MADRID / OBNI, un proyecto galáctico

Madrid. Basílica Pontificia de San Miguel. 28-III-2022. Festival Internacional de Arte Sacro de la Comunidad de Madrid (FIAS). OBNI. Directora y violín principal: Miriam Hontana. Obras de Vivaldi y Bach.
Me comentaba anoche, tras el concierto, un buen amigo francés (músico y musicólogo, entre otras muchas cosas) que se está dando en España el mismo caldo de cultivo que se dio en Francia hará cosa de quince años, el cual propició algo parecido a una ciclogénesis de la que salieron infinidad de grupos especializados en música antigua (barroca, sobre todo), a cuál más formidable y joven. Claro, que para consolidar esta prodigiosa explosión de talento hacen falta dos cosas que sí hubo entonces en Francia, pero que dudo mucho que pueda haberlas ahora en España: dinero y valentía por parte de los programadores para contar regularmente con estas formaciones neonatas.
Lo de anoche fue un parto en toda regla. La madre de la criatura, a la que se le ha puesto el original nombre de OBNI (Objeto Barroco No Identificado), es una violinista de solo 24 años: Miriam Hontana. La hemos podido ver y escuchar de un tiempo a esta parte formando parte de otras agrupaciones españolas también noveles: Wave in Tempo (de la que es director otro genio precoz, el contrabajista Ismael Campanero, que tantas cosas en común tiene con Hontana), Concentus König (Jorge Suárez-Muñoz), Tiento Nuevo (Ignacio Prego) o L’Apothéose. Aún en proceso formativo, Hontana sigue bajo la tutela de Ana María Valderrama, en violín moderno, y de Oliver Fourés, en violín barroco. No son malos mentores, no.
Como muestra de desparpajo, pero también de ambición, Hontana presentaba un programa con algunas de las páginas más brillantes (y complicadas) de la literatura violinística del Barroco: el Concierto para cuerdas en Sol menor RV 156, el Concierto para cuatro violines en Si menor RV 580, el Concierto para dos violines y violonchelo en Re menor RV 565 y el Concierto para cuerdas en Do menor RV 114 (únicamente la Ciaccona) de Antonio Vivaldi, y el Concierto para dos violines en Re menor BWV 1043 de Johann Sebastian Bach, además del Concierto para clave en Re menor BWV 1052, asimismo de Bach, este para lucimiento personal, quizá, de Daniel Oyarzabal, cuya entusiasta implicación ha contribuido sobremanera a la creación de algunos de estos grupos a los que antes me refería.
Hontana tuvo el buen tino de rodearse de tres excepcionales violinistas, también de nuevo cuño: el ucraniano Vadym Makarenko (que, como tantos otros compatriotas suyos, está viviendo agobiado desde la distancia la trágica situación por la que atraviesa su país), Simone Pirri (colaborador habitual del Ensemble Diderot de Johannes Pramsohler) y Sònia Benavent (a la que hemos visto ya en varias ocasiones junto a Hontana en otros grupos). Completaban el elenco el violista Samuel Sedano, el violonchelista Alejandro Saúl Martínez (otro nuevo valor de la inagotable cantera cubana) y los ya mencionados Campanero y Oyarzabal.
Desde la primera nota pudo percibirse en la abarrotada Iglesia de San Miguel (tan abarrotada que hubo que habilitar sillas en los pasillos, lo cual no impidió que se quedara gente en la calle) que nos hallábamos ante un acontecimiento especial. Sin la más mínima inhibición, los miembros de OBNI se entregaron a unas desenfrenadas lecturas de estas formidables composiciones vivaldianas y bachianas. El desenfreno no impidió que los pasajes lentos estuvieran sazonados con una profunda lírica. Viéndolos y escuchándolos, nadie pensaría que estaban ante su presentación, ni que estaban saliendo gloriosamente airosos de esos escollos en los que tantos otros violinistas, de nombres consagrados, acaban naufragando. Porque la música para violín de Vivaldi, sobre todo, tiene muchas cosas, pero, desde luego, entre esas cosas no está la clemencia para quienes se enfrentan a ella. Los cuatro violines, empezando por Hontana, claro, estuvieron soberbios, lo cual no quiere decir que ese auténtico fragor se produjera algún pasaje algo embarullado. Pecata minuta, desde luego, en el contexto de la velada.
Así las cosas, el frenesí del público fue creciendo, hasta transformarse en algazara generalizada. San Miguel, el arcángel que da nombre a esta iglesia, volvió a hacer otro milagro, como viene siendo ya tradición en el FIAS. Ahora solo hace falta otro milagro, más complejo: que aparezcan los medios económicos y los programadores valientes para que esta memorable experiencia de OBNI no sea flor de un día.
(Nota: OBNI no debe confundirse con OVNI, otra joven formación, esta francesa y dirigida también por una violinista, Emmanuelle Dauvin. OVNI es acrónimo de Organ & Violin New Interpretation)
Eduardo Torrico


