VALENCIA / Un paso hacia la normalización de género

Valencia. Palau de les Arts. 13-IX-2006. Orquesta de la Comunitat Valenciana. Directora: A. Bihlmaier. Obras de Musorgski/Ravel y Chaikovski.
Cada año, el concierto de la jornada de puertas abiertas del Palau de les Arts marca el inicio de temporada del teatro valenciano. La propuesta está más que consolidada y permite el acceso a un público más familiar que muchas veces no puede acudir al resto de conciertos sinfónicos, ya sea por tiempo o por presupuesto. Este año, además, era una ocasión especial, pues era la primera vez que una mujer (Anja Bihlmaier) dirigía un concierto sinfónico a la Orquesta de la Comunitat. Es cierto que, casi desde su fundación, ha habido mujeres que se han puesto al frente de la orquesta en el foso. De hecho, la segunda ópera que se llevó a escena en 2006 fue La Bohème y estuvo dirigida por la directora Xian Zhang. El género sinfónico en cambio se resistía, al menos en gran formato.
En los últimos años, el Palau de les Arts viene desarrollando un deslumbrante y exigente ciclo sinfónico con la presencia de las mejores batutas del panorama internacional y, conforme la calidad de dicho ciclo sinfónico ha venido aumentando, la ausencia de mujeres en el programa se volvía más llamativa. Con este concierto, se subsana parcialmente esta carencia, si bien, solo en parte, pues no deja de ser un concierto de carácter popular y precio reducido; sería deseable que, a no mucho tardar, pudiésemos ver el nombre de una gran directora en un concierto de temporada compartiendo cartel en condiciones de igualdad con nombres como Gardiner, Gatti o Jordan.
El programa comprendía dos de las grandes obras del repertorio ruso. En la primera parte se interpretaron los Cuadros de una exposición de Musorgski en la orquestación de Ravel y en la segunda parte la Sinfonía nº 5 en Mi menor de Chaikovski. No deja de ser curioso que, pese a la popularidad de la obra de Musorgski, la orquesta solo la había interpretado una vez en el auditorio. Fue en 2008, bajo la dirección de Zubin Mehta. Llama la atención esa poca presencia, pues es una obra que permite el lucimiento de una orquesta de calidad y, en especial, de sus solistas. Por su parte, Anja Bihlmaier es una de las directoras más admiradas y solventes del panorama internacional. Su interpretación de Musorgski destacó por la ligereza de las texturas en la cuerda, que sonó flexible y dúctil. Como señalábamos, son numerosas las intervenciones solistas en esta obra y hay que destacar las actuaciones de Rubén Marqués en la trompeta y Ramiro Tejero en la tuba, además de los solistas de la sección de maderas, siempre al más excelente nivel.
En la segunda parte llegó el turno de la Sinfonía nº 5 en Mi menor de Chaikovski. En su interpretación, Bihlmaier derrochó autoridad, inteligencia y visión de conjunto de la obra. Destacó especialmente el trabajo en la cuerda, controlando en ocasiones la arrolladora sonoridad de la Orquesta de la Comunitat para exigirle los matices dinámicos pertinentes. Asimismo, prestó especial atención a la articulación de cada una de las secciones de la cuerda para que cada idea melódica quedase perfilada con claridad. El resultado fue una versión de deslumbrante claridad sonora en la que se volvió a poner de manifiesto la calidad de la orquesta valenciana. De nuevo, hay que señalar la calidad de las intervenciones solistas y, muy en particular, la participación Bernardo Cifres en el solo de trompa del segundo tiempo.
César Rus
(fotos: Mikel Ponce)


