Willem Pijper (1894-1947)

“En lo relativo a la composición he aprendido más de Freud que de Riemann —también, mutatis mutandis, de Nietzsche— y de Kant, si se quiere, a través de la liberación de mi alma”. Con estas palabras se expresaba el que fuera considerado como la personalidad más influyente de la música en los Países Bajos durante el período de entreguerras y, sin posible competencia, el compositor neerlandés más internacional desde los lejanos tiempos de Sweelinck. Nacido en Zeist, pequeña localidad al este de Utrecht, Willem Pijper creció en un hogar humilde de severas creencias calvinistas. Debido a una especie de bronquitis asmática crónica fue educado en el hogar familiar donde recibió de su padre, un modesto tapicero que solía acompañar al armonio el canto de los salmos, sus primeros rudimentos musicales.
Apasionado desde niño por la literatura y la botánica, Pijper desarrolló su creatividad de manera autodidacta pese a una formación académica —breve y tardía: sólo a partir de 1912— como alumno de teoría y composición de Wagenaar en Utrecht. Ya en 1918 Pijper cultivó la enseñanza y desde 1925 impartió clases de composición e instrumentación en el Conservatorio de Ámsterdam, inicio de una importantísima trayectoria docente que, posteriormente, le llevaría a dirigir el Conservatorio de Rotterdam desde 1930 hasta su muerte y a educar a dos generaciones de destacados alumnos: Henriette Bosmans, Piet Ketting, Kees van Baaren, Henk Badings, Rudolf Escher y Hans Henkemans, entre otros.
Pero como apunta su mayor estudioso, Arthur van Dijk, “lo que dio a Pijper gran fama en los círculos musicales fueron sobre todo sus cualidades como crítico y ensayista, y en gran parte por ello se creó muchos enemigos”. Más allá de la célebre controversia con Jan van Gilse, que provocó su dimisión del podio de la Orquesta de Utrecht, Pijper fue un crítico cáustico, vehemente y combativo (a través de sus publicaciones en Utrechtsch Dagblad, Rotterdamsch Nieuwsblad, De Muziek y De Groene Amsterdammer) y de una inagotable curiosidad al que nada que ocurriera en la actualidad musical fue ajeno, como documenta la monumental recopilación de sus escritos fechados a lo largo de tres décadas (1917-1947), editada en 2011 con el título Het Papieren Gevaar.
En mayo de 1920 Pijper participó en el célebre Festival Mahler celebrado en Ámsterdam, dos años después representó a los Países Bajos en la fundación en Salzburgo de la Sociedad Internacional para la Música Contemporánea y en 1925 cofundó su sección neerlandesa. Ya entonces había creado obras como el Cuarteto nº 1 (1914), escrito para la clase de composición de Wagenaar, Fêtes galantes (1916) para mezzo y orquesta, la Sinfonía nº 1 “Pan” (1917) —de inequívoca filiación mahleriana, estrenada por Mengelberg en el Concertgebouw y que le valió el reconocimiento nacional— y la Sonata para violonchelo y piano nº 1 (1919), todas ellas pertenecientes a lo que Marius Flothuis considera como su primer período compositivo, en el que aún es patente la influencia de Mahler, Debussy y Ravel.
En la década de 1920 la escritura de Pijper alcanza su etapa más experimental, en la que recurre a la polirritmia y la politonalidad para desarrollar un método de composición al que denomina —al amparo de su pasión por la botánica y los fenómenos biológicos— ‘técnica de la célula germinal’, donde mediante un proceso de transformación constante “una obra completa puede crecer a partir de un puñado de notas, como un árbol crece a partir de una semilla”.
El Septeto (1920), el Sexteto (1923), la Sonata para flauta (1925), la Sinfonía nº 3 (1926), estrenada y defendida en muchas ocasiones por Monteux, el Concierto para piano (1927), los 6 Epigramas sinfónicos (1928), el Cuarteto nº 4 (1928), dedicado a Ravel, el Quinteto de viento (1929) y la Sonata para violín solo (1931), dedicada a Székely, corresponden a este fértil período cuya cima simboliza la singular Sinfonía nº 2 (1921), estrenada por el autor ante la negativa de Mengelberg, que reúne una plantilla gigantesca (4 arpas, 6 mandolinas, 3 pianos y órgano) y cuyo estreno alemán de la versión original presentaron en el pasado Musikfest de Berlín Lahav Shani y la Filarmónica de Rotterdam.
El drama sinfónico Halewijn (1932-1933) inaugura su última etapa creadora, en la que Pijper se interesa por la gematría, el esoterismo y la astrología, y en 1938 ingresa en una secta masónica, a cuyos ritos iniciáticos dedica Seis Adagios (1940). Leo Samama describe su música de entonces como la de “un hombre decepcionado”, insatisfecho con la sociedad en que vivía. En mayo de 1940, tras los bombardeos de la Luftwaffe sobre Rotterdam un incendio destruye su casa y la mayoría de sus posesiones. A finales de 1946 se le diagnostica un cáncer en fase muy avanzada. Su obra más ambiciosa, el drama sinfónico Merlijn (1939-1945), en el que cada uno de sus doce episodios se relacionan con un signo del zodiaco y una tonalidad, y el Cuarteto nº 5 (1946) quedarán inacabados. ¶
Juan Manuel Viana
Caja
Discografía
Sinfonía nº 3. O. Concertgebouw. Monteux. DONEMUS CV (1 CD)
Concierto para piano. Brautigam. O. S. R. Neerlandesa. Steen. NM CLASSICS (1 CD)
Concierto para violonchelo. Schiff. O. C. R. Neerlandesa. Spanjaard. NM CLASSICS (1 CD)
Sexteto para piano y vientos. Hexagon Ensemble. ETCETERA (1 CD)
Cuartetos de cuerda nº 1-5. C. Schönberg. OLYMPIA (1 CD)
Sonatas para violín y piano nº 1-2. Sonata para violín solo. Graffin. Blanken. ONYX (1 CD)
Sonatas para violonchelo y piano nº 1 y 2. Obras completas para piano. King. Moeling. ERASMUS (1 CD)
Sonata para flauta y piano. Zoon. Brackman. NM CLASSICS (1 CD)
Sonata para 2 pianos. Lucas y Arthur Jussen. DG (2 CD)
La Maumariée I y II. Die Spinnerin. Bronkhorst. Hillenius. GLOBE (1 CD)
Merlijn. Solistas. C. y O. F. R. Neerlandesa. Porcelijn. NM CLASSICS (1 CD)


