Maurizio Pollini: leyenda viva

Maurizio Pollini: leyenda viva

Entrevistar a Maurizio Pollini, debo decirlo de antemano, no es tarea fácil para mí. Nunca lo fue, a pesar de las muchas veces que nos hemos encontrado. Y no tiene nada que ver con la proverbial timidez del hombre, cuyo carácter reservado siempre le ha hecho ser, de alguna forma, reacio a las entrevistas. No, no es eso: gracias a una amistad fraguada a lo largo de los años, el maestro se acabó revelando poco a poco como un hombre abierto, irónico, muy simpático, además de un excelente conversador, aficionado al buen vino y a la buena comida, a las artes plásticas, la literatura, y, por supuesto, atento a todo lo que sucede en el ámbito político y social. (…)

Querría empezar nuestra charla con una pregunta de carácter general. No cabe duda de que usted es uno de los músicos más importantes de nuestro tiempo, cuya presencia en las salas de concierto se remonta a los años 60 del siglo pasado. Desde entonces han cambiado muchas cosas; no solo la sociedad en la que vivimos, sino también la forma en la que se compone, se escucha y se interpreta la música. Usted, sin embargo, sigue tocando en directo. ¿Por qué sigue siendo tan importante para usted seguir ofreciendo conciertos?

La música en directo, los conciertos, eran, son y serán fundamentales; es más, le puedo decir que durante estos meses de pandemia he sufrido mucho, he echado mucho de menos la posibilidad de tocar en público. Yo, por supuesto, no he parado de tocar en casa, de estudiar, como es habitual en mí… pero no disponer del momento del concierto, durante el cual poder, de alguna forma, rematar todo el esfuerzo del estudio, te quita algo, porque lo que te da el concierto es único, una experiencia irrepetible durante la cual siempre ocurre algo especial. Es curioso, pero es así. Es algo concreto y muy difícil de explicar, pero que siempre se produce.

No cabe duda de que es así, pero su amiga Martha Argerich suele decir que la soledad del pianista durante el tiempo que dura el concierto es “terrible”. ¿Qué opina usted?

En mi caso tengo la impresión de que las cosas son distintas. Sí, seguramente se produce una emoción particular durante el concierto, e incluso antes, y en este sentido entiendo bien lo que dice Martha, pero hay también unos valores positivos que yo espero que se desprendan en el momento de tocar. Y hay que decirlo claramente: la música vive fundamentalmente en esos momentos, en directo. Incluso en casa, en los momentos más intensos que sea posible imaginar, en los profundos momentos de estudio y reflexión, nunca se alcanza el entusiasmo que se produce en los mejores momentos de un concierto. Esto es un hecho absolutamente positivo, que lo compensa todo. (…)

[Foto: Cósimo Filipini/DG]

(Comienzo de la entrevista publicada en el nº 376 de SCHERZO, de septiembre de 2021)