VALLADOLID / ‘Cavalleria’ pucelana

Valladolid. Teatro Calderón. 22-IV-2026. Monica Conesa (Santuzza), Arsen Soghomonyan (Turiddu/Canio), Blanca Valido (Lola), Manuela Custer (Mamma Lucia), Rodrigo Esteves (Alfio/Tonio), Claudia Pavone (Nedda), Gerardo López (Beppe), Jan Antem (Silvio). Coro Calderón Lírico. Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Director de escena: Joan Anton Rechi. Director musical: Nimrod David Pfeffer. Cavalleria rusticana/Pagliacci.
La producción de Rechi para ABAO traída por el Teatro Calderón de Valladolid tiene la virtud de la sencillez combinada con la eficacia. Enlaza ambos argumentos con los mismos decorados (sólo que añadiendo el carro de los payasos en la segunda parte) y haciendo que personajes de Cavalleria aparezcan también, como actores, en Pagliacci. Durante el preludio de ésta última vemos deambular a Mamma Lucia y a una Santuzza que ha dado a luz al hijo del finado Turiddu, dando sentido a la condena comunitaria sobre Santuzza por un embarazo de soltera. Los decorados son vistosos, la luz algo mortecina y el vestuario se mueve en los años del neorrealismo italiano sin desentonar y sin estridencias.
La dirección musical de Nimrod David Pfeffer tuvo dos caras. En Cavalleria no consiguió hacer brotar ni un segundo de emoción, con una dirección flácida, lentísima (preludio, intermezzo, Regina Coeli, dúo Santuzza-Turiddu, despedida de la madre), sin un acento y sin ápice de pasión, plana y anodina. Lo que se transmitió sobre la escena, porque el coro no encontraba el punto de encuentro con el foso, hubo numerosos desfases y el empaste dejó mucho que desear, con una sección de tenores más allá de sus posibilidades. Ni siquiera en la escena final antes del grito que anuncia la muerte de Turiddu hubo drama en la batuta. Menos mal que Pfeffer pareció encontrarse más a gusto con la obra de Leoncavallo. Los tempos fueron más ágiles, hubo acentos y hasta algún sforzandi en los momentos más dramáticos, aunque aún podría haber exprimido más a la estupenda OSCYL para los arranques de violencia vocal de Canio.
Arsen Soghomonian asumió el doble papel de Turiddu/Canio. La voz es muy particular, muy velar, de articulación trasera y sólo parece liberarse en la franja superior. Sabedor de ello, arrimaba el ascua a su sardina cada vez que podía y lanzaba unos atronadores petardazos vocales que fueron de mejor ley en Pagliacci que en Cavalleria. Como Canio firmó, además, una actuación muy convincente, con la voz más asentada y una identificación total con el personaje y sus tribulaciones. Su arranque en “No, Pagliaccio non son!” transmitió tanto su desesperación como su ira, al igual que en “Vesti la giubba” nos puso el alma en un puño por su fragilidad y su dolor.
Mónica Conesa con su voz cuajada, densa, de ribetes oscuros en el centro, pero con agudos bien timbrados, aplicó un fraseo lleno de intensidad, con amplitud de fiato, a su personaje, realmente conmovedor durante los desprecios de Turiddu. Blanca Valido fue una convincente Lola, con brillo y capacidad seductora en su manera de frasear. La veterana Manuela Custer, a pesar de la pérdida de brillo de su voz, vistió con eficacia el personaje de Mamma Lucia. Rodrigo Estevez era el otro cantante que repetía personajes. Como Alfio fue el rústico y tosco carretero, con ataques de ira vocal en “Ad essi non perdono” no secundados por desgracia por el director. Pero donde estuvo a gran nivel fue como Tonio y, antes, en el Prólogo. Sabe vestir las notas con intención, su legato es de buenos quilates y los agudos corrieron como un rayo “Al pari di voi” e “Incominciate!” Y como el lujurioso jorobado se movió con un fraseo sinuoso, lleno de recovecos vocales ideales para el personaje.
Una grata sorpresa fue conocer la voz de Claudia Pavone en el papel de Nedda. La voz posee timbre, brillo y squillo en los agudos, pero también sabe plegar el sonido mediante reguladores de muy buena ley, haciendo perfectamente creíble su personaje mediante la voz y sus inflexiones. Muy interesante también la voz de Jan Antem como Silvio, voz baritonal de color claro, redonda y muy bien manejada. No se puede decir lo mismo del Beppe de Gerardo López, que en su serenata se las vio y se las deseó para no soltar un gallo en las notas más comprometidas.
Andrés Moreno Mengíbar


