Tres veces Macbeth

Tres veces Macbeth

Podríamos aprovechar que todavía hay un magnífico Macbeth en el Centro Dramática Nacional (Teatro María Guerrero) para ir allá y después hacer nuestras mezclas, no menores por caseras, ahora verán.

La puesta en escena de Macbeth por Alfredo Sanzol nos da una tragedia despojada, en la que las escenas de conflicto o de corte ceden en sentido e intensidad a las de pura intimidad, y en Macbeth la intimidad siempre roza el horror. Es una tragedia que gusta mucho, no sabemos si por razones cada vez distintas. Una de ellas es que parece una película de gánsteres. Al parecer, la idea de este Macbeth era de Gerardo Vera; la ha acogido Sanzol y con el concurso de dos protagonistas espléndidos (y no solo ellos dos) ha conseguido la rareza de que veamos en un escenario madrileño un buen Shakespeare. En efecto, Carlos Hipólito ha alcanzado una madurez en la introspección que da verdad a esta ambición, esta carrera hacia la muerte mediante otros signos que los acostumbrados; como si su ambición la supiera maldita el propio Macbeth desde el principio y la acogiera como destino, no como oportunidad, incluso cuando Banquo se aparece en el banquete, o cuando el bosque avanza hacia el castillo. Frente a Hipólito, magnífica en su desarrollo de complicidad íntima y fustigadora de la ambición, la Lady Macbeth de Marta Poveda.

Bien, este es el primer Macbeth que proponemos. El que nos permite regresar a otros. El de Kurosawa, el de Verdi. Bueno, tal vez me adelanto un poco, y hay quien no ha visto nunca El trono de sangre, de Kurosawa. Qué suerte, porque esta maravilla sorprende la primera vez. Es cierto también que cada nueva sesión nos permite ver más cosas, suele suceder con las obras maestras. Kurosawa deduce el Macbeth de Shakespeare para colocarlo en el Japón de finales del siglo XVI, aquella época de anarquía señorial que precede al shogunato de los Tokugawa, que pondrá orden en Japón durante dos siglos y medio, a costa de la libertad de los señores. Las máscaras del teatro tradicional que llamamos Nôh cubren, con su propio rostro, los rostros de la pareja protagonista, Toshiro Mifume, Isuzu Yamada), y esta estética informa todo el filme, y las interpretaciones no pueden acogerse con los criterios del realismo se diría que invencible del cinematógrafo. Despojamiento, también; una belleza tensa, un blanco y negro escueto, una sola bruja (y no tres o un coro) que es parca y es hilandera. Tal vez el mejor Macbeth en cine, y que me perdone Orson Welles por el suyo; al fin y al cabo, tiene el mejor Othelo. Lo cierto es que la versión de Kurosawa llega a corregir determinadas situaciones del original de Shakespeare… con mejor acierto. Tal vez otro día veamos cuáles.

Y llegamos a Verdi. La versión definitiva, claro está. Es una hermosa obra de Verdi, pero no creemos que figure entre las seis o siete más importantes. Tiene muchos componentes de los años de galeras, expresión de Verdi, ya saben. Estreno en Florencia, 1847, éxito importante. Un estreno en París permitió, años más tarde, algunos cambios, no demasiados, entre ellos el no muy afortunado baile de las brujas. Pero el tema era demasiado hermoso para olvidar la obra. Desde luego, el Macbeth de Verdi, con ser una ópera hermosa, no es Don Carlo ni Otello, ni tampoco Simon Boccanegra.

Así que, finalmente, les propongo que acudan a algún Macbeth verdiano, ya sea alguno de los grandes registros en formato solo audio, o bien otro de los ahora disponibles en formato DVD o Blu-ray, incluso en la red. Por ejemplo, hay varios Macbeth audiovisuales con protagonismo de Leo Nucci, desde el Nucci de primera madurez hasta el anciano de las últimas versiones teatrales, siempre un gran artista. Si se atienen al audio, uno de los que mejor recuerda uno es el dirigido por Claudio Abbado y protagonizado por Piero Cappuccilli y Shirley Verrett.

No sé si les parece atractiva esta propuesta. En cualquier caso, el Macbeth del CDN tiene fecha límite, y está al caer. Habrá que darse prisa.

Otro día, si no les importa, trataremos lo relativo a la superstición en el teatro clásico. Porque lo que plantean las profecías y adivinanzas de Macbeth o La vida es sueño ¿son supersticiones o se trata de metáforas del destino?