LA CORUÑA / La plena madurez de Pierre Hantaï al cumplir 60 años

La Coruña. Teatro Rosalía de Castro. 27-II-2024. Pierre Hantaï, clave. Obras de Haendel y Bach.
Sin que haya pasado todavía un año del extraordinario concierto que Pierre Hantaï nos ofreció en la última edición de la Semana del Corpus de Lugo, ha vuelto el clavecinista francés a Galicia para regalarnos otro recital que quedará para el recuerdo; en esta ocasión, dentro de la programación de la Sociedad Filarmónica de La Coruña, entidad que en 2024 cumple sus primeros ciento veinte años de existencia.
Como en Lugo, Pierre Hantaï se ha vuelto a decantar por un clave Andreas Kilström construido a partir de un modelo de Thomas Hitchcock fechado en torno a la tercera década del siglo XVIII; así que, de nuevo, una elección de lo más adecuada para abordar las partituras que han conformado su recital herculino, volviéndose a constatar lo que en mayo de 2023 señalamos en Scherzo: la ductilidad, los contrastes armónicos y los hermosos timbres que destila este instrumento, propiedad del clavecinista coruñés Fernando López Pan.
Concierto de dos horas de duración y de una considerable exigencia para el oído atento, se abrió con una Allemande de la Suite en Mi menor HWV 438 (c. 1710-17) de Georg Friedrich Haendel especialmente intimista y recogida en manos de Pierre Hantaï, sin desbordar aún la masa de sonido que habríamos de escuchar en posteriores partituras haendelianas, en las que Hantaï construye desde los teclados un volumen genuinamente orquestal.
Ahora bien, el gran protagonista de la primera parte del concierto fue Johann Sebastian Bach, un compositor que diría más afín a Pierre Hantaï que Haendel, en cuanto a poética y sensibilidad. Ello se evidenció de forma primorosa en un Preludio, fuga y allegro en Mi bemol mayor BWV 998 (c. 1735) en el que Hantaï puso un cantábile de gran calidez junto con lo más abstracto y geométrico de una fuga que concibe como un perpetuum mobile que vuelve sobre sí mismo una y otra vez, incorporando matices, gradaciones cromáticas y ligeras inflexiones en ritmo y dinámicas que le confieren su poderosa síntesis de unidad en la diversidad. El contraste con el Allegro conclusivo resultó muy marcado en tempo, resolviendo Hantaï este BWV 998 a una velocidad vertiginosa en la que no pierde un ápice de precisión en el fraseo: deslumbrante, como plenos de poesía han sonado los contrapuntos en el teclado superior, con su sordina tan expresiva para ampliar los espacios en resonancia, a modo de voz y eco.

También monumental ha sido la interpretación de la Partita nº4 en Re mayor BWV 828 (1728), ya desde una obertura marcada por una técnica impresionante, expuesta con fulgor y notable libertad por parte de un Pierre Hantaï que nos ha dejado muy personales trazos de creatividad, dentro de su habitual rigor constructivo. Como la Allemande de Haendel que había abierto el concierto, la de esta Partita BWV 828 vuelve a sonar con gran lirismo y poesía, pero mostrando esa mayor afinidad bachiana a la que antes nos referíamos, con un cantábile de gran hondura y calidez: sublime expresión de un anhelo continuamente renovado como forma de trascendencia a través de la armonía.
De dicha suspensión intemporal emerge Hantaï en una Courante tan contrastante en tempo como aplastante en lógica estructural. Así, del maestro del contrapunto pasamos al homo ludens que deja incesantes muestras de prestidigitación con el color. En un nuevo y acusadísimo giro, el Aria fue planteada por Hantaï como una exploración del silencio: todo un manual para abismarse al blanco, a ese lienzo albar que acaba cobrando tanta importancia como las propias notas. Un sutil manejo del doble teclado y de sus registros sirvió a Pierre Hantaï para conferir relieves a esa poética del ascetismo y la fragilidad. Ya que estamos en pleno centenario de un rendido admirador de Bach como lo fue Eduardo Chillida, sus diálogos sobre papel entre vacío, relieve y materia se antojan un paralelismo más que pertinente para esta deslumbrante Aria de la Partita nº4. En el desarrollo de las danzas finales se ha puesto el énfasis en los ecos franceses, rubricándose la interpretación con una Gigue de gran poderío y volumen que vuelve a sonar orquestal, digna del gran director de Bach que el propio Hantaï es hoy en día.
Cerró la primera parte del concierto un nuevo guiño del clavecinista parisino a quien fue su maestro en Ámsterdam, Gustav Leonhardt, autor de la transcripción escuchada en La Coruña de la Chaconne de la Partita para violín nº2 en Re menor BWV 1004 (1720), un trabajo que Hantaï desgranó con un mecanismo arrollador que, en todo caso, no exime la sensación de que la transcripción no acaba de funcionar, ni mucho menos, como el original, perdiéndose parte de su riqueza, aunque hay que destacar que en algunos compases Leonhardt nos dejó soluciones atrevidas y originales, como densidades armónicas que hemos de calificar de pre-ligetianas, a través de un formidable abigarramiento del pulso, o una exploración del registro grave en el que se alcanzan algunas de las notas más oscuras del recital: conquista de los pilares del sonido a los que Hantaï llega, curiosamente, con lo que parece más la evocación de un laúd que del violín original.

Tras un intermedio que Pierre Hantaï y Fernando López Pan aprovecharon para realizar algunos ajustes en el clave, volvimos a disfrutar en Galicia (pues se trata de una partitura que ya fue tocada el pasado año en Lugo), de la soberbia Suite nº3 en Re menor HWV 428 (1720) de Georg Friedrich Haendel, obra de la que Hantaï es un consumado intérprete, como muestra su registro del año 2020 para el sello Mirare.
Las líneas maestras de la interpretación escuchada en 2024 no difieren mucho de lo que le conocimos en mayo de 2023, si bien en La Coruña con un sonido más difuso y menos directo, debido al mayor tamaño del Teatro Rosalía de Castro: demasiado grande para un recital de clave, pues un instrumento tan delicado como éste pierde presencia, más allá de las primeras butacas. Si en Lugo Hantaï enfatizó la fuga, marcada con una portentosa digitación que fue pura transparencia en cada una de sus febriles escalas, en La Coruña le ha sumado severidad en el contrapunto para alcanzar un volumen arquitectónico con el que parecía querer ganar en presencia, consciente de que debía dar un plus de sonido para que su clave resultase audible.
Pasando a la Allemande, resulta curioso comprobar qué diferente forma de enfocarla ha expuesto Hantaï en la Suite HWV 438 que abría el concierto y en esta segunda danza de la HWV 428, que atacó de forma más rápida, sin la pátina tan crepuscular con la que nos sorprendió en el comienzo de su recital. Lo que no ha cambiado es el ejemplar fraseo y la musicalidad tan de ley en esta Allemande. El paso a la Courante nos deja otro nuevo ejemplo de flexibilidad, tanto en la interpretación de Pierre Hantaï como en el propio instrumento, con una respiración más abierta, febril y ágil, en la que prima el virtuosismo. Nuevamente, Air y sus 5 Variations vuelve a ser uno de los momentos estelares del concierto, maravillosamente apoyado el aliento más libre de la mano derecha en su ejercicio de canto por una mano izquierda que Hantaï concibe como un delicadísimo apoyo armónico, cual bajo continuo: todo un diálogo entre la gran ornamentación (que Hantaï refuerza más en Haendel que en Bach) y el virtuosismo, siempre al servicio de la belleza. La acusada individualización de las voces en las variaciones da lugar en el Presto final a otro apabullante ejercicio de celeridad en el fraseo, pleno de efusividad, cromatismo y direccionalidad. Hantaï concibe este Presto como una coda para toda la Suite en Re menor, reforzando los cambios de registro y un mecanismo que nos ha vuelto a dejar otro momento álgido del concierto, acerando el contrapunto y tendiendo un continuo más ligado entre ambas manos; como en 2023, con flexibilidad y lo que ya apunta a un muy expresivo rubato.
Cerró el concierto la Partita nº2 en Do menor BWV 826 (1727) de Johann Sebastian Bach: otra demostración de estilo y filiación al más alto nivel con la música del Kantor, comenzando por una Sinfonia transparente, fresca y netamente enunciativa, en la que Pierre Hantaï desliza nuevos ecos galos que confieren a la música de Bach el aroma tan europeo que el clavecinista parisino suele destacar en estas partituras. La Allemande vuelve a mostrar las diferencias entre la música de Händel y la de Bach, apostando aquí por una mayor firmeza y una línea de fraseo elegantemente vocal. Como buena Courante, la de esta partita en manos de Hantaï ha sido febril y enérgica; máxime, tras los juegos tímbricos tan delicados que nos había dejado el músico francés en los brumosos paisajes de una Allemande con la que la Sarabande tiende un puente de tonos ocres en su acusada densidad cromática, aunque sin haberse ralentizado mayormente el tempo, lo que la ha convertido en una síntesis de las previas Allemande y Courante. Un Rondeaux de alto voltaje volvió a convocar ecos franceses, con una precisión rítmica arrolladora, marcada por una digitación y un mecanismo portentosos, con un énfasis en el acento que casi suena a taconeo: tal es la energía con la que proyecta su cuerpo Pierre Hantaï contra el teclado del soberbio Andreas Kilström de Fernando López Pan.
Igualmente espectacular ha sonado el Capriccio conclusivo, con su impactante construcción polifónica y su amplia gama tímbrica, que nos vuelve a recordar no sólo la idoneidad de escuchar esta música al clave, sino lo mucho que se pierde cuando se lleva a un piano donde el color y el propio frenesí rítmico del clave se apagan en pos de un sonido más romo y romántico. Nada de ello sufre quien es uno de los más grandes clavecinistas de nuestro tiempo, así como uno de los intérpretes que mejor comprende la música de Johann Sebastian Bach, dentro de esta esplendorosa madurez artística en la que Pierre Hantaï entró prácticamente desde su juventud. El 28 de febrero, un día después de su recital en La Coruña, Pierre Hantaï cumplía 60 años, así que no sólo debemos felicitarlo por tan redondo aniversario, sino por el que, sin duda, al final de este 2024 se recordará como uno de los mejores conciertos del año en Galicia.
Paco Yáñez
(Fotos: Paco Yáñez)


