Un recuerdo de Ramón Espinar Gallego

Supe de la enfermedad de Ramón Espinar al leer un artículo de su hijo, artículo justificadamente reivindicativo. Recordé entonces a quien conocí en su período como responsable de cultura de la Comunidad de Madrid.
Leo ahora la noticia del fallecimiento de Ramón Espinar y vuelvo a pensar en aquella época en la que, sin que aún sepa el motivo, Ramón tuvo una deferencia de trato hacia mí que aún recuerdo con agradecimiento. Una deferencia que creo que se convirtió en aprecio mutuo. Entre otras cosas me invitó a formar parte del jurado que concedió el Premio de Cultura de la Comunidad de Madrid en su primera edición al matrimonio formado por Rosa García Ascott y Jesús Bal y Gay. Tras otras varias muestras de la consideración que he mencionado antes, Ramón, que solía acudir a los estrenos de los espectáculos que durante los primeros gloriosos años del Festival de Otoño dirigido por Pilar Yzaguirre yo dirigía la mayor parte de las veces a la Orquesta Sinfónica de Madrid, Orquesta Arbós, Ramón Espinar, decía, un día me llamó para preguntarme de qué manera podía ayudar desde su puesto a la Orquesta Sinfónica, aún entonces sumida en una especie de letargo al que había llegado después de otro período gris en su brillantísima historia y que acabó en una tormentosa ruptura con su entonces director, el Maestro Vicente Spiteri, tan buen músico como difícil persona.
No lo dudé y respondí que lo que podría ayudar a potenciar a la orquesta en su desarrollo y presencia en la vida musical madrileña sería la programación de un ciclo de conciertos sinfónicos bien visibles y publicitados.
Ramón me citó en un restaurante frente al Teatro de la Zarzuela con quienes entonces llevaban las riendas de la orquesta: Pedro González, Adolfo Garcés y Rafael Ángel. Sólo el primero de ellos sigue entre nosotros y vinculado aún a la Orquesta Arbós, formación a la que sin duda ninguna aquel “empujón” promocional , el ciclo que desde entonces desarrolla anualmente en el Auditorio Nacional de Música de la capital, propiciado por Ramón Espinar, condujo a la espléndida realidad que es hoy, como orquesta titular del Teatro Real.
Muchos de los integrantes de aquella Orquesta Arbós han fallecido, algunos ya no están en activo y otros abandonaron la orquesta por diferentes motivos. No está de más que los nuevos instrumentistas sepan, si no lo saben ya, a quién deben los primeros pasos para salir de la grisura en que después de la impresionante andadura de la mano de esa inconmensurable y no suficientemente valorada figura del Maestro Enrique Fernandez Arbós, se sumió la formación sinfónica.
Tras aquella época floreciente para tantas cosas, incluida la cultura, que fue el primer período de gobierno socialista, perdí el contacto con Ramón Espinar, si bien le tuve aún forzosamente presente durante mis años como director titular del coro y orquesta de la Comunidad de Madrid, pues a la oficina a veces llegaban cartas dirigidas a Ramón Espinar en vez de a mi nombre. Hoy, por otros motivos, vuelvo a tenerle presente con el justo agradecimiento personal por aquel trato cordial y cercano con el que me honró durante sus años al frente de la cultura de la Comunidad Autónoma de Madrid.
José Ramón Encinar
Director de orquesta y compositor
Secretario General de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


