MADRID / Vespres D’Arnadí ofrece una interpretación memorable de ‘Il Mitridate Eupatore’, la ópera cumbre de Scarlatti

Madrid. Auditorio Nacional. 19-X-2025. Ciclo Universo Barroco, CNDM. Paul-Antoine Bénos-Djian, Marie Lys, Ann Hallenberg, Sonja Runje, Anna Devin y Josep-Ramon Olivé. Vespres D’Arnadí. Dani Espasa, clave y dirección. Alessandro Scarlatti: Il Mitridate Eupatore (Venecia, 1707).
El ciclo Universo Barroco del CNDM no ha podido rendir mejor homenaje al tricentenario de la muerte de Alessandro Scarlatti que con la programación de su mejor ópera a cargo de una orquesta de la categoría de Vespres D’Arnadí y de un elenco solista excepcional. Il Mitridate Eupatore es sin duda una de las mejores óperas barrocas de la historia, con permiso de Haendel, y su inclusión en la programación de este curso es un acierto y un felicísimo acontecimiento por el que se debe felicitar efusivamente a Paco Lorenzo. Además, esta obra solo se había interpretado en la era moderna en dos conciertos aislados en 2017 (Beaune) y 2023 (Amsterdam), ambos a cargo del conjunto Les Accents de Noally, y más recientemente, en versión escenificada en el Teatro Massimo de Palermo. Ahora llega a España con actuaciones en Barcelona y Madrid.
La ópera es excelsa, muy especialmente en sus deslumbrantes actos tercero y cuarto, y la música exquisita de Scarlatti se sucede sin interrupción con una calidad impresionante, donde cada pieza expresa el gran valor dramático de un texto de una calidad muy superior a la mayoría al uso en aquel tiempo. La riqueza de la paleta musical del maestro Scarlatti resplandece en la abundancia de piezas pero concentradas como fragantes perfumes, pues las arias son muchos más breves que las que se estilaban ya por entonces y el carácter de cada recitativo, a veces acompañados, son de una riqueza expresiva fuera de lo común.
Alessandro Scarlatti vivió en Roma entre 1703 y 1708 durante la que fue su segunda estancia en la ciudad, uno de sus periodos más prolíficos donde escribió algunas de sus más brillantes páginas. En 1707 estrenó Il Giardino di Rose, encargado por el marqués Francesco Maria Ruspoli y recuperado en años recientes por La Ritirata, y también otra joya como es el oratorio Il primo Omicidio en Venecia. Es posible que ese periodo efervescente se correspondiera con la aparición en Italia de un joven Haendel deslumbrante, y que el renombrado maestro se viera retado por ello para superarse y realizar sus mejores obras, aunque tampoco es menor la influencia del palermitano en el desarrollo musical del entonces joven sajón. Scarlatti ya era un maestro consolidado en todos los géneros musicales, con una larga trayectoria operística en Nápoles y en su estancia anterior en Roma, con una selecta clientela privada y merecida fama, cuando quiso llevar todo su ingenio musical al centro principal de ópera entonces, los escenarios de la ópera pública de Venecia. Para ello compuso en 1707 dos óperas prácticamente seguidas, Il Mitridate Eupatore y Il trionfo della libertà, ambas con libreto de Girolamo Frigimelica Roberti.
Il Mitridate Eupatore se estrenó en el Teatro San Giovanni Grisostomo en enero de 1707. Para intentar afianzar el éxito, se había reunido un elenco de lujo, que incluía al célebre castrato Nicolino en el papel protagonista. A pesar de la brillantez de su música, su estilo era más severo de lo que el público veneciano estaba acostumbrado y la obra fue acogida con frialdad. Il Mitridate fue un fracaso, como lo fue pocas semanas después su segunda ópera. Scarlatti abandonó la ciudad molesto y decepcionado ante las críticas; no volvería a escribir una ópera para Venecia.
La estructura de la ópera sigue la tradicional organización en cinco actos de la ópera veneciana, pero incorpora innovaciones que buscaban una mayor dignidad escénica y una seriedad dramática basada en la tragedia griega. Roberti concibió un libreto muy alejado de las tramas ligeras, absurdas y enrevesadas habituales en la ópera veneciana, llenas de personajes cómicos, hechiceros y otros clichés, para fijarse directamente en el teatro griego con una interpretación de la historia de Electra trasladada al antiguo reino del Ponto y trazado sobre la figura de su rey Mitridates VI.
El relato se centra en las consecuencias de un crimen pasado: el asesinato del rey Mitridates Evergetes a manos de su esposa, Estratonica, y su primo y amante, Farnace, con quien se casa y pasa a ser el nuevo rey. Así los personajes de la ópera se alinean con los arquetipos trágicos. La trama se pone en marcha tras el regicidio, Laodice logra salvar a su hermano pequeño, el príncipe Mitridate, que confía al cuidado del rey egipcio Tolomeo. Años después, Mitridate regresa para llevar a cabo su venganza y cumplir su destino. Roberti redujo drásticamente el número de protagonistas a solo seis, frente a la docena habitual en Venecia, se centró en el desarrollo del drama. y no tuvo reparo en mostrar la muerte de los dos regicidas en escena. Scarlatti plasma con su rica paleta de colores todos los afectos de los personajes de manera sublime, así traza la desesperación, la melancolía o la ira de Laodice, el personaje de mayor desarrollo psicológico, el heroísmo de Mitridate, la fidelidad de Issicratea, la maldad de Stratonica o la crueldad de Farnace, entre otros. Toda una sucesión de recitativos de gran carácter dramático, arias de enorme riqueza y brillantes partes orquestales que en la interpretación del Auditorio Nacional, con un elenco de cantantes y músicos excepcionales, fue un rotundo éxito.

El contratenor Paul Antoine Bénos-Djian, principal protagonista en su papel de Mitridate, o disfrazado como embajador de Ptolomeo como Eupatore, estuvo sencillamente formidable. Hay una serie de arias en su personaje que están entre las mejores de la ópera, piezas de resplandeciente belleza que quitan la respiración y donde Bénos-Djian brilló con sus grandes recursos técnicos y su enorme sensibilidad. Una de las arias más hermosas de la obra es sin duda Patrii numi, amici dèi, una de esas arias lentas de Scarlatti tan aparentemente sencillas como de arrebatadora hermosura, parecida en cierto modo a la conocida Dormi o fulmine di guerra de La Giuditta a tres voces, aunque con unos cambios armónico-expresivos de los que solo Handel daría también buenas muestras. El contratenor estuvo deslumbrante, con una potencia de la emisión plena en una sala como la Sinfónica, algo no tan habitual en su cuerda, un bello timbre de voz lleno de color y un control excelente de la respiración con un magnífico fiato. El cantante utilizo unos fraseos delicados con una expresividad e intensidad emocional insuperables. Pero el personaje de Mitridate tiene otra serie de arias deslumbrantes, como la hermosa Stelle, se il vostro lume del cuarto acto, con un pregnante ritornello con unos violines muy “haendelianos”, por decirlo así, aunque anteriores, y unos bajos profundos. Voi vedete, o dèi d’Egitto es otra aria bellísima con ese habitual juego ente violines primeros y segundos tan scarlattiano, que estuvieron brillantes toda la velada. Si estas son tres maravillas de arias lentas, también en la parte de bravura y agilidad nos encontramos con Se il trono dimando al cielo, que es una música espléndida o con Non è l’ozio riposo beato, con inversiones y disonancias, donde Bénos-Djian hizo un uso de la coloratura elegantísimo. Posee un excepcional control de todo su registro y en los recitativos o los dúos estuvo también sobresaliente.
La soprano Marie Lys, una de las mejores y más elegantes del barroco, hizo el papel de Laodice, hermana de Midridate. Lys tiene un gusto exquisito y posee un timbre de gran belleza con enorme capacidad expresiva y una gran facilidad para las coloraturas, posee un talento excepcional en la ornamentación de los da capo. Aunque ligeramente resfriada, y por lo tanto algo disminuida, su actuación fue brillante en todas sus arias. Hizo una excepcional interpretación de la sublime Cara tomba del mio diletto, una aria de belleza estratosférica, llena de sentimiento, que Lys canto con gran expresividad y una impresionante ornamentación, con un dominio absoluto de sus múltiples recursos. Otra aria muy hermosa es Dolce stimolo al tuo bel cor, con una rica escritura para violín donde el dominio dramático de la soprano brilló, con un control absoluto de los fraseos. Su técnica depurada y su excelsa coloratura brillaron en piezas más agitadas, como Se il tuo sdegno e la mia sorte.
La mezzosoprano Ann Hallenberg demostró en su papel de Estratonica, madre despiadada de Mitridate, que sigue en plena forma a pesar de la veteranía y su dominio del estilo es apabullante, con plena atención al papel dramático de su personaje en recitativos y arias, que abordó con una técnica madura y sobresaliente. Si bien entró algo fría en su primera aria, de mucha bravura, Quante Furie ha il crudo Averno, después mostró todas las cualidades técnicas y expresivas que retiene, como en la excelente Come dolce un sicuro diletto, donde estuvo espléndida, la agitada Odiata, disprezzata con unos sincopados bajos de cuerda o la excelente interpretación de Esci ommai, che più non v’hai loco donde Scarlatti muestra toda su inventiva y variedad con un solo de violín que Farran James interpretó de manera apabullante con una orquesta que supo dar ese tono áspero que el aria requiere. Otra aria destacable fue Il mondo mal sospetta, con las típicas progresiones brillantes de la escritura de Scarlatti.

El papel de Issicratea, esposa de Mitrídate, y de Antígono, ella misma camuflada de embajador egipcio travestido, fue encarnado por la contralto Sonja Runje. Fue quizá la que menos potencia en la emisión de voz tuvo y eso le restó algo de brillo, pero tiene un bello color oscuro, el más oscuro de la partitura exceptuando a Farnace, y muy buena técnica. Runje interpretó con brillantez y sensibilidad el aria Dolce, e fiera ha in volto, una de esas joyas scarlattianas con un violonchelo obligado. También fueron muy destacables las arias Il cielo destina a te il regno, con esos juegos entre violines primeros y segundos tan habituales de Scarlatti o la hermosa Tu sei l’anima del mio core.
La soprano Anna Devin demostró la fuerza de su canto en el papel de Nicomedes, el fiel acompañante de Laocide. Puede que su voz no destaque por una belleza excepcional y sutileza, pero el dominio de la técnica y la emisión de voz son realmente destacables. Su personaje tiene unas arias envidiables, como la impresionante de bravura, digna del mejor Haendel, All’armi, a battaglia, con unas fantásticas trompetas en dialogo con una orquesta efervescente, donde destacó la potente voz y el uso de la colaratura de Devin. También preciosa es Vado sì con pronto piè con el delicado y expresivo oboe solista de Nina Alcanyiz, un aría bellisima, onírica. También acompañada del oboe se lució en el aria Bella gloria d’un gran re, con un continuo excepcional de la tiorba, clave, contrabajo y fagot o en la potente Ingiusta fortuna col globo, con unos efervescentes violines.
Por último, el papel de Farnace, que en la escritura de Scarlatti, corresponde a una tesitura Intermedia entre tenor y barítono, fue interpretado solventemente por el joven barítono Josep-Ramón Olivé que supo adaptarse bien a un registro más agudo de lo habitual. Aunque todavía tiene que pulir más el estilo y su expresividad, Olivé demostró buenas cualidades y fue convincente en su papel en intervenciones como L’allegrezza, chi ben l’intende, el aria de bravura Ottenga la paura o en el intenso recitativo acompañado ll massimo pensier di chi ben regge, tras la sinfonía del tercer acto.
Bajo la elegante dirección de Dani Espasa, Vespres D’Arnadí interpretó con brillantez toda la variada riqueza de la escritura musical de Scarlatti, que además da pie a múltiples intervenciones solistas y de instrumentos obligados. La ópera tiene tres sinfonías, todas de una calidad excepcional. En la primera, la sinfonía pasa de su esplendorosa apertura a la sutileza del segundo movimiento, con un oboe preciosista que interpretó maravillosamente Pere Saragossa. También la del tercer acto y la de inicio del cuarto acto, con un magnífico diálogo entre trompetas y oboes, fueron interpretadas con gran esplendor.

Vespres D’Arnadí presentó una formación de cuerda con cuatro violines primeros y cuatro segundos, liderados con acierto por Farran James y Alba Roca respectivamente, dos violas, dos violonchelos y dos contrabajos, con dos oboes y dos trompetas solistas en sus partes, timbales y un brillante bajo continuo formado por archilaúd, clave, uno de los violonchelos, uno de los contrabajos y un fagot. Dani Espasa realizó desde su habitual clave una dirección sumamente elegante y expresiva, atento a todos los detalles y a la expresión de la riqueza dramática de la música con los múltiples diálogos entre instrumentos, solistas y bajo continuo.
Farran James lideró con excelencia la sección de cuerdas, e interpretó espléndidamente los fragmentos virtuosos, hubo una compenetración total con la segunda sección de violines donde relucieron esos brillantes diálogos de Alessandro Scarlatti. La joven Nina Alcanyiz interpretó con brillantez en sus diversas intervenciones, el sonido de su oboe mostró belleza, con unas articulaciones delicadas. También Pere Saragossa estuvo magnífico, como siempre, en su interpretación en la primera sinfonía y en sus otras partes (que además no pudo acudir al ensayo general por la situación meteorológica en el Levante). Magníficos toda la velada en sus múltiples intervenciones los trompetistas, Carles Herruz y Sergi Marquillas.
El bajo continuo también fue exquisito, con plena atención al carácter de la música y todos los matices únicos de Scarlatti tanto en arias como en recitativos. No es de extrañar si vemos que estaba formado por Miguel Rincón en el archilaúd, el fagot de Josep Borras y el clave del propio Espasa junto al violonchelista Oriol Aymat y Mario Lisarde al contrabajo.
Una velada memorable e histórica con la brillante interpretación de una ópera maravillosa y muy poco frecuentada del gran Alessandro Scarlatti, su ópera cumbre. Sin duda una de las mejores óperas de la era barroca y que merece mucha más difusión. Un gran acierto del CNDM.
Manuel de Lara
(fotos: Elvira Megías)


