorece sobremanera el empaste de los veinticuatro músicos y la propia con-fusión que Georg Friedrich Haas nos plantea, ya en conjunto, ya en secciones que, como las maderas o el octeto de cuerda, trabajan de una forma tan enlazada que los espectros armónicos que los recorren casi se tienden como en una sola línea, basculando sus registros e intensidades a través de las dinámicas y de los procesos de tensión armónica; algo que, con el tempo marcado por Prat, se percibe de forma mucho más transparente.
Otros instrumentos adquieren un protagonismo individual más acusado, como los leitmotivs cuasi wagnerianos de los metales, cuyas monumentales apariciones confieren aquí un regusto, igualmente, bruckneriano, en una vinculación estética en absoluto menor, pues Haas construye en su partitura una verdadera catedral microtonal cuyo magma y tectónica de placas nos remite al sinfonismo del compositor de Ansfelden, a quien no dudo en situar entre los ascendientes de Georg Friedrich Haas. El arpa es otro instrumento que adquirió un realce muy acusado en la versión de Vertixe, con una excelsa Bleuenn Le Friec a la que considero una de las mejores arpistas de Europa, como volvió a demostrar en sus solos a la salida de los pasajes tocados en la oscuridad (el segundo de ellos, en contrapunto con los flashes de los focos), de una calidad que diría muy superior a lo escuchado a Giovanna Reitano en Kairos, pues Le Friec dio cuenta de una afinación y de un fraseo microtonal de un modo tan mágico como hasta ahora nunca haya escuchado en in vain.
Mientras, instrumentos como el piano de David Durán, aunque no gocen de pasajes tan protagónicos como el arpa (o, incluso, como las percusiones, aunque no a solo, pero sí por su masividad en la segunda fase a oscuras, con unos soberbios Diego Ventoso y Juan Antonio Vázquez), dejan destellos en los que su sonido nos remite a los Ives, Hába, Wyschnegradsky y otros precursores de la microtonalidad en el piano, sumándose a estos ecos históricos (por tempo, oscilaciones armónicas sobre las alturas y trabajo del ritmo) compositores que, en esta versión de Vertixe Sonora, han ido de Giacinto Scelsi a Morton Feldman, pasando por Steve Reich en los compases más veloces y enfáticos de los últimos minutos de in vain, desarrollados por Francesc Prat y Vertixe —como afirmaba al final del concierto Jacobo Hernández— cual auténtica danza.
Citar al extraordinario violinista madrileño no es baladí, pues haber contado Vertixe Sonora con un concertino de este calibre (habitual, como lo es Jacobo Hernández, del Klangforum Wien) confiere un plus de técnica, expresividad y rigor que es imprescindible para que in vain hubiese sonado como lo hizo en Santiago de Compostela, liderando Hernández a una sección que no sólo se convierte en el tejido microtonal básico de la partitura, sino en amalgama armónica sobre la que gravita, expandiéndose y concentrándose, la estructura hilvanada por Haas.
De nuevo, la percepción de las frecuencias armónicas, de los parciales y fundamentales con tal detalle como lo hicimos en San Domingos de Bonaval es algo que, además de sólo en vivo, únicamente es posible en una situación acústica como la que nos ofrece dicha iglesia, en la que el arco de cuerdas que iba desde el violín de Jacobo Hernández hasta el contrabajo de Carlos Méndez conformaba un solo haz de luz oscilante, modulado en cada atril de forma abrumadora en sus nimios contrastes en la escala de registros, oleada tras oleada de armónicos microtonales, ya fuese en lo más delicado, ya en sobrepresión o en los apuntes percusivos por parte de dicho octeto en col legno.
Esto último nos remite, en la versión de Vertixe, a la concepción tan avanzada y, por momentos, vertical (en los compases más masivos y virulentos) del espectralismo que Haas maneja en in vain, sumando a esta lectura compostelana la estela del Gérard Grisey de Les Espaces acoustiques (1974-85). Los pasajes más masivos (especialmente, los del segundo bloque de oscuridad) reforzaron dichos vínculos, con unos colores cambiantes del ensemble en los grandes tutti en vibrato que realmente nos hicieron temblar a los oyentes como si fuésemos parte de la masa de sonido emanada por Vertixe, con su profusión de cascadas y décalages rítmico-microtonales, cual cortinas de nieve (delicadas, en el piano; furiosa tormenta, en las láminas de la percusión).
Sublimes sensaciones, por tanto, las vividas con Vertixe el pasado 10 de mayo, en otro día para atesorar en la memoria de la mejor música contemporánea en Galicia, reforzada nuestra experiencia por el control de luces a cargo de José Javier Sanz y por el enorme rigor que, a todos los niveles, mostró un inmenso Francesc Prat en la dirección.
El hecho de que, en apenas medio mes, los dos grandes conjuntos gallegos de música contemporánea nos hayan ofrecido tan sobresalientes versiones de Mouvement (- vor der Erstarrung) (1982-84), de Helmut Lachenmann, por el Arxis Ensemble; e in vain, en los instrumentos de Vertixe Sonora y su Academia Cardinais25, es una estupenda noticia de la que sólo cabe congratularse (siendo, además, dos proyectos tan necesarios y complementarios), como de la conciencia y del compromiso social que supone el que, un día después de su concierto en Santiago de Compostela, Vertixe Sonora hubiese tocado in vain para los reclusos de la cárcel de Teixeiro. Que a estas horas sepamos, el concierto no acabó en motín, pues seguro que una audición de tal calibre y en una situación tan poco habitual no ha sido, en absoluto, en vano.
Paco Yáñez
(Fotos: Manuel González)


