SANTIAGO DE COMPOSTELA / La JONDE y el Klangforum Wien cierran su participación en las Xornadas de Música Contemporánea

Santiago de Compostela. Teatro Principal. 24-X-2026. Klangforum Wien. Joven Orquesta Nacional de España. Directora: Isabel Rubio. Obras de Cánovas Parés, Núñez Hierro y Chin.
El quinto y último concierto del ciclo que la Joven Orquesta Nacional de España protagonizó en el marco de las Xornadas de Música Contemporánea de Santiago de Compostela volvió a centrar su atención en las compositoras de nuestro tiempo, poniendo sobre sus atriles partituras de la catalana Helena Cánovas Parés, de la andaluza Nuria Núñez Hierro y de la surcoreana Unsuk Chin, una de las compositoras más importantes del siglo XXI y ganadora, en 2026, del XVIII Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en la categoría de Música y Ópera.
Son tres compositoras, por otra parte, que presentan unos fuertes vínculos personales y artísticos con el mundo germánico, lo cual hizo aún más pertinente el que la JONDE volviese a compartir escenario con una de las mejores agrupaciones de música contemporánea en dicho ámbito cultural, el Klangforum Wien, tal y como lo habían hecho en el concierto inaugural de este ciclo de cinco conciertos, el pasado 20 de octubre; un concierto, como los tres en los que la JONDE tocó con el Ensemble Modern, marcado por la excelencia y un intenso trabajo de los jóvenes músicos españoles con los profesores de los ensembles austriaco y alemán.
La primera partitura de este quinto concierto deparó el estreno de la nueva versión que para la JONDE ha realizado Helena Cánovas de the crossing place of road and river (2025, rev. 2026), partitura para ensemble y electrónica fruto de un encargo de la Essen Philharmonie. Inspirada en una fotografía del artista británico Richard Long, la música de Cánovas nos conduce al páramo de naturaleza y soledad que vemos en dicha imagen, aunque no pretenda —como señaló la directora murciana Isabel Rubio al presentar el concierto— acercarse de un modo puramente descriptivo o programático, sino explorar lo que podría ser dicho espacio en términos acústicos, por medio de continúas transiciones en las que los materiales instrumentales se fragmentan y articulan en procesos de superposición y disolución.
En esos procesos tendrá un gran peso el octeto de vientos que ocupa el centro del escenario, mientras que otros instrumentos, como el contrabajo, el violonchelo o la guitarra eléctrica, aportan una serie de texturas que expanden y matizan la paleta cromática. La electrónica (por momentos, algo anecdótica) tiene aquí la función de amalgamar e interconectar los propios materiales acústicos, «generando una red de resonancias, distorsiones y prolongaciones temporales»; de modo que —como igualmente nos cuentan las notas al programa— «el resultado es una dramaturgia del sonido basada en la fricción entre flujos: direcciones cruzadas, interrupciones y ralentizaciones que evocan un espacio acústico inestable, en constante desplazamiento».
Lo más interesante y logrado de the crossing place of road and river viene, precisamente, de las texturas densificadas, aquéllas que podemos asociar con lo más desolado del paisaje fotográfico, en las que la armonía se rarifica, abigarrándose con gran empaste el ensemble. En el otro extremo, los compases sincopados rítmicamente a bloque suenan un tanto rígidos y esquemáticos, sin la poderosa sensualidad y el innegable atractivo de los más lentos y mistéricos. Resulta curioso cómo entre esos pasajes más lúgubres resuena el rasgueo de la guitarra eléctrica (con sus cuerdas tensadas a distintas alturas del mástil), en lo que se convierte en todo un eco de otra partitura atravesada por la desolación, como Grabstein für Stephan, de György Kurtág; y, así, como en el Op. 15c del compositor húngaro, los vientos parecen en the crossing place of road and river un coro de fantasmas acompañando a dicha guitarra: aullidos que, como voces de quienes ya no pueblan la fotografía de Richard Long, se convierten en los ecos de la ausencia.
Ausentes no han estado, en absoluto, los músicos del Klangforum ni los de la JONDE, pues nos dejaron un gran trabajo que pareció satisfacer a la propia Helena Cánovas cuando subió a recibir los aplausos del público. Intérpretes como el trombonista Pablo Carbonell, el trompetista Anders Nyqvist o el contrabajista José Lorenzo Salas han de ser destacados en una versión, en todo caso, muy coral, dado cómo la partitura de la compositora catalana trabaja las redes que no cesan de interconectar al ensemble.
Con el estreno mundial de Metazoa (2026), de Nuria Núñez Hierro, nos elevamos a otro nivel en cuanto a inventiva tímbrica y calidad artística, confirmando las muy buenas sensaciones que la compositora jerezana nos había dejado en sus anteriores conciertos en Santiago de Compostela, como en el estreno absoluto de Lo que se escucha dentro de un tornado (2025), partitura escuchada por primera en la clausura de las Xornadas de Música Contemporánea 2024-2025.
Metazoa retoma el interés por la naturaleza que Núñez Hierro nos muestra en su catálogo en obras como Enjambres (2015-2020), partitura orquestal con la que ganó el XXXIX Premio Reina Sofía de Composición y de cuyas agrupaciones himenóptero-musicales bebe Metazoa en su tercera sección, Apidae, también caracterizadas por sus bellas texturas organizadas en enjambres. Las dos primeras secciones, Sturnidae e Hydra, nos remiten a los estorninos y a las hidras; mientras que la cuarta, Cetácea, lo hace a las ballenas. Son cuatro secciones que se interpretan sin pausas intermedias y que nacen desde la percusión y las flautas, organizadas a modo de un febril aleteo, dentro de un ensemble que incluye, entre sus más de veinte músicos, hasta quince cuerdas y tres percusionistas. La primera sección nos remite, una y otra vez, a esas bandadas de estorninos surcando el cielo, con sus ascensos y descensos cromáticos, además de numerosas técnicas extendidas que escucharemos a lo largo de la obra, como soplidos a botellas por parte de los instrumentistas de viento-madera.
Por lo que a Hydra se refiere, en su parte manda la suspensión y una apariencia plasmática del conjunto instrumental, con una bella aportación del acordeón y los arcos frotados en la percusión. Frente a esa densidad tan sinuosa y sensual en la musicalización de la mistérica hidra, el apartado dedicado a las abejas abunda en sonidos arpegiados, aunque Metazoa no es, en absoluto, una partitura que divida las sonoridades asociadas a cada especie animal en compartimentos cerrados, sino que muestra una permeabilidad entre los distintos reinos animales, dadas las variaciones de armonía y ruido que Nuria Núñez lleva a cabo para destacar ya no sólo las características idiosincrásicas que individualizan y diferencian a cada especie, sino aquéllas que unen a los cuatro tipos de animales, como seres vivos que todos ellos son.
Los roces de arco contra bloques de polietileno, el divisi de las cuerdas para mostrar la laboriosa vida en comunidad de las abejas o un acordeón que parece exponer la profunda respiración de las ballenas, así como sus dilatadísimos latidos cardíacos, son algunas de las muchas sutilezas que nos deja una compositora que en cada nueva visita a las Xornadas de Música Contemporánea crece en calidad artística, capaz de adentrarse en un sonido de una fisicidad tan orgánica como prácticamente asible, organizando asimismo sus materiales con ecos multiculturales, pues la impronta de la hiperactiva percusión subsahariana se deja escuchar en el tramo final de Metazoa, complejizando de forma muy importante sus tramas polirrítmicas.
El final de este viaje al corazón de la naturaleza (que en 2026 hemos de leer, sin el menor género de duda, en clave ética y política, dadas las hordas de negacionismo que nos rodean) presenta unos últimos compases que, de algún modo, podemos conectar con la partitura de Helena Cánovas, pues parece que en ellos esos cuatro grupos de animales cuyos sonidos habíamos escuchado convertidos en música se hubiesen retirado, restando únicamente la inmensidad del vacío en los espacios del océano: una lectura que, si por un lado puede resultar hermosa (dadas las texturas que se alquitaran con acordeón, contrabajos y percusión en el registro grave), por otra parte pone los pelos de punta, si pensamos que, a este paso de destrucción de la naturaleza que llevamos (por obra y desgracia de un consumismo desaforado), tal extinción de especies podría ser una triste realidad en las próximas décadas. No es mala cosa, por lo tanto, que el mundo del arte y la propia música reflexionen sobre ello; especialmente, si es por medio de una obra de tan alta calidad, como así lo entendió el público compostelano, dada la gran ovación que a Nuria Núñez tributó, cuando ésta subió al escenario.
La tercera compositora de este concierto, Unsuk Chin, no necesita presentación a estas alturas de la historia, pues hablamos de una personalidad fundamental en la música de nuestro tiempo, creadora de partituras que han visitado las páginas de Scherzo en diversas ocasiones, ya sea en nuestra sección de grabaciones (con un reciente Excepcional para el registro del sello Alpha con tres de sus más conocidas obras de cámara en manos del Ensemble intercontemporain y Pierre Bleuse), ya en la sección de crítica de conciertos, figurando entre dichas críticas la última audición en vivo de Graffiti (2012-2013) en Galicia, el 30 de mayo de 2025, dentro del Festival RESIS, con una estupenda versión a cargo de la Orquesta Sinfónica de Galicia y Fabián Panisello. La de la JONDE y el Klangforum Wien, siendo notable, no me ha parecido tan lograda como las del Ensemble intercontemporain o la Sinfónica de Galicia; en parte, por el más alto nivel de los solistas en estas dos últimas referencias, siendo dichos primeros atriles de una importancia crucial en una partitura, Graffiti, de una dificultad y un virtuosismo muy considerables en sus tres movimientos.
Como Júlia Cruz al frente de la JONDE y el Klangforum cuatro días antes, Isabel Rubio dejó muestras de una muy sólida y completa dirección, y si Cruz desborda extroversión sobre el podio, Rubio resulta más seria y comedida en el gesto, aunque no por ello escatime en carácter y contundencia en las entradas más explosivas de Graffiti (de las tres partituras en programa, aquélla en la que las indicaciones de expresividad resultaron más contundentes por parte de la directora murciana). Ello deparó los pasajes más logrados de esta versión compostelana, así como su firmeza rítmica, en una obra que bascula, como lo hacía la música del gran maestro de Unsuk Chin, György Ligeti, entre los mecanismos y las nubes (siguiendo la nomenclatura utilizada por el propio Ligeti). Así, en el segundo movimiento, Notturno urbano, podemos escuchar, por el modo en que lo tocaron Javier Echepare y Salvador Ruiz, ecos del Lento e deserto del Concierto para piano del genio húngaro, con esa línea tan densa en tenuto del contrabajo sobre la que se eleva, cual sonido llegado desde la distancia, la voz del fagot.
En ese mismo segundo movimiento, el modo tan resonante y rítmico de hacer sonar las percusiones (especialmente, Michael Weilacher) nos ha hecho recordar la música del Lejano Oriente, reconvertida por Unsuk Chin en un lenguaje personal, completando un uso de dicha sección instrumental que ya en Metazoa nos había dejado sonoridades fascinantes. En cambio, tanto el comienzo del primer movimiento, Palimpsest, como del tercero, Passacaglia, sonaron algo fríos, aunque su desarrollo nos regaló pinceladas de mayor calidad, tanto en la contundente dirección de Isabel Rubio como en los instrumentos de unos jóvenes músicos cuyo gran trabajo con los miembros del Klangforum era más que evidente.
Valgan, como ejemplo de esto último, las miradas de complicidad y satisfacción que en la sección de violonchelos se cruzaron a lo largo de la interpretación de Graffiti entre Daniel Pozas y ese mito del violonchelo contemporáneo que es Andreas Lindenbaum, complicidad que, ojalá, sea una puerta al futuro relevo de estos músicos hoy ya históricos por parte de nuevas generaciones como las que los integrantes de la JONDE representan: algo de lo cual la creciente presencia de nuestros músicos en los mejores ensembles y orquestas de Europa es la mejor muestra (muchos de ellos, miembros de la JONDE en su día).
No podemos más que desear, por tanto, que en una situación tan compleja para la juventud como la que hoy vivimos en Europa, estos músicos vayan encontrando su sitio próximamente, pues sin duda su calidad elevará el nivel de muchas de nuestras orquestas, empezando por la propia Real Filharmonía de Santiago de Compostela, tan necesitada como lo está de una renovación con músicos que aporten la apertura de miras que han demostrado los integrantes de la JONDE en su nueva visita a la capital gallega, donde contamos ya los días para que, dentro de dos años, nos vuelvan a regalar nuevos conciertos con la excelencia artística que disfrutamos del 20 al 24 de octubre en su colaboración con el Ensemble Modern y el Klangforum Wien. Sus responsables han de ser conscientes de la importancia que este tipo de iniciativas tiene en la formación de estos jóvenes músicos, así como en la difusión de unos repertorios a menudo descuidados en nuestras programaciones. Así que en 2028 los esperamos en Galicia para reeditar, ya por cuarta vez, un encuentro que nos ha dejado tan buenas impresiones (incluso, con conciertos que agotaron desde días antes sus entradas).
Paco Yáñez
(Fotos: JONDE)


