SANTIAGO DE COMPOSTELA / La Real Filharmonía de Galicia presenta su temporada 2025-2026

Santiago de Compostela. Auditorio de Galicia. 19-VI-2025. Nadia Vázquez, gaita. Real Filharmonía de Galicia. Director: Baldur Brönnimann. Obras de Pärt, Bach, Infante, Chaikovski, Ginastera, Vázquez y Sibelius.
Tras la finalización de su temporada de abono 2024-2025, con el estupendo concierto celebrado el pasado 29 de mayo del que ya les dimos cuenta en Scherzo, la Real Filharmonía de Galicia (RFG) y Baldur Brönnimann han vuelto a ofrecernos, como ya había ocurrido en las dos primeras temporadas del director suizo al frente de la RFG, un concierto de presentación de la que, en este caso, será la tercera temporada de Brönnimann al frente de la orquesta de la capital gallega, una temporada en la que la RFG cumple treinta años de existencia, motivo por el cual será una mirada en retrospectiva a la trayectoria de la orquesta la que articule una programación cuyo título, Historias, casi parece un guiño a las Histoire(s) du cinéma (1988-98) del gran Jean-Luc Godard, pues, aunque falte esa S entre paréntesis que le hubiese dado un mayor empaque al título, lo que nos transmite tanto la magna obra del realizador franco-suizo como la propuesta de su compatriota Baldur Brönnimann viene a ser lo mismo: que no existe una sola historia (de la que tantos se quieren apropiar), sino muchas y leídas desde muy diversos criterios y paradigmas; de ahí, que una orquesta pública deba ponerse al servicio de una ineludible dialéctica entre el pasado, el presente y el futuro en la que, precisamente, esa historia se siga construyendo concierto a concierto, abierta a una modernidad que habrá de cimentar el desarrollo de la historia sin dejar de mirar a un pasado que nos informa e impulsa hacia adelante, aunque tantas veces ese pasado sea un lastre del que nos debamos desembarazar.
Para empezar a sumergirnos en una temporada 2025-2026 que comenzará en menos de tres meses (pues el primer concierto de la RFG en los barrios de Santiago está programado para el 18 de septiembre), el concierto de presentación arrancó con el Auditorio de Galicia prácticamente a oscuras, rodeado el público por los músicos de la RFG que interpretaron una muy pausada y contemplativa versión de Fratres (1977), partitura de instrumentación abierta del estonio Arvo Pärt que en Santiago emplazó a percusión y cuerda grave (triangulada) sobre el escenario, mientras que rodeando el patio de butacas se ubicaron cinco dúos de violines y dos de violas (en los palcos) que reforzaron la vivencia de un espacio acústico de fuentes sonoras descentralizadas que es algo que tanto se echa de menos en nuestros auditorios, tan empobrecidos por una recurrente escucha unidireccional que poco tiene que ver con lo que nuestra audición es en el día a día. Por supuesto, esa relectura del espacio (y, con ello, de la relación entre los músicos y el público) no es algo exclusivo de la contemporaneidad, de los Nono, Eötvös, Xenakis y tantos otros, sino que ya en el pasado, desde Gabrieli y Monteverdi hasta el propio Berlioz, la historia nos ha dejado fascinantes ejemplos de la belleza que supone el adentrarse en los temblores y en las vibraciones de un espacio construido musicalmente de este modo.

Intercalado por una presentación (realizada íntegramente en gallego) en la que Baldur Brönnimann nos fue desgranando las claves de lo que será la temporada de abono 2025-2026, el programa continuó con el primer guiño a la historia de la RFG, pues como parte de su concierto fundacional había sonado, en febrero de 1996, la obertura de la ópera Amadis de Gaule (1779), de Johann Christian Bach. Uno estuvo en aquel concierto inaugural de la RFG y, a pesar de que el tiempo pasado ya es mucho, no recuerdo que la orquesta tocase entonces este repertorio como hoy lo hace, en buena medida, por el gran trabajo de quien será, una temporada más, la artista en residencia de la RFG, Amandine Beyer, una violinista cuya concepción del repertorio antiguo resulta mucho más interesante que la ofrecida por quien fue el primer titular de la RFG, Helmuth Rilling, cuyas interpretaciones de dicho periodo histórico resultaban, ya entonces, aburridas y plomizas.
Y es que, cuando la RFG nació, en plena década de los años noventa, Santiago de Compostela era, cultural y musicalmente hablando, una auténtica fiesta, visitando como nos visitaban, semana tras semana, las mejores orquestas, solistas y directores del mundo, motivo por el cual bien sabíamos, en vivo y en nuestra propia ciudad, que lo que Rilling y la RFG nos ofrecían entonces no resistía la más mínima comparación con lo que escuchábamos en el repertorio antiguo a Paul McCreesh y el Gabrieli Consort; en el Romántico, a Claudio Abbado y la Filarmónica de Berlín; en el siglo XX, a Guennadi Rozhdéstvenski y la Concertgebouw de Ámsterdam; o, en el contemporáneo, a Sylvain Cambreling con el Klangforum Wien, por citar sólo cuatro ejemplos.
Siendo así las cosas (máxime, cuando la fundación de la orquesta llevó aparejado, con el paso de los años y de las derivas presupuestarias, que la vida musical en el Auditorio de Galicia quedase prácticamente reducida a la propia RFG) la orquesta de la capital gallega, como otras análogas, por plantilla, en Europa, ha de caracterizarse por un proyecto artístico propio y moderno, y nunca por intentar poner en bucle una rocola de clásicos populares en los que, ya sea en vivo, ya en disco, las comparaciones habían resultado, hasta ahora, odiosas (pues nuevos atisbos en cuanto a criterios interpretativos hemos descubierto en estos últimos dos años a la RFG que hacen de ella una orquesta más atrevida, disfrutable y actual en la ejecución del repertorio tradicional).

Parte de esa personalidad ha de venir dada por un firme compromiso con la música de nuestro tiempo, además de con aquélla que, por ser fruto de un encargo, mejor se ajusta a la plantilla de la RFG. Éste será el caso de los dieciséis estrenos mundiales que le escucharemos en su temporada 2025-2026 dentro del Proxecto Cometas, en el que ocho compositoras y ocho compositores festejarán, con breves piezas de unos cinco minutos de duración, los treinta años que la RFG cumplirá en 2026. Entre estos compositores nos encontramos con primeras voces de nuestra creación actual, como José María Sánchez-Verdú, Lula Romero, Gabriel Erkoreka o Voro Garcia, entre otros.
La mitad gallega de esos dieciséis encargos (una vez que la RFG ha estrenado en las dos últimas temporadas obras de Jacobo Gaspar, Hugo Gómez-Chao o Miguel Matamoro) no parece muy halagüeña en términos de excelencia artística, y de ello fue una palmaria muestra el primer estreno de este proyecto, Tesis 11 (2025), obra de la compostelana Sofía Oriana Infante que abunda en clichés cinematográficos y en una concepción muy poco imaginativa de la orquesta que nos recuerda a quien fue el primer compositor gallego tocado por la RFG, Manuel Balboa, un creador, como Sofía Infante, muy vinculado a la industria del cine, pero en su versión musical más clásica y predecible.
Clásico también resultó el enfoque con el que Baldur Brönnimann dirigió el Scherzo de la Sinfonía n.º 1 en Sol menor, Op. 13 (1866) de Piotr Ilich Chaikovski, imbuido de la admiración del entonces veinteañero compositor ruso por figuras como Mendelssohn, de quien Brönnimann rescató la elegancia en el fraseo o los juegos del viento con los que esta sinfonía se convierte, como se la conoce, en los “Sueños de invierno”.
Claro que, si algo volvió a demostrar el inmediato paso de Chaikovski a las fulgurantes Variaciones concertantes, Op. 23 (1953) de Alberto Ginastera, es que una orquesta como la RFG tiene una sonoridad mucho más adecuada para la música de los siglos XX y XXI, para cuya tímbrica sus instrumentos resultan más pertinentes que para la barroca, la clásica o la romántica. Fascinante impacto, el causado por el final de estas coloridas Variaciones que permitieron a Baldur Brönnimann dar protagonismo a los distintos atriles de la RFG, así como involucrar a los alumnos de la Escuela de Altos Estudios Musicales (EAEM), institución dependiente de la RFG que ha nutrido ya a importantes orquestas de primer mundial de instrumentistas formados en Santiago de Compostela, como el actual trompeta principal de la Sinfónica de Chicago, Emilio Batallán, o Silvia Rozas, flauta solista de la Staatsoper de Hannover. Junto a ellos, otros jóvenes músicos gallegos de prestigio internacional, como el clavecinista Diego Ares o la violinista Raquel Areal, primera gallega integrante de la Filarmónica de Berlín, formarán parte de los solistas a los que escucharemos con la RFG en su próxima temporada, liderando a unas nuevas generaciones cuya gran calidad está llamada a renovar las plantillas de nuestras orquestas, para llevarlas a un futuro mejor.

El segundo compositor nacido en Santiago de Compostela cuya música se incluyó en este concierto, Octavio Vázquez, también forma parte de nuestra diáspora musical, pues desde hace años vive en Nueva York. Su obra orquestal Viúvas de vivos e mortos (2016) tuvo en su estreno como solista a otra gallega residente en los Estados Unidos, Cristina Pato, que en 2016 dio a conocer una partitura que nos remite a tantas mujeres como sufrieron las continuas muertes ocasionadas por los naufragios en la costa gallega. Con Nadia Vázquez como imponente solista, la gaita volvió a contagiar tímbricamente a la RFG y, aunque con muchos dejes tradicionales y folclóricos, se deja escuchar el herido expresionismo y la buena mano que, como orquestador, tiene Octavio Vázquez en el complejo empeño de concertar a una orquesta sinfónica con una gaita.
El director de aquel estreno, Paul Daniel, tenía entre sus especialidades con la RFG la Sinfonía n.º 2 en Re mayor, Op. 43 (1902) de Jean Sibelius, página en la que nos dejó imponentes versiones marcadas por una visión netamente británica de esta partitura, con un recargado énfasis en los componentes posrománticos de la misma. En manos de Baldur Brönnimann, el Finale de esta Segunda no es tan mayestático e inflamado como en Daniel, pero gana mucho en matices (de mayor sabor finlandés), tanto en la construcción en planos del fraseo (soberbios motivos cíclicos de las maderas) como en la progresión estructural o en la alternancia de los vigorosos destellos y las frías sombras que se entretejen en esta sinfonía. Su énfasis en la conclusión y el volumen al que eleva a la RFG nos hablan de una intensidad que ha de mantener la orquesta una temporada más, ya sea con el propio Brönnimann, ya con el nuevo director asistente que en diciembre se elija para sustituir a Sebastian Zinca, cuyo trabajo con la RFG (Sibelius incluido) sólo merece nuestro reconocimiento y el deseo de verlo nuevamente en el futuro sobre el podio del Auditorio de Galicia.
Esa selección del nuevo director asistente es parte de los diversos proyectos y ciclos que la RFG desarrollará a lo largo de su temporada de abono 2025-2026, en la que se incluyen colaboraciones con otros auditorios, festivales (como Cineuropa), programas didácticos o los tres conciertos de (EN)FOCO en los que, sin movernos de nuestras butacas, viajaremos musicalmente a distintos continentes, incluyendo dos monográficos dedicados, respectivamente, al senegalés Seckou Keita y al estadounidense Philip Glass.
Aunque, un año más, echamos en falta la celebración de las grandes efemérides que jalonan esta tercera década del siglo XXI, y que tan importantes hubiesen sido para dar a conocer la música de autores tan poco o nada programados por la RFG a lo largo de su historia como Luigi Nono, Pierre Boulez, Luciano Berio, Morton Feldman, György Kurtág, Friedrich Cerha o Hans Werner Henze (entre otros compositores cuyos centenarios se hubiesen debido celebrar en las temporadas 2024-2025 y 2025-2026), sí hay que destacar de forma muy especial los dos programas que la RFG ofrecerá en colaboración con el Festival RESIS, tanto con Armando Merino como director de un Taller de Composición cuyo profesor será, en el mes de mayo, José Manuel López López, como el que se intuye uno de los más grandes conciertos no sólo de la próxima temporada, sino en las tres décadas de existencia de la orquesta: el que el 30 de abril pondrá sobre los atriles de la RFG dos partituras del calibre de void (2013-14), de Rebecca Saunders, y Coma Berenices (1996), de Francisco Guerrero, junto con un estreno de Francisco Domínguez, todo ello bajo la dirección de Vimbayi Kaziboni.
Esperemos que, entonces, el público (tanto el gallego como el que desde fuera de Galicia pueda venir a escuchar un programa tan atractivo, pues no sólo de turismo de peregrinación ha de vivir Compostela) agote las entradas como lo hizo para este concierto de presentación que ha vuelto a demostrar que la RFG, una temporada más, nos pondrá en el foco de una dialéctica multicultural entre la tradición y la renovación que es el verdadero motor de la historia.
Paco Yáñez
(Fotos: Manu Vidal – Real Filharmonía de Galicia)


