VIENA / Emotivo homenaje al gran violinista Günter Pichler

El Konzerthaus de Viena rindió el pasado viernes un emotivo homenaje al gran violinista Günter Pichler (1940-2026), fundador y primarius del legendario Cuarteto Alban Berg, fallecido el pasado 24 de abril en un trágico accidente de tráfico en las inmediaciones de la capital austríaca.
El concierto se abrió con unas palabras del director general del Konzerthaus, Matthias Naske, antes de que el Cuarteto Leonkoro tomara el escenario. Esta joven formación, cuyos integrantes se graduaron el pasado curso en la Escuela Superior de Música Reina Sofía de Madrid, tras estudiar durante cinco años con Pichler, desarrolla ya una brillante carrera internacional pese a su juventud.
En la primera parte interpretaron el Cuarteto en re mayor, op. 76 n.º 5, de Joseph Haydn, conocido como Largo o Friedhofsquartett (Cuarteto del cementerio), cuyo movimiento lento constituye un hermoso lamento melancólico en el que el tema principal resuena una y otra vez, cada vez más tenue, hasta que la música termina por extinguirse. Después llegó el último de los cuartetos de Felix Mendelssohn, el sexto, en fa menor, op. 80, conocido como Réquiem por Fanny, una obra escrita en recuerdo de su hermana, fallecida apenas dos meses antes de que el compositor concluyera la partitura, en julio de 1847.
En la segunda parte se unió al cuarteto el veterano violista polaco Krzysztof Chorzelski (Varsovia, 1971), miembro del Cuarteto Belcea —que también se formó con Pichler— y profesor de la prestigiosa Guildhall School of Music & Drama de Londres. Los cinco arcos ofrecieron una sentida interpretación del Quinteto de cuerda n.º 2, en sol mayor, op. 111, una de las obras camerísticas más célebres y vigorosas de Johannes Brahms, caracterizada por su sonoridad casi sinfónica, sus densas texturas, su extraordinaria madurez expresiva y la constante presencia de ritmos populares y danzas de inspiración húngara.

Fuera ya del programa oficial, tuvimos una hermosa intervención de Florian Riem, secretario general de la Federación Mundial de Concursos Internacionales de Música, que evocó con emoción la personalidad artística y humana de Günter Pichler. Antes de poner fin al concierto, numerosos músicos pertenecientes a varios cuartetos de cuerda, todos ellos vinculados a su magisterio en Madrid, se reunieron para interpretar una conmovedora versión para orquesta de cuerda de la Gran Fuga, op. 133, de Beethoven, una de las páginas más audaces y visionarias del compositor de Bonn.
Al homenaje asistieron numerosas personalidades del mundo musical, entre ellas el violonchelista Valentin Erben y el violinista Gerhard Schulz, los dos miembros fundadores supervivientes del Cuarteto Alban Berg; Maria Majno, viuda de Alfred Brendel y vicepresidenta de la Sociedad del Cuarteto de Milán; la violinista rumana Corina Belcea, líder de la formación que lleva su nombre y que también participó en la Gran Fuga de Beethoven; Léo Marillier, segundo violín del Cuarteto Diotima; Heime Müller, antiguo violinista del Cuarteto Artemis y actual profesor de la Escuela Reina Sofía de Madrid; el compositor y director de orquesta Fabián Panisello, y Juan Alonso Mendoza, director artístico de la Escuela Superior de Música Reina Sofía. A ellos se sumaron innumerables colegas y amigos de Günter y de Elfi Baumgartner, compañera sentimental del violinista durante casi tres décadas e impulsora de este concierto en su memoria, cuya grabación podrá escucharse próximamente a través de la emisora cultural Ö1 de la radiotelevisión austríaca ORF.
El gran sueño
Tras convertirse en el concertino más joven de la Orquesta Sinfónica de Viena y, dos años después, de la Filarmónica de Viena, a la que se incorporó con apenas 21 años por invitación expresa del propio Herbert von Karajan, Pichler vio cumplido, a los treinta, su gran sueño: fundar un cuarteto de cuerda.
Durante un año de intensa preparación, los miembros fundadores del Alban Berg entraron en contacto con Walter Levin, del Cuarteto LaSalle, y con los integrantes del Cuarteto Amadeus, cuyas orientaciones y consejos resultaron decisivos para consolidar el proyecto. Poco después debutaron en el Konzerthaus de Viena. La primera reseña aparecida en la prensa vienesa llevaba un título revelador: «Una maravilla llamada Cuarteto Alban Berg». Fue el comienzo de una carrera extraordinaria.
Durante casi cuatro décadas, de 1970 a 2008, el Cuarteto Alban Berg constituyó, junto con sus compromisos docentes, el eje de la actividad profesional de Pichler y la culminación artística de una vida consagrada por entero a la música. Tras la disolución del conjunto, el violinista emprendió una nueva y más sosegada etapa como director de orquesta, una actividad que, como él mismo me confesó, le proporcionó grandes satisfacciones.

Entregado desde siempre a la enseñanza, Günter Pichler ejerció como profesor, junto con los restantes miembros del Cuarteto Alban Berg, en la Universidad de Música y Danza de Colonia entre 1993 y 2012, tras tomar el relevo del Cuarteto Amadeus. Entre las numerosas formaciones que se beneficiaron de su magisterio figuran los cuartetos Ámbar (China), Fauré, Aron, Amaryllis, Belcea o Artemis.
La vinculación de Pichler con España se remontaba a más de tres décadas. Primero, a través de sus esperadas y frecuentes visitas con el Cuarteto Alban Berg, especialmente al ciclo del Liceo de Cámara del Auditorio Nacional de Música de Madrid. Y, desde 2007, apenas un año antes de la disolución del conjunto, como director del Departamento de Cuerda del Instituto Internacional de Música de Cámara de la Escuela Superior de Música Reina Sofía de Madrid.
A esta actividad docente dedicó desde entonces al menos una semana de cada mes, hasta impartir sus últimas clases apenas unos días antes del desgraciado accidente que acabó con su vida. Durante sus años de magisterio en Madrid, Pichler contribuyó a la formación de más de una treintena de cuartetos, entre los que destacan algunos de los conjuntos más relevantes de la actualidad, como Casals, Schumann, Bennewitz, Affinity, Fibonacci, Goldberg, Aris, Tchalik o Leonkoro, entre otros.
Quizá no podía imaginar Günter un homenaje más hermoso que el de aquellos jóvenes músicos que, reunidos en torno a la Gran Fuga de Beethoven, devolvieron a su maestro una pequeña parte de cuanto habían recibido de él. Porque, más allá de su extraordinaria trayectoria como intérprete, su mayor legado permanece vivo en las nuevas generaciones de cuartetos que formó con sabiduría, exigencia y generosidad. Esta noche, en el Konzerthaus de Viena, no solo se recordó a un músico excepcional: se celebró la continuidad de una manera de entender y amar la música.
Antonio Moral


