La cita con la Historia de Marisa Manchado

Cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte tan callando. Aunque los versos de Jorge Manrique nos recuerdan a todos la fragilidad humana, no hubo silencio en la muerte de Marisa Manchado, sino el desgarrador sonido de un choque y el clamor por un suceso que no habría que acallar nunca. El accidente de Urda se ha llevado a los setenta años a una de las compositoras más sobresalientes del panorama musical español.
María Luisa Manchado Torres, nuestra cercana Marisa Manchado, había nacido en Madrid el 7 de julio de 1956 y se formó principalmente en su ciudad natal como compositora y pianista, pero también como musicóloga, pues era doctora en esa materia por la Universidad Complutense. En su formación compositiva solía citar a Carmelo Bernaola, Antón García Abril y Luis de Pablo, así como a figuras internacionales como Olivier Messiaen y Brian Ferneyhough. Probablemente lo que mejor aprendió de ellos es que no debía imitarlos, sino desarrollar su propio lenguaje en función de sus personales necesidades creativas. Y así lo hizo.
Marisa no se limitó a desarrollar una interesante obra personal, sino que supo luchar por la música en todos los campos. Fue profesora y durante muchos años desempeñó la vicedirección del Conservatorio Teresa Berganza. También participó en la fundación de la Asociación Madrileña de Compositores, de la que fue la primera presidenta. Y tomó parte en la gestión ministerial de la música cuando fue subdirectora general de Música y Danza del INAEM entre 2007 y 2008, durante la etapa en que Juan Carlos Marset dirigió el organismo. Al margen de todo esto, su reivindicación del papel creativo de las mujeres compositoras se reflejó en numerosas actividades y publicaciones.
Como compositora, Marisa escribió para toda clase de formaciones y desde muy pronto se sintió atraída por la ópera. De hecho, en aquella casi mítica serie de óperas que se fueron estrenando en la Sala Olimpia (hoy Teatro Valle-Inclán), gracias al apoyo prestado al CDMC por otro inolvidable ausente, el entonces director del Centro Nacional de Nuevas Tendencias Escénicas, Guillermo Heras, fue ella quien estrenó la última ópera antes de que el Ministerio suprimiera la iniciativa sin mayores explicaciones. Se trató de El cristal de agua fría, con texto de Rosa Montero, que subió a escena en 1994. Una segunda ópera de formato más pequeño, Escenas de la vida cotidiana, se estrenó en el Teatro de la Abadía en 1997. Luego vendría un largo periodo de trabajo sobre un libreto de Amelia Valcárcel basado en La Regenta, de Leopoldo Alas, que culminaría con el estreno de la ópera del mismo título, producida por el Teatro Real y el Teatro Español en las Naves del Español en Matadero en 2023. La Regenta no solo llamó la atención, sino que fue una de las razones fundamentales para que se le concediera el Premio Nacional de Música en la modalidad de Composición en 2024.
En el campo orquestal produjo varias obras notables, como el Concierto para dos pianos y orquesta, de 2002, o el Concierto para fagot y orquesta, de 2012. Su último estreno sinfónico fue Un mar de hielo, una suite extraída de su propia ópera La Regenta, que la Orquesta Nacional de España estrenó el pasado mes de abril. Y son notables también algunas de sus obras de cámara, piezas pianísticas, canciones y composiciones electroacústicas.
Seguramente a Marisa le quedaba mucho por decir, como a cualquier artista creador que se va, por mucho que ya haya ofrecido. Ese nefasto 28 de octubre la esperaban en Sevilla para participar en un acto universitario. No pudo acudir a esa cita. Le estaba reservada ya su cita con la Historia, que es la cita más importante que tienen los creadores cuando nos dejan.
Tomás Marco


