VILLAFRANCA DE LOS BARROS / Carmen extremeña y universal

Villafranca de los Barros. Cine-Teatro Festival. 24-XI-2024. Olga Syniakova (Carmen), Eduardo Pomares (Don José), Alejandro von Büren (Escamillo), Irene González (Micaela), Mar Morán (Frasquita), Laura Orueta (Mercedes), Luis Renas Pereira (Zúñiga), Rubén Molano (Dancaire y Morales), Sergio Aunión (Remendado). Coro de Cámara de Extremadura. Orquesta Orquesta Ópera Joven 2024. Dirección de escena: Pedro Luis López Bellot. Dirección musical: P. Mauricio Sotelo-Romero. Bizet: Carmen.
Tras seis años de andadura, el proyecto Ópera Joven auspiciado por la Diputación Provincial de Badajoz ha abordado su proyecto más ambicioso, el de poner en pie una producción de la popular ópera de Georges Bizet. Ópera Joven aspira a un doble objetivo centrado en la juventud, el de llevar la ópera a un público juvenil además de al público más habitual (y también al menos acostumbrado de muchas localidades de la provincia), y el de contar para ello con músicos, cantantes, escenógrafos, figurinistas y maquilladores también jóvenes. Para la ocasión se ha contado con alumnos de los ciclos formativos del IES San José y del Colegio España de Badajoz, junto al Coro Infantil y la Orquesta Ópera Joven 2024. Tras el estreno de esta producción en el Teatro López de Ayala de Badajoz el 23 de noviembre, al día siguiente recaló en la localidad de Villafranca de los Barros, galardonada con el título de Ciudad de la Música, en un abarrotado Cine-Teatro Festival.
La puesta en escena funcionó con fluidez dentro de su sencillez, con unas enormes torres-cigarrillos que servían al mismo tiempo de puertas de acceso y salida de actores y cantantes, unos elementos que mediante la iluminación y pequeños detalles de atrezzo servían cabalmente para todas las escenas gracias a una ágil dirección de actores. Tal y como está la cosa en la puesta en escena de la ópera, menos es más, sobre todo si se respeta el libreto y se hace con sentido del teatro, como en este caso. La ambientación era actual, con vestuario colorido y alusiones en el tercer acto al tráfico de drogas en vez de a los clásicos bandoleros (en la función de Badajoz aparecía una narcolancha de la que en Villafranca hubo que prescindir por falta de espacio en el escenario).
La dirección musical fue asumida por el joven (24 años) P. Mauricio Sotelo-Romero, ya con una amplia experiencia en la dirección de óperas en Alemania. Mostró tener una afinidad completa con el mundo operístico por su manera de acompañar a los cantantes y de respirar con ellos, atento en todo momento a las entradas de cada uno de ellos. Con gesto claro y con atención al fraseo y a las inflexiones dinámicas, llevó su interpretación con tempo vivo, rico en acentuaciones y con voluntad clara de hacer de la orquesta un personaje más que dialoga en plano de igualdad con los solistas. Contaba para ello con una orquesta de dieciséis músicos según la edición Ricordi preparada para teatros de pequeño tamaño. La orquesta estaba formada por profesores de los conservatorios pacenses y por alumnos egresados de los mismos y en todo momento mostró un sobresaliente empaste, lo que no era sencillo, pues dadas las dimensiones del conjunto cada instrumento se encontraba desnudo ante cualquier posible error, que no llegó a producirse, dada la solvencia de todos sus integrantes (estupendas flauta, trompa y percusión). Momento especialmente logrado fue el quinteto del segundo acto, más complejo de dirigir de lo que parece y que sonó con precisión, brillo en las voces y y ligereza y transparencia en la orquesta.
El elenco vocal ofreció un nivel de calidad mucho más allá de lo adivinable para una producción “juvenil”, pues se trató en todos los casos de cantantes profesionales. La Carmen de Olga Syniakova bien podría triunfar en muchos teatros internacionales, pues es poseedora de una voz densa, profunda, de un color aterciopelado, que se abre en la granja aguda con brillo y que se adentra en la zona grave con solvencia y perfecto apoyo, como se pudo ver y oír en las repetidas “La Mort” en la escena de las cartas, piedra de toque para cualquier mezzo que se quiera medir con la cigarrera sevillana. Su fraseo lleno de sensualidad en la habanera y en la seguidilla se convirtió en profundamente trágico en la escena final. Frente a ella, el Don José de Eduardo Pomares presentaba un perfil eminentemente lírico con ribetes de ligero en la franja superior, que tendía a estrecharse y perder squillo. Escénicamente hablando estuvo rígido (el aria de la flor resultó, en este sentido y en el vocal, muy plana), soltándose sólo en la escena final a la que, en cambio, llegó muy al límite de su voz (fueron tres funciones seguidas, hay que reconocerlo). Irene González posee una voz puramente lírica, cándida y angelical, ideal para el personaje de Micaela, al que prestó una muy delicada línea de canto y una voz brillante que, no obstante, también llegó algo deteriorada a su aria del tercer acto. Escamillo estuvo a cargo de la voz contundente y poderosa de Alejandro von Büren, de fraseo bravo y enérgico. Estupendas las Frasquita y Mercedes de Mar Morán (agudos rutilantes que se imponían sobre todos los conjuntos en el final del tercer acto) y Laura Orueta, voz sedosa y de perfecta proyección. A igual nivel el resto de los solistas, así como el estupendo Coro de Cámara de Extremadura y el empastado Coro Infantil, muy suelto en el escenario.
A la vista de los resultados, sólo cabe felicitar a los responsables de este ilusionante proyecto y animar a la Diputación de Badajoz a seguir apoyándolo.
Andrés Moreno Mengíbar
(foto: Fernando Clemente)


