BUDAPEST / György Kurtág, una casa musical repleta de estancias

Budapest. Budapest Music Center. 21-II-2026. Eszter Gyüdi, soprano. Miklós Lukács y András Szalai, címbalos. Tamás Zétényi, violonchelo. Korossy Kvartett. Obras de György Kurtág.
Desde el año 2015, György Kurtág tiene fijada su residencia en un apartamento del Budapest Music Center, institución de la capital húngara que se ha volcado por completo ya no sólo en ofrecer al centenario compositor los cuidados que una persona de su avanzada edad necesita, sino cuanto precisa una mente tan inquieta y despierta como la de Kurtág para continuar, alcanzados ya los cien años que cumplió el pasado 19 de febrero, su actividad como compositor, su faceta pianística y una labor docente que, tras finalizar su etapa de casi veinte años como profesor en la Academia Ferenc Liszt, se ha centrado en impartir clases magistrales tanto a jóvenes intérpretes como a los músicos consagrados que visitan a Kurtág regularmente para perfeccionar ya no sólo la ejecución de sus propias partituras, sino aquéllas del pasado en las que el compositor nacido en Lugoj hace un siglo es toda una autoridad.
Tras los eventos centrales del Kurtág 100 Fesztivál, que tuvieron lugar en el Müpa de Budapest los días 19 y 20 de febrero (debido a la mayor capacidad de dicha sala, llena cada noche en sendos programas memorables), los conciertos del más importante festival que se haya dedicado a Kurtág regresaron al Budapest Music Center y, por tanto, al hogar del compositor, pudiéndose tomar esto en un doble sentido, pues, además de ser el BMC el lugar donde vive Kurtág, dichos conciertos se centraron en el repertorio de cámara, por lo que supusieron otra forma de vuelta al hogar para el venerable compositor, cuya casa musical tiene tres estancias principales: la pianística, la vocal y la camerística.
Es una casa musical, la de György Kurtág, que ha construido ladrillo a ladrillo, de forma paciente durante los años (o décadas) que algunos de sus ciclos de más largo recorrido han precisado para ir tomando forma (siendo los Játékok para piano uno de los casos más extremos, con sus once volúmenes desde 1973 a 2026; varios de los cuales han sonado en Budapest en los conciertos del festival Kurtág 100, en manos de pianistas como László Borbély o Pierre-Laurent Aimard).
Otro de los ciclos de más largo recorrido en el catálogo de György Kurtág es Jelek, játékok és üzenetek (Signos, juegos y mensajes), que desde 1961 viene expandiendo sus orgánicos partiendo de la viola hasta llegar en el siglo XXI a una proliferación de diversas plantillas instrumentales, varias de las cuales se han podido escuchar, asimismo, a lo largo del Kurtág 100 Fesztivál.
En el concierto del sábado 21 de febrero que tuvo lugar en el BMC (último al que asistió Scherzo), una selección de estos Signos, juegos y mensajes fue tocada con su violonchelo por Tamás Zétényi, un músico que a su faceta interpretativa suma las de profesor e investigador, algo muy frecuente en muchos de los músicos a los que hemos escuchado estos días en Budapest, lo que confiere a su labor interpretativa una gran solidez intelectual y ese poso cultural que la exigente escuela húngara lleva mostrando desde hace tanto tiempo en sus más eximios intérpretes.
Ya fuesen Iván Fischer, Zoltán Kocsis, Péter Eötvös, Georg Solti, Fritz Reiner o tantos otros, las versiones de los músicos húngaros de su propio repertorio aportan un plus de idiomatismo análogo al que conocemos a los intérpretes rusos en su propia música, a los de la vieja escuela alemana o, más cercanos en el tiempo, a los vibrantes conjuntos que hoy reinventan el Barroco italiano. Ello se refuerza por esa exigente y tan activa labor pedagógica de tantos de los principales maestros magiares, algo de lo cual son un excelente fruto los jóvenes músicos reunidos en el programa del que hoy les damos cuenta, cuyas lecciones con el propio Kurtág han sido, vistos sus impresionantes resultados, bien aprendidas. Tal es el caso de Tamás Zétényi, capaz de pasar de una articulación en su fraseo que evoca el idioma húngaro en sus piezas de impronta popular a exponer un delicadísimo vibrato con el cual su violonchelo se convierte en espectro de aquéllos a quienes Kurtág dedicó estos Mensajes, como a György Aczél, Tamás Blum o Ferenc Wilheim, entre otros. El manejo de los armónicos por parte de Zétényi, así como su forma de exponer los claroscuros, en un descenso a la gravedad de la muerte con no pocas evocaciones de Johann Sebastian Bach, son dos de los puntales de su soberbia interpretación de Jelek, játékok és üzenetek, dejándonos pasajes acongojantes en cuyos vaivenes y cantabile parecía resurgir la terrible Berceuse élégiaque de Busoni.
Para tocar la segunda partitura del programa, Ligatura – Message to Frances-Marie (The Answered Unanswered Question), op. 31b (1989), a Tamás Zétényi se unieron los dos violinistas (Csongor Korossy-Khayll y Éva Osztrosits) y el violonchelista (Gergely Devich) del Korossy Kvartett, músicos a los que posteriormente escucharíamos en varios momentos del concierto. En este mensaje a Frances-Marie Uitti, los chelos conforman un dúo en el frontal del escenario cuya densa armonía va lanzando mensajes a un dúo de violines en la distancia, remedando el juego de interpelaciones habido en la partitura de Charles Ives que evoca este Op. 31b de Kurtág. Como nos decía en sus escritos ese sabio que fue Eduardo Chillida, la verdadera respuesta a una pregunta trascendente es siempre una sucesión de nuevas preguntas, y así parece entenderlo Kurtág, con la continua interpelación de motivos de cuerda que gira entre los dos pares de atriles, de frases sencillas, pero cuya elocuencia y capacidad para desgranar matices a través de diversas afinaciones parece inagotable. De hecho, el dúo de violines con sordinas metálicas por momentos remeda el sonido de un órgano, magia tímbrica a la que se sumó una celesta fuera de escena para, en los compases finales, dejar tres notas flotando en el aire que resonaron como esos tres puntos suspensivos que, gráficamente, nos remiten a la intemporalidad de las más importantes preguntas de nuestra existencia.
Con los József Attila-töredékek, op. 20 (1982) alcanzamos uno de los momentos álgidos de un programa que, de por sí, a nivel interpretativo fue del todo excelente. Claro que, en él, lo desgranado por la joven soprano Eszter Gyüdi alcanzó tal calibre, que no sólo despertó la mayor ovación de la noche y el asombro del público reunido en el BMC, sino que nos hace pensar que estamos ante una de las principales voces para la música de Kurtág en las próximas décadas.
Como señaló el musicólogo Gergely Fazekas en su presentación de cada pieza del programa, con sus Fragmentos de Attila József consiguió Kurtág depurar su música vocal al extremo de regresar a la monodia, convirtiendo la expresividad de tan lacónico medio en todo un desafío. Pues bien, de expresividad no anda escasa Eszter Gyüdi, tanto en lo que se refiere a su voz como en una dramatización del gesto netamente actoral que confiere un extra de dramaturgia a cada una de sus canciones, convocando en el escenario desde la violencia al amor, en toda una galería de emociones que en muchos fragmentos destilaba humor a raudales, lo que hizo sonar carcajadas en el auditorio en varias ocasiones. Y es que no todo es muerte y lobreguez, en el catálogo de György Kurtág, y en estos fragmentos se demuestra que, junto con la ironía y el sarcasmo, también nos puede dejar un humor límpido y cándido que Eszter Gyüdi alternó con ataques de furibunda rabia, con sensuales insinuaciones y con una paleta de registros del alma que su voz ha multiplicado en el que será, sin duda, uno de los días más importantes de su vida como cantante, pues la respuesta que recibió del público tras su interpretación, Kurtág incluido, es de las que marcan la carrera de una artista.
La primera parte del concierto se cerró con los 6 Moments musicaux, op. 44 (2005) en los arcos del Korossy Kvartett al completo, ahora ya con el viola András Kurgyis formando parte del grupo. Como nos confesó Gergely Fazekas en su presentación, el Korossy es uno de los pocos cuartetos del mundo en los que hoy tiene plena confianza György Kurtág, algo que tiene toda la lógica, una vez se les ha escuchado en vivo. Portentoso, tanto el conjunto como cada uno de sus atriles, con un primer violín y un violonchelo de una personalidad descollante, mientras que segundo violín y viola construyen un empaste en el cuarteto que le confiere una consistencia ejemplar, de verdadera escuela húngara, herederos como lo son estos músicos de cuartetos magiares tan ilustres como el Keller, el Takács, el Tátrai o el Vegh, entre tantos y tantos otros.
Al presentar estos 6 Moments musicaux, se refirió Fazekas al hecho de que la música de Kurtág se divide, en lo que a las obras de cámara se refiere, en partituras con voz y partituras sin voz, entre las que estaría este cuarteto. Pues bien, por el modo en el que los Korossy lo interpretan, es evidente que la voz subyace en cada uno de sus fraseos y estructuración del pulso y la articulación de la melodía, tan acusadamente prosódica, como sucede en los cuartetos de Franz Schubert, tan queridos por Kurtág y cuya música para piano evoca el título de estos 6 Moments musicaux. Es más, estas seis breves piezas se derivan, a su vez, de varios de los Játékok del propio Kurtág, con lo cual se riza el rizo musical de los diálogos históricos, manifestándose en una música cuya construcción interválica, así como el manejo de las frases con vocablos musicales de dos o tres pulsos, tan acerados y cortantes como líricos y fluidos, es puro reflejo del idioma húngaro y, por tanto, de especial dominio por parte de los músicos magiares.
Como en estos 6 Moments musicaux también hay lugar para los homenajes y las elegías, en las disoluciones de la presencia de los ya sidos el Korossy Kvartett llega a desarticularse de forma tan lógica como programática, con sus soliloquios en paralelo: doble muestra tanto de la querencia de Kurtág por la polifonía medieval como de su condición de dignísimo heredero del Beethoven de la Große Fuge (1824-25). Ese arco de diálogos e influencias fue llevado por el Korossy hasta el siglo XX, pues en sus armónicos en flautando resultaba, por su brillante afinación y refinamiento, casi imposible no escuchar un eco de los pasajes análogos en los Black Angels (1970) de George Crumb, redondeando una lectura primorosa repleta de evocaciones.
En un programa con intérpretes tan jóvenes como a los que escuchamos el sábado 21 de febrero, dos músicos de mayor edad representaban a otra generación en la historia de la interpretación kurtagiana: Miklós Lukács y András Szalai, dos de los maestros de mayor renombre mundial en el címbalo, un instrumento fundamental para un György Kurtág que, gracias al ataque y a la sofisticada armonía que concibió para sus 13 darab két cimbalomra a Játékokból (13 piezas para dos címbalos de Játékok, 1982), los hace sonar como si de una hibridación de guitarra, arpa, piano y clave se tratase, creando un timbre absolutamente mágico: esa voz del diablo que el címbalo es en la música de raíz gitana en países como Rumanía.
La lección de Miklós Lukács y András Szalai en el BMC fue magistral, marcando otro punto álgido en este concierto, tanto por su dominio del pedal y las resonancias (dignas del mejor piano) como por el modo en que sus diálogos pasan del humor y lo cortante (en sus batallas dialécticas, que nos han recordado a las del matrimonio Kurtág frente al teclado), a pasajes texturales puramente matéricos cuyo manejo de las síncopas, las reverberaciones y los laberintos acústicos se antojan un arcano de misterios para un oyente occidental, anonadados como lo estábamos al comprobar los tan sutiles matices dinámicos y armónicos que Lukács y Szalai alquitaraban Játékok a Játékok. Sublime.
La vuelta de la soprano Eszter Gyüdi al escenario del BMC presagiaba otro gran momento vocal, y desde luego que su interpretación de Eszká emlékzaj, op, 12 (1975), a dúo con la violinista Éva Osztrosits, no defraudó en absoluto. Con textos de Dezső Tandori, este Op. 12 responde a la necesidad de libertad y radicalidad que, según otro poeta tan afín a Kurtág como Péter Esterházy, debe ser consustancial al arte.
Es imposible no pensar, aquí, en lo que después serían los Kafka-Fragmente, op. 24 (1987), compuestos por Kurtág para la misma formación, pero de ambiente más crepuscular, mientras que en Eszká emlékzaj tanto Gyüdi como Osztrosits destilaron humor a raudales, lo que volvió a poblar de risas el auditorio, tanto ante los paradójicos fraseos y requiebros del violín como ante el torrente de expresividad, desparpajo y teatralidad de una soprano que de nuevo nos dejó boquiabiertos, como lo hizo Éva Osztrosits en la digitación sul tasto de sus últimos compases, ascendiendo nota a nota por el diapasón hasta finalmente disolver en el silencio este febril Op. 12.
El concierto finalizó con el Korossy Kvartett dejándonos una versión inmejorable del Officium breve in memoriam Andreae Szervánszky, op. 28 (1988-89), volviendo a rubricar por qué este conjunto es, hoy, uno de los mejores del mundo tocando la música de Kurtág, algo que quedó patente ya desde el motivo de apertura en una secuencia de violonchelo, violines y viola impecablemente hilvanada, en la que los continuos de melodía, armonía y textura fueron de una musicalidad exquisita, tan radical en su parquedad como grande en aliento musical (pura herencia de Anton Webern que se destila en todo este Op. 28). Y es que, así como con Víkingur Ólafsson escuchábamos, dos días antes, una libérrima recreación del espíritu kurtagiano llevado a un estilo más transversal y cosmopolita, el Korossy Kvartett destila pura esencia magiar: un Kurtág idiomático apegado a los orígenes que, aunque aquí vuelva a dialogar tanto con Beethoven como con el compositor dedicatario de la obra, Endre Szervánszky, consigue un lenguaje propio que ya es patrimonio musical de toda la humanidad, pues, como afirmó la semana pasada el rector la Universidad Eötvös Loránd de Budapest, el Kurtág 100 Fésztivál es, además de un merecido homenaje a un enorme compositor ya centenario, «toda una celebración de nuestra común y universal cultura europea».
Paco Yáñez
(Fotos: Bálint Hrotkó – Budapest Music Center)


