VIGO / Las virtudes de una gala lírica

VIGO / Las virtudes de una gala lírica

Vigo. Teatro Afundación. 1-XI-2020. Otoño Lírico de los Amigos de la Ópera de Vigo. Gala Lírica: Regreso a la pasión. Ismael Jordi, tenor; Marina Comparato, mezzo; Sonia de Munck, soprano; Felipe Bou, bajo; Javier Franco, barítono; Juan Abalde, tenor. Isabel Naveria, actriz. Javier Carmena, piano. Director de escena: Ignacio García. Videomapping e iluminación: Alejandro Contreras.

Un Otoño difícil: este acto, dentro de una programación accidentada, cerraba las actividades de la Asociación que, a consecuencia de la pandemia, han debido sufrir importantes modificaciones, de tal modo que las dos funciones previstas, una con Don Pasquale de Donizetti y otra con Werther de Massenet, fueron sustituidas por sendas galas líricas dramatizadas. La segunda, a la que hemos podido asistir, quedó lastrada además por la imposibilidad de contar con una orquesta en el foso y por la prohibición sanitaria de albergar a más de 60 personas en el Teatro; algo absurdo considerando que la sala de Afundación tiene un aforo de casi 1.000.

Así las cosas, hubo que recurrir a un simple piano como único sostén de las seis voces concurrentes. Al teclado se sentó Javier Carmena, joven artista curtido en mil batallas, vocales e instrumentales, que mostró una desusada capacidad de adaptación a cada solista, reveló fácil y clara dicción, adecuados grados de matización y un especial sentido de la respiración. Pudo aclimatarse con fortuna al estilo y modos de los cantantes, que interpretaron un repertorio bien urdido constituido por célebres fragmentos operísticos que integraban una suerte de argumento que enhebraba cada pieza a través de una sentenciosa narradora –muy bien encarnada por la actriz Isabel Naveria, cuya excelente voz no estaba amplificada por lo que se la escuchaba con dificultad- que nos recordaba algunas famosas frases y definiciones alusivas al arte de los sonidos salidas de la pluma de famosos pensadores, literatos y compositores.

Esta solución, que trataba de articular una línea argumental y establecer la conexión entre página y página y que pretendía otorgar una cierta relevancia intelectual al acto se nos antojó excesivamente ampulosa y retórica. Creemos que habría sido más práctico e ilustrativo, más conectado con la música escuchada, dar unas breves y concisas pinceladas relacionadas con los argumentos y situaciones, cargadas o no de pasión, que se describían y que vivían los personajes líricos convocados en cada caso. Sí nos pareció muy bella, atmosférica, bien pensada la ambientación videográfica, alusiva, a través de bien escogidas imágenes, a cada uno de los números elegidos.

Sea como sea, lo cierto es que seguimos muy atentos, prendidos de las muy bellas composiciones, la actuación de cada uno de los seis cantantes. Por orden de aparición, la primera fue la italiana Marina Comparato, la única no española del elenco. Cantó primero Près des remparts de Séville de Carmen de Bizet. Lo hizo con buen estilo y no demasiada gracia mostrando un muy lírico timbre de mezzo de buen porte aunque escaso brillo y excesivo vibrato. Mejor más tarde en Mon coeur s´ouvre  a ta voix de Sanson y Dalila de Saint-Saëns, que delineó con inteligencia y escasa sensualidad. A su instrumento le falta un punto de riqueza y de oscuridad. Colaboró a satisfacción en el muy hermoso y breve trío Angiol di pace de Beatrice di Tenda de Bellini al lado de los muy entonados Ismael Jordi y Sonia de Munck.

Junto a Comparato estuvo esta gentil soprano en una mejorable recreación de Belle nuit, ô nuit d´amour de Los cuentos de Hoffmann de Offenbach. Antes había cantado muy bien, con escalas cromáticas bien dibujadas y sobreagudos bien puestos el vals de Julieta de Romeo y Julieta de Gounod, donde exhibió su timbre argénteo, su vibrato stretto, su extensión (hasta el Re 5) y su gracia juvenil; cualidades aplicadas asimismo a sus limpias intervenciones en el Sexteto de Lucia di Lammermoor de Donizetti, una página que no acabó de salir a la perfección y en la que intervinieron todos los demás. Aquí se echó en falta una mano rectora que cuadrara y matizara.

Ismael Jordi, a quien habíamos escuchado meses atrás una perfectible Favorita en Málaga, demostró hallarse en excelente forma. Su voz, no especialmente rica, va adquiriendo mayor anchura, tornasoles tímbricos, hechuras que lo aproximan a lo lírico. Los agudos son ahora más plenos, mejor “montados”; y matiza y colorea estupendamente, como puso de manifiesto en una magnífica Pourquoi me réveiller de Werther, recordando a su maestro Alfredo Kraus, a quien invocó al término de su interpretación. Brilló también, con buena pronunciación francesa, en el tan bello dúo Au fond du temple saint de Los pescadores de perlas de Bizet, que cantó en compañía del coruñés Javier Franco, que ha evidenciado un apreciable asentamiento de su voz, más oscura y plena, de resonancias ligeramente nasales, envuelta en ricas vibraciones baritonales y que sabe sortear con habilidad una cierta desigualdad de registros. El agudo, no siempre timbrado, tiene personalidad y vibración. Cantó, con los matices justos, episódicas debilidades en los graves y un curioso filado en el fa 3 de cierre, Eri tu, de Un ballo in maschera de Verdi. Nos recuerda vagamente al antiguo barítono italiano Giorgio Zancanaro.

Previamente había actuado, con arrojo y decisión, junto a Felipe Bou, en el extenso y marchoso dúo “de los bajos” de I puritani de Bellini Il rival salvar tu dei… Suoni la tromba. Aquí Bou puso en evidencia que es efectivamente un bajo de verdad: tinte penumbroso, ancha emisión, graves suficientes, solidez berroqueña. No es especialmente expresivo, pero es musical y respetuoso y frasea con elegancia, bien que su voz, que es muy lustrosa en el rotundo centro, pueda episódicamente perder colocación en la zona superior, en torno al Re o al Mi, adquiriendo entonces un tono más bien mate. Se ensimismó con discreción en la gran aria de Felipe II del Don Carlo verdiano, con un recitativo de excelente calidad.

Al franco éxito, forjado por los calurosos aplausos del escaso público, contribuyó la breve actuación de Juan Abalde, el Sposino del Sexteto de Lucia.