SANTIAGO DE COMPOSTELA / Enésima reformulación de unas Xornadas de Música Contemporánea sin dirección artística conocida

Santiago de Compostela. Casa das Máquinas. 24-X-2024. Adriana Aranda, soprano. Eva Vieites, recitadora. Xoán-Xil, proyección electroacústica. Arxis Ensemble. Obras de Nono, Aldino y López.
Cuando apenas cuatro meses han transcurrido desde la última edición de las Xornadas de Música Contemporánea, aquí tenemos ya una nueva entrega de uno de los ciclos musicales que más cambios de formato, indefinición estilística y guadianescas desapariciones y reapariciones han experimentado desde su fundación en los años ochenta y sus sucesivos pasos por las manos de la Universidad de Santiago de Compostela (USC), el Centro Galego de Arte Contemporánea (CGAC) y el Ayuntamiento de Santiago, reformulándose en esta nueva etapa en una serie anual que se extenderá desde el 24 de octubre hasta el 20 de mayo, con un total de ocho conciertos que rompen la concentración propia de unas jornadas, para convertirse en un ciclo al estilo de los que en Europa nos ofrecen formatos como el de musica viva en Múnich.
Claro que sólo hasta ahí llegan las similitudes, pues el nivel de lo programado en Baviera (como recientemente comprobamos en Scherzo) dista el abismo que, en el fondo, va de una de las capitales culturales de Europa, Múnich, a una ciudad que viene agudizando su provincianismo a lo largo de las últimas dos décadas, Santiago de Compostela, incapaz de recuperar la oferta cultural, el europeísmo y la altura de miras que la capital gallega ofreció a finales del siglo XX, cuando por Santiago pasaba lo más granado de la música internacional de los más diversos periodos históricos: excelencia interpretativa que no se ha vuelto a recuperar, con los estragos que ello depara en una parte del público que, así, se ha llegado a creer (como ocurre en otros puntos de Galicia afectados por la misma insularidad musical) que sus formaciones locales son conjuntos de alto nivel en la escena internacional.
A las deserciones (en esta nueva etapa y formato) de una USC y de un CGAC cuyas actuales agendas musicales, además de paupérrimas, deshonran su propia historia, hemos de añadir que, una edición más, las Xornadas de Música Contemporánea vuelven a carecer de dirección artística, algo que se nota en la falta de coherencia de las mismas y en un nivel que, en lo interpretativo, en conjunto redunda en lo local (aunque Galicia cuente hoy con dos de los mejores ensembles de música contemporánea de España: Vertixe Sonora y Arxis, ambos presentes en estas Xornadas con los que, a priori, parecen los dos conciertos más interesantes de las mismas, junto con el del Taller Sonoro).
Con Arxis Ensemble nos quedamos hoy, para darles cuenta del que fue concierto inaugural de estas reformuladas Xornadas de Música Contemporánea, en lo que casi fue un calco del concierto ofrecido el pasado 11 de mayo por el conjunto herculino en la séptima edición de RESIS, un festival que en 2024 tuvo como protagonista a un Luigi Nono que, de este modo, por fin se ha asomado a la escena musical compostelana, toda vez que la Real Filharmonía de Galicia ha desatendido por completo el centenario del compositor veneciano (mientras que a otras efemérides celebradas este año sí les ha prestado atención. Por cierto, es incomprensible que la orquesta de Santiago no participe en las Xornadas; máxime, teniendo como titular a un Baldur Brönnimann que sí dirige en otros festivales y ciclos de música contemporánea por Europa adelante, cuestión que limita y debilita seriamente a este ciclo frente a otros festivales que, como RESIS en La Coruña, sí cuentan con la orquesta sinfónica de su propia ciudad, lo que amplía notablemente las posibilidades en cuanto a repertorio y plantilla instrumental).
En todo caso, es siempre positivo que un programa de estas características, que semejante esfuerzo logístico supone, se repita en Galicia, ya no sólo porque alcanza a un nuevo público, sino porque permite que nuestros intérpretes perfeccionen sus prestaciones en un repertorio demasiado dado a un único concierto por programa, con la paralela falta de continuidad que ello supone para la mejor comprensión de las obras por parte de los oyentes, pues ¿cuál sería nuestro grado de profundización en las sinfonías de Mahler, Beethoven o Brahms, de haberlas escuchado una sola vez?
Dada la temática del programa (que ya pormenorizamos en nuestra crítica del concierto celebrado en RESIS, y a la que nos remitimos), las Xornadas de Música Contemporánea han vuelto a buscar un espacio de pasado industrial, cuestión no tan sencilla en Santiago de Compostela como en La Coruña, lo que nos ha llevado, en esta ocasión, a la Casa de las Máquinas, edificio construido en 1919 para albergar un transformador eléctrico gestionado cooperativamente para subsanar las deficiencias del suministro hace un siglo y que, recientemente, tras su rehabilitación integral, se ha incorporado a la red de contenedores culturales de la capital gallega, convertido en una sala de artes escénicas (en ella ya tocó la Real Filharmonía el pasado septiembre, padeciendo las dificultades acústicas de tan vertical y reverberante recinto).
Como hace cinco meses en RESIS, volvió a abrir el concierto de Arxis Ensemble La fabbrica illuminata (1964), obra para soprano y cinta magnética de Luigi Nono compuesta sobre textos de Giuliano Scabia y Cesare Pavese en la que el compositor denuncia las condiciones laborales de los obreros de la industria siderúrgica italiana,

Ha vuelto a ser la soprano Adriana Aranda la que ha dialogado con una cinta magnética en la que Nono recogió ruidos y conversaciones de los obreros de Italsider, pero, para su mayor fortuna, la tan peculiar acústica de la Casa de las Máquinas favoreció su canto, permitiendo que la soprano catalana se apoyase en su propia reverberación para construir una suerte de polifonía ecoica que casa a la perfección con esa construcción de un espacio coral ideada por Nono en una electrónica tan políticamente militante como la de La fabbrica illuminata. Gracias a esa mayor reverberación y concentración del sonido en un espacio central (frente a la amplitud del patio de la Fábrica de Tabacos en La Coruña hace cinco meses), Adriana Aranda ha refinado aún más su canto, dejándonos una versión incluso más personal y perfecta, con pasajes de portamenti, sobreagudos y saltos interválicos de tal calibre, que a las ya muchas improntas del Renacimiento italiano que escuchamos en RESIS añade una modulación de su voz que la convierte en un instrumento de naturaleza cuasi electrónica, lo que dialoga de forma muy pertinente con la cinta en cuatro canales, redoblándose la dramaturgia del canto por el manejo gestual del espacio realizado por una Adriana Aranda que convierte su interpretación en un deambular por la Sala de las Máquinas en busca del otro, de esa solidaridad humana y apoyo en un colectivo político y utópico tan importante en la estética de Luigi Nono.
La segunda obra del programa nos trajo la única novedad con respecto al concierto del Festival RESIS: el estreno mundial de Color y Talea (2024), partitura del compositor mexicano Leonel Aldino que, según nos dijo él mismo en la presentación del concierto, recupera textos de la Balada 23 “De Fortune me doi pleindre et loer” de Guillaume de Machaut «con el afán de invocar una música personal y cálida, que resguarda en su arcaísmo el afecto compartido entre músicas de diferentes latitudes».
Como su título nos indica, la obra se divide en dos partes: Color, en la que la melodía se presenta en un fragmento puramente vocal, y Talea, para soprano, acordeón, percusión y violonchelo, sección que resulta más enfática en el apartado rítmico para asentar, junto con lo cromático, la estructura de la obra. Ambas son las dos dimensiones que, tendiendo un arco desde la Edad Media hasta nuestro tiempo, sirven a Leonel Aldino para reflexionar sobre la forma musical y su desarrollo, lo que acerca el trabajo de Aldino al de compositores como Luciano Berio o José María Sánchez-Verdú, encontrando desde los atisbos melódicos del italiano, con su despojamiento del canto en sus ecos folclóricos, hasta el refinamiento en la escritura instrumental del español, con su búsqueda de un timbre instrumental que es desdoblamiento de la prosodia del canto.
Alumno de Ramon Lazkano, del compositor vasco llegan asimismo a Color y Talea las intrincadas y tan sutiles conexiones que entre voz y sonido instrumental escuchamos en partituras de Lazkano como las soberbias Main Surplombe (2012-13) y Ceux à Qui (2014). Si en aquéllas era Edmond Jabès el que proveía a Lazkano de un impulso poético para el canto, en Color y Talea no sólo Machaut sirve de base, sino toda una mirada al naturalismo en el canto medieval, con su vertiente espiritual de lo lírico, que Aldino lleva a un trío instrumental en el que proliferan las sutilezas y lo evanescente, con armónicos en el violonchelo, sutiles roces en la percusión y aire en el acordeón. Todo ello, con una fusión muy notable con la voz, alcanzando momentos rítmicamente más sincopados que llegan a explicitar ecos sublimados del minimalismo, por lo que, en conjunto, la partitura bebe de muy diferentes corrientes que, en proceso de conformar ya una voz compositiva personal, nos muestran que Leonel Aldino está en busca de un lenguaje propio, del que Color y Talea nos deja ver buenas maneras en su escritura.
La interpretación, a cargo de Adriana Aranda, voz; Millán Abeledo, violonchelo; Nikola Tanasković, acordeón; y Noè Rodrigo, percusión, me ha parecido realmente lograda, y así parecía refrendarlo Leonel Aldino al salir a recibir calurosa ovación del público compostelano.
Se cerró el concierto con la segunda audición en Galicia de Sereas (Oda ludita) (2024), partitura para soprano, recitadora, acordeón, violonchelo, percusión y electroacústica basada en un texto de la poeta orensana Alba Cid cuyo estreno absoluto disfrutamos, igualmente, en la sexta edición del Festival RESIS; allí, en una Fábrica de Tabacos con cuyo medioambiente, historia y reivindicaciones laborales dialogan Alba Cid y Xoán-Xil en su obra.

Aunque a una fábrica de tabacos nos remita, lejos está Sereas de ser una Carmen herculina, y si pasión y arrebatos hay en la partitura de Xoán-Xil, éstos se corresponden con los ecos del levantamiento de las cigarreras coruñesas en 1857, lo que refuerza, al unirse Sereas a La fabbrica illuminata en un mismo programa, una temática que diríamos político-sindical que, sin duda, congratulará al actual gobierno local de Santiago de Compostela, parte del cual se encontraba presente en la Sala de las Máquinas, incluida la actual alcaldesa, Goretti Sanmartín, algo que siempre es de agradecer y que no se estila lo suficiente, pues esos mismos políticos que promueven este tipo de festivales deberían ser los primeros que, in situ, comprobasen sus resultados y niveles de excelencia, como con Arxis Ensemble ha sido el caso.
Sereas se desarrolla en ocho secciones que parten de una visión musical de la fábrica en la distancia: retícula y laberinto construido a partir de los armónicos del violonchelo, con sucesivas entradas de percusión y acordeón en técnicas extendidas que remedan sonoridades mecánicas y sinusoidales que asociaremos tanto a los patrones acústicos de una fábrica como a un Luigi Nono cuyas técnicas vocales de naturaleza microtonal lleva Xoán-Xil a su partitura; de nuevo, con la excepcional voz de Adriana Aranda, capaz de unos rangos dinámicos que resonaron en todo el recinto, saturándolo y creando una inmersión muy potente y expresiva, a la que sumó su manipulación de objetos de fuerte simbolismo fabril y sindical, como las cadenas, la carraca, el megáfono o una sirena manual con la que finalizó la obra y su canto en la octava sección de Sereas: dúo tan inusual como sobrecogedor, por el camino hasta allí recorrido.
Con Adriana Aranda como soprano, Eva Vieites en la narración y el trío instrumental formado por Millán Abeledo, Nikola Tanasković y Noè Rodrigo, a los que se sumó el propio compositor, Xoán-Xil, en la electrónica y en la activación de los dispositivos electroacústicos de las sirenas, la vivencia de Sereas (Oda ludita) en un espacio como la Casa de las Máquinas depara una experiencia muy diferente que, al igual que en Nono, resulta más inmersiva, violenta y radical en sus pasajes más aguerridos y dinámicamente saturados. La disposición de las sirenas a diferentes alturas es un buen ejemplo de cómo Xoán-Xil y Arxis Ensemble han ideado un espacio que en Santiago de Compostela ha jugado mucho más con el sonido como forma de arquitectura: topología musical que remeda la lectura acústica del espacio que Alba Cid y Xoán-Xil realizaron de la Fábrica de Tabacos y sus inmediaciones, en La Coruña.
Pero, al mismo tiempo, la audición puramente acústica de los instrumentos (frente a su amplificación en RESIS) ha deparado mayores sutilezas en nuestra escucha, tanto en los pasajes más mecánicos y sincopados, que recrean los mecanismos fabriles y la opresiva aparición de las máquinas, como en lo más poético y sutil: paisaje psicológico que va del desgarro al amor en las figuras de las operarias que protagonizaron la revuelta en el siglo XIX. Todo el conjunto vocal, electrónico e instrumental ha estado a una enorme altura, con un mayor grado de asimilación de la partitura y unas prestaciones musicales muy convincentes que nos hablan de la necesidad de que los programas de música contemporánea y actual no sean flor de un concierto, sino la construcción de un repertorio estable.
Para ello es preciso inversión y apoyo desde las administraciones públicas, dirección artística y espacios en los que el público tenga una referencia estable. La Sala de las Máquinas no es, desde luego, ese espacio, dados los muchos ruidos que provienen del exterior y sus dificultades acústicas, aunque no, precisamente, para un concierto como el que, con tan buen nivel artístico y musical, ha dado comienzo a la enésima reformulación de las Xornadas de Música Contemporánea.
Paco Yáñez


