VERSALLES / Majestuoso espectáculo versallesco

VERSALLES / Majestuoso espectáculo versallesco

Versalles. Opéra Royal. 10-X-2019. Grétry, Richard Coeur de Lion. Rémy Mathieu, Reinoud Van Mechelen, Melody Louledjian, Marie Perbost, Geoffroy Buffière, Jean-Gabriel Saint-Martin. Le Ballet de l’Opéra Royal. Le Concert Spirituel. Director musical: Hervé Niquet. Director de escena: Marshall Pynkoski.

Pocas veces una canción ha tenido consecuencias tan fatales como Ô Richard, Ô mon roi, de la ópera cómica de André Ernest Modeste Grétry Richard Coeur de Lion. Estrenada el 21 de octubre de 1784, gozó de un éxito apoteósico en Francia, pero también en otros países como Inglaterra, donde se interpretó por primera vez en 1786, o Estados Unidos (el estreno americano tuvo lugar en Boston en 1797). Cinco años después, con la Revolución ya en marcha, se produjo un hecho que marcaría el destino del rey Luis XVI y de su esposa, María Antonieta. El 1 de octubre de 1789 se organizó una cena en el teatro del Palacio de Versalles en honor a los regimientos de Flandes, a la que acudió la pareja real. A los postres, los soldaron entonaron Ô Richard, Ô mon roi, se arrancaron de las casacas la escarapela tricolor, la pisotearon y juraron lealtad eterna al rey. Aquello trascendió y, cuatro días después, una turba asaltó el palacio, asesinó a varios los guardias y se llevó detenidos al rey y la reina al Palacio de las Tullerías, de donde solo saldrían cuatro años más tarde para ser guillotinados. Ô Richard, Ô mon roi se convirtió inmediatamente en el himno de los realistas franceses, hasta casi el siglo XX.

La Opéra Royal de Versalles, inaugurada el 16 de mayo de 1770 con motivo precisamente de la boda del futuro Luis XVI con la princesa austriaca María Antonieta, cumple esta temporada 250 años. Es también la décima temporada en tiempos modernos en que se programan en ella espectáculos de manera regular. Elegir para el comienzo de la temporada 2019/20 la ópera Richard Coeur de Lion tiene, por tanto, una enorme carga simbólica. Pero es que este título de Grétry, el más brillante de toda su producción, fue un gran hit en una época en la que la ópera cómica francesa gozaba de una formidable popularidad en toda Europa; venía a ser lo que algún tiempo después fue el music hall. En la ópera cómica aparecen mezclados grandes héroes (en este caso, el rey Ricardo Corazón de León) y las clases populares, algo que fascinaba a aquel público.

Compuesta en tres actos (aunque Grétry añadiría un año más tarde un cuarto acto para su reposición en Fontainebleau), el argumento, basado en una leyenda, no puede ser más rocambolesco: Ricardo, a su regreso de la Tercera Cruzada, es encarcelado por Leopoldo V de Austria. El trovero Blondel de Nesle lo busca para liberarlo. Coincide en el castillo de Linz con dos ingleses, Sir Williams y su hija Laurette, que le revelan que en las mazmorras hay prisionero desconocido. Blondel sospecha que es su rey y, a partir de ahí, en la escasa hora y media que dura la ópera, se desencadena una retahíla de intrigas, enredos y equívocos amoríos, adobados de fuertes dosis de humor, que concluyen, como es obvio, con la liberación de Ricardo.

Pero el protagonista en esta ópera de Grétry no es Ricardo, que apenas canta un par de arias, sino su fiel Blondel. Él es quien entona, al inicio de la obra, Ô Richard, Ô mon roi, y el que lleva el todo peso en el desarrollo de los hechos. La comedia francesa se asemeja a la zarzuela española en que los recitados no van acompañados de música; hay mucho monólogo y mucho diálogo, así como un buen número de escenas de danza. La música es agradable, aunque no creo que pueda ser calificada de trascendente.

Los excelentes tenores Rémy Mathieu (Blondel) y Reinoud Van Mechelen (Ricardo) se llevan la parte del león —nunca mejor dicho— dentro de un reparto en el que nadie desentona. La dirección de Hervé Niquet es todo lo celérica y vibrante que en él es habitual. Le Concert Spirituel suena tan bien como siempre. La dirección de escena del canadiense Marshall Pynkoski —especializado en montajes historicistas gracias a su larga colaboración con la formación Tafelmusik— es simplemente soberbia (¡qué afortunados son los franceses de poder ver con frecuencia este tipo de puestas, tan en las antípodas de los bodrios ‘modernizantes’ que nos tenemos que tragar en España!). Sobresaliente cum laude, asimismo, para la coreografía de Jeannette Lajeunesse Zingg, para los decorados de Antoine Fontaine, los figurines de Camille Assaf, la iluminación de Hervé Gary y las escenas de lucha de Géraldine Moreau-Geoffrey. Todo junto (además del imponente Teatro de la Ópera de Versalles, el mismo donde se montó el lío con los guardias de los regimientos flamencos por cantar Ô Richard, Ô mon roi) hacen de este Richard Coeur de Lion un espectáculo memorable.

(Fotos: Agathe Poupeney)