VALLADOLID / Tadokoro y el Liszt casi imposible

Valladolid. Teatro Calderón (Sala Delibes). 25-IV-2026. Marcel Tadokoro, piano. Liebesträume S 541 y 12 estudios de ejecución trascendental S 139, de F. Liszt.
Tercer premio del Concurso de Piano de Santander de 2022, Marcel Tadokoro se presentó en el ciclo de Juventudes Musicales de Valladolid en el Teatro Calderón con un programa terrorífico. Los Doce estudios de ejecución trascendental no se tocan mucho así, de corrido, y ya me explico por qué tras habérselos escuchado al pianista japonés. Por algo el propio Liszt tuvo que publicar una segunda edición aligerando su escritura, tal era la dificultad técnica que presentaba la edición original, que es la escuchamos en Valladolid, por supuesto. Puede que para hacer dedos, abrió el programa con los tres “Sueños de amor”, obras tan trilladas (especialmente la tercera) que es difícil sustraerse a la cursilería con la que las más de las veces se tocan. No fue el caso, porque Tadokoro usó el mínimo rubato posible, controló el pedal y se centró en las líneas cantabiles con un toque muy sutil incluso en los floreos de la mano derecha de la primera pieza. Consiguió algo muy complicado, que fue darle unidad a la segunda, una pieza fragmentaria que va y viene sin rematar en ninguna melodía definida. La famosa tercera pareció otra cosa a lo que se oye habitualmente, muy sutil y de pulsación muy medida.
Y luego lo otro. Tadokoro luce una digitación vertiginosa, precisa y clara incluso en los pasajes más densos. El equilibrio entre ambas manos es espectacular, gracias a lo cual la elaborada parte de la mano izquierda en prácticamente todos los estudios pudo ser escuchada con nitidez, como esos fulminantes arpegios recortados del nº 11 (“Armonías de la tarde”), por ejemplo; o los del nº 4, el dramático “Mazeppa”, aquí interpretado en un solo trazo de impulso romántico. O los sones ominosos, fúnebres del nº 6 (“Visión”), sobre los que la mano derecha va desgranando un a modo de himno ceremonial en continuo crescendo. Fue espectacular su manera de resolver las terribles tiradas de semicorcheas redobladas del nº 2 (“Molto vivace”). Pero también supo someter a control para que no se le fuera de las manos el lirismo, siempre contenido y con absoluto dominio de las dinámicas del nº 3 (Paisaje”). Sin olvidar, finalmente, su dominio de la técnica de pedal, magistral toda la velada para aclarar las texturas al oído del asombrado público.
Andrés Moreno Mengíbar


