LA CORUÑA / Debut sobre debut de Fabián Panisello y la Sinfónica de Galicia en el Festival RESIS

La Coruña. Palacio de la Ópera. 30-V-2025. Orquesta Sinfónica de Galicia. Director: Fabián Panisello. Obras de Erkoreka, Xenakis y Chin.
Ocho ediciones han tenido que pasar para que, finalmente, la Sinfónica de Galicia (OSG) haya debutado como orquesta en el que no sólo es el mejor festival de música contemporánea que haya habido nunca en su propia ciudad, La Coruña, sino en uno de los más importantes de España en estos momentos, el Festival RESIS.
Sin embargo, una sola de las tres partituras que conformaban el programa, Metastaseis (1953-54), fue tocada por la OSG con una plantilla de mayor tamaño (sesenta y un instrumentistas), mientras que en las otras dos lo hizo con formaciones camerísticas que se acercan más, por sus dimensiones, a aquéllas que, integradas por músicos de la propia OSG, ya habían participado en RESIS, como el Grupo Instrumental Siglo XX, la OSG Sinfonietta o la Camerata OSG, una agrupación que, precisamente, había tocado la música de Iannis Xenakis en dicho festival, poniendo sobre sus atriles Aroura (1971) para clausurar una quinta edición de RESIS que en 2022 tuvo al compositor greco-francés como protagonista, al cumplirse entonces el primer centenario de su nacimiento.
Pero, antes de escuchar la música de Xenakis, turno fue para la de Gabriel Erkoreka, que en su página orquestal Tramuntana (2017) se acerca al compositor griego por la atención que ambos prestan a la naturaleza como origen de las arrebatadas fuerzas que se ciernen sobre el ser humano; en este caso, el viento que da nombre a la partitura: una tramontana cuyo frío noreste llega a la orquesta para dejar una continua turbulencia en los atriles de la OSG, espoleados por aceleraciones y sobrepresión en las cuerdas que explicitan algunos de los episodios en los que dicho viento azota con más virulencia los paisajes dalinianos de Cadaqués, cuya orquesta estrenó Tramuntana en Barcelona.
Fiel a la querencia de Erkoreka por buscar referencias humanas y culturales para sus partituras, Tramuntana no sólo explicita la inclemencia de los elementos naturales, desde los remolinos que se generan en los glissandi circulares de la percusión a un divisi en las cuerdas que evidencia la dispersión del viento, sino que pone a dicho vendaval en contexto, para diferenciarlo de otros vientos con nombre propio (y acreditada presencia en el arte, la música y la literatura continental) que soplan en Europa, como el föhn, el mistral o el siroco.
Es por ello que, incluso en los pasajes dinámicamente más acuciantes de Tramuntana, como su soberbio clímax (arrebatadoramente expresivo), se entreveran temas del folclore catalán que son llevados por el viento y escuchados en distintos grados de presencia, en un procedimiento muy bello pues la cuerda funciona aquí, con respecto a las maderas que exponen dichos ecos populares, como un filtro que no sólo desvela u oculta esas presencias folclóricas, sino que las mueve, haciendo que cambien su forma, cual ilusión auditiva, al modificarse rítmica o armónicamente fragmentos que, en origen, Erkoreka toma de una llamada de flabiol o de un toque de gralles. A ellos suma el compositor bilbaíno giros melódicos con los que representa la calma habida en el paisaje tras el paso de las más fuertes rachas de la tramontana, completando una partitura repleta de los exquisitos detalles a los que Erkoreka nos tiene acostumbrados.

A realzarlos, contribuyó una de las mejores orquestas de España, la Sinfónica de Galicia, de cuyo gran momento actual nos da cuenta semanalmente nuestro compañero Luis Suñén en su seguimiento de cada temporada de la OSG, una formación con la que debutaba Fabián Panisello, a quien, como director y compositor, ya habíamos visto con anterioridad en RESIS, al frente del PluralEnsemble.
La unión de ambas dimensiones en Fabián Panisello lo convierte en un director idóneo para este tipo de repertorio, en el que conjuga una transparencia estructural encomiable (algo crucial en partituras con el grado de complejidad como las escuchadas a la OSG en RESIS), sin por ello restar un ápice de su fuerza y emoción, una cuestión que en las piezas de Xenakis y Erkoreka resulta fundamental, dando en Tramuntana con el punto justo entre la violencia, la ligereza de las evocaciones populares en las maderas y esa calma luminosidad en la que, entre el viento, resplandece el Mediterráneo.
La segunda partitura escuchada el pasado viernes en el Palacio de la Ópera (sala que no es, ni mucho menos, la ideal para este tipo de música) exige que la pongamos en antecedentes con respecto a la historia reciente de la propia OSG y a la que había sido, hasta el 30 de mayo (con su esperado debut en RESIS) la última participación de la orquesta coruñesa en un festival de música contemporánea en Galicia.
Nos referimos a las Xornadas de Música Contemporánea de Santiago de Compostela, que en 2015 contaron, en su concierto de clausura, con la Sinfónica de Galicia en un programa dirigido por Arturo Tamayo para el que se llegaron a barajar hasta siete partituras en los sucesivos adelantos que de aquel concierto se fueron anunciando, contando como única (e ineludible) pieza fija con la última partitura de Enrique X. Macías (compositor que este año ha estado presente en RESIS, con Arxis Ensemble): la póstuma y colosal Clamores y alegorías (1995).
Entre las partituras finalmente descartadas, que incluían obras maestras del siglo XX como las Drei Orchesterstücke (1913-14) de Alban Berg, estaba Metastaseis, página que nos quedamos con las ganas de haber escuchado a la OSG bajo la dirección de Arturo Tamayo; sin duda, una de las autoridades mundiales en Xenakis, pero para quien la versión B de Metastaseis (la estrenada en 1955 en Donaueschingen por Hans Rosbaud) es un «subproducto», una vez descubierta la versión original (A), por él mismo grabada con la Orchestra Sinfonica RAI (Mode Records, 2008).
Ahora bien, el propio Tamayo había grabado previamente la versión B con la Orchestre Philharmonique du Luxembourg (Timpani, 2006), uno de los escasísimos registros fonográficos de una obra que, en disco, hemos amado aún más gracias al director madrileño. Lo haremos, igualmente, quienes pudimos disfrutar de la interpretación que en RESIS nos ofrecieron la OSG y Fabián Panisello, un director que no sólo ha alabado la espléndida actitud de la orquesta coruñesa en los ensayos y el concierto, sino una interpretación que, según el director argentino, con unos pocos días más de ensayos hubiese sido digna de quedar fijada en disco compacto.
Ello es así, de nuevo, por la combinación de orden y caos, de lógica y violencia, que deja entrever Metastaseis, una partitura que tanto recoge los conocimientos de Iannis Xenakis en matemáticas y arquitectura (cuya síntesis a través del Modulor aplicó en el estudio de Le Corbusier y en páginas orquestales como ésta, para ordenar la dispersión del sonido instrumental) como los terribles episodios por él mismo sufridos en la guerra, descritos por Xenakis como la experiencia acústica más fascinantemente polifónica que hubiese vivido, como se recoge en el libro de entrevistas de Bálint András Varga Conversations with Iannis Xenakis (Faber and Faber, 1996).
Precisamente, la expansión del unísono inicial fue uno de los momentos más bellos en Metastaseis, por la densidad con la que las cuerdas de la OSG lo tocaron, punteado su crecimiento por medio de la percusión, en busca de un divisi que desgaja el material cual si una larga marcha humana fuese dispersada por un ataque bélico (algo que hace la música de Xenakis tan tristemente actual). En esa dispersión, y en el realce que cada atril adquirió en la versión dirigida por Panisello, está otra de las virtudes de esta lectura, y de ello las dos primeras filas de los primeros violines fueron un todo un ejemplo, con un enfoque (ya que con Grecia estamos) más apolíneo y lírico, en la primera; y más dionisíaco y aguerrido, en la segunda: bipolaridad que se extendió al resto de la OSG, cobrando voz propia la técnica, la personalidad y el estilo de cada intérprete que, musicalmente, huía en este caos organizado con el que Xenakis halló nuevos caminos para abrir la férrea doctrina serial tras la Segunda Guerra Mundial.
La violencia de la percusión y los metales, así como su arcaica sonoridad (arquetípica en la música de Xenakis), redobló esa sensación de masividad, desorden, golpeo y dolor infiltrado en la memoria de lo musical a través de las experiencias del compositor. Aunque menos agresiva que la más tensa versión A, la indómita violencia de Metastaseis B no dejó indiferente a nadie, convirtiéndose ya en un jalón del repertorio de la OSG gracias al empeño de Hugo Gómez-Chao, director artístico de RESIS que desde hace años soñaba con programar esta partitura en La Coruña; una obra que, para su generación, es ya un clásico como las de Beethoven, Mahler o Brahms.

Se completó tan especial programa con una de las mejores compositoras de nuestro tiempo, la surcoreana Unsuk Chin, que en Graffiti (2012-13) se adentra en esa plaga que, eufemísticamente llamada «arte urbano», asola hoy nuestras ciudades.
En realidad, estamos ante una partitura para gran ensemble que permite el lucimiento de los primeros atriles de la orquesta, ya desde un noneto de cuerda que, en la OSG, ha estado espléndido, contando con su nueva concertino, la jovencísima Olatz Ruiz, dejando muestras de su gran refinamiento, técnica y afinación: idóneos para abordar una partitura tan virtuosística como Graffiti, en la que Unsuk Chin evidencia la fuerte marca que en ella dejó su formación con György Ligeti, ya desde un primer movimiento, Palimpsest, fruto de una continua acumulación, borrado y rebrote de capas musicales, vibraciones y polirritmos; a su vez, pintados de forma tan heterogénea y variopinta como vemos en las paredes en las que los grafitis proliferan, superpuestos.
Igualmente, los paisajes de la gran ciudad (que podría ser Los Ángeles, para cuya Filarmónica encargó Gustavo Dudamel Graffiti) son el tema del segundo movimiento, Notturno urbano, desde su suspendido arranque de percusión (en la que resuena la música asiática), con continuas aceleraciones y secuencias armónicas truncadas (nueva impronta ligetiana) que nos mantienen en alerta, como lo hacen esas urbes norteamericanas que nunca duermen, por cuyas calles deambulan las vibraciones. Por su parte, Passacaglia, cierra Graffiti remitiéndonos a la marcha que da título a este tercer movimiento: paseo por la metrópolis en el que escuchamos su abigarrado crepitar, aumentando los ritmos, la complejidad y el virtuosismo con respecto al Notturno, retomando elementos del primer movimiento, tanto para conferir homogeneidad a la obra como para remedar musicalmente la técnica del sobrepintando tan propia del grafiti, con los acordes obsesivos que Chin disemina y a los que la OSG ha conferido un color muy actual, dentro de una versión que ha impactado al público por la gran calidad que esta música atesora, así como por el virtuosismo con el que la orquesta la ha tocado, aunque no sean ni su compositora más programada ni su repertorio habitual.
Y es que, a lo largo de las tres décadas que ya ha cumplido la Sinfónica de Galicia, muchas partituras contemporáneas que esta formación ha tocado sonaron, bien fuera de La Coruña, bien fuera de su temporada de abono, como las geniales obras orquestales de Francisco Guerrero —que esta misma orquesta llevó al disco (col legno, 1999-2000)—, las Notations (1980-97) de Pierre Boulez, la antes citada Clamores y Alegorías de Enrique X. Macías, o el Libro del Frío (2007-08) de José María Sánchez-Verdú, por citar unas pocas partituras que, ya sólo por el enorme trabajo que supuso prepararlas, hubiesen merecido ser ofrecidas al público de la OSG en su propia temporada.
Desde luego, la tan positiva reacción del público congregado el pasado 30 de mayo en el Palacio de la Ópera así parece reclamarlo, en el que ha sido nuevo récord de asistencia a un concierto del Festival RESIS (más de quinientas personas); un público que aplaudió con convicción tanto a Fabián Panisello como a los músicos de la OSG y a Gabriel Erkoreka, presente en un concierto de la Sinfónica de Galicia que, en formato de gran orquesta, debería estar presente cada año en RESIS, como el propio festival en la temporada de la OSG, al igual que ya lo está en la de la Real Filharmonía de Galicia.
Paco Yáñez
(Fotos: Xurxo Gómez-Chao / Festival RESIS)


