SANTIAGO DE COMPOSTELA / Lina Tur Bonet inaugura la octava edición del Ateneo Barroco

Santiago de Compostela. Iglesia de la Universidad. 6-X-2026. Lina Tur Bonet, violín. Obras de Matteis, Bach y Biber.
El Ateneo Barroco de Santiago de Compostela es uno de esos festivales ante los cuales nos tenemos que quitar, necesariamente, el sombrero, dada su titánica labor de excelencia artística con un presupuesto que, aunque siempre modesto, cumple cada año con las funciones de divulgación cultural y vertebración de la sociedad civil desde el conocimiento que caracterizan al espíritu y a las actividades del propio Ateneo de Santiago de Compostela desde su fundación, hace seis décadas.
Alcanzada su octava edición, el Ateneo Barroco vuelve a tener como título Instrumental, pues, como en 2025, pondrá el foco sobre los instrumentos, abordados desde nuevas ópticas en sus múltiples dimensiones y facetas. Serán los instrumentos, por tanto, los protagonistas de los seis conciertos que del 6 al 20 de octubre ha programado un festival cuya dirección artística de nuevo corre a cargo de José Víctor Carou; unos conciertos que, como ya es habitual en el Ateneo Barroco, se acompañan de un conjunto de actividades complementarias que van del cine al club de lectura, pasando por las conferencias, entre las que se incluye la que el próximo 19 de octubre pronunciará nuestro compañero Stefano Russomanno, bajo el título Carlo Gesualdo, el encanto de lo disonante.
Hasta que tal día llegue, nos quedamos hoy con el concierto inaugural de este festival de música antigua y barroca, un concierto que tuvo como invitada a una de las instrumentistas europeas más destacadas en dichos repertorios, Lina Tur Bonet, violinista ibicenca que ya había visitado el Ateneo Barroco en octubre de 2023, cuando al frente de MUSIca ALcheMIca nos regaló, en el Salón Teatro, una interpretación memorable de las Rosenkranz-Sonaten (c. 1676) de Heinrich Ignaz Franz von Biber.
Biber volvió a estar presente en el recital que Lina Tur Bonet ofreció, en esta ocasión, en la Iglesia de la Universidad, aunque su programa comenzó con la música del compositor italiano Nicola Matteis, de quien escuchamos dos números, Passaggio rotto y Fantasia, de la Suite en La menor perteneciente a Ayres for the violin (1676-1685).
Como era de esperar con Lina Tur Bonet, hemos escuchado estos dos fragmentos con una perfección técnica que impresiona en directo, acusando una mayor expresividad y teatralidad en Passaggio rotto, mientras que en la Fantasia desplegó un guiño a la danza que hizo que el violín bailase consigo mismo, mostrando las conquistas polifónicas de dicho instrumento en el momento de emancipación y afirmación histórica que el violín vivió (como recordó Tur Bonet) en el siglo XVII.
Por otra parte, una cuestión importante en cualquier concierto con instrumentos de época que tenga lugar en un recinto eclesiástico de Santiago de Compostela, ya entrado el otoño, es la de la afinación, y con ésta tuvo que lidiar Lina Tur Bonet prácticamente antes de cada pieza (aunque ello es algo a lo que siempre presta una meticulosa atención, incluso en auditorios de más idóneas condiciones, como señalamos el pasado agosto, cuando la escuchamos como concertino de Le Concert des Nations en el Musikfest Berlin). La humedad de la Iglesia de la Universidad, que fue cambiando (esculpiendo, de algún modo) el sonido del violín a lo largo del concierto, hizo que la Fantasia sonase con cierto tono rústico y rugoso, de afinación más inestable que, asimismo, convoca unos ecos de lo popular tan pertinentes con respecto a ese aire de danza festiva ya señalado.
Como nos contó la propia Lina Tur Bonet, las dos piezas de Nicola Matteis fueron concebidas, dentro de su programa, a modo de preludio y fuga, para así dar contexto y entrada al gran protagonista de su concierto, Johann Sebastian Bach, por medio de sus Sonatas y partitas para violín solo, BWV 1001-1006 (c. 1703-1720); en concreto, las segundas entregas de cada serie, de forma que en primer lugar escuchamos la Sonata nº 2 en La menor, BWV 1003 (c. 1716), que comenzó de forma grave y espiritual, expuesta en un tempo ligeramente demorado, sin prisa alguna por parte de Lina Tur Bonet, para así concentrar el sonido de su violín y mostrarnos la respiración de su propia interioridad.
Más energía destiló en la Fuga, ampliando el volumen de su instrumento, así como el vuelo de la polifonía, con continuas inflexiones y contrastes dinámicos que colorean con personalidad su concepción del violín bachiano, rehuyendo cualquier lectura puramente estructural, para comprender de nuevo esta fuga como una música danzante en la que lo cerebral se puebla de vitalidad. Tras una Fuga realmente monumental, en el Andante Lina Tur Bonet dio una nueva vuelta de tuerca a su exposición de la polifonía como lo que realmente es: la cohabitación de diferentes caracteres en un mismo (aquí) instrumento, desplegando en su violín tanto un bajo continuo rotundo y serio como unas primeras voces de bella gracilidad y cantabile en lo melódico.
Esos diálogos del violín consigo mismo, asentados en una digitación y en una técnica primorosas, volvieron a capitalizar el conclusivo Allegro, exponiendo una idea rotundamente camerística del instrumento, concebido como una implosión instrumental de mayor volumen y calado que el que sus cuatro cuerdas parecieran aquilatar: virtudes tanto de la portentosa escritura del Kantor como de la musicalidad de una violinista que en este Allegro refuerza las voces que despliega su instrumento acompañando y teatralizando las mismas con su propio cuerpo, ya sea concentrando las dinámicas en las réplicas contrapuntísticas, ya expandiéndose con el violín en las primeras voces, más lanzadas en virtuosismo y celeridad, para finalizar con vitalidad esta Segunda sonata de Johann Sebastian Bach.
Tras una breve pausa, la segunda parte del concierto comenzó con una de las especialidades y mayores querencias musicales de Lina Tur Bonet: la Passacaglia de las Mysteriensonaten (o Rosenkranz-Sonaten) de Heinrich Ignaz Biber, tendiendo así la violinista ibicenca un puente con su recital de octubre de 2023 en el Ateneo Barroco.
Es realmente un privilegio el poder escuchar en directo a Lina Tur Bonet un fragmento de estas Sonatas del Rosario cuyo registro al frente de MUSIca ALcheMIca (Pan Classics, 2015) era el predilecto de Eduardo Torrico, tal como dejó constancia nuestro añorado compañero en su lista de las diez mejores grabaciones de las Rosenkranz-Sonaten. En el Ateneo Barroco, Tur Bonet volvió a reeditar esa excelencia, plena de ligereza y gracilidad, con un violín que crea y habita espacios, desplegando una forma cíclica que se retroalimenta a sí misma por medio de sutiles variaciones. Otro aspecto muy interesante y revelador en el modo en que Lina Tur Bonet desarrolla esta Passacaglia es su manejo del tempo, tan flexible y personal, no tanto por medio de lo que diríamos un rubato al uso, sino a través de algo mucho más complejo y sofisticado como lo es el ir alternativamente entrando y saliendo de este pasacalles desde una vivencia interior, psicológica y subjetiva frente a otra exterior, más objetiva, lo que depara una doble perspectiva que se enriquece, asimismo, de la articulación tan dinámica que Lina Tur Bonet expone, haciendo aletear a su violín con gran sutilidad y lirismo. El final, tan bien medido y respirado, de esta Passacaglia nos dejó, como el conjunto de esta pieza, uno de los momentos álgidos del concierto.
El regreso al universo musical de Johann Sebastian Bach, con su Partita nº 2 en Re menor, BWV 1004 (1717-1723), mantuvo ese alto nivel de excelencia, sonando, en conjunto, algo más redonda la Partita que la Sonata. Ello resultó evidente desde una Allemanda especialmente fluida, pero que no rehuyó, en absoluto, ni severidad ni matices en la articulación, uniendo Lina Tur Bonet el rigor estructural de la escuela alemana, que tan de primera mano conoce, con una calidez mediterránea que siempre insufla expresividad, un trazo más libre y buen color a su violín, convirtiéndolo en genuina ágora instrumental de nuestro continente.
La Corrente fue desgranada con desinhibición, de un modo muy enfático y volviendo a poner en primer plano la danza, reforzando Lina Tur Bonet los ecos y la influencia en Bach de lo italiano. Ese color meridional fue llevado igualmente a una Sarabanda planteada con gran seriedad y calidez, así como muy recogida y meditativa, lo que la convirtió en otro de los momentos más sobrecogedores del concierto. Por contraste, la Giga fue bailada por Lina Tur Bonet con su violín de forma desenfrenada, reforzando su inspiración folclórica y su carácter de nexo vital y vibrante entre dos momentos tan hondamente reflexivos como la Sarabanda y la Ciaccona.
Por descontado, la Ciaccona merece una mención muy especial, ya no sólo por tratarse de una de las cumbres del violín de todos los tiempos, sino por el modo tan ejemplar en que se interpretó en Santiago de Compostela. De hecho, para reforzar su contraste con la Giga, Lina Tur Bonet no hizo pausa entre ambas danzas, lo que se puede explicar ya no sólo en términos puramente técnicos, sino dramatúrgicos, por las referencias históricas y personales que la violinista nos comunicó antes de comenzar su interpretación de esta Segunda partita, ligadas a la muerte de la primera esposa de Johann Sebastian Bach, Maria Barbara, en 1720.
Aunque, como tantas cosas en el pensamiento de Bach, ello está sujeto a especulación, no cabe duda de que tal idea reforzó una interpretación especialmente profunda y sentida de la Ciaccona, a la que arribamos (¿como el propio Bach en el verano de 1720?) desde el frenesí y la mundana vitalidad de la Giga, para cambiar aquí el ambiente de forma radical, resultando conmovedor el modo tan tierno y recogido en que Lina Tur Bonet desgranó los primeros compases: más un diálogo entre Johann Sebastian y Maria Barbara, como presencia viva y recobrada, que como elegía luctuosa. Dentro de la lógica profundamente religiosa que pudo articular la reacción de Bach ante el óbito de su esposa, Lina Tur Bonet optó por dejarnos momentos en los que dicha partida se comprende como un ascenso hacia Dios, por lo que su violín también se transforma en un continuo ascender armónico y cromático marcado por el éxtasis, aunque (cosas de lo humano que habita en cada creyente), no dejó la violinista ibicenca de expresar el dolor (sabiamente asimilado) y la solemnidad del momento (que se percibió físicamente en el rostro de Lina Tur Bonet, embebida de la sensibilidad de esta Ciaccona), sonando sus últimas notas (de una belleza incontestable) cual una última flor depositada y transfigurada en música sobre la tumba en Köthen de Maria Barbara.
Por descontado, de un concierto como éste se sale con una plenitud y unas sensaciones totalmente diferentes de las que cansinamente experimentamos, días antes, al abandonar el Auditorio de Galicia tras el primer programa de la nueva temporada de abono de la Real Filharmonía, momento en el que reflexionábamos sobre la apremiante necesidad de escuchar de nuevo en Santiago de Compostela (y de forma regular) a los mejores intérpretes de nuestro tiempo (como era el caso en los años noventa), para así poder disfrutar de una musicalidad, una técnica y una profundización en el repertorio como las que nos dejó Lina Tur Bonet en su segunda participación en el Ateneo Barroco, tan superiores con respecto a lo que pueda ofrecer la orquesta de capital gallega.
Ello nos hace pensar, igualmente, en la importancia de que la Xunta de Galicia apoye con recursos suficientes a este tipo de festivales, así como en la urgencia de que retome algún tipo de ciclo anual que traiga a orquestas internacionales de verdadera calidad a nuestro territorio, tras tantos años de desregulación de la vida cultural gallega, pues ¿es esa progresiva desertización, enquistada en Galicia desde hace décadas, la bochornosa carta de presentación con la que algunos pretenden ‘liderar’ a España en el futuro?
Paco Yáñez
(Fotos: Ateneo Barroco)


