Una referencia para Shostakovich

Una referencia para Shostakovich

SHOSTAKOVICH Conciertos para violín nº1 y nº2 / Alina Ibragimova, violín. Orquesta sinfónica “Evgeny Svetlanov”. Director: Vladimir Jurowski. Hyperion CDA 68313. 71:29.

Poca broma, estos son dos monumentos del género, y además el nº1 es a mi entender el más grande y emocionante concierto para violín del siglo XX y sólo admite codearse con el de Alban Berg. Robert Matthew-Walker comienzo su escrito del libreto con estas palabras: “El martes 8 de mayo de 1945 la esvástica de la Alemania nazi fue arrancada del Reichstag de Berlín y reemplazada por la hoz y el martillo de la URSS. En Europa, la Segunda Guerra Mundial se había acabado”. Es una introducción épica porque su autor quiere alertar sobre el momento en el que Shostakovich estaba escribiendo el comienzo de su concierto, en 1947, con Stalin y el infame Zhdanov arrasando la cultura rusa. Así que esperó y mientras tanto pidió ayuda a Oistrakh, ya que él desconocía la técnica del violín. Las aportaciones de Oistrakh son muy evidentes en los movimientos rápidos y en las cadencias, auténticos infiernos para los virtuosos. No se pudo estrenar hasta 1955.

En esta página monumental es inevitable dirigirse al origen. Hay muchas grabaciones de Oistrakh. A mi modo de ver las mejores son la de enero de 1956 en NY con Mitropoulos, “primera grabación mundial” y casi inmediata al estreno, pero la grabación es mono (Sony 1988). La del estreno (octubre de 1955) es idéntica a la que grabó en Leningrado con Mravinski ese mismo año de 1956 (Melodiya URSS), aunque de nuevo en sonido AAD. Son documentos que cualquier aficionado ha de atesorar. Luego, en los años Sesenta volvió Oistrakh a los escenarios, ahora con Rozhdestvenski y con Svetlanov con los cuales, curiosamente, aceleró los tempi.

Las grabaciones modernas son de notable calidad (mi favorita es Lydia Mordkovitch con Neeme Järvi en Chandos), pero he de reconocer que, desde el mismo comienzo, el nuevo disco de Alina Ibragimova con Jurowski me atrapó absolutamente. Tras múltiples audiciones y comparaciones creo haber llegado a una conclusión. Hay que tener siempre presente el insuperable genio de Oistrakh, pero en esta obra es esencial la orquesta. Shostakovich definió el concierto (hablo del nº1) como una “sinfonía para violín”, razón por la cual tiene cuatro movimientos en lugar de los tres habituales. Pues bien, la colaboración de la violinista y el director, ambos rusos, logra la perfecta simbiosis. Es la edición actual canónica.