SANTIAGO DE COMPOSTELA / Taller Sonoro clausura las Xornadas de Música Contemporánea 2024-2025

Santiago de Compostela. Auditorio de Galicia. 20-V-2025. Taller Sonoro. Obras de Romero, Mendoza, Iannotta y Núñez Hierro.
Tras siete meses de programación, las Xornadas de Música Contemporánea de Santiago de Compostela se despidieron el 20 de mayo con el octavo concierto de un ciclo que, reformulado por enésima vez, se había inaugurado el pasado 24 de octubre con el que, a la postre, ha sido uno de sus mejores programas: el que nos ofreció Arxis Ensemble con partituras de Leonel Aldino, Xoán-Xil y Luigi Nono (para celebrar el centenario del compositor veneciano, una efeméride que prácticamente ha pasado desapercibida en la capital gallega, Real Filharmonía incluida).
Cuando se presentó la programación de estas Xornadas, nos había llamado ya la atención el programa con el que éstas se clausurarían, a cargo del Taller Sonoro, en el que se nos proponía escuchar la música de cuatro interesantes compositoras de nuestro tiempo, con un especial protagonismo para la jerezana Nuria Núñez Hierro, de quien el ensemble sevillano presentaba tres partituras en Santiago de Compostela, incluyendo el estreno mundial de Lo que se escucha dentro de un tornado (2025).
Fue, precisamente, la música de Núñez Hierro la que abrió el concierto, con Alla ricerca disperata del sole (2014), cuarteto para flauta baja, clarinete bajo, piano preparado y violonchelo estrenado por el propio Taller Sonoro en Madrid hace once años. Estamos ante una partitura sobre la que gravita de forma evidente la impronta de Salvatore Sciarrino, ya desde las constelaciones en las que este cuarteto nace, en el piano. Los armónicos y los sonidos de aire sin tono en flauta y clarinete, así como los glissandi que en el violonchelo parecen entonar el canto, también nos remiten a la influencia del compositor palermitano, como esos ataques percusivos en un piano que se convierte en el latido cardíaco del cuarteto, aportando otra característica sciarriniana por antonomasia: la concepción del sonido instrumental como un paisaje acústico del cuerpo humano, cuyos procesos fisiológicos se musicalizan.
Como había sucedido diez días antes en Santiago de Compostela, cuando Vertixe Sonora tocó la partitura de Georg Friedrich Haas in vain (2000), en Alla ricerca disperata del sole nos encontramos con un uso dramatúrgico de la luz, pues comienza la interpretación de este cuarteto a oscuras, únicamente visible el escenario por medio de los leds que incorporan el piano, la flauta y el clarinete, apenas unos tenues puntos de referencia, cual estrellas en la noche (pues tales leds se emplazan en la caja, en el tubo y en la campana de dichos instrumentos), convocando esa luz solar que finalmente se esfuma, pues la obra concluye a oscuras, en las últimas figuraciones del violonchelo.
La segunda partitura de la noche, autonomous realities (2021), vino de la mano de Lula Romero, compositora mallorquina que, como Nuria Núñez Hierro, tiene una larga relación con Alemania, algo que se evidencia en una creación en la que se percibe la influencia de Helmut Lachenmann y, en general, el rigor de un trabajo de gran seriedad.
autonomous realities es un cuarteto espacializado que emplaza a flauta(s) y clarinete bajo a ambos lados del patio de butacas, completándose la triangulación que rodea al público con piano y violín sobre el escenario, creando todos ellos una topología de vibraciones y resonancias errantes repleta de espasmódicas microgestualidades en las maderas y el violín, de carácter más autónomo (como nos sugiere el título de la obra), mientras que el piano busca una textura aglutinante a través de ruidos e intervención del cordal con elementos como super balls, redondeando una partitura muy sombría que evoca el aislamiento y la dispersión de los individuos en unas sociedades, las actuales, en las que la insularidad del yo es, a pesar de la engañosa red de redes que nos atrapa y (des)une, cada vez mayor.
Aunque inicialmente la partitura de Elena Mendoza que figuraba en programa era Die Macht der Gewohnheit (2014), finalmente fue el trío para violín, violonchelo y piano De dentro afuera (2016) la obra de la compositora sevillana que escuchamos, abriendo las puertas de Santiago a los ecos del sur, pues toda una bulería articula rítmicamente a los tres instrumentos, que se percuten de distintos modos, siguiendo patrones de acentuación derivados del flamenco, con una mención especial para los golpeos de la caja del violonchelo con las manos de Carmen Coronado, a los que Ignacio Torner responde en el piano, activando el interior de su instrumento, y, más puntualmente (en cuanto a palmeos), Alejandro Tuñón, cuyo se violín toca igualmente con púa, cual rasgueo de una guitarra atávica y descarnada.
La propia compositora ha manifestado sus dudas sobre la fusión de la fuerza primordial del flamenco con la música contemporánea (en la que, de nuevo, Elena Mendoza recibe una gran influencia de las estéticas germánicas contemporáneas), terreno que dice minado y en el que tan fácil es caer en el pastiche o en una cohabitación de postal. Fue un proyecto del Trío Arbós (al que dedica la partitura), Flamenco envisioned, el que dio pie a Elena Mendoza para crear De dentro afuera, embebiéndose de la sensualidad, el barroquismo, los melismas y los ritmos del flamenco, sin dejar de incorporar técnicas extendidas y una concentración armónica que hace posible el diálogo entre ambos mundos, encontrando puntos de encuentro en una partitura de gran personalidad.
La segunda obra de Nuria Núñez Hierro tocada por Taller Sonoro fue Cartografías efímeras (2024), dúo para flauta y piano que forma parte de un ciclo en el que, reflexionando sobre el concepto de la cartografía, la compositora jerezana analiza musicalmente los movimientos y las itinerancias individuales; en este caso, por medio de una cartografía imaginaria convertida en un mapa sonoro trazado —según nos dice Nuria Núñez— por medio de gestos fugaces que se evaporan en el tiempo.

Uno de los aspectos más interesantes de Cartografías efímeras es cómo, a través de la música, el ser humano y el paisaje se con-funden, pasando a formar una sola unidad cuyas fronteras y ontologías se permean, yendo del ruido o la textura a la armonía, ya en una flauta que comienza con aire sin tono y acaba fraseando melodías, ya en un piano que, a la inversa, desde su inicial y machadiano caminar sin caminos se va convirtiendo en paisaje mesetario, perdiéndose en la lontananza de sus propias texturas, alquitaradas en el cordal.
No estamos, ya, ante una partitura en la que (como ocurría con Salvatore Sciarrino en Alla ricerca disperata del sole) las influencias de los grandes compositores actuales sean tan manifiestas, pero sí de la tradición y de un lenguaje más clásico, cobrando peso aquí la armonía y las melodías que parecen querer afianzarse, a medida que nacen y se esfuman en el paisaje, aunque no por ello Cartografías efímeras abandone las técnicas extendidas, con percusión de dedos bajo la caja del piano (nueva evocación del caminar) o los multifónicos y la rugosidad del aire en la flauta, hasta que ambos se pierden —como en la partitura de Mendoza—, en la lejanía, transformados en auras errantes.
Con Clara Iannotta alcanzamos el nivel artístico más alto, como una de las mejores compositoras europeas del momento que es, aunque su trío para piano, violín y violonchelo Il colore dell’ombra (2010) no sea todavía una obra de madurez, lanzando un guiño al Trío con piano en La menor (1915) de Maurice Ravel, a modo de homenaje. Ahora bien, el oropel impresionista se desdibuja aquí en un trío que, fiel a su título, analiza las sombras y sus modulaciones, bien sea por la preparación del cordal, cuyo registro grave parece la fantasmagoría de un arpa oriental (algo tan del gusto de Ravel), bien por los incesantes armónicos que las cuerdas exponen, en un nervioso y tenso tremolado que acabaría siendo, después, marca de la casa en la Clara Iannotta de ciclos como el impresionante dead wasps in the jam-jar (2014-18).
Ello impone un acusado virtuosismo instrumental, estableciendo un gran contraste entre la oscuridad del piano, con sus texturas resonantes, y un dúo de violín y violonchelo de ardua dificultad, en el que Alejandro Tuñón y Carmen Coronado nos han dejado una lectura soberbia, encontrándose y separándose en esos esfumados de sombras alteradas en su afinación en los que, sobre el lienzo del piano, se convierten sus instrumentos bajo el refinado y tenso pincel de la siempre interesante compositora romana: una de las voces que (creo) está llamada a brillar en el panorama musical del futuro.
Cerró el concierto de Taller Sonoro el estreno mundial de Lo que se escucha dentro de un tornado, sexteto para piano, violín, flauta, clarinete bajo, percusión y violonchelo que muestra la evolución artística de Nuria Núñez Hierro y su progresiva conquista de un lenguaje propio, aquí más actual e interesante que en Cartografías efímeras.
Es más, los ocho minutos que duró el estreno de Lo que se escucha dentro de un tornado se nos han hecho cortos, dada la calidad de lo escuchado en un sexteto que vuelve a mostrar el interés de la compositora andaluza por el medio físico y la violencia primordial de los fenómenos naturales, que convierte en música a través de un estudio de los procesos internos del tornado al que su título se refiere. Así, proliferan los constructos rítmicos progresivamente acelerados y los sonidos circulares, que nos envuelven como si un glissandi se fuese construyendo con el conjunto del sexteto, cuya fuerza nos aspira al ojo del tornado, en continuas y obsesivas espirales de sonidos.
Pasado el ecuador de la partitura, nos encontramos con una de sus partes más logradas: aquélla en la que ya nos hemos instalado dentro del torbellino y nos rodea un auténtico baile de partículas ruidistas que remedan el caos (des)organizado que espolean las fuerzas del viento, con proliferación de ritmos y rugosidades en el sexteto que parecen evocar lo electrónico, ya por la naturaleza acústica de sus procedimientos instrumentales (algo tan de la avantgarde), ya por la propia carga eléctrica del tornado, cuya embestida se desvanece en los compases finales, dejándonos vapuleados por la violencia de su acometida, en un estreno que, como la interpretación de las otras cinco partituras, ha sumado una nueva visita a Santiago de un Taller Sonoro a la altura de lo que de su excelencia esperábamos.
Paco Yáñez
(Fotos: Paco Yáñez)


