VALENCIA / ‘Falstaff’ en Les Arts: ‘demasié’ demodé

VALENCIA / ‘Falstaff’ en Les Arts: ‘demasié’ demodé

Valencia. Palau de les Arts. 2-III-2021. Verdi, Falstaff. Ambrogio Maestri, Davide Luciano, Ainhoa Arteta, Chiara Amarù, Violeta Urmana, Sara Blanch, Juan Francisco Gatell, Joel Williams, Antonio di Matteo, Jorge Rodríguez Norton. Orquesta de la Comunidad Valenciana. Director musical: Daniele Rustioni. Director de escena: Mario Martone.

Culminación del catálogo verdiano y punto álgido de la historia de la ópera, Falstaff es una ópera rotunda y redonda. Gracias a un libreto excepcional y al pentagrama de un anciano Verdi que, de vuelta ya de todo y bien superado el trauma wagneriano, es capaz de reírse de sí mismo, de ponerse el mundo por montera y despedirse de su carrera operística con esa definitiva genialidad que es la fuga final que cierra Falstaff: Tutto nel mondo é burla. Sir John Falstaff ha regresado a Valencia, tan feliz, sonriente y gordinflón como siempre, reencarnado en quien hoy es su mejor intérprete, el barítono Ambrogio Maestri, y secundado por un homogéneo y sobresaliente reparto en el que prácticamente destacaron todos, incluida una crecida Ainhoa Arteta (Alice Ford) y la diva Violeta Urmana, ahora reconvertida en inesperada Mrs. Quickly. La Orquestra de la Comunitat Valenciana sonó a gloria de la mano invitada de Daniele Rustioni.

La inocua producción, procedente de la Staatsoper berlinesa y firmada por el cineasta Mario Martone, estrenada en enero de 2020 por Zubin Mehta, ni aporta ni quita rey a una obra cuya maestría dramática y musical soporta bien el vacío. Martone se limita a enmarcar la acción en un ambiente barriobajero y cutrecillo años ochenta, en un trabajo que renuncia a cualquier interpretación más allá de cambiar “jerez” por porro o lo que sea y cosas por el estilo, piscina incluida. No molesta, pero demasié demodé. A tono con esta nada, la escenografía cómplice de Margherita Palli, el vestuario underground de Ursula Patzak y la parca y hasta tenebrosa iluminación de Pasquale Mari. Todo parece extraño e insensible a la genial vuelta de tuerca en la que el genio de Busseto rompe con todo e inventa un lenguaje “declamado-melódico” en absoluto ajeno a la revolución wagneriana y su melodía infinita. Un modelo que abre las puertas al siglo XX, con el antagónico Pelléas de Debussy –estrenado solo nueve años después– como asombrosa primerísima recalada.

Por fortuna, esta falta de interpretación escénica nada importa ante el irreductible voltaje teatral y musical de este Shakespeare maravillosamente sintetizado por Arrigo Boito y musicado por el viejo Verdi que se basta y se sobra. Si en el estreno berlinés el grandioso Falstaff fue encarnado por Lucio Gallo, en Valencia ha tenido –y hemos tenido- la fortuna de que haya sido Maestri. Más allá de que sea tan “gordo, obeso, ballena y buey” como el propio Sir John, el barítono de Pavía borda su interpretación con mil y un detalles vocales y dramáticos. Subraya los inagotables perfiles de un personaje único, que aúna los destellos, reflejos y sensibilidades de una existencia –la de Falstaff, pero también la de Verdi- que recapitula las experiencias de quien se ha bebido su larga vida a sorbos de “jerez” y de todo lo que se le ha puesto por medio. En la balanza de la realidad, sería difícil adivinar a qué lado se inclinaría el fiel: si al del orondo Sir John o al de su alter ego en la tierra. Más que interpretar, Maestri se transfigura. ¡Es!

Falstaff/Maestri llegó a Valencia acompañado por un selecto y redondo reparto. Ainhoa Arteta dio convincente vida a una notable, bien cantada y creíble Alice Ford, por más que, quizá por exigencia del guion, en ocasiones despendolara la gestualidad y pareciera más La Menegilda de La Gran Vía que la enseñoreada esposa de un rico caballero inglés. La gran Violeta Urmana volvió a Les Arts en el inesperado papel de Mrs. Quickly. La diva lituana, otrora soprano, ha recalada en este grave personaje armada en una experiencia verdiana de primer orden, con personajes en su haber tan emblemáticos como Elisabetta, Aida, Amelia, Leonora o Lady Macbeth. Como siempre, ha vuelto a dejar constancia de su clase como artista y categoría de cantante, aunque la vis cómica de la reverencial comadrona case poco con su naturaleza expresiva. Sus famosos “Reverenza” carecieron de la consistencia, profundidad y color propios del grave registro de una verdadera contralto, aunque su sabiduría vocal posibilitó que reclamaran la atención de las paredes del Palau de les Arts casi tanto como la del pobre Sir John.

Notable y efectivo el Ford de Davide Luciano, quien reemplazó al originalmente previsto Mattia Olivieri, y decididamente excepcional la parejita belcantista de Nanetta y Fenton, deliciosamente encarnada por la soprano tarraconense Sara Blanch y el tenor argentino Juan Francisco Gatell. No faltaron en tan calibrado elenco las voces del asturianovalenciano Jorge Rodríguez Norton (un más que solvente Dr. Cajus) y de Antonio Di Matteo y Joel Williams, quienes dieron buena y creíble presencia a los golfos Pistola y Bardolfo.

Matrícula de honor y todo lo que haga falta a una Orquestra de la Comunitat Valenciana que estuvo toda la tarde –la función comenzó a las 18 horas, cosas de la pandemia- verdaderamente esplendorosa. Ágil, ligera, empastada. Con una sonoridad cuidada, rotunda y de alta y precisa respuesta. Mucho tuvo que ver en ello el entusiasta trabajo concertador de Daniele Rustioni (1983), quien cuidó cada detalle y encauzó con imaginación, sensibilidad y claridad el inmenso caudal musical de la partitura. Algunos momentos de decibelios y entusiasmos excesivos no llegaron a arrebatar el cuidadoso trabajo del maestro milanés. Más que impecable el Cor de la Generalitat, como también el importante solo de trompa, tocado valientemente desde las alturas de la caprichosa escenografía. La genial fuga final, Tutto nel mondo é burla, fue colofón perfecto de una noche de ópera que marca un nuevo punto álgido en la creciente memoria del Palau de les Arts. ¡Qué felicidad!

(Foto: Miguel Lorenzo y Mikel Ponce)