Klaus Mäkelä, Sibelius en el ADN

Klaus Mäkelä, Sibelius en el ADN

Podría considerarse una promesa, pero Klaus Mäkelä es una realidad incuestionable. Este joven director finlandés (Helsinki, 1996) se ha convertido en estos difíciles años de pandemia en uno de los músicos más interesantes y deseados del orbe clásico. Le avala una desconcertante combinación de frescura, talento y madurez que el crítico noruego Olav Egil Aune resumió, en 2018, en una pregunta nada retórica: “¿Es Mäkelä un joven de 60 años o un ‘viejo’ de 22? No sólo es el más talentoso astro del podio formado por Jorma Panula en la Academia Sibelius de Helsinki, de donde proceden entre otros Esa-Pekka Salonen, Jukka-Pekka Saraste, Osmo Vänskä, Sakari Oramo y Hannu Lintu, sino que acaba de firmar con la Filarmónica de Oslo una de las mejores integrales de las sinfonías de Sibelius de toda la fonografía. Un impresionante debut discográfico que lanzó Decca a finales de marzo y que se convertirá en uno de los discos de este año 2022.

Mäkelä comenzó a estudiar dirección de orquesta con 12 años y debutó profesionalmente con dieciocho, al tiempo que mantenía una trayectoria como solista de violonchelo. Tocó primero con las Sinfónicas de Lahti y Kuopio. Y en 2017 obtuvo su primer nombramiento como director invitado de la Orquesta de la Radio de Suecia. Allí comenzó un ascenso imparable. Un año después, sumó las direcciones artísticas de la Tapiola Sinfonietta y del Festival de Turku. Pero también fue nombrado titular de la Filarmónica de Oslo. Cada debut de Mäkelä con una orquesta se convierte en un flechazo. Le sucedió, en junio de 2019, con la Orquesta de París, que pocos meses después lo propuso como titular por cinco años, a partir de la temporada 22/23. Y sus affaires han seguido durante la pandemia con la Sinfónica de la Radio de Baviera y la Concertgebouw de Ámsterdam, que parece discretamente interesada en que sea su próximo titular. Este mes debutará al frente de la Sinfónica de Chicago y la próxima temporada se subirá al podio de la Filarmónica de Berlín. En España, aparte de una visita a Galicia en 2018, ha realizado una exitosa residencia en la última edición del Festival de Granada, donde dirigió tres conciertos a tres orquestas diferentes. Pero no regresará hasta la temporada 23/24, al frente del Concertgebouw de Ámsterdam y en los ciclos de Ibermúsica.

El director finlandés recibió a SCHERZO en el camerino del Konserthus de Oslo, el pasado 18 de febrero, para hablar de su flamante debut discográfico, pero también de sus inquietudes musicales y planes venideros. Una charla rodeada por las fotos de sus antecesores, como el letón Mariss Jansons, a quien lamenta no haber podido conocer personalmente, y presidida por una carta enmarcada de Jean Sibelius, su compositor de cabecera.

(…) Usted planificó centrar su primera temporada en Oslo, la 20/21, en la integral de las siete sinfonías de Sibelius, aunque la pandemia obligó a cancelar casi todos sus conciertos. ¿Optaron entonces por grabarlas?

Esta orquesta lleva en la sangre la música de Sibelius y también forma parte de mi ADN. Pero no habían tocado el ciclo completo de sus sinfonías desde hacía muchos años y, además, se cumplía el centenario de la visita que hizo el compositor a Oslo, en marzo de 1921, para dirigir a esta orquesta su Primera sinfonía. Comenzamos a planificar la integral, con programas interesantes en torno a cada sinfonía, pero además comenzamos a hablar de grabaciones con varias compañías. Al final llegamos a un acuerdo con Decca. Les planteamos grabar Sibelius y aceptaron. Todo se decidió con naturalidad y no hubo ninguna discusión al respecto.

¿La grabación de todas las sinfonías se planificó desde el principio como un lanzamiento conjunto?

Sí, pues quería abarcar toda la narrativa de Sibelius. Considero que sus siete sinfonías conforman un ciclo muy atractivo. Una evolución que parte de la tradición germana y el repertorio ruso, y se transforma en algo completamente libre y original con texturas cada vez más orgánicas. Su Primera sinfonía, por ejemplo, es más física, con mucha presencia de la cuerda en su orquestación y un uso bastante tradicional del viento. Pero todo empieza cambiar en la Tercera y en la Cuarta. Y en la Quinta la cuerda toca muy pocas melodías, aunque aporta muchas texturas. La Sexta y la Séptima son la música más bella y pura que escribió Sibelius. Y ambas forman un conjunto ideal, donde la Séptima sería algo así como el último movimiento de la Sexta.

Entiendo que la Séptima es su preferida.

Por supuesto. Es un milagro sinfónico, pues condensa todo el ámbito expresivo en veinte minutos. Y al igual que la Cuarta juega con la atonalidad, aunque todos los conflictos y tensiones se resuelven al final con ese Do mayor que cierra la obra, que fue el resultado de un trabajo muy duro tras varias versiones. (…)

Pablo L. Rodríguez

[Foto: Marco Borggreve]

(Extracto de la entrevista publicada en el nº 383 de SCHERZO, de abril de 2022)