OPORTO / António Jorge Pacheco se despide de Casa da Música abriendo sus puertas al futuro

Oporto. Casa da Música. 15-XII-2024. Remix Ensemble Casa da Música y alumnos participantes en la Remix Ensemble Academy. Directores: Peter Rundel, Leonard Bopp, Marco Pereira, Estreilla Besson y Carlos Lopes. Obras de Ross, Parra y Lachenmann.
Nuestra segunda crítica dedicada a los conciertos celebrados el fin de semana del 13 al 15 de diciembre en la Casa da Música de Oporto nos servirá para poner de nuevo en valor el grandísimo trabajo desarrollado por António Jorge Pacheco a lo largo de los quince años que ha estado al frente de la dirección artística de este auditorio, una etapa que este mes llega a su fin, coincidiendo con el nombramiento de François Bou como próximo director artístico de Casa da Música, aunque la programación que allí podremos escuchar en 2025 haya sido diseñada por António Jorge Pacheco.
Una de las señas de identidad por las que será recordada su etapa al frente de Casa da Música es la de su apuesta por la creación actual, el fomento de nuevas partituras y la presencia del repertorio contemporáneo en igualdad de condiciones con el tradicional, una situación que, aunque debería ser la habitual en cualquier auditorio que se precie, en contados lugares del mundo ha alcanzado un grado de normalización y una excelencia como la ofrecida por Casa da Música desde su fundación, y no sólo en lo que se refiere a su agrupación especializada en música contemporánea, el Remix Ensemble, sino en las temporadas anuales del Coro Casa da Música y de la Orquestra Sinfónica do Porto.
Tras nuestra crítica dedicada al concierto ofrecido por la Sinfónica do Porto el 13 de diciembre, nos quedamos hoy con el estupendo programa que el Remix nos propuso dos días después, de nuevo en la Sala Suggia e involucrando a los jóvenes músicos y directores que han participado en la edición especial de la Remix Ensemble Academy, de la cual éste del que hoy les damos cuenta era su concierto de clausura, el que sirvió para hacernos conscientes del altísimo nivel que las nuevas generaciones de músicos llegados a Oporto desde distintas partes del mundo nos ofrece para seguir confiando en el futuro de la música, en general, y en el del repertorio contemporáneo, en particular.
Abrió el concierto la azoriana Sara Ross, joven compositora residente en Casa da Música de quien hemos escuchado el estreno mundial de When She Died (2024), partitura para ensemble y electrónica basada en un poema homónimo de Mahvash Sábet escrito a raíz de su detención y encarcelamiento, un texto en el que se adentra en los conflictos étnicos y de género que tan a menudo se sufren en Irán y de los que Sábet es todo un ejemplo de persecución ideológica, llegándonos sus palabras en la traducción de la escritora Bahiyyih Nakhjavani.

Con el propósito de que nuestra mirada a las problemáticas de Oriente Medio sea lo más plural y profunda posible, Sara Ross grabó la lectura del poema por distintas personas, otorgando una mayor polifonía en registros tímbricos, acentos y ritmos a los versos de Sábet, incluido el recitado de Bahiyyih Nakhjavani. Es por ello que las voces —que escuchamos desde la electrónica— buscan esa «extraña especie de luminosidad» a la que Mahvash Sábet se refiere en su poema, y que en el ensemble encuentra un eco en la unión de sutileza, lirismo y drama que se concentran en un piano considerado por Sara Ross como el vórtice de su partitura.
Esa búsqueda de la luz es un proceso que requiere en When She Died de una pugna constante para que los músicos se abran camino entre la profusión de texturas graves que capitalizan el comienzo de la obra, con abundancia de fricciones en la percusión y técnicas extendidas en instrumentos como el contrabajo, cuyo roce de arco contra la caja tiende puentes con la sonoridad de las percusiones, a cuya abigarrada diversidad tímbrica se unen los recitados fonéticos efectuados por los músicos, a mayores de los escuchados desde la electrónica, multiplicando nuestra percepción de las capas poéticas.
When She Died evoluciona desde esas masas texturales hacia el golpeo y una armonía rarificada extrañamente inestable, que insufla elementos dramatúrgicos a la lectura del texto. El sonido del piano, con su presencia fantasmal, en bucles redoblados por el propio carácter cíclico de la electrónica, acaba de conferir un carácter autobiográfico a la partitura, cuya tragedia y expansión de una luz oscilante se refuerza con las dos thunder sheets dispuestas en escena, oscureciendo los brillos que previamente habían intentado exponer, a través de una armonía más lírica, arpa y oboe: tentativas condenadas a la oscuridad en las nuevas resonancias de thunder sheets y voz en off con las que When She Died concluye.
Dirigido por el neoyorquino Leonard Bopp, el Remix Ensemble ofreció el estreno de When She Died compartiendo escenario con los jóvenes músicos de su academia, destacando, como lo haría a lo largo de todo el programa, no sólo el buen entendimiento entre todos ellos, sino la homogeneidad que en estilo han alcanzado, despuntando poderosamente la sección de percusión y su gran riqueza de colores.
La segunda partitura del concierto explicitó otro de los criterios de programación que han sido fundamentales para António Jorge Pacheco desde su llegada a Casa da Música, hace veinticinco años: el que las obras contemporáneas formasen parte del repertorio de las agrupaciones residentes del auditorio portuense, haciendo posible que se profundice en su musicalidad, al programarlas en repetidas ocasiones, consolidando éstas la propia excelencia de los intérpretes.

Tal es el caso de La mort i la primavera (2021), partitura para dos ensembles y dos directores del compositor catalán Hèctor Parra que ya habíamos escuchado en Casa da Música en enero de 2022; entonces, con el Ensemble intercontemporain compartiendo escenario con el Remix; ambos, bajo las respectivas direcciones de Lucie Leguay y Peter Rundel, como les dimos cuenta entonces en Scherzo.
En 2024, la dirección de La mort i la primavera ha sido compartida por Rundel con tres jóvenes directores que han formado parte de su academia, cada uno de los cuales se hizo cargo de dos de las seis partes que componen la obra. En las dos primeras se subió con Rundel al escenario Carlos Lopes, para comenzar una interpretación que, aunque se echen de menos a algunos de los enormes solistas del intercontemporain, me ha parecido más equilibrada entre los dos ensembles y diría que, incluso, mejor trabajada a nivel conceptual, profundizando de forma aún más desasosegante en el mundo de opresión y deseo que nos transmite la novela homónima de Mercè Rodoreda en la que Parra basa su partitura: toda una «expresión trágica de la condición humana», en palabras del compositor barcelonés.
De este modo, los ecos reforzados en esta segunda lectura portuense de La mort i la primavera han incidido en la impronta de György Ligeti en Hèctor Parra, audible en lo más micropolifónico y textural del final del primer movimiento, mientras que al segundo llegan del genio húngaro sus mecanismos y los contrastes armónicos extremos (como los de flautín y contrafagot). Esa concepción del ritmo y de la armonía, con sus redes postespectrales, hace ganar mucho en expresividad a La mort i la primavera, exprimiendo las tensiones sociales y sexuales derivadas de la novela.
Las partes tercera y cuarta subieron al escenario a Estreilla Besson, directora de gesto impulsivo que buscó reforzar la expresividad y lo más visceral de la partitura, concediendo un gran realce a la percusión, en el tercer movimiento, y a la delicadeza de los entramados de alto virtuosismo y refinamiento técnico, en el cuarto.
Pero si de acongojante unión de expresividad y alta dificultad técnica hablamos, sin duda merecen un lugar especial los que Hèctor Parra definió en su día como «armónicos de amor sedicioso» del contrabajo, expuestos de forma impresionante por la estadounidense Zoe Markle en los movimientos quinto y sexto de La mort i la primavera, ya con Marco Pereira como segundo director, ofreciendo destellos de gran altura y la que diría mejor coordinación con Peter Rundel. Con ambos en escena, se han perfilado de forma más acusada los puentes rítmicos y armónicos entre los dos ensembles, como los que unían a piano y contrabajo, jugando en espejo con motivos cuya naturaleza mutaba según los reflejos texturales de cada grupo instrumental. La sexta parte de La mort i la primavera fue un perfecto ejemplo, con sus grandes tutti, polimorfos y huidizos, por entre los cuales Zoe Markle nos han vuelto a dejar algunos de los compases más destacados y aplaudidos de esta nueva y, en conjunto, más vívida interpretación en Oporto de la partitura de Hèctor Parra.

Cerró el concierto la tercera audición en Casa da Música (al menos, que yo haya asistido) de Concertini (2004-05), obra de Helmut Lachenmann que allí pudimos escuchar al Ensemble Modern con Johannes Kalitzke al frente (noviembre de 2006) y al Remix Ensemble con Peter Rundel (octubre de 2015, año en el que Lachenmann fue compositor residente en Oporto). Casi una década después, Peter Rundel ha vuelto a dirigir a un Remix muy reforzado con los jóvenes músicos de su academia, alcanzando unos niveles dignos de un conjunto profesional estable, tanto por el rendimiento técnico como por la coherencia de la interpretación y su unidad de estilo, y nada fácil se lo pone Lachenmann en Concertini, tanto por la profusión de técnicas extendidas como por su diversificación en las situaciones ‘concertantes’ que se expanden por la sala a través de la espacialización que especifica la partitura, sobresalientemente aprovechada en Casa da Música como fruto de las experiencias previas que allí se aquilatan en Concertini.
Así, junto con las intervenciones tan destacadas de solistas como Júlio Guerreiro, en la guitarra, o Carla Bos, en el arpa, jóvenes instrumentistas en piano y metales nos han dejado momentos de fulgurantes resplandores que han saturado el espacio acústico con una unión de ruido y armonía de una belleza subyugante, a la altura de lo mejor que en Concertini hayamos escuchado en esta misma sala. Sin duda, Peter Rundel es un actor central en todo este entramado acústico, volviendo a rubricar su enorme importancia en el desarrollo del repertorio contemporáneo en Casa da Música. A su equipo técnico, así como a los miembros del Remix Ensemble y a los jóvenes músicos de su academia dedicó Rundel unas palabras de agradecimiento al finalizar el concierto, palabras que resultaron especialmente emocionantes cuando se despidió de António Jorge Pacheco, a quien hizo subir al escenario para recibir el caluroso aplauso del público portuense.
Merecido aplauso, y merecido descanso, el que se ha ganado António Jorge Pacheco tras veinticinco años haciendo de Casa da Música un auditorio, en muchos aspectos, único en Europa, un continente que precisa de directores artísticos con la visión, la experiencia y la valentía de António Jorge Pacheco para seguir cohesionando ese archipiélago cultural que, como afirma Massimo Cacciari, es la razón de ser de Europa. Ojalá que el futuro le sea propicio, y que António Jorge Pacheco encuentre un destino a la altura de lo mucho que en Casa da Música nos ha ofrecido.
Paco Yáñez
(Fotos: Rui Oliveira – Casa da Música)


