VALLADOLID / Pablo Rus Broseta y la OSCyL, alegría a la húngara

Valladolid. Auditorio Miguel Delibes. 1-XII-2023. Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Director: Pablo Rus Broseta. Obras de Bartók, Kodaly y Ligeti.
La Sinfónica de Castilla y León presentaba en su quinto concierto de abono un programa exclusivamente húngaro-rumano verdaderamente atractivo, en especial al contar con la violinista Vilde Frang para el Concierto nº 2 de Bartók. La solista noruega ya pasea con desenvoltura por Castilla y León, donde deja excelentes sensaciones en cada visita. El año pasado vino a interpretar el concierto de Beethoven con Orozco-Estrada y en 2015 dejó un Concierto para violín de Brahms tan espectacular que, tanto público como orquesta se atrevieron a aplaudir con sinceridad tras el primer movimiento, y no fueron aplausos de diletantes novatos, sino de la audiencia habitual. Ayer, en el Delibes volvió a sacar cuanto quiso de su Guarneri, desde un lirismo melódico con acompañamientos de arpa y celesta hasta la brutalidad de la gran carcajada que Bartók escribió para dobles cuerdas al final. Dominó los diferentes caracteres que se le exigen: lo juguetón, la melancolía, el virtuosismo de esa fea cadencia del primer movimiento y la limpieza de sonido. En el Andante tranquilo, Vilde Frang, con su expresividad y pureza, otorgó tal presencia misteriosa y mística al violín que hacía imposible desviar la mirada. Por descontado, los profesores de la OSCyL respondieron en cada momento a lo que se esperaba de ellos en este complicado concierto, tan complejo como el Concierto para orquesta y con tanta exigencia en cada sección y en cada solista que también pudiera denominarse Concierto para orquesta y violín.
Detrás de este despliegue de equilibrios matemáticos que es Bartók se encuentra una orquesta liderada por Pablo Rus Broseta, cuya labor minuciosa nos dejó pensando que el resultado no podía haber sido una casualidad. El concierto se había abierto con los Bocetos húngaros, cinco preciosas miniaturas de ambiente húngaro, campesino y popular, llenas de chispa, graciosa rusticidad y provocadoras de un magnífico efecto en el auditorio. Por su brevedad precisamente, sus finales abruptos quizá pidan un attacca respecto a cada movimiento siguiente.
El Concierto rumano de Ligeti vino a confirmar a Rus Broseta como un director de sabio criterio en el fraseo y en la ponderación de volúmenes y de sobresaliente capacidad aritmética en la medida de continuos cambios de compás. Fue fundamental el saber sacar partido a los característicos acentos, bien marcados en la partitura, para vertebrar secciones, diálogos y melodías. El concertino invitado, Maxim Brilinsky peleó y salió airoso, uf, de sus endemoniadas intervenciones a la zíngara, al igual todos los jefes de sección. Tanto este Concierto rumano, como los Bocetos húngaros y el Concierto para violín nº 2 permiten lo que se ofreció como colofón en las Danzas de Galanta, de Kodaly: la conjunción de buenas orquestaciones en manos de una buena orquesta, lo que da como resultado la exhibición de un gran sonido de plantilla. Rus Broseta ha sido un magnífico descubrimiento y se ha ganado el crédito de la OSCyL, a la que me imagino disfrutando de lo lindo en los ensayos tanto de Ligeti como de Kodaly.
Enrique García Revilla


