MADRID / Maryanne Amacher en VANG: viaje al oído interno

Madrid. CentroCentro. 25-IV-2026. Edwin van der Heide (Recombinant Media Labs), difusión del sonido. Maryanne Amacher: Plaything.
Es el ciclo VANG la única iniciativa madrileña que presta atención a la creación electroacústica. Lo ha hecho, en época reciente, presentando la obra Persépolis, de Iannis Xenakis (de la que dimos cuenta) e invitando al artista sonoro Thomas Ankersmit (de cuya propuesta hablamos aquí). Llevaban tiempo sus responsables queriendo mostrar en la ciudad la música de Maryanne Amacher (1938-2009), objetivo nada sencillo por cuanto que la creadora norteamericana dejó muy poca música escrita (quizás con la salvedad de la interesante Petra, para dos pianos) y muchas de sus piezas electrónicas quedaron dispersas en archivos que ahora son custodiados por algunos de sus colaboradores con menos interés patrimonial que pecuniario.
En 2024 el Ensemble Contrechamps interpretó en Barcelona la compleja GLIA, para ensemble y electroacústica (que reseñamos en este artículo) y el pasado sábado, el Auditorio de CentroCentro acogía con una excelente entrada de público la difusión por altavoces de Plaything, un diseño sonoro que Amacher ideó en el año 2000 y que cuenta con un valedor excepcional, el compositor e investigador Edwin van der Heide. Se habrá de poner en valor, y de qué forma, el profuso conocimiento que este posee de la obra de la artista de Pensilvania. Quedó demostrado en la audición planteada, con un volumen intensísimo, pero no agresivo; suficiente para hacer notar algunos de los efectos otoacústicos, espejismos sónicos que plantea Plaything.
Inesperado poema electroacústico, la obra propuesta sintetiza de manera fenomenal muchos de los intereses estrictamente físicos del trabajo de Amacher pero estos se ven engrandecidos por una sólida construcción en arco; la música parece provenir de algún lejano lugar cavernoso e ir a morir al mismo espacio. Van der Heide, con su difusión, acentuó esa idea de viaje —no siempre presente en otras piezas más descarnadas y crudas de la autora— y por ello mismo Plaything resulta un vehículo idóneo para adentrarse en su universo sonoro.
Con pasajes de morfología geológica y algunas vastedades de dimensiones xenakianas, cuando en la lejanía veíamos venir (con impronta casi plástica) esos agudísimos tonos puros, ondas simples, que en repiqueteo caracterizan el lenguaje electrónico de Amacher; se hacía palpable el ímpetu amenazante de una música experiencial de catárticos resultados. Su intérprete no tuvo que recurrir a nada más que a la fuente —Amacher— con el Auditorio con luz tenue y sin ninguna pantalla, con él mismo entre el público, sin atisbo de afán protagónico. Un espectáculo.
Ismael G. Cabral
(foto: CentroCentro – Amapola creativa)


