LA CORUÑA / El Festival RESIS celebra el centenario de Pierre Boulez con el Quatuor Diotima

La Coruña. Iglesia de las Capuchinas. 3-V-2025. Quatuor Diotima. Obras de Boulez, Illés y Lachenmann.
Tras el soberbio inicio de la octava edición del Festival RESIS que nos regaló, el pasado 25 de abril, el Arxis Ensemble, una semana después turno fue para una de las citas más esperadas del festival fundado y dirigido por Hugo Gómez-Chao: el concierto que en la Iglesia de las Capuchinas protagonizó el Quatuor Diotima, agrupación francesa que por segunda vez visitaba RESIS, tras el impresionante programa que en 2023 interpretaron en La Coruña con partituras de Ludwig van Beethoven, György Ligeti y Helmut Lachenmann, un concierto del que en su día les dimos cuenta en Scherzo y que quedará para el recuerdo como uno de los mejores que se hayan escuchado nunca en Galicia.
En 2025, la música de Helmut Lachenmann ha vuelto a estar sobre los atriles del Quatuor Diotima, al ser el compositor alemán el gran protagonista de la octava edición de RESIS, completándose el programa con partituras del húngaro Márton Illés y de Pierre Boulez, sumándose así tanto el festival herculino como el Quatuor Diotima a la celebración del primer centenario del compositor francés: conmemoración que, en el terreno discográfico, ha tenido precisamente en el Diotima uno de sus puntos álgidos, con su segunda grabación del Livre pour quatuor (1948-49, rev. 1954-2012) de Boulez (en la edición completada por Philippe Manoury), un disco publicado por el sello Pentatone que fue distinguido como Excepcional por Scherzo en nuestra revista de abril.
De Livre pour quatuor, en RESIS el Diotima interpretó cinco fragmentos, comenzando por las secciones Ia y Ib, en las que pudimos comprobar el grado de asimilación que el Diotima tiene de una obra que Franck Chevalier, viola del conjunto francés, concibe como un verdadero cuarteto cuando éste se programa en su totalidad, pero como una suerte de poemas con personalidad propia si sus secciones se tocan de forma independiente; de modo que ésa ha sido la idea que ha guiado la interpretación de Yun-Peng Zhao, Léo Marillier, Franck Chevalier y Alexis Descharmes, actuales componentes del Quatuor Diotima, que han destacado la individualidad de cada sección y, de forma muy notable, sus vínculos con la Segunda Escuela de Viena, en la que enraizaron Livre pour quatuor buscando más los puentes con dicha poética que con la mayor radicalidad del postserialismo que conocemos en las versiones discográficas de cuartetos como el Parrenin o el Hamann.
En manos del Diotima, las dos primeras secciones nos introducen de lleno en lo que Jean-Louis Leleu dice, al respecto de la partitura bouleziana, «articulación polifónica liberada de todo fraseo regular», una verdadera organización del caos a través de una complejidad que, si bien suavizada por Boulez en las sucesivas revisiones de la partitura, no nos deja de asombrar por su hiperactividad rítmica, resuelta por el Diotima de forma pasmosa en vivo: producto de sus años de trabajo con el propio Boulez y de sus dos grabaciones en estudio de este cuarteto (Megadisc, 2014; Pentatone, 2023).
A su perfección en términos de coordinación rítmica se suma una afinación portentosa que nos permite radiografiar lo extremo de los planteamientos armónicos de Pierre Boulez en Livre pour quatuor, una partitura repleta de intervalos de lo más inusual en un cuarteto de cuerda, agotando, en sí mismo, un lenguaje que el propio Boulez estaba dejando exhausto. Es por ese mismo motivo que las dinámicas cobran un papel importantísimo, tanto a la hora de mostrar los relieves de dicha polifonía interválica como para hacernos partícipes, los miembros de Diotima, de la construcción del color entre los cuatro instrumentos, con sus motivos entrecruzados y el balance tímbrico-armónico que, de nuevo acusando una influencia weberniana, se ofrece aquí en plenitud.
Tras las dos primeras secciones de Livre pour quatuor, pudimos escuchar la música de uno de los mejores compositores húngaros del siglo XXI, Márton Illés, de quien el Diotima interpretó Torso V (2007), una partitura cuyo comienzo muestra un contraste radical con respecto a la de Boulez, convirtiéndose, este primer torso del concierto, en todo un destilado de la mejor música húngara para cuarteto de cuerda (lo cual no es decir poco), a la que se suma una innegable impronta de Wolfgang Rihm, maestro de Márton Illés en Karlsruhe, de quien recibe el arrebatado expresionismo, el oficio en la escritura y el profundo conocimiento del medio aquilatado en su día por un compositor, Wolfgang Rihm, que fue uno de lo más eximios representantes, en el tránsito entre los siglos XX y XXI, de la gran tradición germánica del cuarteto de cuerda.
Así, el comienzo tan abrasivo, carnal y rítmicamente incisivo de Torso V traerá a nuestra memoria los cuartetos intermedios de Béla Bartók, un compositor fundamental para los miembros del Diotima, de quien dicen es la gran reinvención del medio tras la habida en los últimos cuartetos de Ludwig van Beethoven. Desde esa base e inicial filiación histórica, se construye un Torso V que, lejos de abundar en la masividad de forma recurrente y unidimensional, va lanzando diferentes guiños a esa herencia magiar, como el que escuchamos en el primer solo, a cargo de Yun-Peng Zhao, cuyo violín abisma al Diotima a una sutilidad de pianísimos digna de otra referencia insoslayable en el cuarteto de cuerda húngaro, el venerable György Kurtág, cuya sutilidad y poética vivifican los compases centrales de Torso V, dotando los músicos del Diotima de mayor introspección, aquí, a la partitura de Márton Illés.
Tras ese abismo de silencios palpitantes, la intrincada relación entre los procesos de aceleración rítmica y tensionamiento de la armonía nos remiten a otro genio de la música húngara para cuarteto, György Ligeti, con la proliferación de lo más cromático y contrapuntístico en las sucesivas alternancias de solos y diálogos entre los miembros del Diotima, con una mención muy especial, en estas secciones, para los espejeos entre la viola de Franck Chevalier y el violonchelo de Alexis Descharmes: asociación que resultaría crucial en la partitura que cerró el concierto.
Tras una breve pausa en la que a los instrumentos se incorporan sordinas, éstas nos conducen a una última sección (que queda un tanto entrecortada, por lo acusado de dicha interrupción) en la que se retoman los elementos de naturaleza kurtagiana, con una progresiva sublimación del sonido del cuarteto en unos etéreos armónicos entre los que Torso V se desvanece, perdido en el silencio.
Es, por ello, que el contraste con las siguientes secciones de Livre pour quatuor no resulta, aquí, tan acusado como lo había sido previamente entre la sección Ib y el impetuoso arranque de Torso V. De hecho, la versión del Quatuor Diotima de las secciones IIIa, IIIb y IIIc fue planteada como un progresivo crescendo en intensidad expresiva y rangos dinámicos, desde la tan refinada sutilidad con la que expusieron la sección IIIa hasta una sección IIIc que marcó el clímax de Livre pour quatuor en RESIS, convocando la memoria de Arnold Schoenberg por medio de una interpretación más directa, intensa y realzada que la que podemos escuchar a los propios músicos del Diotima en su reciente grabación de esta partitura para el sello Pentatone.
Ello se había manifestado, previamente, en una sección IIIb concebida como una apertura del espectro cromático, en una versión en la que cada voz del cuarteto adquiere una mayor personalidad y un sentido más dramatúrgico, aunando la sensualidad en el fraseo con la virulencia del col legno. Todo ello se multiplica en la sección IIIc, en la que el vibrato del violonchelo nos habla de una herencia (en absoluto velada, y parece que muy asumida) del Romanticismo alemán, algo que los miembros del Diotima redoblaron en La Coruña. De este modo, y en otro deje netamente schoenberguiano, la versión herculina del Quatuor Diotima mostró cómo Boulez consiguió sintetizar en Livre pour quatuor toda una tradición, concentrando en un cuarteto de cuerda una idea de arquitectura cuasi sinfónica. Ahora bien, ¿fue esta síntesis, de acusada forma serial y estructuralista, una puerta al futuro? ¿Permitió abrir, Livre pour quatuor, caminos para el desarrollo del cuarteto de cuerda como género en sí mismo?…
…la respuesta (a pesar de la inmensa calidad de la partitura de Pierre Boulez) es, a todas luces, negativa, y ello se refrenda en la última obra escuchada en este concierto: un cuarteto que no sólo abrió todo un mundo nuevo de posibilidades para este género en las décadas posteriores, sino que hoy debe ser considerado como uno de los cuartetos de cuerda más importantes en la historia de la música: Gran Torso (1971, rev. 1978/1988).

La relación del Quatuor Diotima con Helmut Lachenmann es, desde hace décadas, tan cordial como cercana, concretándose en la grabación de sus tres cuartetos de cuerda que, en noviembre (y coincidiendo con el nonagésimo aniversario del compositor alemán), publicará Pentatone en disco compacto. Así, si hace dos años el Diotima nos dejó en RESIS una tan perfecta como arrebatadora versión de Grido (2001, rev. 2002), partitura que acababan de grabar bajo la supervisión del propio Lachenmann, en 2025 lo escuchado en Gran Torso vuelve a reeditar una excelencia al alcance de muy pocos intérpretes hoy en día, sumando el Diotima ahora a sus efectivos la gran técnica y el sutil refinamiento de Alexis Descharmes en el violonchelo.
Ello redunda en una concepción, la del Diotima, nada agresiva ni ruidista de la música de Helmut Lachenmann, en cuyos cuartetos priorizan su poética, el lirismo y la intensa relación que entre sonido y silencio en ellos se produce; incluso, en los años más heroicos (como el propio Lachenmann los define) de la música del genio de Stuttgart, a los que Gran Torso pertenece. El manejo de la sobrepresión de arco contra el fondo del violín por parte de Yun-Peng Zhao, extrayendo delicadísimos matices, es un perfecto ejemplo de ello, como la continuidad, totalmente lógica en los arcos del Diotima, entre los roces de las escotaduras, las cuerdas y el cordal, parte de los instrumentos, esta última, que protagonizó una de las secciones más asombrosas de cuantas en Gran Torso hayamos escuchado en RESIS, con el continuo marcado por Franck Chevalier en su viola, que, ya fuese en dúo de cordales con Alexis Descharmes, ya punteado por todo tipo de ruidos y fantasmagorías armónicas por parte de Yun-Peng Zhao y Léo Marillier, ha creado un momento realmente mágico en el que, a mayores, se revela de forma transparente la importancia de la construcción de una estructura en la música de Helmut Lachenmann, bien sea con ruido, bien con alturas; alturas que únicamente lo acaban siendo como referencia de ataque en el instrumento, transformadas drásticamente como lo son por medio de la musique concrète instrumentale.
Revirtiendo esto último, diría que el ruido, en manos del Quatuor Diotima, se convierte en una forma evolucionada de armonía, en una consecuencia lógica y en un sustancial paso adelante en el desarrollo del estilo, aspecto que sustancia lo decisivo de Gran Torso en la historia del cuarteto de cuerda, incorporando no sólo la tradición, sino un lenguaje propio, como el que a los últimos compases llega a Gran Torso desde la también lachenmanniana Pression (1969), en el violonchelo de Alexis Descharmes.
Como en 2023, la reacción del público gallego fue entregada y entusiasta para con la enorme velada que nos ofreció, el pasado 3 de mayo, el Quatuor Diotima, en otro concierto que quedará para el recuerdo, tanto por la altura de su programa como por la perfección con la que fue interpretado. Charlando en La Coruña con Franck Chevalier, éste destacaba la calidad del público que había asistido a su concierto en RESIS 2023, su atenta escucha y receptividad, algo que se ha reeditado dos años después, de nuevo agotando todas las entradas desde semanas antes. Ello, como el hecho de que, de entre los cuartetos de Lachenmann, sólo nos quede por escuchar en Galicia, en versión del Quatuor Diotima, Reigen seliger Geister (1988-89), pide una tercera visita al Festival RESIS de éste que, sin duda, es uno de los mejores cuartetos de nuestro tiempo.
Paco Yáñez
(Fotos: Xurxo Gómez-Chao / Festival RESIS)


