SANTIAGO / La Real Filharmonía exime de aranceles a la mejor música estadounidense

Santiago de Compostela. Auditorio de Galicia. 6-III-2025. Real Filharmonía de Galicia. Director: Peter Rundel. Obras de Ives, Crawford Seeger, Varèse y Zappa.
En la que fue nuestra crítica del concierto que el pasado 17 de enero abrió el ciclo (EN)FOCO dentro de la temporada de abono 2024-2025 de la Real Filharmonía de Galicia (RFG), ya intuíamos que la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca causaría serios estragos en las relaciones internacionales: perspectiva que, lejos de atenuarse, camino va de convertir el mundo en un polvorín, incluida la guerra arancelaria desatada por la Administración estadounidense con cuanto no sea su «America First».
No sería mal momento, por tanto, para que Europa se defendiese de la plaga de banalización, descerebramiento y estulticia con la que la industria norteamericana de la música comercial nos bombardea cada año, mientras que sus mejores compositores apenas se escuchan en nuestros auditorios, siendo la música de los Ives, Cage, Carter o Feldman —entre otros— prácticamente ignota para nuestras orquestas.
No es éste el caso de la RFG en la presente temporada, pues no sólo en su primer concierto del ciclo (EN)FOCO George Gershwin, Charles Ives y George Antheil tuvieron todo el protagonismo, sino que el propio Ives ha reaparecido en diferentes ocasiones en su programación, incluyéndose dentro de la misma algunas de sus partituras más significativas, como los soberbios y monumentales Three Places in New England (1903-14, rev. 1929-35).
Prácticamente coetáneas, aunque mucho menos conocidas, las Four Ragtime Dances (1902-11) comparten estilo y planteamientos con los Three Places in New England, si bien a una escala más reducida en efectivos orquestales, pero sin dejar de apostar en ellas Ives por el poliestilismo y el frenesí rítmico, en una visión caleidoscópica en la que la permeabilidad entre lo que se entendía como “alta cultura” y “cultura popular” es total. En ello quiso hacer hincapié Peter Rundel en su charla previa al concierto: un encuentro con el público gallego que resultó de lo más interesante, ya no sólo por el dominio musical que el director alemán aquilata de las partituras con las que se ha estrenado al frente de la RFG, sino por los recuerdos que compartió de su colaboración, mano a mano, con Frank Zappa en los últimos años de vida del músico estadounidense.

Igualmente, no dejó Rundel de establecer puentes históricos entre las obras que conformaban el programa, de modo que, tras unas vibrantes Four Ragtime Dances en las que convirtió a la RFG en una rocola de diferentes estilos musicales, con gran contraste entre los más trascendentes y espirituales (los himnos litúrgicos), frente a los más frenéticos y desenfadados (el ragtime), turno fue para la música de Ruth Crawford Seeger, una compositora muy apreciada por Peter Rundel, que pidió al público que escuchase y leyese cuanto pudiese sobre ella, informándonos de que el propio Ives (dentro de su infatigable labor de mecenazgo) había financiado la primera grabación del Cuarteto de cuerda (1931) de Ruth Crawford, una de las partituras capitales de la música de cámara estadounidense.
De dicho Cuarteto, ofreció la RFG su tercer movimiento en la versión para orquesta de cuerda, el conocido como Andante for Strings, dejando unas impresiones realmente notables, en lo que fue un concierto en el que la calidad de las interpretaciones fue creciendo progresivamente, alcanzando momentos de una excelencia artística que diría entre los mejores que haya escuchado a la RFG, algo que vuelve a demostrar la importancia de que nuestras orquestas trabajen con los mejores directores, como es el caso de Peter Rundel en el repertorio contemporáneo, sumándose el hecho de que el propio Rundel fue, de 1984 a 1995, violinista del Ensemble Modern, algo que, sin duda, le permite transmitir a los músicos un conocimiento de la técnica instrumental que se añade a su abrumadora comprensión de las partituras en términos de estructura, como pudimos percibir en un Andante for Strings radiografiado hasta sus más mínimas inflexiones rítmicas y armónicas, sin por ello perder un ápice de emoción.
Se comprende, escuchando este Andante con tal calidad y detalle, por qué György Ligeti fue un gran admirador de una compositora, Ruth Crawford, cuya escritura para cuerdas podríamos situar como un precedente ya no sólo de la propia Lontano (1967), sino de lo que serían las obras orquestales de Francisco Guerrero, por cómo la RFG ha expuesto las oleadas dinámicas, la espacialización y las fluctuaciones microtonales (reforzando la tesitura del cuarteto original con contrabajo), lo que redondeó un momento de genuina belleza muy aplaudido por el público.
Belleza también tiene, y mucha, Déserts (1950-54, rev. 1960-61), obra de ese genio y visionario que fue Edgard Varèse, aunque su forma de comprender la belleza sea otra, desde el diálogo, aquí, entre orquesta y sonidos organizados en una cinta magnética que, como hace trece años en Santiago de Compostela (entonces, con la Orquesta Joven de la Sinfónica de Galicia), volvió a sorprender al público, cosa que no se pudo dar en su integridad en el Festival RESIS de 2023, cuando en el concierto de la Banda Municipal de La Coruña la cinta magnética no había llegado a sonar por un fallo técnico.
El pasado 6 de marzo todo funcionó a la perfección en el Auditorio de Galicia, tanto la proyección de las interpolaciones electrónicas como las propias prestaciones de una RFG en estado de gracia en una partitura totalmente fuera (hasta ahora) de su repertorio, pero que han interpretado con una calidad digna de una grabación discográfica: tal ha sido el nivel de perfección, detalle, estilo y expresividad en una lectura en la que ha destacado la espacialización diseñada por Rundel sobre el escenario: fruto, según nos comentó al finalizar la charla, de su trabajo sobre Déserts con Frank Zappa.

Así, ya no sólo los cinco sets de percusión (¡soberbios!) han creado un espacio de una genuina personalidad propia, sino los grupos de maderas, de metales y el piano, que han redoblado el impacto sonoro y nuestra comprensión de las relaciones armónicas y tímbricas que se establecen en Déserts, tanto entre los propios grupos instrumentales como entre éstos y la cinta magnética, pudiéndose afirmar que pocas veces la hemos escuchado con tal poética y transparencia, además de impacto, pues no han escatimado los músicos de la RFG ataque, rangos dinámicos y carácter: cuestión que a menudo se echa en falta cuando se interpreta el repertorio contemporáneo y se pone el freno ante partituras menos conocidas por nuestras orquestas.
Desde luego, no ha sido esta noche el caso, y de la mano de un excelente Peter Rundel la RFG ha ofrecido cada sección con un gran realce de las voces instrumentales, las resonancias y los ecos de/con la cinta, cuyos sonidos organizados se perciben, así, como una consecuencia más directa del propio ensemble acústico, yendo toda la masa orquestal y electrónica en una misma (y muy firme) dirección al recorrer esos desiertos interiores del espíritu que hoy parecen, tristemente, resecarse aún más.
La segunda parte del concierto ascendió a una rama más moderna del árbol genealógico de la música estadounidense, injerto francés incluido, pues precisamente la de Edgard Varèse fue una de las influencias más decisivas en la música y en el pensamiento artístico de un Frank Zappa cuya veneración por el compositor francés es bien conocida. De hecho, su última producción tuvo como protagonista a la mítica Ionisation (1929-31) del propio Varèse, en una grabación (hoy no comercializada) del Ensemble Modern que contó con la dirección del llorado Péter Eötvös, asesorado entonces por el mismísimo Nicolas Slonimsky, director del estreno de Ionisation en 1933.
Como violinista del Ensemble Modern que fue, Peter Rundel no participó en aquella grabación (de una obra para percusión), pero sí mantenía ya un contacto muy estrecho con un Frank Zappa que precisamente a Peter Rundel confió la dirección del que fue su último disco, The Yellow Shark (1992), álbum del cual escuchamos en Compostela tres temas, junto con otros dos incluidos en The Perfect Stranger (1984).
Ello confirió al concierto un halo realmente especial, sabiendo no sólo de la cercanía humana entre Rundel y Zappa, sino del dominio técnico y estilístico que el director alemán tiene de este repertorio, como demuestra The Yellow Shark, disco que pudimos ver en las manos de varias personas en el patio de butacas, demostrando, una vez más, que hay otros públicos que están ávidos de músicas poco programadas en nuestras temporadas orquestales y que más se dejarían ver en nuestras salas si se abriese un poco el espectro artístico (pues resultó evidente, el 6 de marzo, que al Auditorio de Galicia no fueron pocos los que acudieron específicamente por las obras de Varèse y Zappa).

Desde luego, no se habrán marchado defraudados, pues tanto en The Perfect Stranger como en Dupree’s Paradise, Dog Breath Variations / Uncle Meat y G-Spot Tornado lo ofrecido por la RFG fue excelente, contando con un buen número de refuerzos entre los que se encontraban muchos músicos especializados en el repertorio contemporáneo, como los de Vertixe Sonora (criterio en la selección de los refuerzos que parece, ahora, más certero por parte de la actual dirección de la RFG, algo que se nota en la calidad musical, con los soberbios resultados que nos ofreció la orquesta en un Zappa pleno de ritmo, color, sensualidad y vitalidad, siempre desde una muy firme base técnica).
Asimismo, el comienzo de The Perfect Stranger nos mostró que, más allá de su (cuidada) imagen de transgresor, Frank Zappa era un erudito conocedor de la historia de la música, y los ecos de Edgard Varèse, en los metales, o de Ruth Crawford, en las cuerdas, así lo evidencian, haciendo florecer en su última y más moderna instancia el rizoma estilístico que este concierto ha sido, por medio de uno de sus mejores ejemplos de integración de formas y estéticas en la música de finales del siglo XX.
El público reunido en el Auditorio de Galicia (en una muy notable entrada) así lo comprendió, como igualmente supo valorar la exquisita interpretación por parte de una RFG verdaderamente entregada y en total sintonía con un Peter Rundel que, al finalizar el concierto, me hablaba en términos muy positivos tanto de su semana de trabajo con la orquesta gallega como de los resultados musicales en el concierto, premiados con tal ovación, que se volvió a ofrecer, como encore, G-Spot Tornado de nuevo, esta vez con un plus de velocidad y énfasis que hace que estemos deseando volver a escuchar a la RFG en este repertorio, y con batutas de semejante nivel al frente. Un concierto, por tanto, para el recuerdo, de los más especiales y bien interpretados que recordamos a una RFG que parece en el buen camino.
Paco Yáñez
(Fotos: Manu Vidal – Real Filharmonía de Galicia)


