A CORUÑA / Richard Egarr: un Mozart artificioso y un Haydn muy notable

A Coruña. Palacio de la Ópera. 6-XI-2026. Elionor Martínez, soprano. Helena Ressurreição, mezzosoprano. Vicent Romero, tenor. Sebastià Peris, barítono. Coro y Orquesta Sinfónica de Galicia. Director: Richard Egarr. Obras de Mozart y Haydn.
El británico Richard Egarr es uno de los mejores intérpretes del repertorio barroco: su Purcell, su Bach y su Haendel son de primera clase. Sin embargo, al frente de la Orquesta Sinfónica de Galicia este fin de semana, volvió a mostrar que no posee las mismas virtudes cuando sale de ese terreno.
En una Sinfonía nº 39 de Mozart que resultó una declaración de intenciones sin justificación suficiente en su desarrollo, Egarr llevó al extremo, con un orgánico cuantitativamente bien medido, algunos recursos de la llamada interpretación historicista —sí, ya sabemos que el término da un poco de pereza. Hay ocurrencias que hacen gracia y otras que acaban por perderla mientras la naturalidad deviene artificio. El Adagio-Allegro quiso ser enérgico y contundente, hasta el punto de asemejarse a un concierto para timbal y orquesta, con un bravo José Belmonte como protagonista. La presunta anticipación beethoveniana quedó en argumento poco sólido. Mucho mejor fue el Andante con moto, a modo de ducha escocesa. El Menuetto resultó más cuadriculado que otra cosa. Y, para cerrar, un Allegro al que ni la evocación del “cómo pudo ser” redimió de su carácter demasiado agreste. Habrá, no faltaba más, quien piense que este es el Mozart que se oyó en su momento y que deberíamos seguir escuchando hoy. Lo primero lo ignoramos; lo segundo nos lleva, en este caso, a una cierta perplejidad.
Las cosas fueron mucho mejor en la segunda parte. También ayudó que la forma y la esencia de la Misa in angustiis de Haydn hicieran mucho más difíciles las licencias tomadas en Mozart. Egarr no arriesgó, manejó muy bien el desarrollo de una obra tan maestra como la del salzburgués y firmó una versión muy estimable, en la que se utilizó la edición con vientos. Solo faltó algo más de flexibilidad en la maravillosa intervención orquestal que precede al “Et unam sanctam”.

Los solistas vocales cumplieron con creces y resolvieron sus intervenciones con competencia y buen gusto, aunque el tenor resultó algo escaso. Excelente estuvo la mezzo Helena Ressurreição en el “Et incarnatus”. El Coro de la OSG, preparado por Javier Fajardo, volvió a demostrar su evidente mejoría y dejó una estupenda impresión en la que ha sido su mejor noche en mucho tiempo. A pesar de tener que lidiar con las exigencias de volumen de Egarr, que por momentos lo acercaban al grito, asumió valientemente su protagonismo y ganó la apuesta consigo mismo. Las distintas secciones mostraron, además, una calidad mucho más homogénea de lo que solían, sin que unas destacaran más que otras. La Sinfónica de Galicia, por su parte, atraviesa un momento dulce y sabe adaptarse con ductilidad a criterios diferentes. Esta vez merece subrayarse la labor de los clarinetistas Juan Ferrer e Iván Marín en la sinfonía de Mozart.
Luis Suñén
Fotos: Pablo Sánchez Quinteiro


