SANTIAGO DE COMPOSTELA / Josep Planells y la Real Filharmonía reivindican tres formas de inconformismo

Santiago de Compostela. Auditorio de Galicia. 27-III-2025. Sara Ferrández, viola. Real Filharmonía de Galicia. Director: Josep Planells. Obras de Ives, Arias y Berlioz.
Por distintas circunstancias e imprevistos, el mes de marzo ha supuesto el debut de dos nuevos directores al frente de la Real Filharmonía de Galicia (RFG): el alemán Peter Rundel, el pasado día 6, y el valenciano Josep Planells Schiaffino, que el 27 de marzo se subió por primera vez al podio del Auditorio de Galicia para sustituir a Baldur Brönnimann en uno de esos conciertos que, sin duda, le hubiese gustado dirigir al actual titular de la RFG, pues profundizó en la temática que vertebra su temporada de abono 2024-2025, uniendo a tres inconformistas de distintos periodos históricos.
El primero de ellos es uno de los compositores a los que la RFG ha prestado una mayor atención a lo largo de los últimos meses: Charles Ives, un creador genuinamente original que nos sirve, asimismo, para reivindicar lo mejor de esos Estados Unidos hoy instalados en una testosterónica plutocracia.
Nada que ver, por tanto, con los tiempos fundacionales de un país que en George Washington tiene a una de sus figuras referenciales; de ahí, el peso que Ives le concedió en su Holidays Symphony (1897-1913), partitura cuyo primer movimiento, Washington’s Birthday, escuchamos a la RFG, una orquesta que bien conoce ya las texturas disonantes en las cuerdas con las que Ives representa el invierno en la costa este de los Estados Unidos, así como las polirrítmicas irrupciones de temas populares que evocan el folclore yanqui, y en cuya exposición James Dahlgren, concertino norteamericano de la RFG, ha tenido un papel tan destacado como, hoy, contenido.
Al frente de la orquesta gallega, Josep Planells ha intentado, como lo hizo a lo largo de todo el concierto, marcar con transparencia la estructura de cada obra, destacando en las sucesivas secciones de Washington’s Birthday su naturaleza y carácter, ya desde una bouleziana austeridad en una primera parte de reminiscencias puntualmente bergianas, al frenesí de la sección central, mucho más festiva, espontánea y tumultuosa, para llegar a un final emocionalmente expansivo y lírico, rubricando una notable interpretación.
En la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid podemos ver un cuadro pintado en 1796 por el artista italiano Giuseppe Perovani, fruto de un regalo de Thomas Pinckney a Manuel de Godoy por la firma del Tratado de San Lorenzo entre España y los Estados Unidos, un gran óleo sobre lienzo en el que Washington aparece rodeado de preceptos masónicos como la Prudencia, la Justicia, el Espíritu o la Paz. ¿Se imaginan un cuadro análogo del actual presidente norteamericano, cada vez más escorado hacia otro lienzo emplazado a pocos metros en la misma sala de la Real Academia: el de François Gérard que retrata a Napoleón? Afortunadamente, de la mano de Charles Ives nos quedan las esencias, musicalmente alquitaradas, de unos Estados Unidos que entonces eran otros: espíritu que hoy sigue inspirando a sucesivas generaciones de compositores; incluso, fuera de sus fronteras, como a la bilbaína Helga Arias, que en las problemáticas del sexismo en las comunidades afroamericanas pone el foco —junto con otras reivindicaciones políticas y sociales— en I Breath Every Sound You Left Behind (2025), partitura fruto de un encargo conjunto de la Basel Sinfonietta y la Real Filharmonía que el 27 de marzo vivió su estreno en España.

I Breath Every Sound You Left Behind es una interpretación íntima y personal del Poema #3 de Sonia Sanchez, escritora y profesora muy activa en la reivindicación de los derechos civiles en los Estados Unidos. Es a Helga Arias a quien escuchamos, desde la electrónica, una susurrada lectura del poema de Sanchez por medio de la cual se adentra en la vivencia de su propio cuerpo, en cuestiones relacionadas con la identidad, la sexualidad, el deseo, el amor o la nostalgia, contraponiéndoles las formas de apropiación/dominación del cuerpo de las mujeres que se llevan a cabo en las sociedades patriarcales. Une así Arias, por tanto, distintas problemáticas de hondo calado en nuestro tiempo, haciéndolo, asimismo, con una síntesis de electrónica e instrumentos acústicos que se ha convertido en una de sus señas de identidad como compositora, ya sea por la cohabitación de ambos medios en escena, ya por la forma en que lo electroacústico inspira y perfila la sonoridad instrumental en las partituras de la compositora vasca, aquí más acusada a medida que la obra se desarrolla.
En entrevista con Ismael G. Cabral para El Compositor Habla, Helga Arias reconocía que siempre intenta, a la hora de componer una partitura orquestal, «mantener un equilibrio entre pragmatismo e inspiración», algo que, en el caso de I Breath Every Sound You Left Behind, le permite adaptarse a dos formaciones tan distintas entre sí como la Basel Sinfonietta y la RFG. Ahora bien, la programación y el trabajo de Baldur Brönnimann (que también fue titular de la Basel Sinfonietta) han propiciado que la RFG sea hoy una orquesta más flexible y mejor preparada, técnica y estilísticamente, para afrontar los requerimientos de una obra como I Breath Every Sound You Left Behind a la hora dar forma a las delicadísimas texturas tímbricas escritas por Arias.
De este modo, en la primera parte de la obra diría que ha primado el pragmatismo, con sus ritmos progresivamente acumulados en capas prosódicas que confieren un impulso y una direccionalidad a I Breath Every Sound You Left Behind. La siguiente sección sí resulta más inspirada y con un estilo más propio de Helga Arias, con un refinado trabajo en armónicos repletos de sonoridades metálicas y sobreagudos en las que la impronta de la electrónica es más palpable. El rearme rítmico que nos dejará en puertas del recitado presenta, en su comienzo, insospechados ecos —por lo que a Arias se refiere— pendereckianos, a los que se suma un hilado de los vínculos rítmico-tímbricos digno de José María Sánchez Verdú. El trabajo del recitado en la electrónica me ha parecido muy bello, sensual y logrado, apoyado en una orquesta que, con profusión de técnicas extendidas, se convierte en una reverberación del hálito, la respiración que se pretende aprehender cuando ésta ya ha sido, por lo que los ecos del espectralismo conviven con un ruido convertido en paisaje de carnalidad suspendida, hasta que la orquesta permanece como un puro recuerdo de la respiración poética. Como afirmaba la llorada Susana Jiménez Carmona con respecto a la etapa final de Luigi Nono, podríamos decir que I Breath Every Sound You Left Behind es todo un ejercicio de reivindicación política de/desde la intimidad.
Resulta muy interesante, por otra parte, poner esta partitura en contrapunto con el que fue el último estreno de Helga Arias en Galicia, que tuvo lugar en junio del pasado año, cuando la Joven Orquesta Nacional de España y el Ensemble Modern ofrecieron conjuntamente, bajo la dirección de Pablo Rus Broseta en las Xornadas de Música Contemporánea de Santiago de Compostela, Traces of the Blast (In Aftermath of Explosion) (2024), por cuanto ambas nos ofrecen dos formas muy distintas de sublimación del gesto y la fisicidad, ya desde la violencia, ya desde la delicadeza.
Así pues, menos de un año ha tardado Helga Arias en volver a estrenar una nueva partitura en el Auditorio de Galicia; esta vez, con su orquesta residente y con un director al frente, Josep Planells, que como Arias es compositor (recientemente galardonado con el XLII Premio Reina Sofía de Composición Musical), algo que no tengo ninguna duda de que ha contribuido a pulir los resultados escuchados en el estreno español de I Breath Every Sound You Left Behind, muy satisfactorios en cada sección de la obra y con el plus de la presencia de la propia Helga Arias para presentar y acompañar al público en esta interpretación de muy notable factura.
Inconformista por antonomasia en la historia de la música, y uno de los protagonistas de la actual temporada de abono de la RFG, del francés Hector Berlioz escuchamos su partitura para viola y orquesta Harold en Italie, Op. 16 (1834), con la joven Sara Ferrández como solista para completar tan interesante y heterogéneo programa.

La última ocasión en que vi dirigir a Josep Planells en vivo fue en su arrollador concierto dentro del Festival FOCUS del año 2024, dejándonos unas inmejorables impresiones al frente de la Orquesta Nacional de España. En aquel concierto había destacado la unión de expresividad y dominio técnico mostrada por Planells: cuestiones nunca menores en un compositor como Berlioz, cuyas enrevesadas construcciones orquestales precisan un director con tanto carácter para la planificación estructural como sensibilidad para los muchos apuntes líricos y ensoñadores que el francés deja en sus partituras; máxime, en una página de inspiración literaria como ésta.
Así, ya en la inicial Harold aux montagnes Planells incide en la abrupta verticalidad del paisaje, que asienta en un poderoso metal, sin cortapisas, frente al lirismo que exponen viola y arpa, basculando una y otra vez entre el concepto de concierto y el de sinfonía, por su manejo de la relación entre solista y orquesta, de forma que Sara Ferrández ha comprendido a la perfección esa figura que ella representa en Harold en Italie que va de la protagonista a la observadora, así como al propio paisaje de la obra.
En la Marche des pèlerins ha destacado el control del tempo por parte de Josep Planells: ligero y contenidamente espiritual, en sus primeros pasos (si bien muy fluido, como en toda la interpretación), para ir progresivamente ralentizando esta gran marcha que atraviesa Sara Ferrández dejando destellos de una afinación y una exquisitez técnica portentosas, con un control total del arco, las dinámicas y el ataque.
La Sérénade nos mostró que en el acercamiento de Josep Planells a Berlioz nada hay de sensiblero, efectista o rimbombantemente enfático, y sí mucho de control de la forma y la estructura, apostando por un gran refinamiento en cada parámetro musical, algo que igualmente se aplica a su final Orgie de brigands, en la que además convocó algo tan importante en Berlioz como un planteamiento orquestal de corte prácticamente teatral, precinematográfico, cuestión en la que redundan las idas y venidas de Sara Ferrández fuera del escenario y los compases en los que un grupo de cuerdas suena entre bastidores, reforzando la espacialización y el juego de distancias y trampantojos desplegado por Berlioz en un movimiento conclusivo cuyo final condujo Planells con un vigor y un énfasis dignos de mencionar, rubricando una gran lectura, plena de lógica, transparencia y detalles, que nos muestra, además del buen momento de forma de la Real Filharmonía de Galicia, el gran talento que las jóvenes generaciones de músicos españoles hoy atesoran. El público compostelano así lo entendió, premiando a Sara Ferrández y a Josep Planells con una importante ovación.
Paco Yáñez
(Fotos: Manu Vidal – Real Filharmonía de Galicia)


