MADRID / Divertida ‘Partenope’ en el Real

MADRID / Divertida ‘Partenope’ en el Real

Madrid. Teatro Real. 13-XI-2021. Haendel, Partenope. Brenda Rae, Iestyn Davies, Teresa Iervolino, Anthony Roth Costanzo, Jeremy Ovenden, Nikolay Borchev. Director musical: Ivor Bolton. Director de escena: Christopher Alden.

Cada vez que el Real escenifica una ópera barroca, salgo del teatro con la sensación de que ha dejado escapar una magnífica ocasión para mostrar en todo su esplendor uno de los periodos más exuberantes de la historia de la lírica. No voy a negar que esta Partenope resulta divertida, pero tampoco que dista mucho de alcanzar el nivel de excelencia que se le supone al que ha sido hace bien poco proclamado mejor teatro de ópera del mundo. El origen de tal decepción se puede resumir en tres aspectos: voces inadecuadas para papeles clave, orquesta incapaz de crear colores y dirección plana.

Brenda Rae (Partenope) posee una voz voluminosa y bien proyectada, una brillante capacidad para ornamentar y una atractiva presencia escénica. Pero todas esas virtudes quedan obturadas por su constante vibrato. El vibrato es a la música barroca lo que el kétchup a la cocina: mata cualquier sabor. Da igual que estés comiendo una langosta que una pizza industrial congelada; lo único que te llega al paladar es el maldito kétchup. Rae cantará muy bien, no lo pongo en tela de juicio, pero su falta de adecuación al estilo barroco resulta palmaria.

En cuanto a la Orquesta Titular del Teatro Real, no digo que no funcione en otros repertorios, pero en Barroco está más perdida que el barco del arroz. No seré tan ingenuo como para esperar que el Real pueda tener algún día una orquesta barroca propia (como la tiene la Ópera de Zúrich, por ejemplo) o, al menos, que cuente un retén de especialistas historicistas (como el de la Scala de Milán). Peo sí creo que podría traer para estos casos a alguna de las varias orquestas españolas especializadas, que son muy buenas (de hecho, así ha ocurrido alguna vez con la Barroca de Sevilla). Al menos, en esta Partenope han tenido el detalle de meter trompas y trompetas naturales.

Y por lo que a la dirección musical respecta, nunca llegaré a descifrar por qué se le considera a Ivor Bolton un experto en música barroca. Ya aquellos primeros pasos suyos por este terreno con los St. James’s Baroque Players (principios de los 80, cuando fundó en Londres junto a su esposa, Tess Knighton, el Festival Lufthansa) fueron desalentadores. Cada vez que lo he escuchado luego en el Real (Rodelinda, La Calisto…), no he percibido tensión ni matices en su conducción. Su continuo no puede ser más descafeinado (no entiendo la manía de traer siempre a Michael Freimuth y a su tiorba, que parecen formar parte del atrezo, porque jamás se escucha una nota).

Casi todos los libretos de óperas haendelianas son disparatados, pero Partenope lo es todavía más, pues se trata de una ópera cómica. Eso da pie al director de escena Christopher Alden a hacer de su capa un sayo: sitúa la acción en el París de los locos años 20. Partenope es (según se afirma en el programa de mano) Nancy Cunard, la escritora inglesa que se instaló en la capital francesa después de la Gran Guerra y se hizo célebre en las fiestas de la alta sociedad por sus atrevidos modelos y por su fama de bebedora y promiscua. La trama respeta el original: Arsace sigue enamorado de Rosmira, que aparece travestida de Eurimene; Armindo ama a Partenope, pero esta está enamorada de Arsace; Rosmira reprocha a Arsace que la haya abandonado; aún travestida en Eurimene, Rosmira acaba revelando la impostura cuando Partenope y Arsace se hallan a solas; para que no falte de nada, Emilio pide matrimonio a Partenope, que no acepta, por cual le declara la guerra. ¡Quién te entienda, que te compre!

El primer acto trascurre en el amplio salón de un apartamento parisino con una gran escalera, donde los personajes juegan a las cartas, beben, fuman y bailan. De repente, se ponen unas caretas antigás, mientras Partenope se zampa un plátano (sí, ya lo sé: la mayor parte de las veces, algunos registas hacen montajes para que los entiendan sus amigos más cercanos; el público les trae al pairo). El escenario del segundo acto podría ser un laboratorio fotográfico (conclusión a la que se llega porque Emilio está todo el rato cámara en ristre), con un váter incluido que es como el camarote de los hermanos Marx, porque por allí pasan todos, esté o no ocupado. En un alarde de ingenio, Alden deja a la vista a Rosmira/Eurimene defecando y leyendo el periódico (¡viva la escatología!). Y el tercer acto se sitúa en una especie de ático, con los personajes, empijamados o embatinados, intentando aclarar entuertos. El golpe cómico lo da Armindo, cuando baila claqué y toca unas castañuelas mientras canta (el detallito folclórico español hace estallar de júbilo al público).

Por lo demás, todo es encomiable: magníficos el contratenor Iestyn Davies (Arsace) y la mezzosoprano Teresa Iervolino (Rosmira/Eurimene) en sus roles de amantes desenamorados o, más bien, de desenamorados que intentan volver a ser amantes. Efectivo, as usual, el tenor inglés Jeremy Ovenden (Emilio) como fotógrafo/militar protervo. Ramalazos de fulgor por parte del contratenor Anthony Roth Costanzo (Armindo), al que le van como anillo al dedo los papeles histriónicos (recuerda bastante a Dominique Visee, pero con más voz y mejor estilo). Y el barítono Nikolay Borchev (Ormonte) cumple a la perfección en su cometido secundario.

En circunstancias normales, quizá habría contemplado con mejores ojos esta Partenope, pero todavía sigo impactado por la antológica Partenope que dirigió William Christie, con los chicos de Le Jardin de Voix, el pasado 24 de octubre en el Palau de les Arts de Valencia. ¡Qué cosas tiene la música: en apenas tres semanas he pasado de escuchar a la mejor Partenope de mi vida (Ana Vieira Leite) a la más insatisfactoria (Brenda Rae)!

(Foto: Javier del Real)