Últimos claveles para el cincuentenario del 25 de Abril portugués

VOZES DE REVOLUÇÃO: Obras de Carlos Marecos y Jorge Peixinho. Ensemble DME. LISBOA INCOMUM (1 CD)
Aprovechando estos postreros días de diciembre, en los que el 2024 se nos escapa entre las hojas que aún restan en su calendario, volvemos nuestra mirada al pasado mes de abril, en el que conmemoramos el cincuentenario de la Revolución de los Claveles, el movimiento político y social que en 1974 puso fin a la dictadura del Estado Novo en Portugal, abriendo paso a una democracia que se consolidaría con la entrada en vigor de la Constitución de 1976.
Produce una sana envidia el comprobar, cada vez que se aproxima el aniversario de la Revolução de 25 de Abril —como se la conoce en Portugal—, el orgullo que nuestros vecinos muestran con respecto al proceso que los condujo a su actual democracia, algo de lo que les hemos dado cuenta este mismo año en Scherzo, ya fuese por medio de nuestras críticas dedicadas al festival Música & Revolução en la Casa da Música de Oporto, ya con el eco de la Revolución de los Claveles que articuló el concierto de la Orquestra Sinfónica do Porto en el ciclo musica viva de Múnich.
Es por ello por lo que, antes de concluir el 2024, hemos querido recordar una vez más dicha efeméride, que en esta ocasión nos llega en forma de disco compacto, el que el Ensemble DME ha publicado en el sello de la plataforma Lisboa Incomum bajo el título Vozes de Revolução, un lanzamiento que reúne obras de Carlos Marecos y Jorge Peixinho, uno de los compositores portugueses políticamente más activos en el momento de la Revolución de los Claveles.
La mirada de Carlos Marecos a la Revolución de los Claveles se lanza, en A Casa do Cravo (2019), en retrospectiva, tomando forma en una partitura para piano y electrónica convertida en toda una película de los acontecimientos históricos de dicha revolución, incluyendo en su paisaje acústico desde canciones que marcaron aquel 25 de Abril, como Grândola, Vila Morena, de José Afonso, a grabaciones de la ocupación de la Rádio Renascença en 1975, unas grabaciones que el director artístico del Ensemble DME, el compositor Jaime Reis, califica de únicas, por cuanto no se conocen hasta la fecha otras de tal acontecimiento histórico, con la tensión que éstas transmiten entre trabajadores y fuerzas del ejército: privilegiada puerta de acceso al tiempo de convulsión social que sucedió a la Revolución de los Claveles, con la contestación de las fuerzas reaccionarias de Portugal.
Son grabaciones de radio realizadas por Carlos Marecos cuando apenas contaba 11 años de edad, por lo que se acaban convirtiendo en una suerte de diario personal que aquí se cruza con otras referencias en las que se mezclan la naturaleza y la política, pues el propio Marecos afirma que A Casa do Cravo está inspirada en el paisaje del Alentejo, con sus vacíos y signos musicales que rompen el silencio, ya sea los ecos de abril de 1974, ya los conflictos agrarios del año 1979 en el propio Alentejo, con las muertes que salpicaron de sangre el proceso de restitución de las tierras durante la Reforma Agraria.
Precisamente, es una casa de Santiago de Escoural (localidad del Alentejo), la que da título a la partitura, pues en ella se conserva un clavel pintado en su fachada que rememora la revolución de 1974: conjura de tiempos y señal de resistencia de una tierra marcada por las luchas proletarias. Esa suspensión del tiempo resultará primordial en la construcción de la obra, con un piano muy reverberante cuyo sonido evoca desde el arpa japonesa, el koto, a las campanas (con las que establece un diálogo en la cinta al final de la obra) y, por tanto, reminiscencias del piano preparado de John Cage (aunque aquí no lo esté). En el caso de Marecos, la diversificación tímbrica del instrumento se consigue por medio de su modulación en anillo, efectuada por la electrónica en tiempo real al incorporar sonoridades industriales que complejizan la escena acústica, remitiéndonos a la dimensión políticamente más combativa del 25 de Abril y de los tumultuosos tiempos que lo sucedieron: el conocido en Portugal como Processo Revolucinário em Curso (PREC), en el que se incluye la toma de Rádio Renascença.
Con estos elementos, A Casa do Cravo se estructura como un gran arco que desde el silencio se dirige a un silencio finalmente reconcebido, atravesando un clímax central a modo de agitación revolucionaria en la memoria, construido de un modo prácticamente cinematográfico: montaje eisensteiniano que busca no sólo convocar el recuerdo, sino una forma de concientización de cara a un tiempo histórico, éste que vivimos ya en el siglo XXI, marcado por el regreso de las negras sombras que azotaron el pasado.
Todo ello informa la interpretación que aquí escuchamos a Alex Waite, pianista australiano del Ensemble DME, conjunto para el cual fue compuesta A Casa do Cravo en el marco de sus trabajos sobre la conciencia histórica derivada del PREC. Llama poderosamente la atención el modo tan suspendido en que Waite ataca la larga introducción, cual si abordase una página impresionista, evocando un tiempo que progresivamente se puebla de signos para abrirse al pasado, por lo que, junto con la sonoridad de las campanas, algo flota en el ambiente de ritual, de evocación de una comunidad-en-lo-musical que va incorporando voces para convertirlas en recuerdo personal extrapolado a distintos momentos históricos y contextos de lucha social. La soberbia labor de Carlos Marecos en la electrónica (apoyado por el equipo del DME), con un sonido de una calidad excelente en sus muchos detalles, refuerza la construcción de A Casa do Cravo como un espacio histórico musicalmente habitado a lo largo de los casi catorce minutos que la interpretación de Alex Waite aquí dura.
La segunda obra incluida en el disco viene de la mano de uno de los compositores portugueses más importantes del siglo XX, Jorge Peixinho, un creador cuya discografía es lo suficientemente rara como para que cada nuevo lanzamiento se convierta en una celebración (qué tiempos, aquellos de finales del siglo XX y comienzos del XXI, en los que tanto en Lisboa como en Oporto existían decenas de tiendas de discos en las que los compactos de compositores como Jorge Peixinho o Emmanuel Nunes abundaban en sus estanterías, mientras que hoy ni uno solo pude ver en mi último viaje a Oporto, este mismo mes, donde una única tienda de discos —franquicia internacional, para más señas— permanece como un triste y esclerótico eco de aquellos tiempos).
En el caso de Peixinho, escuchamos CDE (1970), obra para clarinete, violín, violonchelo y piano que comparte plantilla con el Quatuor pour la Fin du Temps (1940-41) de Olivier Messiaen, algo que parece infiltrarse en la voluntad de una partitura, ésta de Peixinho, que precisamente quería acabar de forma explícita con un tiempo: el tan nefasto en Portugal del Estado Novo. Es por ello que Peixinho titula su cuarteto con las siglas de la Comissão Democrática Eleitoral (CDE), «una de las más importantes organizaciones políticas de oposición democrática al régimen del Estado Novo», como nos recuerda Jaime Reis en sus estupendas notas para este compacto.
La elección de las siglas, que en origen expresa una voluntad de solidaridad personal y política por parte de Peixinho, se acaba convirtiendo en un entramado musical, al convertirse éstas en alturas a través de la notación alemana: C (Do) – D (Re) – E (Mi), dando lugar a una estructura ternaria de simetrías a nivel micro y macroestructural, así como, principalmente, al «clima predominantemente diatónico existente a lo largo de la obra» —nos dice Peixinho—. Desde esas tres alturas, el compositor portugués juega continuamente con la unidad y la dispersión de los intervalos, trabajando la polarización por medio de los unísonos o, en el otro extremo y abandonada la construcción armónica, del ruido, lo que incorpora elementos musicales de lectura programática, pues, frente a ese ruido desasosegante, el cuarteto es capaz de encontrar puentes tímbricos que expresen una nueva forma de unidad frente a la tensión reinante en muchos compases.
Lejos de circunscribir su partitura a un conflicto político local, Jorge Peixinho despliega nuevos juegos de correspondencias entre iniciales y notación germánica, para así introducir, de forma cifrada, desde el nombre del Che Guevara hasta la palabra «Liberdade». Dichas alturas se tratan, modulan y convierten, como lo hacían las derivadas del título de la obra, en lo que Peixinho dice texturas continuas y discontinuas, a través de la exploración del timbre, de la articulación, de las oscilaciones de frecuencia, las homofonías, etc. De este modo, la división de la obra en secciones hace que en éstas primen estructuras armónicas dominantes, privilegiando Peixinho determinados intervalos, eludiendo una lectura neutral de la armonía, lo que refuerza su comprensión como realidad política, al igual que la estructuración métrica de cada una de estas secciones.
Todo ello se convierte en un gran fluido en proceso de evolución, con diferentes formas de organización polifónica, gestión de la tensión entre ruido/armonía y búsqueda de una forma de temporalidad que abra —valga la redundancia— un tiempo nuevo. Habitantes de ese nuevo tiempo histórico, ya democrático en Portugal, son los cuatro miembros del Ensemble DME que aquí escuchamos: Alex Waite, piano; Beatriz Costa, violín; Carlos Silva, clarinete; y Miguel Rocha, violonchelo. Su versión es muy destacable a todos los niveles, con energía, conciencia del mensaje de la obra, perfección técnica, diálogo camerístico y una mención especial para su forma de construir los puentes tímbricos entre los instrumentos, creando pasajes en los que, sobre una misma nota, se pasa de una textura a otra variando únicamente el color, en una lección bien aprendida, tanto por Peixinho como por el Ensemble DME, de la klangfarbenmelodie schonberguiana.
Las tomas de sonido (efectuadas el pasado mes de agosto) y la masterización (también a cargo de Luís Marques) son excelentes, creando una escena acústica de enorme realismo. El libreto incluye un amplio ensayo a cargo de Jaime Reis, en el que contextualiza histórica y políticamente las partituras de Marecos y Peixinho, así como textos de ambos compositores en los que analizan sus propias obras. Biografías y datos sobre las grabaciones completan este último clavel que en 2024 lanzamos para recordar no sólo la Revolución de Abril de 1974, sino las muchas revoluciones que aún tenemos pendientes en esta tercera década del siglo XXI, para alcanzar un mañana mejor.
Paco Yáñez


