Gabriel Ureña: Savia nueva

Gabriel Ureña: Savia nueva

El joven violonchelista Gabriel Ureña empezó a dar que hablar muy pronto, justo tras obtener la plaza de solista de la Orquesta Oviedo Filarmonía con tan sólo 19 años. Su meteórica carrera está jalonada de éxitos en numerosos concursos, como sus dos primeros premios del Concurso de Cello de Arquillos de Jaén en diferentes categorías o el primer premio en el Concurso Internacional de Música de Cámara Ciudad de Manresa. Su ya amplio recorrido como concertista atesora hitos notables: sus dos recitales en el Arts Center de Seúl, su interpretación del Concierto para violonchelo y orquesta de Dvorák con la London City Orchestra en Londres, su debut en el Musikverein de Viena o sus muchas actuaciones en los principales auditorios españoles. Nos reunimos con él para hablar de su primer CD, el cual está dedicado a Shostakovich, Prokofiev y Rachmaninov y en el que también interviene el pianista Patxi Aizpiri.

(…) Hablemos ahora de su CD y del repertorio ruso del XX que ha escogido para esta grabación.

La idea del CD nació poco después de volver de Viena. Realmente tenía muy claro el repertorio. Tras mucho tocar estas sonatas en conciertos, me sentía por fin preparado para grabarlas. Uno va cambiando, forzosamente, su manera de interpretar las obras hasta que se siente totalmente cómodo con ellas, y este era el momento. También tuve claro que quería hacerlo con Patxi Aizpiri, porque hemos tocado mucho juntos y nos compenetramos muy bien, especialmente en este tipo de música, cosa que creo que se refleja en esta grabación. Ha supuesto mucho trabajo previo de conciertos y, después, de esa labor diferente que conlleva la grabación, en la que tienes que aguzar el oído crítico y ver si de verdad las cosas funcionan como tenías en la cabeza o no, y cómo debes enfrentarte a ellas. Grabamos en el Teatro Palacio Valdés, que es un teatro pequeño, pero precioso y con muy buena acústica. Estamos muy contentos con el resultado.

Da la impresión de que tienen ustedes una visión muy afín en cuanto al tipo de sonido que querían obtener. Cada uno desde su instrumento, naturalmente, pero con un objetivo común muy claro.

Efectivamente, y eso es algo muy importante y difícil de obtener. Cuando tocas con otro músico, tienes que intentar ir también más allá de las notas y de un fraseo correcto. Con Patxi lo he conseguido. Además, en este repertorio el sonido es algo particularmente específico. Creo que esa idea de buscar el sonido del compositor y de intentar ser muy fiel a su visión de la música se la debo a mi formación rusa: Alexander Osokin estrenó los últimos cuartetos de Shostakovich, estuvo en su casa, tocando para él, y Natalia estudió con Rostropovich, así que toda esa herencia la tengo particularmente presente. Aporto mi versión, claro está, pero siempre pensando en mantener la fidelidad al autor. Luego también he tenido la suerte de grabar con Patxi Aizpiri, un pianista fantástico al que conozco desde hace trece años, porque fue mi profesor de repertorio en el Conservatorio Superior. Entablamos amistad y seguimos siempre manteniendo el contacto y tocando juntos. Es un músico muy completo, que ha trabajado muchísimo con coros —ha sido subdirector y pianista del Orfeón Donostiarra y director del Coro de la Ópera de Oviedo durante diez años—, además de su enorme experiencia en el terreno de la música de cámara, lo cual le aporta una visión muy global de la música. Tenemos una concepción muy parecida de las obras y eso es algo fundamental para que el dúo funcione.

Ha grabado para Aria Classics, un nuevo sello discográfico, pero que ha nacido bajo los mejores auspicios: intérpretes jóvenes y muy talentosos, y una producción muy cuidada.

Estamos muy contentos con este sello nuevo. Al productor, Fernando Arias, lo conozco hace muchos años, porque ya trabajaba como ingeniero de sonido para Naxos, Warner, Sony Classical. Pero lo que es especialmente relevante en su caso es que también es músico, un gran percusionista, concretamente. Esto hace que el trabajo de grabación sea muy estimulante, porque tienes a alguien a tu lado que es tan exigente o más que tú mismo —yo soy muy perfeccionista—, y eso hace que sientas una confianza plena, porque aplica tus mismos filtros. Está grabando con gente como Lucas Macías, Vivica Genaux o Rubén Simeó… Y siempre, con mucho cuidado del sonido, sabiendo muy bien dónde colocar los micrófonos, buscando que el resultado sea muy real y poco retocado. Esta es la razón por la que hemos querido grabar en el Teatro Palacio Valdés: es un sitio con espacio y aire, donde el sonido respira y la vibración es natural. (…)

 

(Extracto de la entrevista publicada en el nº 360 de SCHERZO, de marzo de 2020)

[Foto: Yeray Menéndez]