VIGO / Hachè Costa y Rafael Yebra reivindican la vigencia del surrealismo, al celebrar su centenario

Vigo. Museo de Arte Contemporáneo. 23-XI-2024. Rafael Yebra, saxofón barítono. Hachè Costa, electrónica. Obras de Eiras, Gaspar, González y Costa.
A medida que avanzamos por esta tercera década del siglo XXI, se multiplican los centenarios y las efemérides que nos recuerdan la efervescente vitalidad que hace cien años destilaron los años veinte, repletos, como lo estuvieron, de figuras míticas en el arte, la ciencia y el pensamiento que siguen marcando nuestros imaginarios colectivos y la forma en que nos vemos a nosotros mismos, intentando comprendernos.
El otoño de 1924 nos dejó dos buenas muestras de aquella efervescencia que han conseguido trascender el tiempo y seguir interpelándonos: las respectivas publicaciones de dos textos tan diferentes entre sí (¿antagónicos?) como la novela de Thomas Mann La montaña mágica y el Primer manifiesto del surrealismo, firmado por André Breton.
Precisamente, el centenario del Manifiesto del surrealismo y la exposición La profundidad esencial de la tierra, que comisariada por Carlos L. Bernárdez recoge obras surrealistas de los pintores Benjamín Palencia y Manuel Colmeiro, han sido los puntos de partida para el concierto celebrado el pasado 23 de noviembre en el Museo de Arte Contemporáneo de Vigo (MARCO), con el saxofonista Rafael Yebra y el compositor Hachè Costa como protagonistas de un programa titulado TIEMPOS Y ESPACIOS. 100 años de surrealismo, en el que han incluido cuatro obras firmadas por cuatro compositores gallegos, articulando su programa en torno al tiempo, la materia y el espacio, para acabar recalando en esa conmemoración del surrealismo por medio del estreno absoluto de Surréalisme 100 (Hommage à Jacques Lacan) (2024), partitura de Hachè Costa para saxofón barítono y electrónica fruto de un encargo de Rafael Yebra, a quien está dedicada.
Para ubicarnos histórica y conceptualmente, Hachè Costa realizó una soberbia presentación del concierto en la que, durante media hora, desgranó algunas de las claves del surrealismo, poniéndolo en la estela del pensamiento nietzscheano y llevando sus repercusiones hasta la obra de Jacques Lacan, teórico y psicoanalista francés que Costa aborda, como al conjunto del surrealismo, en su dimensión más reivindicativa, ya sea en lo relacionado con la vivencia del cuerpo y la construcción del yo, ya en el aspecto político, que pone en perspectiva con el actual rebrote del huevo de la serpiente, como un eco de aquellos años veinte del pasado siglo; de ahí, que referencias políticas de la mayor actualidad desfilen por el paisaje acústico de Surréalisme 100 (Hommage à Jacques Lacan), como después veremos.
Pasando a las interpretaciones musicales, la primera de ellas abordó la dimensión del tiempo, por medio de la partitura para saxofón barítono Diacronías I (2015), obra del compositor vigués Juan Eiras que nos ofrece continuos contrastes entre dos tipos de materiales y su diferente comportamiento temporal. El primero de ellos, más expansivo, abunda en saturación armónica y multifónicos, que trazan líneas de temporalidad dilatada, variada en su color por la articulación y la vibración, con proliferación de vibrato. El segundo tipo de materiales nos sumerge en un tiempo comprimido, en el que las acciones se desarrollan con técnicas extendidas como el slap, la proyección de aire sin tono o la percusión de las llaves, enfatizando la dicotomía entre armonía y ruido que estructura la partitura en función de su relación con el tiempo.
Todo ello fue interpretado con refinamiento y empuje por un Rafael Yebra que se ubicó, con buen criterio, bajo el gran lucernario de la sala de exposiciones donde tuvo lugar el concierto, utilizando dicha cavidad para acrecentar las resonancias de su saxofón, algo que incorporaría aún más matices a la segunda partitura del programa, estrenada en su día por el propio Yebra, Rumor de frío II (2016), obra para saxofón barítono de uno de los mejores compositores gallegos de nuestro tiempo, Jacobo Gaspar.
Con Rumor de frío II alcanzamos la partitura de más moderna y cuidada sonoridad del concierto, una pieza que nace desde la percusión de la boquilla con los dedos, cuyos golpeos en la caña se complementan con el ruido de las llaves, haciendo emerger Gaspar su obra desde el temblor y el pálpito de una materia en estado germinal, larvario. Dichas sonoridades se van alternando con aire sin tono en un pianissimo que confiriere calidades y sustancias a ese frío al que se refiere la obra, cristalizado por medio de una sutil rugosidad, con sucesiones de micro-slaps, multifónicos y diversas proyecciones de aire, cuyo estudio, a través de las resonancias y de las distintas formas de ataque, domina el desarrollo de una pieza de verdadera altura que nos ha hecho recordar a otra partitura coetánea de Jacobo Gaspar para cuarteto de saxofones, la espléndida Figuras con sólidos e líquidos (2017), obra estrenada por SIGMA Project en Santiago de Compostela hace siete años. Con dicho cuarteto comparte Rumor de frío II una materialidad que convierte el sonido del saxofón en una materia casi escultórica, en vivencia de un frío que es realidad física, pero, también, convulsión del cuerpo, desasosiego y esa progresiva evanescencia de su acusada rugosidad hacia un despojamiento que evoca los espacios albares de Antonio Gamoneda en su poemario Libro del frío (1986-2016), donde el cuerpo es frío en sí mismo.

También estrenada por Rafael Yebra, Plegaria de los ahogados (2017) es una partitura para saxofón barítono y vídeo del compositor vigués Jesús González que nos ha servido para profundizar en la dimensión del espacio; máxime, por cómo ha sido planteada en el MARCO, con el público en una sala, contemplando el vídeo, mientras Rafael Yebra tocaba en otra sala, de la que llegaba el sonido de su saxofón, incidiendo en esa búsqueda de largas resonancias que nos plantea Plegaria de los ahogados.
Su trabajo con unos materiales armónicos muy depurados, con células de apenas un par de notas a las que les sigue su progresiva desintegración, confiere un sentido programático a esa voz del náufrago perdida en un vasto espacio abierto: el que en el vídeo nos mostraron el mar y los desiertos (diálogo entre música e imagen un tanto desarticulado, en todo caso, por la puesta en escena desarrollada en Vigo). La figura de Giacinto Scelsi resuena en el horizonte, por el laconismo de la partitura y la importancia que ésta concede al ataque, a los matices dinámicos y a la modulación del flujo sonoro para dar forma a la transición entre la vida y la muerte, entre el espacio como materia y el espacio como vacío, por lo que la escultura de Jorge Oteiza se antoja otro espejo en el que hacer reflejar las indagaciones de Jesús González sobre el eco y la reverberación como sustancias musicales.
En la misma sala donde habíamos escuchado Plegaria de los ahogados tuvo lugar el estreno de Surréalisme 100 (Hommage à Jacques Lacan), partitura que hemos de poner en perspectiva con obras precedentes estrenadas por Hachè Costa en Galicia, o con las que ha visitado su tierra natal, como passato. presente. futurismo (2017), Tratado Espiritual de las Tres Vías || Amor Divino (2018-19) o La Mano (2021), pues en todas ellas los ámbitos psicológico y político se interpelaban, llevando a cabo una poderosa terapia musical dramatizada que ya nos había dejado muestras de su colaboración con Rafael Yebra en partituras como Tratado Espiritual de las Tres Vías, dúo estrenado por Multiplensemble en el marco del Festival RESIS 2019.
Cinco años después, Surréalisme 100 (Hommage à Jacques Lacan) se divide en tres partes cuyos títulos e inspiración fueron tomados por Hachè Costa del trabajo teórico del psiquiatra parisino al que homenajea su obra. Así, Lo real, Lo imaginario y Lo simbólico estructuran una partitura de quince minutos de duración que comienza cual mantra, si bien, frente a la contemplación hacia fuera de los ciclos que conformaban Plegaria de los ahogados, Surréalisme 100 da lugar a un proceso de introspección en patrones obsesivos que se solapan con una electrónica que porta ecos de La Mano, por un tratamiento de las voces que, a priori, nos podría parece un deje de humor tan habitual en Costa, pero que se acaba convirtiendo en un verdadero monstruario y paisaje del horror cotidiano que padecemos cada vez que nos asomamos a los medios de (in)comunicación y observamos la alianza de estulticia y neofascismo que nos rodea.
Es por ello por lo que, junto con lo más estructurado a nivel armónico (mecanismos, melodías degradadas, oscilaciones microtonales o reminiscencias del canto árabe), en Surréalisme 100 se une toda una paleta ruidista que sirve para convertir la obra en una catarsis, profundizando en las obsesiones que ya son marca de la casa en la personalísima estética de Hachè Costa. Un ahogado uso del aire sin tono («como un refugiado sirio en el Mediterráneo bajo el agua» —indica la partitura—), pasajes escritos en notación gráfica (como la gran espiral en la sección H que invita al saxofonista a sublimar sus dudas), glissandi, sonidos eólicos, bisbigliando o la ansiosa respiración del intérprete a través del instrumento, muestran esa vivencia descarnada del cuerpo a la que Costa se había referido en su presentación, confiriendo libertad a un saxofonista que, aunque no estemos ante una obra abierta, sí tiene cierto margen para completar lo escrito en la partitura, habiéndonos quedado con la sensación, tras hojearla al finalizar el concierto, de que este estreno nos ha ofrecido tan sólo una primera posibilidad, pues el texto de Surréalisme 100 permite un desarrollo más acusado en cuanto a tensión de la dialéctica armonía/ruido, saturación de la escena acústica por medio de la electrónica y una teatralidad que, sin duda, Rafael Yebra y Hachè Costa irán puliendo en sus próximos conciertos, que con este mismo programa tendrán lugar en la Universidad de León y en la sede de la UNED en Madrid, los días 8 y 19 de diciembre, respectivamente.
Lo que no precisará de mayores cambios es el final de Surréalisme 100, pues lo vivido en el MARCO ya fue, de por sí, suficientemente acongojante, con el larguísimo diminuendo en el que Rafael Yebra se va esfumando en bucles de corcheas, mientras se aleja del atril en movimientos compulsivos, perdiendo progresivamente el aliento y el sonido de su saxofón, tras la aparición en la electrónica de la horrísona voz de Donald Trump, ante la cual el saxofonista había lanzado sus chillidos, intentado aniquilarlo, en uno de los pasajes más convulsos y de mayor actualidad de la obra.
Dicha tensión creciente, llegada desde la electrónica, con su reflejo de lo más sombrío de la realidad, acaba aniquilando al saxofonista, convertido en ceniza en sus bucles finales, como también lo acaba siendo una electrónica reducida a un gris crepitar que muestra lo indisociable de los destinos de lo individual y lo social. Perturbador, como en todas las visitas de Hachè Costa a Galicia, Surréalisme 100 ha vuelto a compartir con los anteriores estrenos del compositor el interés del público, que al final del concierto se quedó a comentar con Rafael Yebra y Hachè Costa los pormenores de su obra, en lo que se antoja un buen contrapunto a esa dictadura del odio y el pensamiento único que intenta establecer un poder con demasiadas piezas consonantes en diversas latitudes del mundo. Cien años después, no es mal momento para reivindicar el poder combativo del surrealismo, frente a tanto supuesto orden como nos quieren imponer.
Paco Yáñez


